Infantofobia TERF: Una observación desde la sobrevivencia

A mí querida compañera de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Mujeres, Dulce María Romo.

A los once años enfrenté por primera vez el abuso sexual. Era 1977 y yo estaba obligada a estudiar en una escuela católica sólo para “varoncitos” porque mi padre había decidido que rodearme de “hombrecitos” me quitaría esa obsesión de decir que de era Niña y que, de adulta, cuando me librara de él, seria una señora escritora como Susan Sontag o cantante como Janis Joplin.

A los once años aprendí que no podría hablar de lo que me pasaba, pues mi propio padre me acusaba de provocar el bullyng por mi necedad de considerarme Niña, mientras que me ridiculizaba y sumaba golpes a las burlas, sin dejar de culpar a mi madre de haberme afeminado.

En aquella época, el canal cinco transmitía la caricatura «La Princesa Caballero» y unos niños de secundaria decidieron que la mejor manera de salir de la curiosidad sobre si esa criatura de primaria que se rumoraba usaba medias de mujer era igual que Zafiro, seria seguirla al baño y comprobarlo a la mala.

Han pasado cuarenta y tres vueltas al sol de esos abusos sexuales cometidos por niños que ahora seguramente son abuelos impotentes tragaviagras, los mismos vejetes cuyas nietas y nietos Transgenero, Transexuales o Travestis tienen ya la posibilidad de tener acceso a la identidad de género al llegar a la mayoría de edad.

¿Puede un grupúsculo de fascistas de extrema derecha autodenominadas feministas RadFem oponerse al derecho de las infancias TTTrans a acceder a su identidad y condenarlas a las violencias familiares y sexuales que muchas sobrevivientes enfrentamos hace cuatro décadas?

Un puñado de seguidoras de la transfobia del presidente de Estados Unidos Donald Trump y de grupos extremoderechistas de terrorismo moral de España y México, quienes han hecho todo lo posible por eliminar los derechos de las poblaciones TTTrans con los mismos argumentos genitalistas.

Los ataques contra el derecho a la identidad de las infancias son una nueva cobardía de un patriarcado fascista de extrema derecha que simula un feminismo radical, conocido como Feministas radicales excluyentes de personas Trans (TERF, según sus siglas en ingles), cuyos actos de odio transfóbicos han llegado al ridículo de organizar marchas de “mujeres biológicas”, apoyadas por un grupo de perredistas incrustados en el área de Diversidad Sexual de la alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México.

Las alianzas Terfs con el patriarcado heterosexual, con el heterombre, operan llevando al terfismo a ser el policía de genero genitalizado heteronormado, para filtrar a las mujeres según sus genitales, cancelando a las mujeres Transgénero y Transexuales, y dejando solamente legitimadas a aquellas que puedan ser usadas por ese mismo patriarcado.

No es curioso que en medio de un fuerte debate sobre el incremento de violaciones de hombres heterosexuales contra niñas en un país donde se estima que diariamente son violadas 32, las Terfs inician una serie de ataques violentos contra la iniciativa para el reconocimiento de la identidad de género para las infancias TTTrans aprobada por el Parlamento de Mujeres, y actualmente en manos del Congreso de la Ciudad de México.

La falsedad del fascismo genitalista de extrema derecha TERF ha quedado al descubierto con las alianzas del Partido Feminista de España con el VOX misógino y homolesbitransfóbico, que representa los extremismos del capitalismo y de las iglesias.

El debate sobre el derecho de las infancias TTTrans a la identidad no puede ser frenado por esos discursos fascistas TERF, en sincronía con la oposición de lo más reaccionario de la derecha en México, como Provida y el Frente Nacional por las Familias.

Pero tampoco puede quedar en manos de intereses clasistas de legisladores cuyo límite es su oficina, las fronteras de sus ambiciones políticas y sus compromisos o desánimos estratégicos que les impiden entrar en contacto con los sectores mas precarizados de la población TTTrans, como son las adolescentes TTTrans perseguidas por las redes de trata e invisibilizadas oficialmente por la falta del reconocimiento a su identidad.

