Género

Las mujeres y las diversidades sexogenéricas

Retomo mi regalo a las mujeres en este mes del amor y la amistad. Ante los últimos acontecimientos en la Ciudad de México, solo reitero mi afán feminista de una buena parte de mi vida: “¡Por la Vida y la Libertad de las Mujeres!”, marcho el 8 de marzo y paro el 9, así que no habrá columna ese día.

Como dice un colectivo feminista “Nuestra venganza es ser felices”, por eso mismo el 9 que estaremos en nuestras casas sin hacer lo que se espera de nosotras, las invito a procurarse el cuerpo y la mente.

Ya hablé en anteriores columnas sobre la sexualidad feminista que nos hace recordar y tomar en cuenta no sólo las posibilidades del cuerpo femenino sino del enorme potencial de nuestra energía sexual. Hace dos semanas hable sobre la eyaculación femenina y ahora retomo el tema con el multi orgasmo femenino.

Hombres y mujeres tenemos la posibilidad de ser multiorgásmicos, sin embargo, en el caso de los hombres es más difícil porque, aunque la eyaculación y el orgasmo son dos eventos distintos está de por medio la erección, que se pierde inmediatamente después de la eyaculación, razón por la cual son escasos quienes logran un orgasmo sin erección y sin eyaculación.

Las mujeres no tenemos esa limitante podemos tener uno tras otro de manera continua, pero como padecemos una visión patriarcal con respecto a la sexualidad, la actividad sexual acaba precisamente cuando él eyacula. Decía yo en la primera parte de la serie, que incluso hay mujeres que confunden su orgasmo con el de él, porque eyaculó, en consecuencia, nunca lo han experimentado.

Si bien el orgasmo tiene mucho de experiencia personal y única depende también de la relación con nuestro propio cuerpo y en la manera en que vivimos nuestra sexualidad, amén de las influencias sociales y culturales. Por supuesto lo primero que ha de presentarse es el deseo, si no lo hay difícilmente habrá respuesta sexual.

El deseo desencadena la respuesta sexual, excitación, tensión, meseta, orgasmo, resolución, así la describen Masters y Johnson, claro la reseña es cuasi robotizada, pero en realidad es un cúmulo de sensaciones y emociones que ocurren en un muy corto período de tiempo.

Al igual que con la eyaculación femenina, el multiorgasmo se da de manera espontánea y con mayor facilidad si se tiene un robusto piso pélvico y si antes del encuentro sexual se han desalojado tripas y vejiga.

En 1985 tomé mi primer diplomado en sexualidad con un grupo que se denominó MULA, (Mujeres Urgidas de un Lesbianismo Auténtico) encabezado por Bárbara García y Mafer Suárez, ahí conocí a una mujer que lograba encadenar hasta ocho orgasmos continuos, yo no paso de tres.

Recuerden que no es competencia, no se impongan el orgasmómetro y bueno yo he hablado de dos circunstancias de la sexualidad femenina que ocurren en la zona genital y he hablado de ello desde el punto de vista de la sexualidad feminista porque son dos posibilidades de las que muy poco se habla y muchas mujeres las desconocen como si se tratara de los secretos mejor guardados.

Pero por favor, no se olviden del resto del cuerpo que es igualmente placentera. Para las mujeres el preámbulo es muy importante y si dura un buen rato que mejor, ni tampoco dejen de lado todo lo que conlleva el erotismo y que es lo que nos hace realmente humanos, como las miradas, las palabras, las emociones y por supuesto el intercambio de energías, así que, ¡no se lancen como el Borras a una zona específica del cuerpo, no sean mensos ni violentos!

Lo cierto queridas es que nos hemos de deshacer de muchos mitos, miedos y prejuicios en torno a la sexualidad femenina para poder vivir con plenitud, algo que el patriarcado no concibe. ¡Tenemos que ser muy valientes!

Hace algunos meses platicaba con mi terapeuta Magalli Piña Bedolla, sobre algunas experiencias sexuales que tuve el año pasado y que nunca me imaginé experimentar a mi tercera edad. Ella me cuestionaba si creía yo que otras mujeres no serían capaces de experimentarlo. Mi respuesta fue ¡claro que sí!

Reflexionándolo aún más, creo que también sería pertinente no sólo preguntarse sí las mujeres son capaces de tener más y mejores sensaciones, sino ¿quieren tener más y mejores sensaciones?

Lo único que hay que hacer es dejarse de preocupar por las formas de su cuerpo, quererlo tal y como es, relajarse, concentrarse en el momento, no oponer resistencia ni a las sensaciones ni a las reacciones que se presentan, dejar fluir de manera orgánica.

