PROHIBIR las FIESTAS durante la pandemia

Ayer mis vecinos tuvieron fiesta toda la madrugada. Trajeron mariachis y una bocina que tocaba música horrenda. El ambiente se oía bueno. Sobre todo eran chavos. También habían niños. Eran las tres y media cuando escuché a algunos gritos en la calle. «¡A la verga, ya no quiero!», gritaba un jovencito, y algo le respondían los otros. Luego risas, luego más gritos, luego lamentos. Bueno, sin duda era una buena fiesta, de esas que se ponen mejores cuando alguien vomita en el patio. En algún momento pensé que una patrulla municipal pasaría y calmaría todo aquello. Estamos en medio de una pandemia, ¿cierto?. Hidalgo ya rebasó los cinco mil contagios por COVID. Me parece que la cosa no está como para pensar en fiestas. Pero ningún reglamento lo prohíbe, hasta donde sé.

La gente se esta reuniendo; la gente está embriagándose en la calle y no existe ninguna ley u orden que lo impida. Igual, hace unos días, cinco chavitos estaban en la esquina de mi cuadra fumando, tomando Red Bull y escuchando reguetón en su auto. Vi pasar un par de policías y nada les dijeron. ¿Qué tiene de malo si nada se los impide, más que la moral?

Y sin embargo pienso en tanta gente que está contagiada, tanta gente que ha perdido su trabajo, tanta gente que no puede abrir sus negocios, tanta gente que ha muerto y sus familiares están de luto o enfermos. Pienso en Martín, que lleva todo el año sin abrir su puesto de chácharas porque los tianguis están clausurados, y sobrevive con tortillas con sal y frijoles. Pienso en Rosaura, que tiene siete meses de embarazo y le aterra parir porque la clínica del IMSS está saturada. Pienso en Miriam, quien se contagio de coronavirus en la central de abastos y lleva un mes con la tienda cerrada, sin ingresos. En las niñas y niños que no pueden regresar a la escuela. Pienso en todo el personal de salud y sanitario que se la está rifando contra el virus, sin poder abrazar a su familia, aislada, cansada y estigmatizada.

No, nada ni nadie le prohíbe a mi vecinos hacer fiestas, llevar niños y escuchar su asquerosa música de banda. Nada les impide romper todas las recomendaciones sanitarias y, con toda seguridad, terminar contagiados. Mi pregunta es: ¿debería existir una orden que se los impida, cuando tanta gente está muriendo, arriesgándose y empobreciendo a causa del COVID? ¿Cuándo la vida no puede volver a su cauce porque hay gente que, en su infinita estupidez, también carece de toda empatía? Pienso que sí, debería.

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