Por favor, olvidémonos de CHUMEL TORRES

Esta semana encontraron el cuerpo sin vida de la médica María Elizabeth Montaño, mujer trans de cuarenta y siete años que trabajaba en el Hospital Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Era una prominente activista por los derechos de la población transgénero, travesti y transexual, que dictaba conferencias dentro y fuera del país, en dos idiomas. Estaba desaparecida desde la mañana del ocho de junio y fue hallada en un predio de la carretera que conecta a la Ciudad de México con Cuernavaca. Al momento de este Editorial, las autoridades de Morelos han informado que se trataría de un suicidio. Sin embargo, está sembrada la semilla del odio.

Vivimos en un país con los índices más altos de homofobia y transfobia en América. Aquí, sistemática y estructuralmente, se violenta a las personas con una identidad de género u orientación sexo-afectiva, distinta a la norma. Y si no se les asesina, toda una historia de violencia y discriminación, un griterío que les insiste en todo momento que no deberían existir, muchas veces quiebra su salud mental y emocional. ¿Fue el caso de la doctora Montaño? No lo sé. Pero he sido testigo, al igual que muchas personas, de la manera en que esto ocurre.

Debe recordarse que la muerte de la doctora Montaño ha ocurrido en la semana dedicada a celebrar el orgullo de la diversidad sexual. Y que seguimos siendo una nación donde se impone la violencia extrema contra un ser humano por razones de sexo, identidad de género u orientación sexo-afectiva. Y, carajo, estas son las cosas que deberían estar ocupando el debate público. No la conducta pedante y racista del comediante Chumel Torres. No los discursos de odio de las personas transexcluyentes. No debería debatirse si alguien es racista o no, si alguna persona odiante es víctima de censura o no. Estos personajes son hábiles para manipular los discursos, autovictimizarse, y no deberíamos caer en su juego. Ni el racismo, ni la misoginia, ni la transfobia deberían ser temas de discusión. No, cuando sus víctimas son personas reales, que existen y que en este momento son receptoras de un odio mortal. México tiene un serio problema con lo que lleva a la mesa de debate. Hay una noción perversa sobre libertad de expresión.

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