Sexualidad

En vísperas de la celebración del nacimiento de un gran profeta (de varios, en realidad), acudí a entrevistar a Ami Vera, psicóloga y partera que fundó Casa Ameyali en Pachuca, Hidalgo. Ella acompaña a las mujeres a cruzar el umbral para parir un hijo o hija, pero también para parirse a sí mismas como madres.

Llegué casi corriendo, pero me calmé cuando al avisarle por mensaje de mi retraso, respondió como conocedora del arte de la paciencia “Con calma. Te espero”.

Toqué el timbre, me recibió con una sonrisa mientras dejaba la regadera metálica de sus plantas. Pasamos al lugar donde recibe a sus clientas y, tras servirme un vaso de agua, comenzamos a charlar.

Se convirtió en madre por primera vez a los 21, en un parto inasistido, es decir, en casa, sin intervención médica, confiando en una corazonada y en sí misma

Ami tiene una voz suave, habla claramente y con seguridad. Me contó que tiene 46 años de edad y que se convirtió en madre por primera vez a los 21, en un parto inasistido, es decir, en casa, sin intervención médica, confiando en una corazonada y en sí misma a pesar de que su pareja quería llevarla a un hospital. “Algo dentro de mí decía: no quiero ir a un hospital, no estoy enferma, yo puedo. Me aguanté las contracciones sin decirle [a su pareja] hasta que mi hija nació. La placenta sí nació en el hospital. Desde ahí pensé: esto funciona”, dice Ami.

Su siguiente parto sí fue en hospital y Ami lo describe como horrible, pues hubo mucha violencia. La chispa que había surgido con el primer parto, le hizo reafirmar que ninguna mujer debía pasar por lo que ella pasó en el parto hospitalario. Desde ahí decidió estudiar y capacitarse; fue doula, educadora perinatal, trabajó en el Hospital Obstétrico de Pachuca, implementando un programa para detener la violencia obstétrica y luego, cuando sus hijos crecieron, decidió entrar de lleno al estudio de la partería.

¿Sabes qué es lo más triste? Las más violentas eran las mujeres, las enfermeras, las médicos.

Cuando le pregunto cómo le fue en el Hospital Obstétrico durante la aplicación del programa, me cuenta que hubo mucha resistencia, especialmente de parte de los médicos titulados, no tanto de los residentes. Ella y otras mujeres sólo preparaban y contenían, es decir, no entraban a parto, aun así, la resistencia era fuerte. “¿Sabes qué es lo más triste? Las más violentas eran las mujeres, las enfermeras, las médicos. Era como ésta represión de su feminidad, de su ser materno dada por la profesión, por entrar de lleno en el mundo de los hombres, de la testosterona. No generalizo, pero con quienes yo trabajé, tendían a ser muy agresivas”, afirma.

Cuando le pregunto qué significa para ella la maternidad, responde “Para mí ha sido una maravilla ser mamá, es como un milagro que continúa y continúa. Es difícil, pero creo que de las profesiones en las que he estado es la que más me satisface emocionalmente y me llena de riqueza. Aunque mis hijos ya no están conmigo, ver cómo se desarrollan, ser testigo, es una maravilla, una bendición. Yo lo he disfrutado en cada etapa suya y mía, porque yo también voy cambiando”.

Al hablar del lugar que tiene la maternidad actualmente en la sociedad y cuestionarle si coincide en que, desde algunos movimientos de mujeres, está surgiendo un discurso que plantea la maternidad como sinónimo de fracaso, ella responde que coincide “Tiene que ver con estas corrientes feministas donde niegas tu maternidad. No digo que todas las mujeres tengan que ser madres, pues eso es una decisión de cada quien… a veces; pues en ocasiones aunque no quieran, por el número de semanas de gestación por ejemplo, no logran interrumpir el embarazo. Siento que estamos en esta cultura de competir en un ambiente de testosterona, tenemos que profesionalizarnos en los estándares masculinos. Subirte a ese barco es fácil, porque el éxito se define en dinero. Y para tener dinero, tienes que entrar al mundo masculino, eso hace que niegues esa parte de ti. Todas las mujeres somos estrogénicas. Sí noto lo que dices, sí lo siento. Lo noto en las mujeres que llegan embarazadas, que no quieren estar embarazadas, pero no tienen otra alternativa y tienen esta pelea constante. Parte de mi trabajo es ayudarlas a aceptar el cambio. El cambio es la única constante en la vida”.

