Género

Las mujeres y las diversidades sexogenéricas

PRIMERA PARTE

Relatoría de Ana Lara

Este foro se llevó a cabo el viernes 12 de abril de 2019, en el Instituto Hidalguense de las Mujeres y la respuesta de mujeres fue escasa.

Se contó con la presencia del Subdirector del IHM, Licenciado Adrián Vega en representación de la Maestra Concepción Hernández Aragón, con la finalidad de establecer la posición oficial ante este tema y escuchar nuestras opiniones y propuestas.

En una primera ronda se abrió al debate la opinión sobre el movimiento #MeToo y algunas posiciones fueron estas:

1.- Se reconoció como un movimiento necesario y una demostración clara del hartazgo de las mujeres por ese tipo de conductas de los hombres y también de la deficiente  actuación de las autoridades responsables cuando se atreven a denunciar.

2.- Se estableció que la erradicación de estas conductas debe ser abordada desde la forma de educar en el hogar, y continuar con esta deconstrucción desde los primeros años en los espacios educativos, sin embargo, no se tiene la preparación adecuada ni al interior de las familias ni en los formadores y profesionales de la educación para generar una nueva educación igualitaria.

3.- Una mujer narró su mala experiencia en el recorrido por su intento de realizar una denuncia ante instancias como el propio Instituto Hidalguense de las Mujeres y el Centro de Justicia para Mujeres, curiosamente, la única instancia que sí respondió adecuadamente fue la Procuraduría de Justicia del Estado de Hidalgo.

4.- Se abordó el tema de la urgencia de la educación en nuevas masculinidades y la carencia de presupuesto para este tipo de proyectos.

5.- Se comentaron las deficiencias de los conceptos que describen acoso, hostigamiento y aprovechamiento sexual, ya que al llevarlos al terreno moral con el uso de términos como lascivia, capacidad de resistencia al acto, tocamiento libidinoso, crean la imposibilidad de ser probados, así como el uso que se hace de esto para la defensa de los generadores de violencia, por ejemplo, con el asunto de que si no opuso resistencia es que consintió tácitamente.

La definición de acoso en el Nuevo Código Penal Homologado tampoco resulta esperanzador al hablar de “favores sexuales”.

6.- La necesidad de atender las precariedades en que se materna y paterna, lo que tiene como consecuencia falta de tiempo, dinero, hostigamiento laboral, etc., cuestiones que inciden directamente en la falta de la presencia de las figuras de crianza para educar individuos menos violentos y más amorosos.

7.- El miedo que se percibe en las mujeres de Hidalgo para denunciar por diversos motivos: trabajan para el Gobierno, ellas o sus parejas; temor a represalias, baja autoestima, el aplastante ejercicio de poder, falta de empatía con las que denuncian, la defensa de los agresores por parte de mujeres que tuvieron otras experiencias con los denunciados.

8.- Se reconoció que hay diferencia entre los generadores de violencia que fastidian y los que cometen delitos, pero ninguna es permisible.

9.- La posición oficial fue que reconocen el origen del movimiento y su necesidad, pero no las formas que violentan el debido proceso. Siguen invitando a las mujeres a denunciar y se comprometen a dar mejor acompañamiento a los casos.

10.- Se comentó que desde el 28 de febrero de 2019 y como una propuesta de acción conjunta con el Gobierno de Hidalgo, se hizo llegar al Gobernador Omar Fayad Meneses, un oficio en el que se le solicitaba la realización de un compromiso conjunto entre organizaciones de mujeres, la Colectiva de Mujeres contra la Violencia, entre otras, para comprometer acciones hacia el interior de las dependencias contra el acoso, hostigamiento y violencias sexuales en contra las mujeres, y la creación de un Observatorio para vigilar y promover el ejercicio y cumplimiento de los derechos y obligaciones en la materia. Asimismo, nos ofrecimos a construir conjuntamente con las dependencias sus protocolos de atención contra el acoso, hostigamiento y violencia sexual y laboral.

A la fecha, no hemos recibido respuesta alguna a dicha propuesta.

Luego de asesinar a su esposa y al hermano de ella, frente a sus tres hijos menores, un hombre estuvo huyendo de la justicia durante casi cinco años, hasta que la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) finalmente dio con su paradero la semana pasada.

La historia de este feminicidio ocurrido en Hidalgo, México, en 2014, el cual estuvo plagado de violencia institucional, fue documentada por la periodista Constanza Terranova en el portal argentino “La trenza”, del cual se extrae la reconstrucción de hechos, pero aquí se omitirá la identidad de todas las personas involucradas.