¿Ustedes quieren tener más y mejores sensaciones!

¡Ya tienen tarea para el 9 de marzo!

botellalmar2017@yahoo.com

El viernes 21 de febrero, en Centro de Desarrollo Infantil Nueva Vida, sede del Semillero Creativo de la Col. La Raza, se llevará a cabo el taller «Mirando a la Luna». Dicho taller será impartido por Hellen Villegas, acompañante durante embarazo, parto y postparto, y estará dirigido especialmente a madres o tutoras de adolescentes no sólo de la comunidad en torno al Semillero, sino a todas las adultas que acompañan a jóvenes en la popular colonia.

En este taller teórico práctico, las madres o tutoras aprenderán a acompañar de manera eficiente, oportuna y respetuosa a las adolescentes en su camino a convertirse en mujeres. Algunos de los temas a tratar son: menstruación, cuerpo femenino, salud e higiene, y herramientas de convivencia para el autocuidado.

Aunque el taller no se vincula directamente con la creación literaria o el fomento a la lectura -actividades clave en el Semillero- se planeó después de observar los altos índices de embarazo adolescente en la colonia, así como tras escuchar las inquietudes de las adolescentes y también de las madres, quienes desean adquirir herramientas para acompañar a sus hijas en la etapa que actualmente viven.

En vísperas de la celebración del nacimiento de un gran profeta (de varios, en realidad), acudí a entrevistar a Ami Vera, psicóloga y partera que fundó Casa Ameyali en Pachuca, Hidalgo. Ella acompaña a las mujeres a cruzar el umbral para parir un hijo o hija, pero también para parirse a sí mismas como madres.

Llegué casi corriendo, pero me calmé cuando al avisarle por mensaje de mi retraso, respondió como conocedora del arte de la paciencia “Con calma. Te espero”.

Toqué el timbre, me recibió con una sonrisa mientras dejaba la regadera metálica de sus plantas. Pasamos al lugar donde recibe a sus clientas y, tras servirme un vaso de agua, comenzamos a charlar.

Se convirtió en madre por primera vez a los 21, en un parto inasistido, es decir, en casa, sin intervención médica, confiando en una corazonada y en sí misma

Ami tiene una voz suave, habla claramente y con seguridad. Me contó que tiene 46 años de edad y que se convirtió en madre por primera vez a los 21, en un parto inasistido, es decir, en casa, sin intervención médica, confiando en una corazonada y en sí misma a pesar de que su pareja quería llevarla a un hospital. “Algo dentro de mí decía: no quiero ir a un hospital, no estoy enferma, yo puedo. Me aguanté las contracciones sin decirle [a su pareja] hasta que mi hija nació. La placenta sí nació en el hospital. Desde ahí pensé: esto funciona”, dice Ami.

Su siguiente parto sí fue en hospital y Ami lo describe como horrible, pues hubo mucha violencia. La chispa que había surgido con el primer parto, le hizo reafirmar que ninguna mujer debía pasar por lo que ella pasó en el parto hospitalario. Desde ahí decidió estudiar y capacitarse; fue doula, educadora perinatal, trabajó en el Hospital Obstétrico de Pachuca, implementando un programa para detener la violencia obstétrica y luego, cuando sus hijos crecieron, decidió entrar de lleno al estudio de la partería.

¿Sabes qué es lo más triste? Las más violentas eran las mujeres, las enfermeras, las médicos.

Cuando le pregunto cómo le fue en el Hospital Obstétrico durante la aplicación del programa, me cuenta que hubo mucha resistencia, especialmente de parte de los médicos titulados, no tanto de los residentes. Ella y otras mujeres sólo preparaban y contenían, es decir, no entraban a parto, aun así, la resistencia era fuerte. “¿Sabes qué es lo más triste? Las más violentas eran las mujeres, las enfermeras, las médicos. Era como ésta represión de su feminidad, de su ser materno dada por la profesión, por entrar de lleno en el mundo de los hombres, de la testosterona. No generalizo, pero con quienes yo trabajé, tendían a ser muy agresivas”, afirma.

Cuando le pregunto qué significa para ella la maternidad, responde “Para mí ha sido una maravilla ser mamá, es como un milagro que continúa y continúa. Es difícil, pero creo que de las profesiones en las que he estado es la que más me satisface emocionalmente y me llena de riqueza. Aunque mis hijos ya no están conmigo, ver cómo se desarrollan, ser testigo, es una maravilla, una bendición. Yo lo he disfrutado en cada etapa suya y mía, porque yo también voy cambiando”.

