Periodismo cuarto-transformador

Ropa rasgada y pisotones, carcajadas nerviosas y pómulos fruncidos, desató el presidente López Obrador hace unos días cuando tuvo la osadía de criticar, en una sola exhibición, las ocurrencias de la revista Proceso, las especulaciones del Financial Times y hasta el edificio del diario Reforma que, a juicio de AMLO, es de mal gusto. Entonces la comentocracia se dio vuelo con los juicios hechos a la medida del mandatario: que si es autoritario, que si es polarizador, que si es irrespetuoso. López Obrador se lanzó contra estos colegas por no apoyarlo en el camino de la transformación del país y ejemplificaba con Francisco Zarco, periodista adscrito al a revolución de Reforma de 1858-1861, quien ocupó la palabra escrita para denunciar los crímenes de la banda conservadora, apoyando la causa de Benito Juárez. Según el presidente, las periodistas, los periodistas, debemos tomar la obra de Zarco como guía profesional. El problema es que AMLO pretende instruir históricamente a un gremio que está enterado de todo, pero conoce de muy poco. Somos un cuerpo laboral precarizado, embebido entre el poder y la escasez. Resueltos a ganar la nota, con poco tiempo para tomar un libro de historia, y demasiado sueño para reflexionar sobre el significado de patria. Otros, quienes ostentan los medios, están demasiado ocupados haciendo dinero y no reparan en el significado de consignas tales como: acabemos con el neoliberalismo. De tal modo, las recomendaciones del presidente no tienen receptor. Se pierden entre la maquila de información, la violencia, la falta de derechos y un negocio en plena crisis. Cuando sus causas triunfen, acaso entonces el gremio podrá tener agenda, ganas, dinero y habrá pasado suficiente tiempo para entender que AMLO tenía razón.

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