La relación entre el feminicida y la víctima comenzó cuando ella estudiaba la secundaria y él tenía 30 años. Desde entonces, él la amenazaba con matar a sus padres si ella les contaba del “noviazgo”. Su familia se enteró cuando ella se fue a vivir con él al sureste mexicano. Ahí nacieron sus tres hijos.

En 2013, cuando la pareja regresó a vivir a Hidalgo, la mamá de ella se fue dando cuenta de que en la relación de su hija había violencia física extrema, aunque al inicio ella justificaba las marcas y moretones, las agresiones comenzaron a ocurrir frente a toda la familia. Ya no sólo eran golpes, sino amenazas de muerte con armas de fuego a las que él tenía acceso por su trabajo.


La secuestró junto con sus tres hijos. Durante varios días, la tortura física y sexual escaló a niveles casi psicóticos. Sus tres hijos presenciaron todo.

Sus familiares lograron convencerla de que denunciara. El agente del Ministerio Público (MP) que inició su investigación fue negligente desde el inicio. Primero, tardó casi medio año desde que ella hizo el primer pedido de investigación, hasta que él fue notificado y aprehendido por dos días, pero pagó una fianza y quedó en libertad. El MP omitió entregarles la orden de restricción, y no aseguró la efectividad de las medidas de protección.

Así pues, él irrumpió en la casa de ella, la violó y la torturó severamente. No obstante, el Ministerio Público de aquella región sólo aceptó levantar el acta por “violencia familiar”. Por este cargo, ni siquiera ameritó detención, así que el hoy feminicida volvió a la casa de ella y la secuestró junto con sus tres hijos. Durante varios días, la tortura física y sexual escaló a niveles casi psicóticos. Sus tres hijos presenciaron todo.

La mujer y los tres niños debieron atravesar algunos cerros y pedir “aventón” en una carretera para poder regresar con su familia. Nuevamente fueron a denunciar todos los hechos, pero el MP de su municipio sólo quiso añadir el cargo de “violación”.


Debieron atravesar algunos cerros y pedir “aventón” en una carretera para poder regresar con su familia.

Desesperada, ella buscó ayuda directamente en la capital del estado y logró ingresar junto con sus tres hijos al refugio para mujeres violentadas, con un diagnóstico de padecimiento de violencia extrema, depresión, estrés postraumático y ansiedad.

Durante el tiempo que ella estuvo en el refugio, el Juez que llevaba su caso la citó a comparecer para poder reaprender a su esposo, ya que deseaba proteger la presunción de inocencia del hoy feminicida. Como ella no podía salir del refugio, no fue a declarar y las autoridades decidieron no girar la orden de reaprehensión.

En el refugio, ella vivió una nueva etapa de violencia institucional. Aunque las versiones sobre lo que ocurrió ahí dentro son encontradas, la realidad es que ella fue expulsada del refugio junto con sus hijos, y por ello, tres años después de su feminicidio, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo emitió recomendaciones contra la Procuraduría del Estado y contra el Tribunal Superior de Justicia por no emitir las medidas de protección para la víctima y contra la Secretaría de Salud por no canalizarla a un nuevo refugio cuando la sacaron.

Una semana después de la expulsión, en agosto de 2014, Ella y los niños estaban escondidos en una casa prestada, y cuando estaban a punto de huir hacia otro estado, el feminicida les encontró. Irrumpió en la casa, la asesinó a ella y al hermano de ella. Algunas vecinas y vecinos acudieron a ayudar, pero el hombre los amenazó también con sus armas. Ella murió camino al hospital, su hermano falleció en el acto y el feminicida huyó. Nuevamente, los tres niños vieron todo.


Los tres menores no han podido recibir terapia porque en el Centro de Salud de su municipio “no hay lugar”.

Casi cinco años después, los niños viven con su abuela y tías, sin que la familia haya podido arreglar la custodia legal, los tres menores no han podido recibir terapia porque en el Centro de Salud de su municipio “no hay lugar”, ni tampoco han podido acceder a la pensión que les corresponde por el asesinato de su madre.