Aquí en los años 60, cuando se hospitalizaron los partos, le quitaron a la mujer gran parte de su confianza en que puede parir.

Ami llegó de Estados Unidos a Pachuca en octubre de 2018, pero comenzó a trabajar en aquí desde mayo de ese año. Casa Ameyali surgió por la convicción de la necesidad de abrir las puertas al parto respetado en México, de devolverles a las mujeres el parto, la confianza en que pueden parir, “Porque aquí en los años 60, cuando se hospitalizaron los partos, le quitaron a la mujer gran parte de su confianza en que puede parir y se vino esta creencia de que lo más seguro es parir con un médico, acostada. Creo que la mejor manera de devolverle el parto a las mujeres es venir y abrir un espacio donde pueda decirles que sí pueden, que confíen”.

Más que ser una activista y hacer mucho ruido, Ami me explica que quiere ir de mujer a mujer, cambiando esa percepción de que no pueden. «Tu cuerpo puede hacer todo. Sigue tu instinto, conéctate con esta parte y los demás adiós”.

Cuando menciono la escisión cuerpo-mente como un obstáculo para que las mujeres puedan parir, responde: “Totalmente, lo veo sobre todo en el parto, porque es un momento en el que estás abierta. Fisiológicamente tu corteza cerebral, la parte pensante, racional, desde el embarazo se empieza a hacer más chiquita. Está bien que suceda, porque en el parto necesitamos que desaparezca por completo y aparezcan los instintos más primales. Parte de mi trabajo es apagar esa parte racional; cuando no la tienes, eres completamente mamífera y entonces tus instintos pueden aflorar para parir. Eso es la parte física. Cuando hay emociones contradictorias o fuertes, como el miedo que es más grande que todas las cosas, yo puedo verlo, sentirlo, y el parto se detiene”.

Me dice que ve una necesidad imperante de revisar nuestra sombra antes, todo el tiempo, educarnos emocionalmente, no sólo durante el embarazo, porque es más fácil trabajar algo que ya conoces.

Hablamos de las cesáreas y me recuerda el índice en Pachuca, en hospitales privados: es del 97%. «Si lo que quieres un parto, es mejor acudir al ISSSTE o al IMSS», afirma. Las parteras tradicionales de la Huasteca ayudan a bajar estos índices.

En Pachuca hay ocho parteras registradas, de las cuales únicamente Ami atiende partos, porque las asustan.

En Pachuca hay ocho parteras registradas, de las cuales únicamente Ami atiende partos, las otras hacen baños, acomodan bebés, etcétera, porque las asustan. Les dicen que si algo sale mal, irán a parar a la cárcel y es una realidad. No todas están dispuestas a correr el riesgo. Sin embargo, como siempre existe ese riesgo, por ley, no podrían retenerlas mucho tiempo en la cárcel. “Te la juegas, pero no cualquiera está decidida a correr el riesgo”, dice Ami.

Cuando le pregunto de dónde ha sacado fuerza para mantenerse firme y continuar a pesar del riesgo, ella responde “Yo me considero una persona de mucha fe, esa es mi gran ancla. También esa creencia que tengo arraigada de que sí se puede y el tener claros mis límites, conocer lo normal y hasta dónde puedo llegar con lo que se sale de lo normal. No me la juego, para mí lo más importante siempre es la vida de la mamá y la de su bebé”.

Hasta ahora, no ha habido historias tristes en Casa Ameyali. Y por supuesto, dice Ami, no es lo mismo vivir una de estas posibles historias en un hospital, rodeada de extraños, con luces, que en la intimidad.

El inicio y el final de la vida deberían ser momentos de mucho respeto, de no interrupciones e intimidad.