Durante mi trabajo como Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de las Mujeres, junto con mi compañera parlamentaria Dulce María Romo, recomendamos que se solicitara el acompañamiento técnico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y de instituciones de investigación de la sexualidad afines al respeto de los derechos sexuales y de género como la Asociación Mexicana para la Salud Sexual AMSSAC y del Instituto Mexicano de la Sexualidad, IMESEX, así como de organizaciones feministas de visión interseccional y de vigilancia contra la trata sexual de las personas. Y en especial, un ejercicio de parlamento abierto en el que pudieran participar y ser escuchadas las mujeres, adolescentes y niñas TTTrans de las zonas mas precarizadas de la Ciudad de México, como Iztapalapa, Tláhuac y Milpa Alta, en un ejercicio similar a las reuniones que sostuvieron legisladorxs Susana Angeles, Tatiana Angeles y Victor Guerrero de la fracción parlamentaria de Morena entre otrxs que aprobaron el acceso a la identidad de las personas TTTrans en el estado de Hidalgo.

En una acto político en el Ayuntamiento de Puebla en memoria de la activista TTTrans asesinada Agnes Torres, en el que participé como presidenta saliente de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Mujeres, tuve la oportunidad de expresar esta ruta política al diputado presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la Ciudad de México, Temístocles Villanueva, impulsor de la iniciativa para el reconocimiento de la identidad de género de las infancias TTTrans, e insistir en la necesidad de involucrar a las organizaciones y a la población TTTrans en foros legislativos, y no legislar a las espaldas de la misma.

La feminista TERF Camille Paglia en una ocasión equiparó el movimiento TTTrans a una moda tan llamativa como lo fueron algunos movimientos de los 60s y 70s, y al hacerlo se mostró ingenua al no considerar la perversión del propio sistema de control político y económico del orden lésbico gay homonormado, que ha visto un lucro monetario y político en la precarización de las personas TTTrans extendiendo ese apetito miserable a la infancia.

En un escenario en el que, una empleada de la Comisión Nacional de Derechos Humanos vinculada con la neoliberal y transfóbica Asociación Internacional de Lesbianas y Gays, borra del acrónimo LGBTTTI a las poblaciones Travesti, Transgénero y Transexual reconocidas en México hasta por la Constitución Política de la CDMX gracias al Movimiento Feminista Interseccional, una diputada heterosexual y un diputado gay conducen un proceso legislativo supuestamente a favor de las infancias sin consultar a la población TTTrans más precarizada por el sistema, ni escuchar sus voces y sus historias de supervivencia.

Queda más claro que nunca la necesidad de generar nuevas dinámicas y reflexiones dentro del movimiento TTTrans para defender su autonomía frente el lucro económico y político lésbico/gay; del clasismo que elimina las identidades y reconocimientos de las identidades TTTrans al reducirlas a un cómodo paraguas invisibilizante; y ante los miserables embates del fascismo de extrema derecha TERF y sus vínculos ideológicos con el presidente de Estados Unidos Donald Trump y todo lo que él representa.

Asociación por las Infancias Trans, impulsora de la Ley de Identidad de Género para Infancias en la Ciudad de México.

Hoy la escuela de varones en la que fui encerrada por mi padre en los 70s es mixta. Niñas estudian en los salones de clases donde yo asistía y corren riendo en el patio del recreo en el que yo me sentaba discretamente con una libreta a dibujar muñecas. Hoy, el baño donde fui acosada sexualmente por niños de secundaria, es un eje vial que colinda con una barda donde hay dibujadas niñas y niños sonrientes.

Y hoy esa superviviente de esa infancia TTTrans es una señora de 53 años que fue la única vicepresidenta transexual de la mesa directiva de un Parlamento de Mujeres y quien, aun entre la melancolía, se pregunta cómo recuperar aquella infancia que no pudo sacar de la furia, pese la increíble fuerza y necedad de una pequeña de once años.

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