Aunque la orden de reaprehensión contra él, se dictó a la semana de haber cometido los asesinatos, los contactos laborales del feminicida dificultaron la investigación durante estos cinco años, pero finalmente, y luego de seguirle la pista por diversos estados de la República Mexicana, e incluso en el extranjero, el 28 de marzo de 2019, la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo, con el apoyo de su homóloga de Yucatán, consiguió detenerlo, trasladarlo a Hidalgo, presentarlo ante el Juez Penal y que le fuera dictado auto de formal prisión por el delito de feminicidio y homicidio.

Un hombre que es investigado por el delito de feminicidio, fue aprendido bajo la causa penal correspondiente, por agentes de la Policía de Investigación de Hidalgo y de Yucatán.

Con base en los datos que dieron origen a la orden de aprehensión solicitada por la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo en contra de Cleotilde Manuel “N”, los hechos se suscitaron en el año 2014, cuando la entonces pareja del inculpado, ingresó al Hospital General de Pachuca con heridas producidas por proyectil de arma de fuego, lo que posteriormente provocara su muerte.

Al realizar las primeras investigaciones en relación a lo ocurrido, se conoció que al encontrarse en el Municipio de Mineral de la Reforma, el ahora aprehendido Cleotilde Manuel “N”, presuntamente lesionó a su entonces pareja de iniciales J.G.M., privando de la vida también a G.G.M. hermano de ella, para posteriormente darse a la fuga.

Acto seguido y por las lesiones que presentaba la víctima J.G.M., fue trasladada de emergencia al Hospital General de Pachuca en donde a causa de las lesiones perdió la vida.

Una vez integrada la averiguación previa, con la intervención de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos de Género, se consignó ante el Juez Primero Penal de Pachuca la causa penal correspondiente en contra de Cleotilde Manuel “N” por los delitos de feminicidio y homicidio calificado.

Cabe hacer mención que el mandamiento judicial se encontraba pendiente de la ejecución desde hace aproximadamente 4 años.

Investigaciones realizadas por agentes de la Policía Investigadora y la Fiscalía para la Atención de Delitos de Género, arrojaron que Cleotilde Manuel “N” radicaba en la ciudad de Mérida, Yucatán.

Por tal motivo el 28 de marzo del 2019, derivado de la coordinación interinstitucional entre las Procuradurías y Fiscalías del país, se dio cumplimiento a la orden de aprehensión en contra de Cleotilde Manuel “N”, quien fue trasladado a la ciudad de Pachuca y presentado ante el Juez Penal, correspondiente, quien en la duplicidad del plazo constitucional solicitado por la defensa, dictó auto de formal prisión en contra del inculpado por los hechos antes mencionados.

Los afectos y el cuidado juegan un papel importante en el tema de impartición de justicia y para mí está bien. ¿Qué sería de nosotros(as) sin el amor y cuidado hacia otras personas? ¿Qué sería del mundo? Simplemente sería terreno hostil y nosotros(as) no podríamos llamarnos humanos(as). Sin embargo, en ocasiones este amor nos hace ciegos(as) ante las malas obras de las personas cercanas.

Hace algún tiempo hubo una serie de denuncias, no anónimas, de mujeres hidalguenses hacia uno de esos varones que siempre están en los espacios feministas. Las respuestas que recibí de consolidadas activistas fue que ellas no apoyaban denuncias que no fueran formales, otra incluso me pidió que mejor no dijera nada porque solo “generaría grietas entre nosotras”, ya que una de sus amigas estaba emparejada con él; otras más, las que ahora apoyan sin dudar a las mujeres detrás del #MeToo, en esa ocasión no dijeron ni pío, protegiéndolo; por último, otro de los “aliados feministas” le hizo una entrevista cursilona para retratarlo como un personaje excéntrico, sí, incluso con una enfermedad mental, pero bueno, buenito deveras.


Muchas mujeres (incluso feministas) y hombres, claro, no quieren que las personas en donde depositaron sus afectos sean señaladas, mucho menos que enfrenten la justicia tal y como la conocemos actualmente.

Me di cuenta de que muchas mujeres (incluso feministas) y hombres, claro, no quieren que las personas en donde depositaron sus afectos sean señaladas, mucho menos que enfrenten la justicia tal y como la conocemos actualmente. Asimismo les duele porque se verían obligadas a reconocer sus propias contradicciones, que se están dejando guiar por las vísceras, el enamoramiento, “el corazón” y no por la razón, esa que tanto costó al feminismo señalar como no exclusiva de los hombres.