Al hablar del lugar que tiene la maternidad actualmente en la sociedad y cuestionarle si coincide en que, desde algunos movimientos de mujeres, está surgiendo un discurso que plantea la maternidad como sinónimo de fracaso, ella responde que coincide “Tiene que ver con estas corrientes feministas donde niegas tu maternidad. No digo que todas las mujeres tengan que ser madres, pues eso es una decisión de cada quien… a veces; pues en ocasiones aunque no quieran, por el número de semanas de gestación por ejemplo, no logran interrumpir el embarazo. Siento que estamos en esta cultura de competir en un ambiente de testosterona, tenemos que profesionalizarnos en los estándares masculinos. Subirte a ese barco es fácil, porque el éxito se define en dinero. Y para tener dinero, tienes que entrar al mundo masculino, eso hace que niegues esa parte de ti. Todas las mujeres somos estrogénicas. Sí noto lo que dices, sí lo siento. Lo noto en las mujeres que llegan embarazadas, que no quieren estar embarazadas, pero no tienen otra alternativa y tienen esta pelea constante. Parte de mi trabajo es ayudarlas a aceptar el cambio. El cambio es la única constante en la vida”.

Aquí en los años 60, cuando se hospitalizaron los partos, le quitaron a la mujer gran parte de su confianza en que puede parir.

Ami llegó de Estados Unidos a Pachuca en octubre de 2018, pero comenzó a trabajar en aquí desde mayo de ese año. Casa Ameyali surgió por la convicción de la necesidad de abrir las puertas al parto respetado en México, de devolverles a las mujeres el parto, la confianza en que pueden parir, “Porque aquí en los años 60, cuando se hospitalizaron los partos, le quitaron a la mujer gran parte de su confianza en que puede parir y se vino esta creencia de que lo más seguro es parir con un médico, acostada. Creo que la mejor manera de devolverle el parto a las mujeres es venir y abrir un espacio donde pueda decirles que sí pueden, que confíen”.

Más que ser una activista y hacer mucho ruido, Ami me explica que quiere ir de mujer a mujer, cambiando esa percepción de que no pueden. «Tu cuerpo puede hacer todo. Sigue tu instinto, conéctate con esta parte y los demás adiós”.

Cuando menciono la escisión cuerpo-mente como un obstáculo para que las mujeres puedan parir, responde: “Totalmente, lo veo sobre todo en el parto, porque es un momento en el que estás abierta. Fisiológicamente tu corteza cerebral, la parte pensante, racional, desde el embarazo se empieza a hacer más chiquita. Está bien que suceda, porque en el parto necesitamos que desaparezca por completo y aparezcan los instintos más primales. Parte de mi trabajo es apagar esa parte racional; cuando no la tienes, eres completamente mamífera y entonces tus instintos pueden aflorar para parir. Eso es la parte física. Cuando hay emociones contradictorias o fuertes, como el miedo que es más grande que todas las cosas, yo puedo verlo, sentirlo, y el parto se detiene”.

Me dice que ve una necesidad imperante de revisar nuestra sombra antes, todo el tiempo, educarnos emocionalmente, no sólo durante el embarazo, porque es más fácil trabajar algo que ya conoces.

Hablamos de las cesáreas y me recuerda el índice en Pachuca, en hospitales privados: es del 97%. «Si lo que quieres un parto, es mejor acudir al ISSSTE o al IMSS», afirma. Las parteras tradicionales de la Huasteca ayudan a bajar estos índices.

En Pachuca hay ocho parteras registradas, de las cuales únicamente Ami atiende partos, porque las asustan.

En Pachuca hay ocho parteras registradas, de las cuales únicamente Ami atiende partos, las otras hacen baños, acomodan bebés, etcétera, porque las asustan. Les dicen que si algo sale mal, irán a parar a la cárcel y es una realidad. No todas están dispuestas a correr el riesgo. Sin embargo, como siempre existe ese riesgo, por ley, no podrían retenerlas mucho tiempo en la cárcel. “Te la juegas, pero no cualquiera está decidida a correr el riesgo”, dice Ami.

Cuando le pregunto de dónde ha sacado fuerza para mantenerse firme y continuar a pesar del riesgo, ella responde “Yo me considero una persona de mucha fe, esa es mi gran ancla. También esa creencia que tengo arraigada de que sí se puede y el tener claros mis límites, conocer lo normal y hasta dónde puedo llegar con lo que se sale de lo normal. No me la juego, para mí lo más importante siempre es la vida de la mamá y la de su bebé”.