“El inicio y el final de la vida son muy parecidos, deberían serlo, en este ambiente de intimidad”, dice Ami. Relata que parte de su trabajo también ha sido desempeñarse como enfermera con pacientes terminales durante tres años en Estados Unidos. Agrega “El inicio y final de la vida deberían ser momentos de mucho respeto, de no interrupciones e intimidad, porque ese momento, esos umbrales, deberíamos entenderlos como algo trascendente”.

A intentar resumir el aprendizaje que trae la maternidad, mi entrevistada toma aire y dice “La maternidad en general es aprender a soltar. Hay muchos aprendizajes que trae consigo, pero creo que el gran gran aprendizaje que tiene lugar cuando acompañas a alguien en su vida es: crees que tienes el control, pero en realidad no lo tienes”.

Para finalizar la charla, Ami exclama con viveza «Me gustaría decirle a las mujeres que quieren ser madres: no veas afuera, el ser madre lo traes adentro. Es muy fácil buscar en YouTube, preguntar a otras personas, dejarte influenciar. Para ser la madre que quieres ser, tienes que mirar hacia adentro».

Con la grabadora apagada, conversamos un poco más y acordamos un almuerzo junto a otras amigas en común. Mientras caminamos por el pasillo hacia la salida, yo le digo que en unos años espero visitarla como clienta.

El pasado 8 de agosto se celebró el día internacional del orgasmo femenino, han reflexionado, ¿Por qué se habría de establecer un día específico del año para esto?

Aquí les van varios datos: En su famosísimo Informe Hite sobre sexualidad femenina, realizado en los años setentas en Estados Unidos, la antropóloga Shere Hite descubrió que un porcentaje elevadísimo de las mujeres norteamericanas fingían el orgasmo. Imagínense en México, por esas mismas fechas.

Una condicionante para participar en el estudio de la Doctora Hite fue responder con toda sinceridad, dejar lo políticamente correcto a un lado. Lo cierto es que se impone que la sexualidad femenina debe ser políticamente correcta frente a la sexualidad masculina.

Hemos de decirles y reiterarles que son unos leones en la cama para no lastimar su frágil masculinidad, lo que ha resultado en una legión de mujeres insatisfechas en lo sexual, que nunca han experimentado el orgasmo.

Por su parte un equipo médico del Hospital Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, viene haciendo un estudio desde el 2018 llamado Índice de Función Sexual Femenina y aseguran que el 30 % de las argentinas no suelen experimentar orgasmos y el 12% nunca han tenido uno, ni solas, ni con sus parejas.

La médica Silvina Valente quién encabeza el estudio señala que esto se debe a que las mujeres no saben y en consecuencia no están conscientes de que tienen derecho al placer.

La cuestión es cómo van las mujeres a estar conscientes de ése derecho, si se nos educa sólo para darle placer al otro, para gustarle al otro y la sexualidad humana gira en torno sólo a la sexualidad masculina.

El estudio argentino publicado por el diario El Clarín, destaca además que entre aquellas que nunca han tenido un clímax, muchas son madres, tienen más de un hijo, dice Valente, confunden el orgasmo con la excitación, con la sensación de intimidad con su pareja o peor aún, con el orgasmo de él.

Dice la médica: “Lo cierto es que cada vez son más las mujeres que creen que el encuentro sexual finaliza cuando el hombre eyacula y que por múltiples razones no continúan en la búsqueda de su placer”.

Hay, dice la especialista, un desconocimiento, no sólo de la mujer, sino también del hombre, de que las mujeres necesitan más tiempo para alcanzar el orgasmo y que esperarlas y que “ellas mismas se esperen”, es un derecho en el camino hacia la equidad del placer.

Silvina da en el clavo, lo que se requiere es lograr la equidad en el placer, democratizar el placer, terminar con la dictadura del pene y para eso han de ocurrir dos cosas de entrada: una, las mujeres han de reapropiarse de su cuerpo, su deseo y su placer. Y segundo, lo han de hacer en solitario, quiere decir que son ellas las primeras que han de experimentar con el autoerotismo, para saber qué les agrada y qué no, qué las lleva al orgasmo y qué no.