Ese es un caso a nivel local; sin embargo, el suicidio del músico y escritor Armando Vega Gil también está despertando este tipo de reacciones. Hoy la observé en la periodista Sanjuana Martínez, quien expresó que lamentaba la muerte de su amigo, quien, según ella, “nunca hubiera sido capaz de cometer algo como el abuso que se le imputa”. Afirmó también que las denuncias anónimas no son aceptables en estos casos, comparándolas con el #MeToo estadounidense donde las mujeres dieron la cara. En palabras de sus seguidores, esta fue una comparación desafortunada, debido a la gran diferencia de contexto social entre ese país y el nuestro. Al final, definió lo ocurrido como un ataque feroz y cruel que  Vega Gil no resistió y afirmó que es necesario replantear el #MeToo.

Aquí entra el tema de la justicia. Hay miles de mujeres que claman por ella. Me uno a ellas. Sin embargo, coincidí con una amiga al expresar que me siento “bipolar”, un poco confundida. Esta ola feminista, no sin razones, es rabiosa y a su lado yo podría parecer “tibia”, pues me preocupa que la rabia, la indignación y el dolor sean tales que estén nublando la visión y nos hagan caer en la búsqueda de una justicia meramente punitiva, que no resuelve de raíz el problema de la masculinidad tóxica.

Me preocupa que la rabia, la indignación y el dolor sean tales que estén nublando la visión y nos hagan caer en la búsqueda de una justicia meramente punitiva.

Otras amigas afirman que “los extremos comienzan a tocarse”, hablan de una especie de masculinización de las mujeres, pues el origen del feminismo fue en gran medida la búsqueda por alcanzar la posición de los varones en el mundo, misma que aún ostentan. Siento y pienso que todavía hay algo de eso en nuestras mentes. ¡Hace ya cien años Emma Goldman lo previó! Y afirmó que la mujer se estaba en convirtiendo “una criatura artificial, que tiene mucho parecido con los productos de la jardinería francesa con sus jeroglíficos y geometrías en forma de pirámide, de conos, de redondeles, de cubos, etc.; cualquier cosa, menos esas formas sumergidas por cualidades interiores”.

Siento y pienso, como escribió Goldman y Lola López, que efectivamente estamos olvidando las cualidades interiores, las formas denominadas femeninas de conducirnos, esas derivadas de nuestra “tradicional” atención a los cuidados, a los afectos, a nuestra intuición y que las estamos sustituyendo por formas masculinas, que bien conocemos como oprimidas en este sistema patriarcal.

¿Queremos justicia punitiva? ¿No hacemos así juego al patriarcado? ¿De qué servirá llevar a la cárcel a los acosadores? ¿De qué sirve en el mundo real exponerlos en una plataforma virtual? ¿Qué sigue tras el #MeToo? ¿O sólo queremos venganza? Ciertamente ilegítima no sería, pero ¿acabaría con el problema de raíz?

Las formas que aprendimos de hacer justicia desde lo punitivo que están ligadas a la lógica patriarcal. El desarrollo del feminismo no puede pasar por la repetición de modelos masculinos.

Coincido con Sanjuana en que tenemos que replantear el #MeToo y pienso también en Rita Segato, quien reflexionaba sobre cómo el escrache surgió en su país no como un modo de linchamiento, sino de juicio justo contra la impunidad; pero también advertía “Cuidado con las formas que aprendimos de hacer justicia desde lo punitivo que están ligadas a la lógica patriarcal. El desarrollo del feminismo no puede pasar por la repetición de modelos masculinos, sino por la reparación de las subjetividades dañadas de la víctima y el agresor”. La única forma de hacerlo, afirma Segato, es la política, una nueva política colectivizante y vincular.

Justicia restaurativa

Es necesario plantear otro tipo de justicia: yo me la imagino como feminizada y comunitaria, siempre bajo las nociones feministas, y me parece que esto empata bien con la justicia restaurativa.

Lola López Mondéjar, escritora y psicoanalista, recogió en un artículo para el periódico digital El Plural, fragmentos de literatura de Derecho acerca de la justicia restaurativa. Afirma que, en el Manual sobre Justicia restaurativa de Naciones Unidas, el proceso restaurativo se define así: “es cualquier proceso en el que la víctima y el ofensor y, cuando sea adecuado, cualquier otro individuo o miembro de la comunidad afectado por un delito, participan en conjunto de manera activa para la resolución de los asuntos derivados del delito, generalmente con la ayuda de un facilitador”.

