Privacidad, censura y doble moral: otro día cualquiera en la vida digital


Ha sido una semana intensa para repensar nuestra vida digital: entre la cancelación de Twitter a cuentas de personajes tan distantes (bueno… a veces no tanto) como Donald Trump y Paty Navidad, o incluso a otras como la de la vacuna anti COVID rusa, Sputnik V, comenzamos a cuestionarnos realmente qué es la libertad de expresión, cuales son su límites y si, al final, estén donde estén dichas fronteras, una mega corporación privada multimillonaria tiene derecho a decidir que, en medio de un proceso político, puede silenciar al líder de la nación donde ésta opera; y si en medio de la necesidad de distribución global de soluciones a la pandemia más grande en 100 años, puede decidir sacar del juego de difusión a la opción de salud de un país que no es afín a su red…

(Ya lo de Paty Navidad no requiere un análisis muy profundo: Twitter se toma demasiado en serio a una celebridad que, a todas luces, desvariaba solo por llamar la atención y mantenerse vigente en el Trending Topic, pero la empresa se lo creyó todo).

Por otro lado, después de celebrar que los dos monstruos del Social Media tomaran partido en la política de un país, no ofendimos porque uno de ellos (Facebook a través de uno de sus productos, WhatsApp) decidió que compartirá (aún más) datos entre el resto de sus redes sobre tu consumo y búsquedas… Más allá de evidenciar nuestra doble moral sobre nuestro entendimiento de la censura, la libertad y la privacidad, creímos que la solución a eso, era cambiar de una red comercial a otra, sin entender que el modo de vida digital Orwelliano / Focaultiano No sabe de marcas y corporativos: puedes comenzar a usar Telegram, Signal o DuckDuckGo, y aun así, cuando te dieron ganas de sentirte Anonymous y anunciaste  en Facebook e Instagram tu trasgresor abandono de WhatsApp, caíste de nuevo en el mismo abismo.

En Marketing y negocios, NADA es gratis: incluso si no das dinero, terminas dando información para alimentar los perfiles de consumo de las empresas … tu privacidad se fue hace mucho tiempo, cuando jugaste a ver cómo te ves como personaje de Pixar, cuando jugaste Candy Crush, cuando compraste una Smart TV Samsung que interpreta gestos y que tiene 5 años espiándote; cuando le dices a Alexa que haga todo por ti mientras le manda cada instrucción, deseo y conversación con palabras clave a Amazon, o cuando hiciste ese quiz para saber qué tipo de taco eres de acuerdo a tu personalidad…

Hagamos lo que hagamos, si queremos seguir «conectados con el mundo», debemos tener claro que nuestra privacidad se fue al carajo desde hace por lo menos 15 años… la sacrificamos en el momento en el que construimos una presencia en línea: banca digital, buscadores, cuentas de correo, videollamadas, perfiles en redes, vídeos, pornografía, cuentas de Xbox, todas tus compras digitales por #QuedarteEnCasa durante la pandemia, etc.; todo tu perfil de cultura general o de masas, todo tu consumo, está ahí, expuesto para bien o para mal… salvo que nos vayamos a vivir a una cabaña lejos del mundo (no sin antes haber rendido tributo a V for Vendetta, Fight Club, o a Mr. Robot, pero en Silicon Valley para desaparecer nuestro historial), no podemos hacer nada al respecto.

Pero, además, siendo realistas y en un ejercicio de honestidad, NO queremos abandonar el mundo digital: no queremos perder ese sentimiento de pertenencia y el hermoso autoengaño de creer que lo que decimos, hacemos y opinamos del mundo, le importa a alguien más… así que, en el fondo, no solo renunciamos a nuestra privacidad, sino que rogamos porque nos la quiten.

Pero, si te sirve de consuelo, a nadie le interesan nuestros stickers de gatos y Bob Esponja; de hecho, no te preocupes, ni siquiera les interesa tu nombre, no les interesas tú como ser humano: solo somos un bit en un mar de terabytes del Big Data que hará anuncios más precisos y preciosos que no podremos resistir en la próxima venta en línea con descuentos…

.

Comments

Comentarios


You may also like