Habrán además de abandonar la idea de que es el otro el responsable de darles placer, son ellas mismas quiénes habrán de buscarlo y lograrlo. Y ahí la autoestima tiene muchísimo que ver. Dice Graciela Hierro en su ensayo sobre la ética del placer, una cosa es el amor propio y otra distinta el amor por una misma.

El amor propio es procurarse y cuidarse, pero para el otro, para gustarle al otro, en la otredad. El amor por una misma es procurarse y cuidarse para sí misma primero y en ésa medida poder compartir con las o los demás.

Ellos por su parte habrán de ser más éticos con su placer, entender perfectamente qué está bien y qué está mal en la procuración de su placer. Darle tiempo y espacio a su pareja y asegurarse de que llegue al clímax, es muy fácil darse cuenta cuando una mujer finge el orgasmo y cuando no lo está fingiendo, sólo necesitan ser más observadores, por supuesto la pornografía no es un buen referente.

Pero sobre todo, los hombres habrán de regresar a la parte más humana de la sexualidad que es el erotismo, que implica no sólo compromiso físico, sino también emocional y abandonar la comodidad de las sensaciones, para que puedan experimentar la diferencia entre la eyaculación y el orgasmo.

Sí no lo logramos seguiremos siendo, cómo dice la canción verdaderos extraños en el paraíso.

botellalmar2017@gmail.com

El patriarcado posmoderno busca la reducción desechable de la persona, en especial de la Mujer, de su historia, de sus metas y sentimientos, a través de la tecnología y de la accesibilidad filtrada.

Impone una pedagogía de lo desechable en sus relaciones, de amor, de amistad, al grado de enseñar que es más fácil desecharlas que repararlas, con lo que impone la cancelación de posibilidades de crecimiento y genera un modelo de política basada en la anti-politica.

De esta forma, el patriarcado posmoderno se opone en su pedagogía a la negociación, a la concertación y sobre todo busca eliminar el diálogo que podría generar alianzas y proyectos de vida entre mujeres.

Una fuga de rebeldía podría generar una contracultura feminista de resistencia, y generar discursos nuevos de pareja, relaciones afectivas, eróticas o corporales basadas en un posmodernismo humanista, que pondrian en riesgo sus sistemas de control normativo (heteronorma, homonorma, e incluso una naciente transnorma).

El Patriarcado Posmoderno reposa en el Smartphone como su principal vehículo condicionante, al naturalizar y cotidianizar las interrelaciones sociales a mero intercambio de performantizaciones del estereotipo «Made In USA», en el cual la Mujer es reducida a una opción desechable por el movimiento de un dedo de hombre en aplicaciones de ligue como el «Tinder».

Más allá de las desilusiones de Bauman por una sociedad líquida, el verdadero riesgo del patriarcado posmoderno es que se ofrece como el traste que daría contención y forma a esa sociedad sin consistencia.

Y lo haría desde la contención de lo impersonal, del clasismo, del racismo, de la homolesbitransfobia, y de los fundamentalismos vendidos como «likes» para una sociedad aspiracionista, fanatizada por la forma, pero confrontada automáticamente con el fondo.

Así, la sentencia de Kate Millet en «Política Sexual», sobre la utilidad del amor romántico como sistema de control patriarcal enajenante contra la Mujer sube varios niveles, al llevar a la propia Mujer a la complicidad de aceptar borrar su multidimensional en favor de ser elegida por un hombre incapaz de relaciones personales, pero poseedor de un Smartphone con la aplicación de Tinder, y una conexión de Wi Fi.

La alternativa de redirigir la romantizacion del amor hacia terrenos incómodos para los patriarcados, se vuelve más necesaria. Desde la construcción de amores desarrollados en lo personal desde la periferia de las normativas legitimados a través de la nueva esfera del romance digital, hacia otras realidades posibles pero no inventadas.

Audre Lorde lo señalaba «La Casa del Amo No Se Desmantela Con Las Herramientas Del Amo'».

