Hospital General de Pachuca: TITÁN SILENCIOSO

Mi padre José Luis murió al caer la tarde de este viernes 31 de julio en el cuarto piso del Hospital General de Pachuca. Mi corazón alberga un océano de palabras al respecto. Pronto llegará el momento en el que me atreva a navegar en ellas; aún tengo miedo; es un mar tormentoso. Pero una buena manera de tomar fuerza es agradeciendo a cada una de las personas que lo atendieron y pusieron todo su talento y empeño en salvar su vida. Me van a faltar nombres porque no los recuerdo todos, pero nunca olvidaré quienes son, sus rostros y lo que hicieron por mí y mi viejo.

Para empezar, gracias al gobernador Omar Fayad por preocuparse por él; si su humanismo es un valor a destacar, hoy tengo la certeza de que posee una nobleza a toda prueba. Gracias al secretario de salud Alejandro Benítez Herrera, su sensibilidad y compromiso por la salud pública permea cada área de la dependencia y eso se nota. Gracias a la licenciada Lilia Alvarado, quien siempre fue un puente de comunicación efectivo; me orientó y supo calmar mis dudas; estoy seguro de que, si en cada oficina gubernamental hubiera una profesional como ella, venceríamos cualquier rezago ejecutivo. Gracias al Dr. Mario Alberto Tenorio, director del Hospital General, por dirigir con nuevos bríos este tesoro institucional. Gracias al personal de trabajo social, en especial al Lic. Héctor Hernández, por su prestancia y celeridad; al extraordinario cuerpo de enfermería del cuarto piso. Lamento no haberme aprendido sus nombres, pero doy constancia de que son un contingente extraordinario, esencia misma del hospital. Gracias al personal de albergue, que permiten el descanso tan necesitado a familiares que aguantan entre rezos y a la intemperie la recuperación de sus pacientes. Gracias al cuerpo médico, cada uno dotado de un maravilloso talento y temple. A la Dra. Perea, de Urgencias, por su fuerza y afabilidad. A todo el personal diurno y nocturno de Choque. Me consta que son héroes. A las y los médicos de cirugía. A la Dra. Aceves, joven cirujana de altas dotes, tan geniales como su humanismo. A la aún más joven Dra. Castañeda, por su entrega y amabilidad. Al Dr. Lima, a quien siempre voy a recordar por su empatía y profunda voluntad de servicio.

Gracias a la Dra. Antonieta Domínguez y su familia por su cariño, lealtad y consuelo. Gracias a la Dra. Maria Luisa García Valdéz y familia, por su talento y disposición. Gracias siempre.

El Hospital General de Pachuca es un titán silencioso porque su obra es inconmensurable y abnegada. Pocas personas se imaginan el verdadero tamaño que tiene y la colosal tarea que realiza. Brinda atención médica a quienes no poseen seguridad social ni recursos; exenta el costo de servicios de salud que, en cualquier servicio privado, costarían millones de pesos. Es cierto que es muy duro aguantar en emergencias, pero es aún más cierto que por cada paciente hay una máquina que se mueve en las entrañas del hospital para atender a cada persona que necesita ayuda. Hoy, marchan a todo vapor contra el COVID y, al mismo tiempo, se encargan de los padecimientos regulares por muy graves que sean. Ojalá tuvieran cada vez más recursos. Que a nadie dentro del hospital, personal, pacientes o familiares, les falte algo que les brinde bienestar. Necesitamos cuidar y valorar más a nuestro hospital y su personal, pues es la piedra angular de la salud pública en Hidalgo.

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