¿Existe el PRIMOR en Hidalgo?

Es un hecho que Morena y el PRI mantienen un amasiato a nivel central, cuyos efectos ya no pueden ocultarse. Quizá el mayor de ellos es el próximo arribo del gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, a la presidencia nacional del tricolor. A pesar que, previo a la campaña presidencial, este mandatario suroriental mandaba a López Obrador al psiquiatra, hoy es uno de los gobernadores priístas más entusiasmados con la cuarta transfomación; de tal manera, encabezó la alineación de los tricolores con AMLO, al ascender a la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago). Al tiempo, el campechano tomará las riendas del Revolucionario Institucional acompañado de la hidalguense Carolina Viggiano, cuyo esposo, Rubén Moreira, tiene tal relación con Andrés Manuel López Obrador que su cercano y ex secretario de Fomento Económico en el gobierno de Coahuila, Javier García Guerrero, fue llamado a ser jefe de la Unidad de Gobierno de la Secretaría de Gobernación federal.

¿Y en Hidalgo? Sobra recordar lo entusiasmado que ha estado Omar Fayad con López Obrador –y visceversa, podría afirmarse–, toda vez que han sido cinco las ocasiones en las cuales el mandatario federal ha estado en la entidad y ha reconocido la labor del gobernador hidalguense, principalmente, ante el Consejo Nacional de Seguridad, por su desempeño por los tristes acontecimientos de Thahuelilpan. Y ante el desbarajuste en el PRI local y la ausencia de liderazgos sostenidos, con un Julio Valera Piedras que se apresta para presidente estatal tricolor sin más mérito que el favor del gobernador, vale la pena preguntarse si la alianza PRI-Morena se multiplicará en el Estado de Hidalgo.

Quienes se especializan en Big Data podrán desmentirme, pero las estadísticas no son halagüeñas para el PRI de cara a las elecciones municipales y al Congreso local del 2020. Si Morena juega bien sus piezas, podrán repetir la osadía del 2018 y, aunque pierda algunos espacios, un triunfo mayoritario le valdrá confirmar su tendencia ganadora cuando en el 2022 se renueve la gubernatura. Y he ahi el problema: mientras no existe candidatura viable en el PRI, en Morena se aprestan al menos tres perfiles para obtener la nominación, uno de los cuales habrá de salir del cacicazgo del Grupo Universidad. Esto confirmará la regla política que afirma que un poderoso interés puede disipar cualquier diferencia, siendo que el grupúsculo conocido como La Sosa Nostra no cae bien ni entre quienes fundaron Morena, ni en el PRI de Omar Fayad. De tal manera que la suma de intereses podrían hacer posible una alianza estratégica entre estos dos partidos, para cerrarle el paso a partidos y personajes indeseables, al tiempo que se reparten los espacios; por ejemplo, la gubernatura para López Obrador y algunas presidencias importantes para un priísmo necesitado de oxigeno. Cada vez son más las voces que se atreven a afirmarlo.

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