Los amores rebeldes no se construyen con el Tinder, ni con el Grinder, Wapa u otras aplicaciones que permiten enjuiciar o calificar a seres con historias y narrativas de vida que merecen ser conocidas.

Sólo los Amores Rebeldes podrán desestabilizar a los patriarcados. Sólo podrán generar libertad ante el Patriarcado Posmoderno las multidimensionalidades de las Mujeres, histórica, corporal, narrativa, erótica y de deseos, anhelos de piel y alma en Movimiento impredecible para las normativas patriarcales y tinderianas.

Y la resistencia a la desechabilidad de las personas, de las relaciones, para lograr la Reparación a través de la Deconstrucción y la Reconstrucción individual y conjunta.

Una lectora me preguntó a qué me refería en una columna anterior con “democratizar la sexualidad”; aquí lo explico más ampliamente.

Dice un dicho muy mexicano “a la mesa y a la cama…solo una vez se llama”, haciendo una alegoría, si la mesa fuera la sexualidad, en éste modelo hegemónico y heteronormativo que priva, la mesa se sirve para un solo comensal.

Vamos que si se concibe y se vive el inicio de una relación sexual desde el momento en que hay una erección y que ésta termina cuando ya no la hay, por supuesto sólo se está contemplando el deseo y el placer de una de las partes.

Hace muchos años, dando talleres de autoerotismo femenino en Hidalgo, yo pedía a las asistentes que describieran como era una relación sexual con sus maridos y me contestaban: “Pues mi marido se sube y se baja”.

Mientras la sexualidad humana se continúe concibiendo y siga girando solo en torno al placer masculino y al pene, seguirá siendo antidemocrática, hegemónica y heteronormativa.

Pero para que la sexualidad humana sea democrática, las mujeres han de romper con algunos estereotipos de género, por ejemplo: agradar, servir y atender a las y los demás.

Dice Marcela Lagarde que cuando las mujeres más estamos para las y los demás menos estamos para nosotras mismas.

Ciertamente lo primero que colonizaron los hombres fue el cuerpo femenino para su placer y su disfrute, así entonces sí queremos que las cosas sean diferentes, es de nuestro cuerpo de lo primero que nos hemos de repropiar, seguidamente de nuestro placer. Tenemos que dejar de concebirnos únicamente como las dadoras de placer, para empezar a aprender a recibir.

En los talleres de autoerotismo femenino, conocí mujeres de 30, 40,50 y 60 años que nunca en su vida han experimentado un orgasmo y yo les decía que no son ellos quienes les harán ver estrellitas, a menos que les den un codazo en el ojo, que el orgasmo es de quien lo trabaja.

Por supuesto los hombres tienen una gran responsabilidad en lograr que la sexualidad se democratice. Primero, tener la voluntad de cambiar, segundo concebirnos a las mujeres como seres sexuados con derechos. No sólo ellos tienen derecho al placer, nosotras también, no sólo ellos tienen derechos sexuales y reproductivos, nosotras también y hay que respetarlos.

En éste contexto le platico sobre los resultados de un estudio que se hizo en España, “Diagnóstico de la Mujer joven en la España de hoy” y que publicó ésta semana el diario La Vanguardia.

Se entrevistaron a 1,300 mujeres de 18 a 34 años de edad y 1,500 mujeres mayores de 35 años. El estudio reveló que el 46.8% de las jóvenes y el 51% de las adultas tienen relaciones sexuales sin ganas de tenerlas.

¿Creen que ésas cifras cambiarían si la encuesta se hiciera aquí en México? ¡Yo creo que no!

Digo, con qué ganas han de ir a una relación sexual si las dejan mirando al techo y peor aún por la obligación de dar placer.

El análisis descubre también que son más las mujeres jóvenes quienes se definen como feministas que las adultas y que a pesar de eso el feminismo no ha permeado en su vida sexual.

Otros datos interesantes con respecto a las jóvenes españolas es que el 5.6% ha mantenido relaciones sexuales en grupo, el 20.8 % ha practicado el cibersexo y el 20.3% ha tenido relaciones sexuales con desconocidos.

