¿Sabías que el PARTO HUMANIZADO es una política de Estado en VENEZUELA?

Expertos de Naciones Unidas aseguran que cada 11 segundos muere una embarazada o un neonato, en tanto sólo los países con sistemas de salud seguros garantizan la supervivencia  de la madre y el niño.

Porque más allá de la leyenda bíblica que atribuye los dolores del alumbramiento a un castigo divino por la desobediencia de Eva, muchas son las afectaciones y cambios biológicos, hormonales y sicológicos a los que se exponen las mujeres y los bebés durante el embarazo y el parto.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son los momentos en que las mujeres y los recién nacidos son más vulnerables; estadísticas arrojan que cada año mueren 2,8 millones de embarazadas y recién nacidos, la mayoría por causas prevenibles.

El primer mes de vida es el de mayor riesgo, aseguran los expertos, sobre todo si se trata de niños prematuros o con bajo peso, si hay complicaciones en el parto, si el recién nacido presenta defectos congénitos o si contrae alguna infección.

«Estamos emprendiendo la tarea de devolver a las mujeres de nuestras comunidades el poder sobre su cuerpo y la posibilidad de compartir con otras la experiencia de traer un ser al mundo.»

Aproximadamente un tercio de esas muertes se producen durante el primer día y casi el 75 por ciento durante la primera semana, de acuerdo con las cifras oficiales de la OMS.

Para Henrietta Fore, directora ejecutiva del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), contar con asistencia cualificada para ayudar a las madres y recién nacidos durante el parto, además de agua salubre, nutrición adecuada, medicamentos y vacunas básicas, puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Por su parte Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, refiere que en los países que ofrecen servicios de salud seguros, asequibles y de calidad para todos, las mujeres y los niños sobreviven y salen adelante.

Basado en estos criterios y con análisis simplista bien podría suponerse que sólo los países desarrollados con altas coberturas de salud están en capacidad de asegurar la supervivencia de los protagonistas de este complejo proceso de la vida.

Difícil explicar entonces que naciones como Cuba o Venezuela, bloqueadas durante años por Estados Unidos, impedidas de adquirir alimentos, medicamentos, vacunas, insumos o equipamientos en el mercado internacional,  se ubiquen entre los países con más baja tasa de muerte materna e infantil.

Parto humanizado como política de Estado

El presidente venezolano, Nicolás Maduro Moros, instituyó el Parto Humanizado como política de Estado en el año 2017 (foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)

Apenas transcurrían los primeros meses de 2017 se impulsó en Venezuela una campaña nacional en favor del Parto Humanizado, así, como parte de las políticas de empoderamiento y protección a la mujer promovidas por el Gobierno bolivariano. El el 27 de junio del mismo año el presidente Nicolás Maduro anunció el lanzamiento oficial del plan.

«Voy a lanzar el Plan Nacional del Parto Humanizado, parto sin dolor, para apoyarlas y ayudarlas. Que tengan un parto feliz, una gestación sana, feliz, humana. Por eso hay que constitucionalizar todas las misiones para que nunca nadie pueda privatizar los derechos de los venezolanos», dijo el mandatario en aquella ocasión.

Días después se aprobaban los primeros recursos para la  ejecución de esa política social liderada por el Ministerio de la Mujer, con la participación del Instituto Nacional de la Mujer (Inamujer), el Ministerio de la Salud y otras instituciones.

Luego de tres años, el programa se mantiene como una prioridad del Estado venezolano.

Para Asia Villegas, ministra de la Mujer, la gestación y el parto humanizado no es una cuestión subalterna, no es un tema banal de mujeres, ni anécdotas de las salas de espera de las consultas de obstetricia.

«Más de 19 mil promotoras comunales de parto humanizado trabajan actualmente en los 24 estados venezolanos y en más de 52 por ciento de los municipios.»

En intercambio con Prensa Latina, a propósito del tercer aniversario de la puesta en práctica de esa iniciativa gubernamental, la alta funcionaria aseguró que este es un gran debate nacional a favor o en contra de la política pública.

