MATERNIDADES ESPECIALES

Patricia Obregón Montes tiene 43 años de edad y es Licenciada en Psicología. Se desempeña como directora del Centro de Atención a Niños con Lesión Cerebral Valeria A.C. y de Centro de Atención Infantil Valeria A.C.

Desde que inició la cuarentena, trabaja desde casa en procesos de gestión y administración para hacer mejoras cuando termine el confinamiento. Pero Patricia no está sola, vive con Valeria, su hija de 20 años con discapacidad severa, condición que la hace totalmente dependiente. Debido a su condición, su hija no está escolarizada. Antes del confinamiento acudía a terapias en la organización que Patricia representa.

Patricia es su cuidadora primaria y no hay nadie más que le brinde apoyo. Están juntas todo el día. Si acaso, cuando debe salir por víveres, la madre de Patricia cuida de la joven.

Armonizar lo laboral y lo doméstico aunado el cuidado de Valeria, ha hecho que la situación se torne complicada. “¡Estando en casa te das cuenta que el trabajo nunca termina!”, afirma mi entrevistada.

Me cuenta que, para ella, resulta más pesado doméstico que lo laboral. Para realizar el trabajo no remunerado, el de la casa, su hija permanece siempre a su lado. “Al principio fue complicado porque pensaba mucho en lo económico. Cerrar los dos lugares sin ningún ingreso económico me agobiaba. Luego se conjuntó con la angustia y preocupación de que mi hija o cualquiera de nosotras (mamá y yo) nos contagiáramos de COVID-19. Tuve insomnios recurrentes y fatiga  en el día”, cuenta.

Para recobrar la serenidad, decidió disminuir la escucha de noticias acerca de la pandemia; esto la ayudó a sentirse mejor. Ahora se limita a seguir las medidas de mitigación; sin embargo, el distanciamiento social es imposible con su hija. “En el caso de discapacidad no puede haber distanciamiento, pues todo el día mi hija requiere de cuidados y contacto físico muy cercano. Por su movilidad reducida, lavarle las manos constantemente tiene sus complicaciones. No se deja”, dije Patricia sonriendo.

A pesar de las complicaciones que enfrenta día a día, agravadas por el confinamiento, me cuenta que descubrió que puede ser más tolerante y empática con su hija. “Antes la parte de la mañana [su hija] estaba en terapia. Al estar todo el día con ella veo la cantidad e intensidad de crisis epilépticas que tiene diario y entiendo que a veces no se quiera mover. Al comenzar la cuarentena hice un programa para hacer su terapia diario; actualmente sólo hacemos algunas movilizaciones para que no se contracture más. Aprendí a hacerlas con calma, muy suavemente y respetando sus tiempos. Si no quiere, ni siquiera lo intento”, comenta Patricia.

Algo que cambió en su ejercicio de la maternidad a partir del confinamiento voluntario, fue comprender que ella y las cuidadoras primarias de niños(as) con discapacidades múltiples tienen una responsabilidad muy grande, no sólo con sus hijos, sino con encontrar la manera de proveer desde la casa. “Un trabajo formal que implique dejar a cargo de otra persona a tu niño es complicado; faltar al trabajo por que tu hijo necesita de cuidados especiales, no es tan fácil de entender para un empleador”.

Pienso que resulta urgente que empleadores consideren en la organización de sus empresas e instituciones, los cuidados que deben proveer, en este caso, las mujeres, pues es un factor que definitivamente impacta en su desempeño y en su salud física y mental. La pregunta es si seguiremos poniendo la productividad por encima de los cuidados. La crisis actual es una muestra de los resultados que obtendremos si usamos la misma fórmula una y otra vez.

Acaba de pasar el Día Mundial de la Salud Materna y hoy es Día de las Madres. Me encuentro con que la Secretaría de Salud en México, que llamó al primer día Día de la Salud Materna y Perinatal («celebrado», así lo ponen, por primera vez en 2016), se centra en concebir que los riesgos de que una mujer vea afectada su salud mental o física, sólo tienen lugar durante el embarazo o posparto y que es ahí donde hay que intervenir, sin tomar en cuenta que maternar es un proceso que puede durar hasta varias décadas en México.

Le pregunté a Patricia cuál sería el obsequio perfecto para ella en este día y me responde “Me gustaría que cuidarán a mi hija dos horas por la tarde para que yo durmiera”.

Este Día de las Madres, un excelente ejercicio que debería replicarse día a día, sería cuidar de quienes cuidan.

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