Menciona también El pequeño libro de la justicia restaurativa de Howard Zehr, donde el autor va más allá y afirma que “en los procesos restaurativos no debería haber ningún tipo de presión, ni para perdonar ni para buscar la reconciliación. Pues se insiste en que este tipo de justicia no ha de confundirse con la mediación, donde se supone que las dos partes litigantes son responsables del conflicto, sino que en aquella hay un reconocimiento explícito de la existencia de una víctima y un agresor”.

Los ofensores siempre tienen que aceptar, en alguna medida, la responsabilidad por su delito.

Para participar en encuentros restauradores, “los ofensores siempre tienen que aceptar, en alguna medida, la responsabilidad por su delito, puesto que un componente importante de tales programas consiste en identificar y reconocer el mal causado”. Esta es la opción que Vega Gil desechó a ojos de quienes interpretamos su suicido como una confesión. Lo mismo pasó con el personaje local que mencioné, pero, en su caso, fueron varias mujeres quienes, principalmente, le ayudaron a evadir la responsabilidad de transitar el debido proceso.

Según Lola, “la justicia restaurativa se basa en que el daño causado comporta obligaciones del ofensor hacia la víctima y hacia la comunidad. La justicia restaurativa requiere, como mínimo, que atendamos los daños y necesidades de las víctimas, que instemos a los ofensores a cumplir con su obligación de reparar esos daños, e incluyamos a víctimas, ofensores y comunidades en este proceso”. Obviamente coincido con la autora en que hay violentos irrecuperables, y agrego: porque así lo quieren; con esos ni intentar nada, mejor proteger a sus víctimas y a ellos mantenerlos lejos hasta que se mueran. También coincido en que “el ideal de justicia estará siempre por delante de nuestros progresos; como lo es también que no podemos sostener un ideal de venganza ni una credulidad ingenua”.

Sin embargo, las feministas sí podemos generar agendas antipatriarcales, donde participe toda la comunidad, en el mundo real, no virtual. Me dirán que nuestras antecesoras no consiguieron sus derechos por la buena voluntad de los varones, pero ¿intentaron otras formas? ¿En verdad no siguieron la forma patriarcal? ¿Los varones de ese tiempo tenían las herramientas que tienen ahora para reconocer en sí mismos la naturalización de las manifestaciones de la masculinidad tóxica? ¿Este tiempo es igual a aquel? ¿Actuar usando fuerza contribuyó realmente a la creación de una sociedad libre de violencia? Respondamos con honestidad, no para descalificar sino para innovar y avanzar.

Innovemos y obliguemos a las instituciones correspondientes a atender los casos en el mundo real, como solicitó hoy el presidente López Obrador a Inmujeres. Apoyemos y sostengamos a las víctimas, como Tarana Burke, fundadora de #MeToo. Ellas deberían ser el centro del debate y es necesario generar las estrategias que les permitan acceder a la justicia, haciendo posible que la etiqueta de víctima sea temporal, porque nadie merece llevarla de por vida.

Del lado de los hombres, por vergonzoso que haya sido si resultaron evidenciados, muchos pueden aprovechar este #MeToo para reflexionar acerca de sí mismos y su relación con las mujeres. Algunos han comenzado por reconocerse como agresores y se han disculpado. Falta reparar el daño en el mundo real. Háganse cargo. No podrán ocultarse mucho tiempo.

¿Quién está trabajando con los niños que mañana se convertirán en adultos?

Otra propuesta más: Demos a la prevención la importancia que tiene. ¿Quién está trabajado con los niños que mañana se convertirán en hombres? Como escribí antes en mi muro de Facebook, necesitamos tiempo, compromiso, amor, paciencia, sensibilidad e información para criar en comunidad a esos niños; nos ahorraríamos tener que arreglar adultos violentos después.

¿Quién está trabajando con las niñas esas cualidades interiores como la intuición, la razón práctica más allá de la teórica? Me parece que ahí reside una gran oportunidad para ejercer verdadero autocuidado en las situaciones que nos ponen los focos en rojo. Como platicaba con amigas: la vida es cabrona y no podemos ir con el vidrio tan frágil, ingenuas, a merced de que cualquier hijo de vecino nos haga sus víctimas. Tomemos la parte de responsabilidad que nos toca en prevenir.

Veo esta crisis como una oportunidad para hombres y mujeres. ¿Que me he vuelto más tibia? Quizá sí. Quizá es la maternidad que día a día me hace darme cuenta del resultado que el apego, el respeto, el afecto, el buen trato, la serenidad y la paciencia tienen en la persona que las recibe y también en quien las brinda. Ese el camino largo y quizá sus frutos tarden en llegar, pero estoy segura que serán imperecederos.