Es una experiencia emblemática, la cual no existe como un plan nacional en ningún otro país de América Latina, es un ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, señaló, no se trata sólo del parto fisiológico y vaginal, se trata de un trato justo, amable, amoroso, de una maternidad deseada feliz y segura.

Más de 19 mil promotoras comunales de parto humanizado trabajan actualmente en los 24 estados venezolanos y en más de 52 por ciento de los municipios, las cuales se formaron como educadoras populares en los territorios donde promueven conciencia que la gestación, el parto y el nacimiento no es una enfermedad, explicó la ministra a esta agencia.

Se trata además de reducir los índices de cesárea, limitar la violencia obstétrica, incorporar a la pareja a la gestación, al parto, al nacimiento y al cuidado de la criatura y la madre, recalcó.

Se trata además de reducir los índices de cesárea, limitar la violencia obstétrica, incorporar a la pareja a la gestación, al parto, al nacimiento y al cuidado de la criatura y la madre, recalcó.

Venezuela como casi todas las naciones de la región, está marcada por un machismo arraigado, heredado de siglos de sociedades patriarcales, donde la mujer es simplemente el repositorio de un hijo, de cuya crianza y atenciones se desentienden los padres la mayoría de las veces.

Por eso, expresó la alta funcionaria, debe ser una política pública generalizada ya que muchas veces se puede escuchar el discurso patriarcal de boca del propio personal femenino, porque todos reproducimos esa cultura.

Sin embargo, para Villegas esta experiencia contribuyó a cambiar esos patrones, porque según señaló a esta agencia, los hombres al ser responsables en la paternidad también descubren su lado tierno y amoroso.

El objetivo de ese programa es el acompañamiento a las gestantes en todo el proceso y posteriormente en la lactancia materna y el cuidado responsable y amoroso de la criatura.

Según la ministra, se trata de ver el parto como un acto natural y fisiológico, pero también un acontecimiento muy personal, asimilar que no es una enfermedad, ni un acto médico, sino un proceso propio del  cuerpo de la mujer, muy complejo, asociado a su sexualidad y reproducción, en el cual median múltiples variables.

 «Países como Venezuela o Cuba se ubican entre las naciones con más bajo índice de mortalidad materna e infantil.»

Tal definición, dijo, se contrapone, sustancialmente, a la visión patológica con que la obstetricia trata el parto y el nacimiento, porque si bien esta especialidad médica ayuda a salvar muchas vidas de mujeres, también instauró prácticas que atentan contra los derechos ellas y de los bebés.

En muchos países las féminas aún esperan largas horas sin derecho a la compañía de sus parejas o familiares más cercanos, inclusive las adolescentes primerizas, recordó.

Son sometidas a tactos públicos y repetidos, a tomar posiciones incómodas y a acostarse en camas horizontales, sin información amplia y suficiente, ni consentimiento previo, se les administran medicamentos y les realizan maniobras invasivas, insistió.

A través de ese programa -remarcó- tratamos de evitar esas acciones, como bien lo dice el nombre, es humanizar un complejo momento de la vida.

Villegas aseveró a Prensa Latina que quienes trabajan en ese proyecto creen en la posibilidad de pensar en colectivo los procesos de maternidad, paternidad, parto y nacimiento, de acuerdo a las antiguas costumbres heredadas de los pueblos originarios, donde esto es sobre todo un proceso natural.

Esto, insistió, no quiere decir que nos opongamos a la atención médica, sino que estamos emprendiendo la tarea de devolver a las mujeres de nuestras comunidades el poder sobre su cuerpo y la posibilidad de compartir con otras la experiencia de traer un ser al mundo.

Estamos promoviendo que la comunidad dimensione su responsabilidad sobre los procesos vitales en el seno de la misma, promoviendo el reencuentro y el socialismo, reiteró.

Para la ministra de la Mujer, la experiencia de apropiarse de principios y herramientas para disfrutar la maternidad, valorándose como un ente social, reorientando su hacer con enfoque de derechos de género, de clase y etnia, es sin lugar a dudas una experiencia liberadora que vale la pena consolidar desde las políticas de un Estado socialista. (Yadira Cruz Valera / Prensa Latina )

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