¿A QUÉ JUEGAN las NIÑAS y NIÑOS en la CUARENTENA?

En la última ribera del mundo los niños se reúnen. Pasa la tempestad por el cielo solitario, zozobran los navíos en el océano sin caminos, anda la muerte, anda la muerte, y los niños juegan, entre una nube de oro.

Rabindranath Tagore

A mi hijo de dos años le gusta jugar con el “mundo terráqueo”, así le llama. Lo toma entre sus pequeñas manos y lo gira frente a él, pero también por el suelo de la casa y el patio. Se ha despegado decenas de  veces por el centro. Está raspado. Su padre, dueño del globo, se ha resignado en aras de permitirle jugar.

Localizamos algunos países, México, Alemania, España. El “mundo terráqueo” sigue girando. Después lo escondemos y lo buscamos una y otra vez, fingiendo que no sabemos dónde está, aunque lo sepamos. El juego se prologa por casi una hora y mi hijo no deja de reír.

Ese es uno de los juegos que le permiten sobrellevar el encierro, lo que ocurre afuera. Me pregunto cuántos niños y niñas tienen posibilidades ejercer su derecho al juego, hacerlo libremente, sin límite de tiempo, sin el control adulto. Seguro son pocos(as); conozco de primera mano las historias de las madres que se quejan del exceso de tareas que dejan a sus hijos(as) en las escuelas. Aun así, sospecho que niñas y niños se las ingenian para escapar a su propio mundo.

El 28 de mayo fue el Día Internacional del Juego y la Secretaría de Cultura federal ofreció el seminario en línea “Creatividad y juego como detonantes de la participación de niñas, niños y adolescentes”. Entre tantas propuestas y preguntas profundas y que no había imaginado, se me quedó en la mente algo que dijo Edaena Mata, una de las ponentes. La parafraseo: tenemos que explorar esta situación mundial, nuestra “realidad actual”, juntos, en colectivo, escuchar a las niñas y niños, ya que se han generado cientos de productos artísticos y culturales para ellos(as) desde la visión adulta, pero nadie les ha preguntado qué quieren hacer ellos(as), específicamente: a qué quieren jugar.

Edaena y los(as) demás ponentes señalaron que es de vital importancia retomar el juego, la creatividad, el arte, como una triada que permite vivir el tiempo y darle sentido a nuestra vida. Sin olvidar que la cultura, el lenguaje, permiten abordar subjetividades y que niñas, niños y personas de cualquier edad, expresen su manera de ver el mundo y cómo quieren construirlo.

Los niños y niñas son grandes maestros de juego, entre otras razones porque, a diferencia de las personas adultas, no buscan un resultado con su este. El objetivo del juego es jugar, nos recordó Micaela Gramajo, otra de las ponentes.

Me di a la tarea de preguntar entre mis conocidos(as) si alguno de sus hijos o hijas quería platicarme a qué juega durante la cuarentena, si se ha inventado algo nuevo qué hacer.  Las respuestas fueron las siguientes:

Osmara, de ocho años de edad, vive en Pachuca y juega con su hermana adolescente al “Tesoro escondido”. El tesoro es una moneda de 10 pesos que su mamá les dio. Por turnos la esconden y quien la encuentra, se la queda. Sin embargo, al final del juego, la ganadora siempre se la ofrece a la otra que, si lo desea, se la puede quedar.

Nori, de nueve años, también vive en Pachuca. Inventó un juego llamado “Los dioses”, mismo que puede durar de 10 a 30 minutos. Me contó que este juego se puede realizar en un brincolín o en cualquier otro espacio. Las reglas para jugarlo son los siguientes: 1. Se tiene que elegir un dios, como el de la naturaleza, creación, destruir mundos, etc.; cada jugador puede inventarlos. Se debe tener un dios muy fuerte y uno no muy fuerte, para que sea justo el juego, por ejemplo: uno de las bestias y uno del agua; 2. “Los dioses” sólo pueden pelear fuera de sus reinos, esto es, fuera de su área del brincolín o el lugar designado; 3. Ya que el brincolín o espacio se haya dividido en reinos, el juego comienza, todos empiezan a saltar o a empujar a sus enemigos para que se vayan cayendo.

Nori me explicó así: “Si soy dios del agua, puedo usar el hielo o la lluvia; el otro jugador puede decir ‘¡Escudo contra el agua!’ para defenderse”. Cuando sólo quedan un par de oponentes, se debe brincar mucho para que uno sea derrotado. La persona (“el dios”) que se quede sin hechizos o tirado en el brincolín, pierde. Hay una variante: los dioses pueden hacer treguas o equipos de dos o tres personas (no más) para derrotar a otro.

Este día propongo a las personas adultas que permitan a sus hijos e hijas jugar libremente y, de ser posible, que jueguen con ellos(as), que se olviden un rato del teléfono celular y esas “cosas tan importantes” que tienen que hacer. Es difícil ¿verdad? Así de condicionados estamos para no dar presencia a las niñas y niños ni a nosotros(as) mismos(as). Intentémoslo. Vamos a jugar.

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