Tiene 70 años y le QUITARON su TRABAJO en el ISSSTE


El COVID no daba tregua; sin embargo, aquel dieciséis de junio de 2020, Jorgito sacó fuerzas de su propio aliento para levantar de la cama sus setenta años y, como cualquier otro día, acudir a su trabajo como intendente de limpieza en el hospital 20 de noviembre del ISSSTE, uno de los hospitales públicos más grandes y saturados de toda la Ciudad de México. A pesar del riesgo que supone ser un hombre de su edad en medio de la peor pandemia en cien años, tomó valor, también algo de desayuno, para luego agarrar camino rumbo a la chamba. Al llegar, vino la misma angustia: no sabía si en aquella jornada le tocaría material de protección; a lo mejor unos guantes, a lo mejor un cubrebocas, a lo mejor nada. Pero ni modo, igual se puso al afán como cualquier otro día. Excepto que, ese día, no sería igual a los demás.

Algo afuera del Hospital estaba ocurriendo. Las cámaras de un canal de televisión entrevistaban a las personas que, en ese entonces, llegaban como ríos de desesperación buscado ayuda por el virus que les arrancaba de las manos a sus seres queridos. De repente, por esas cosas inexplicables que tiene la vida, ya por casualidad o destino, Jorgito se halló frente al micrófono. Regresaba de su hora de comer y ya pegaba la tarde, cuando la prensa le preguntó: ¿Cómo lo tratan aquí? Entonces el afanador respondió de la única manera que sabe responder, o sea, con la verdad. “Las enfermeras y los doctores son excelentes personas, a reserva de la empresa, ahí no me dan nada. No me dan ni cubrebocas, ni guantes ni material para trabajar”, dijo.

La noticia se echó a correr. Jorgito, a trabajar. Hasta cinco días después, cuando un representante de la empresa de limpieza que lo tenía contratado, que a su vez era arrogada por el ISSSTE para las tareas de aseo en el Hospital, lo llamó.

—¿Por qué andas diciendo eso en la entrevista que te hicieron?

—Pero yo no dije mentiras, yo dije la verdad. No me dan nada. Ni cubrebocas, ni ningún material para protección mía.

La sombra del miedo se posaba sobre el cuerpo laboral de la empresa. Eran bien sabidas las condiciones en las cuales les tocaba trabajar. Pero el silencio era obsequioso. Porque, cuando alguien lo mencionaba, o siquiera se atrevía a pedir lo necesario, venía el golpe de opresión: “Si no te gusta, entrega el uniforme, tu credencial y fuera”. Pero el temor le dió la vuelta a Jorgito, quien mantuvo la voz y su denuncia. Al cabo, el empresario lo condenó: “Está usted despedido, señor”. Y Jorge Pérez Ortega volvió a la calle, sin justificación, sin indemnización y luego a su casa, levantando sus setenta años y, ahora, desempleado en medio de la peor pandemia en cien años.

El trabajo de Jorgito paró su marcha. Pero su voz siguió su camino. En este momento, Amnistía internacional, ha elevado una protesta dirigida al director del ISSSTE, Luis Antonio Ramírez, para que se le otorgue a Jorgito la indemnización que con justicia merece. Al mismo tiempo, que cada trabajador y trabajadora de limpieza en el organismo cuente con todos los insumos necesarios para protegerse ante el COVID. También, la organización le exige al secretario de Salud federal, Jorge Alcocer Varela, y al subsecretario de promoción de la salud, Hugo López Gatell Ramírez, transparenten los procesos de vacunación para que el personal de limpieza sea considerado en la primera línea de vacunación contra el virus.

Súmate a la campaña #JorgitoCuenta y exige una indeminización justa para él.

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