Pero fíjense bien, si cruzamos éstos datos con el que señala que la mayoría ha tenido la relación sexual sin ganas, se puede asegurar en consecuencia, que no son más libres sexualmente que lo que fueron sus abuelitas y sus madres, vamos que aunque tengan prácticas más novedosas y atrevidas, no obtienen placer de ello, sigue siendo en consecuencia antidemocrático.

A esto le llama Marcela Lagarde sincretismo de género, que si tener sexo igual que ellos, beber igual que ellos, insultarse entre ellas igual que ellos las insultan significara que son más libres, están muy equivocadas, como lo revela la encuesta, las mujeres jóvenes al igual que las adultas siguen sin ser dueñas de su placer.
¡Sopas!.

botellalmar2017@gmail.com

Al parecer los asuntos legislativos del estado están perdiendo el sentido laico que les debe caracterizar y es que el pasado domingo en diversos templos religiosos católicos se distribuyeron carteles y volantes en los que se invitaba a la población a la «Marcha por la Vida» el próximo 8 de junio.

Y es que los opositores a la iniciativa de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) para el estado de Hidalgo impulsada por el diputado local de Morena Víctor Osmind Guerrero Trejo parece que están empeñados en evitar que (nosotras) las mujeres tengan derechos sobre su propio cuerpo.

También fueron colocados cárteles en los diferentes recintos católicos, en los cuales se puede observar la imagen del Reloj Monumental de Pachuca envuelta en un manto azul.

Lo anterior se pudo observar en las iglesias del Arbolito, La Asunción, La Villita, San Javier, y San Bartolo entre algunas otras de la capital hidalguense, la homilía del cura respectivo incluyó una invitación a manifestarse el próximo sábado a las 9:30 en el parque de la familia en avenida Juárez.

El texto que estaba impreso en el volante que fue repartido dice: “no caer en provocaciones, no dar explicaciones ni entrevistas, solo con la presencia”. Lo que sugiere más una conminación, que una invitación.

Aunado a ello, el sermón de la homilía fue sobre el tema en contra del aborto, donde dijeron que el aborto es un pecado grave y la mujer que aborte queda “fuera de la iglesia”.

Estas acciones se suman al pronunciamiento que realizaron hace algunos días los obispos Juan Pedro Juárez Meléndez de la arquidiócesis de Tula; José Hirais Acosta.

Aunado a esto ha sido el llamado que días antes difundieron a través de un video los obispos Juan Pedro Juárez Meléndez de la arquidiócesis de Tula; José Hirais Acosta de Huejutla y el arzobispo, Domingo Díaz Martínez, de Tulancingo, en el que solicitaban a la población católica y en general a manifestarse en contra de la iniciativa para la despenalización del aborto.

Sin embargo, estás acciones son violatorias al principio de separación iglesia y estado enmarcado en la Constitución de 1917, según informó el legislador Victor Osmid Guerrero Trejo, quién es uno de los impulsores de de la iniciativa para la despenalización del aborto en el estado de Hidalgo.

Es necesario aclarar que los representantes de la iglesia católica están violando el octavo mandamiento de la iglesia que dice: «No darás falso testimonio ni mentirás», pues mientras en los volantes, sermones y videos difundidos por los sacerdotes aseguran que Hidalgo es el primer estado que quiere legalizar, lo cual es completamente falso, pues desde 2007, en la Ciudad de México está despenalizado hasta las doce semanas de embarazo según la reforma del artículo 144 del Código Penal de México D.F.

En el volante también se establece que la iniciativa de Ley No. 92 en el artículo 158, fracciones II y V se garantiza el derecho de abortar hasta los 6 meses, lo cual también es otra mentira de la iglesia, pues en la iniciativa presentada se establece que las mujeres tendrán el derecho de interrumpir la gestación hasta las 12 semanas, lo que significan tres meses.

Estás mentiras solo generan desinformación y confusión entre la población, por lo que sería prudente por parte de la iglesia mantenerse al margen de esta iniciativa y principalmente respetar el Estado Laico que establece la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos.