La élite mediática vs la estadística: una miente, la otra no


“Lo bueno de las ciencias es que siempre tienen la verdad, quieras creerla o no.”

– Neil deGrasse Tyson

Este 24 de abril, el periódico ibérico El País en su edición mexicana presentó un artículo acerca de su predicción estadística sobre las elecciones intermedias que México está por llevar a cabo el 6 de junio: las más grandes que sean realizado hasta la fecha.

En dicho artículo, lo números presentados por el medio son, por decir un eufemismo, simplemente abrumadores: los resultados de su Poll of Polls y la corrida de su modelo estadístico (a cargo de la empresa estadística mexicana Oraculus) plantea que, ni siquiera en coalición, ni siquiera con un aparato mediático inyectado de dinero, la oposición mexicana va a alcanzar a hacer sombra a Morena este 6 de junio…

Ésta es información que muchísimas personas van a encontrar inconcebible: ¿cómo es esto posible? ¿Cómo es que, si la lectura en redes y medios convencionales parece ser tan negativa hacia la 4T, pueden existir números tan salvajemente disparejos en los resultados?

¿Cómo es que López Obrador, la 4T y Morena – esos que sus opositores y las élites de poder fáctico no bajan de «fracasados» – pueden tener proyectados la mitad de los votos de junio? ¿Cómo es que rayando en la incapacidad en el ámbito de comunicación social y dejando pasar a diestra y siniestra Fake News, pueden seguir teniendo la confianza de la gente? ¿Cómo es que el único movimiento que realmente les ha golpeado (de manera justa, por cierto) que es el feminismo, no ha sido suficiente para desmoronarlos?

Y la respuesta, la vamos encontrar en dos caminos muy distintos: en la comunicación, y en la estadística:

Y es simplemente, porque las fallas de comunicación, están ahí, con estrategias que rayan en lo ridículo desde Morena y la 4T… pero aun cuando es probable que la comunicación sea el más grande problema a nivel interno operativo de ambos, ésta también se ha visto a niveles de enorme incompetencia en sus rivales: es inconcebible que, teniendo tanto material para criticar y apelar a públicos que no están contentos con la 4T, la oposición siga cayendo en la demagogia de 80 años, mientras que los medios convencionales siguen en el Priming más burdo.

Años de corrupción y hambre desmedida de poder no les han enseñado nada más que atacar sin razón, con afirmaciones ridículas y llanamente falsas… ésta no es una afirmación subjetiva de ideales políticos, sino de meros fundamentos periodísticos: no hace falta más que ver sus boletines de prensa, donde todos los días, sin la más mínima noción de redacción, forjan su mensaje en ataques y cero propuestas… y peor aún, en ataques llenos de falsedades, imprecisiones y verdades a medias o torcidas (el rancio y bajísimo nivel de comunicación política de la oposición, merecería una segunda parte de este escrito).

Por su parte, el gran error de las élites mediáticas de no saber aprovechar al máximo la incapacidad de comunicación del gobierno, reside en algo que es más fuerte que ellos: no han podido dejar de caer en el clasismo, consciente e inconsciente, y siguen llenando sus discursos de odio… pero estos, solo parecen tener impacto entre sus simpatizantes de siempre: entre aquellas personas de clases privilegiadas (más alguno que otro alienado) en sus torres de marfil que siguen lamentando la pérdida de su influyentismo y que, desde mucho antes del 2018, ya odiaban la sola idea de tener que compartir sus beneficios con otros que no los tenían…

Proporcionalmente, muy, muy pocas personas parecen haber cambiado su opinión: quien ya odiaba a López Obrador, lo sigue odiando; y quien lo apoyaba, lo adora aún más… a pesar de los Latinus y demás elitismos conservadores, a pesar de los bufones mediáticos, sus discursos tampoco se han dignado a “bajar” a ras de piso, a tratar de entender verdaderamente las problemáticas y potenciales quejas de la gente de a pie: aquella sociedad que, incluso para su propio beneficio, les convendría que los escucharan… su aporofobia está tan enraizada, que ni siquiera para cambiarles la opinión se han querido “rebajar” y bajar de sus ladrillos de oro…

Cuánto ha dolido tener que bajar de los rascacielos de cristal a pagar sus impuestos que por años evadieron… cuánto ha dolido tener que formarse para recibir una vacuna, como si fueran unos cualquiera: desde quienes jamás miran hacia abajo, hasta los genocidas de 100 años disfrazados en C.U., en silla de ruedas, esperando ser inmunizados… no son capaces de conectar con el resto de la gente, ni en lo criticable al régimen, porque la plutocracia en su sangre es tan densa como su orgullo.

No han podido hacer cambiar de opinión a aquellas personas que, para bien o para mal, están creyendo en un gobierno que ha fallado en temas muy puntuales, pero que ha sabido mantener su promesa popular (que no populista, como afirman las pequeñas burguesías mediáticas de influencers que no se cansan de usar un término que ni siquiera saben conceptualizar correctamente) de tratar de darle algo a quien no tiene nada y quien no tenía voz.

Esa 4T, con todo y sus defectos, pinta para apoderarse del congreso y de los estados, con excepción, según el mismo ejercicio estadístico del medio, en el Surrealista Kafkiano Nuevo León, donde se vislumbra una derrota; o en el inexplicable San Luis donde parece retroceder el tiempo; o en el (con todo el dolor de mi corazón) políticamente intrascendente Hidalgo, donde el viejo y rancio autoritarismo parece estar más vivo que nunca, gracias a pueblos faltos de memoria, así como de mercenarios mafiosos y representantes grises disfrazados de izquierda.

Pero al final, las encuestas, tan atacadas por todo mundo (que ciertamente pueden fallar o ser manipuladas, pero que prácticamente nadie sabe cómo cuestionarlas), se tienen que regir por algo más que el odio y las entrañas: se rigen por la estadística pura y dura…

Ni siquiera las casas encuestadoras menos serias, más cuchareadoras e incluso aquellas que no saben ni siquiera estructurar una metodología ni aunque su vida dependiera de ello, son capaces de discriminar sus muestras lo suficiente para a hacer sentir peligro a Morena; Ni siquiera las figuras cuestionables detrás de Oraculus han podido doblar las matemáticas aplicadas de un modelo estadístico multinivel que, a diferencia de los sondeos de opinión, no se queda en la mera lectura del presente y pasado, sino que entra en la proyección de escenarios y diferentes decisiones y variaciones a futuro por medio de métodos numéricos e inferencias bayesianas.

(De manera muy, muy sencilla, básicamente el modelo calcula diferentes decisiones que se pueden tomar – en este caso decisiones de voto – para ver a qué resultado posible lleva cada una de ellas … según El País y Oraculus, en los cuatro diferentes escenarios que matemáticamente predijeron, Morena va ganar las elecciones intermedias; en dos de ellos y con sus alianzas, lo harán logrando el control absoluto de la cámara).

La estadística, no tiene moral, no tiene aporofobia, ni es pequeño burguesa con miedo a perder privilegios… la ciencia no necesita mejorar su comunicación o revisar su pacto patriarcal para no ser cuestionada… el odio no cambia las bases de datos ni absolutamente nada dentro del complejo, pero a la vez maravilloso, mundo que conceptualizaran Achenwall y Sinclair…

Un minucioso, elaborado y permanente cruce de variables que está demostrando que, al final, todo indica que se mantendrá el rumbo de un proyecto con muchas, muchas fallas, pero que en su gran  acierto de al menos intentar no dejar atrás a quienes la anomia social ha marcado históricamente, parece ser suficiente para contrarrestar todo el odio de clase, y el desprecio que las grandes élites tienen hacia aquellos sectores que explotan día con día, y solo se acuerdan de ellos dos meses antes de renovar su pase directo a la bacanal de poder en la que viven.

Los amemos u odiemos, estemos de acuerdo con ellos o no: lo números, a diferencia de los políticos y los medios convencionales, nunca, nunca mienten…

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