Los altos vuelos de Simey Olvera

Cuando sus correligionarios de la bancada hidalguense en el Congreso de la Unión se conformaron con el informe conjunto que ofrecieron en agosto, la diputada Simey Olvera, además, decidió recorrer las comunidades de su distrito tres para dar un parte, persona a persona, de lo que ha realizado en este primer año como diputada federal. Diferente a lo que marca la tradición, la legisladora rechazó un evento masivo y de culto a la personalidad. Es la única que ha entendido, dentro de Morena, que las formas políticas cambiaron con el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia; que la política, sino es con la gente, es una farsa; que el cargo es de lucha y no en vano. Además, el recorrido que se aventó no es menor. El distrito tres, con cabecera en Actopan, es el más grande del Estado y el más sinuoso. Olvera recorrió desde San Agustín Tlaxiaca hasta Tlahuiltepa, pasando por Huasca y Mixquiahuala y así los diecinueve municipios que lo componen. En el tramo, no le faltó guerra sucia. Publicaciones pagadas por quienes no saben lidiar con sus triunfos buscaron involucrarla de forma majadera en el accidente de un operador de René Bejarano, en Atotonilco el grande. Pero la gente la respaldó y censuró a los mercenarios. Simey continuó estrechando manos y cosechando reconocimiento. Esto, insisto, mientras el resto de quienes le acompañan en la Cámara representando a Hidalgo, sólo le rindieron informe a su jefe político. Simey rompió el paradigma y nos está diciendo con hechos se toma en serio el papel de representante popular. De entrada, el suyo es el mejor informe de un diputado o diputada federal, hasta ahora. Con la gente, cara a cara. La llamada Paloma de Morena está volando a un futuro político exitoso.

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