El #MeToo que desenmascaró a escritores, académicos y periodistas mexicanos lo hizo otra vez: demostró que en todos los espacios –hasta por aquellos que creeríamos exentos de creencias tan ridículas por tener varios grados académicos o montones de sensibilidad- las mujeres somos violentadas.

Hace algunos días leí una nota acerca de las amenazas de muerte que recibió una trabajadora por negarse a participar en actos de corrupción en la hoy Fiscalía de Hidalgo. En primer lugar, me pareció horrendo sólo imaginar el terror que debió sentir al mirar aquellas imágenes de personas destazadas y descuartizadas, mediante las cuales sugerían que a ella le ocurriría lo mismo. En segundo lugar y presenten atención a lo que voy a decir: me sentí agradecida de que a mí sólo me retiren la palabra de vez en cuando, minimicen mi trabajo y esfuerzo, intenten ridiculizarme frente a mis compañeros(as), hablen a mis espaldas, me quiten crédito por mi trabajo (textual borrar mi nombre de los libros en cuya edición participo), exageren mis fallas…

¡¡¡¿¿¿Qué???!!! Reaccioné y rectifiqué: no debo agradecer por vivir violencias más “sutiles” y no violencias graves como ser amenazada de muerte, ninguna mujer debería hacerlo; es más, ninguna mujer debería permanecer en un centro de trabajo donde es violentada. Pero desgraciadamente pasa y queda impune. Conozco mujeres (y hombres, pero esta no es ocasión para hablar de ellos aunque sé que algunos tienen muuuuucho que decir) que han vivido violencia laboral o el solapamiento de la misma en Hidalgo ¿De parte de quiénes? De hombres, pero también mujeres superiores jerárquicamente.

23.1 por ciento de mujeres dijo haber vivido violencia laboral en Hidalgo

Según Endireh, en 2016, 23.1 por ciento de mujeres dijo haber vivido violencia laboral en Hidalgo, a pensar de que, como afirma Estefanía Vela en su artículo MeToo, el derecho laboral “no sólo se enfoca en las personas individuales que ejercen violencia sino en quienes la solapan” y que “por ley, los centros de trabajo tienen que promover un entorno organizacional favorable y tomar acciones para prevenir la violencia laboral”.

Sin embargo, repito, muchas personas nos quedamos en estos centros de trabajo porque, aunque suene descabellado, de momento no tenemos una mejor opción, lo cual ni significa que no busquemos. Y nos cuesta creer que si en un acto de confianza renunciamos, “el universo” traerá pañales y comida a nuestra mesa en las próximas 48 horas.

¿Por qué somos nosotras quienes tenemos que irnos y no nuestros(as) agresores(as)?

Aparte, piensen algo ¡¿Por qué somos nosotras quienes tenemos que irnos y no nuestros(as) agresores(as)?! ¿Se dan cuenta lo acostumbrados(as) que estamos a someter a situaciones difíciles a las víctimas, a quienes más necesitan, en lugar de destronar de una buena vez a quienes ostentan el poder y desde ahí violentan?

¡Denunciar! ¡Hay que denunciar formalmente! Lo he dicho y hecho, pero ¿Quiénes son las personas que recibirán y decidirán si proceden nuestras quejas? Seguramente otro más favorecido por esos amiguismos y compadrazgos de los que Estefanía habla. ¿Cómo podemos confiar en que habrá justicia?

A mí me gustaría que todas esas mujeres anónimas que denunciaron mediante redes sociales la misma negativa de acceso a una acción afirmativa que yo recibí, hubieran presentado una queja y sus superiores obtenido sanciones.

Me gustaría que todas las mujeres en Hidalgo pudiéramos escribir #MeTooPatronesMexicanos seguido de nombres y apellidos, escritos sin temor a perder el trabajo en un tronar de dedos y que ante la magnitud del problema, el Estado se viera obligado a reparar daños y las instituciones brindaran capacitación en materia de derecho laboral ¡Ya basta de intentar sensibilizar a quienes no desean renunciar a ejercer violencia contra las mujeres!

Hoy, aunque por seguridad no pondré nombres, quiero decir #MeTooPatronesMexicanos. Y si me presionan un poquito #MeTooFuncionariosDeHidalgo.