¿El fin del PRI?

Un montón de voces hablan de un PRI fracturado de cara a las elecciones del año que viene. Y es cierto que existen divisiones. El cisma entre grupos se acentuó tras la fatídica derrota electoral del 2018 donde el tricolor apenas logró quedarse con la diputación local del distrito de San Felipe Orizatlán. Se cayó el velo de la famosa unidad. Por tanto ese partido tiene mucho trabajo por hacer si es que quiere recuperar algo de la hegemonía que le caracteriza, comenzando por poner orden en su casa. Y como en toda limpia, seguramente habrá mucho escombro que sacar. Pero ocurre algo interesante y es que, de buenas a primeras, antiguos liderazgos de ese partido comenzaron a relegarse en automático al sumarse sin menoscabo al tsunami electoral de López Obrador. ¿Y qué ha quedado? Un bonche de militantes de base que se mantuvieron fieles a su insignia, pese a los yerros de sus liderazgos, comenzando con la imposición del inocuo José Antonio Meade. Por tanto, si el tricolor va en serio con su reestructuración, deberá subir a esos fieles políticos que, quizá no cuentan con fama, pero son quienes históricamente le han sacado las papas del horno al PRI, una y otra vez. Es su tiempo. La buena noticia para estos, es que la presidenta priísta Erika Rodríguez ha entendido la fórmula. De continuar así, el tricolor tiende claramente a recuperar el terreno perdido; sobre todo, ante un Morena que no termina de ponerse de acuerdo si es partido, movimiento u otro PRD de color guinda.

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