Hasta ahora, no ha habido historias tristes en Casa Ameyali. Y por supuesto, dice Ami, no es lo mismo vivir una de estas posibles historias en un hospital, rodeada de extraños, con luces, que en la intimidad.

El inicio y el final de la vida deberían ser momentos de mucho respeto, de no interrupciones e intimidad.

“El inicio y el final de la vida son muy parecidos, deberían serlo, en este ambiente de intimidad”, dice Ami. Relata que parte de su trabajo también ha sido desempeñarse como enfermera con pacientes terminales durante tres años en Estados Unidos. Agrega “El inicio y final de la vida deberían ser momentos de mucho respeto, de no interrupciones e intimidad, porque ese momento, esos umbrales, deberíamos entenderlos como algo trascendente”.

A intentar resumir el aprendizaje que trae la maternidad, mi entrevistada toma aire y dice “La maternidad en general es aprender a soltar. Hay muchos aprendizajes que trae consigo, pero creo que el gran gran aprendizaje que tiene lugar cuando acompañas a alguien en su vida es: crees que tienes el control, pero en realidad no lo tienes”.

Para finalizar la charla, Ami exclama con viveza «Me gustaría decirle a las mujeres que quieren ser madres: no veas afuera, el ser madre lo traes adentro. Es muy fácil buscar en YouTube, preguntar a otras personas, dejarte influenciar. Para ser la madre que quieres ser, tienes que mirar hacia adentro».

Con la grabadora apagada, conversamos un poco más y acordamos un almuerzo junto a otras amigas en común. Mientras caminamos por el pasillo hacia la salida, yo le digo que en unos años espero visitarla como clienta.

Llegamos hasta Chapultepec de pozos, una de las comunidades más escondidas de San Agustín Tlaxiaca, a donde DESDEABAJO.MX de la mano del Instituto de la Mujer Tlaxiaquense, impartió un taller contra la violencia de género.

Te compartimos esta pieza de Periodismo Móvil.

¿Igualdad de género? Principio que establece que hombres y mujeres son iguales ante la ley, tema que, a pesar de encontrarse en boca de todos, también pareciera ser sólo una tendencia, pues siendo objetivos, se debe aceptar que hay aspectos que presentan irregularidades.

Tal es el caso del Pink Tax, el impuesto rosa del que pocos hablan.

El Pink Tax, es un concepto para muchos totalmente desconocido, pero forma parte de la realidad en la que vivimos, pues, aunque ya bastante se sabe que las mujeres suelen ganar menos que los hombres por el mismo trabajo en muchos casos, resulta increíble que, además, ser mujer implica pagar un impuesto injusto a la hora de adquirir productos que en su color o características lleven implícito que serán utilizados por el sexo femenino.

Este impuesto rosa obliga a las consumidoras a pagar hasta un siete por ciento más por los artículos diseñados en versión femenina, aun cuando su función pudiera ser igual a los de versión masculina. Este gasto adicional se cubre desde el nacimiento, ya que los padres que esperan en su hogar a una niña y que compran artículos rosas como biberones, cunas, ropa y demás, ven reflejado este impuesto en su economía.

Diferentes estudios sobre el tema han puesto al descubierto cifras realmente alarmantes. Por ejemplo, en la etapa de la niñez, un juego de bloques de construcción con el mismo número de piezas, es 80% más caro si es de princesas (para niño 550 y para niña $1,000). Y qué se puede decir de los artículos de higiene personal para las mujeres. En estos es más que evidente, pues productos como cremas, rastrillos, desodorantes y perfumes, sólo por mencionar algunos, podrían rebasar incluso un 30% en el incremento de precio para los consumidores de un género y otro.

Mucho se ha estudiado sobre el tema en diferentes países, pero ¿qué hay de aquellos productos que son exclusivos para las mujeres y que no pueden ser comparados con alguno similar? Es evidente que el establecimiento de precios en estos es totalmente libre, ya que son productos de uso necesario, que irremediablemente deben ser adquiridos por el sexo femenino. ¿No es acaso esta una forma de discriminación para las mujeres?

Desafortunadamente en México no se cuenta con un organismo que pueda defender las garantías de las mujeres en materia de consumo y es claro que los hábitos de compras no pueden ser modificados de un día para otro. Pero quizá valdría la pena preguntarnos: ¿qué harían las industrias si las mujeres dejaran de comprar? Si tomamos en cuenta que 8 de cada 10 decisiones compra, son tomadas por las mujeres, realmente el impacto económico sería considerable, pero quizá de esta manera se haría conciencia y se aceptaría que la economía de un país estaría en manos del género femenino.