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El catedrático y economista cubano Miguel Alejandro Figueras manifestó su confianza en que el turismo a nivel planetario se recuperará pese al impacto de la Covid-19, y por supuesto, el de Cuba.

Tal aseveración la formuló vía electrónica, precisamente cuando está en práctica la posibilidad de que turistas extranjeros puedan visitar los cayos del centro-norte de Cuba.

Reconoció que la industria de los viajes recibió un duro golpe por la pandemia, pero la resiliencia del sector se mostró en más de una oportunidad.

 «En 2020 se pronosticaba que viajarían a otras naciones unos mil 500 millones de turistas»

Figueras, profesor titular de la Universidad de La Habana y Premio Nacional de Economía en 2007, recordó a Prensa Latina la trayectoria de esta industria y sus diferentes etapas.

Dijo que los habitantes de la Tierra viajan a otros países cada vez con más frecuencia, de ahí que el turismo internacional se implantará como algo común.

Reseñó que se acepta a 1950 como el momento del despegue del turismo mundial masivo pues hasta ese momento existían solo viajes de la élite, de personas con cierta riqueza, pero en ese año cruzaron las fronteras de sus países 25 millones de turistas internacionales.

El público accede a la heladería Coopelia en La Habana que es uno de los centros gastronómicos abiertos este lunes como parte de los sitios que comienzan a brindar servicios en la primera fase de recuperación tras la Covid-19 en La Habana. FOTO: Vladimir Molina Espada / Prensa Latina / DESDE ABAJO MX

A partir de esa fecha el número de turistas internacionales creció sostenidamente, con pocos y ligeros baches. Esa actividad de ser elitista se tornó masiva, insistió.

La movilidad de habitantes del mundo creció. En 60 años el turismo internacional se multiplicó 60 veces, recalcó.

Pocos fueron los años en que se estancó o retrocedió levemente. En 1950 la relación de viajeros turísticos era de uno por 100 por habitantes de la tierra, mientras en 2018 fue de uno por cinco.

 «En el primer trimestre de 2020 el sector se contrajo 22 por ciento»

Un conjunto de actividades es agrupado por los organismos mundiales bajo el término Viajes Internacionales y Transporte de Pasajeros.

Ese grupo de actividades ocupó en 1995 el primer lugar entre las exportaciones, sobrepasando a los combustibles, aunque en años recientes ocupa tercer lugar, ligeramente por debajo de aquellos.

En 2020 se pronosticaba que viajarían a otras naciones unos mil 500 millones de turistas, entonces inesperadamente surgió y se expandió con celeridad la pandemia.

A partir de la enfermedad todo cambió, los escenarios previstos se derrumbaron. El turismo internacional prácticamente desapareció a inicios de 2020, sentenció.

Pese a ello, Figueras confía en la recuperación del turismo, meses más o meses menos según sus propias palabras, debido a que se trata de una actividad consolidada y demandada por miles de millones de personas en el mundo.

Y esa confianza también la transmite vinculada con el sector en Cuba, por la organización y los planes bien delineados en esta nación del Caribe.

En conferencia de prensa el grupo hotelero Gran Caribe afirmó estar en condiciones de garantizar la seguridad de trabajadores y clientes en la reapertura de sus instalaciones y servicios en Cuba durante las fases recuperativas post Covid-19 / FOTO: Manuel Muñoa / Prensa Latina / DESDE ABAJO MX

DURO GOLPE

Señala el entendido que en el orbe es enorme la confusión en relación al turismo, cuando buena parte de la flota aérea comercial del mundo, 27 mil aviones, se encuentra paralizada en tierra, inactiva.

 «La posibilidad de Cuba como un destino muy favorable se encuentra sumamente latente»

De acuerdo con el más reciente Barómetro de la Organización Mundial del Turismo (OMT), en el primer trimestre de 2020 el sector se contrajo 22 por ciento, 67 millones menos de turistas internacionales, lo que traducido en ingresos perdidos significa 80 mil millones de dólares.

El secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili, insistió que el turismo recibió un duro golpe, y millones de puestos de trabajo se encuentran en peligro en uno de los sectores de la economía que más mano de obra emplea.

Figueras destacó al respecto esos referentes de una crisis que amenaza alrededor de 120 millones de puestos de trabajo en el empleo directo del turismo.

TURISMO CUBANO, DESTINO FAVORABLE

Millones de personas transitaron por meses de miedo cuando la pandemia azotaba sin piedad a sus países. Pasado ese sentimiento de inseguridad, la posibilidad de Cuba como un destino muy favorable se encuentra sumamente latente, sentenció el experto.

Arbitró que en tres décadas Cuba ocupó una posición destacada en las Américas en cuanto al turismo internacional. Se le reconoce como uno de los mejores destinos.

Paralelamente, el archipiélago ofrece la mayor seguridad personal al turista y su sistema de salud pública, el cual ocupa una posición puntera que garantiza altos niveles de bienestar.

Así argumenta Figueras su optimismo y la realidad de una Cuba que se enfrenta a la enfermedad de la Covid-19 de muchas maneras, y que saldrá adelante también en el turismo. (Roberto F. Campos / Prensa Latina)

Los ataques de las autoridades marroquíes a la credibilidad de Amnistía Internacional, y la campaña orquestada de desprestigio contra la oficina de Amnistía Marruecos en Rabat, demuestran hasta qué punto no toleran el escrutinio ni las críticas legítimas a su historial en materia de derechos humanos, expresó el movimiento.

La respuesta del gobierno llega poco más de una semana después de que la organización publicara un informe, el 22 de junio, donde revela que las autoridades utilizaron software espía de NSO Group para someter al periodista independiente Omar Radi, a vigilancia ilegal. Amnistía Internacional envió al gobierno marroquí una carta, el 3 de julio, con las conclusiones de su investigación y más detalles de la metodología utilizada en ella.

“Esta campaña difamatoria y las falsedades vertidas contra Amnistía Internacional, son un intento de desacreditar una sólida investigación sobre los derechos humanos, que ha sacado a la luz una serie de casos de vigilancia ilícita con productos de la empresa NSO Group. En vez de hacer un uso constructivo de las conclusiones de nuestro informe, las autoridades han optado por pasar al ataque contra el mensajero”, declaró Heba Morayef, directora de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

“No es la primera vez que se intenta menoscabar el trabajo de Amnistía, y en esta ocasión coincide con una intensa represión ejercida dentro del país. Hay decenas de activistas de los derechos humanos, periodistas independientes y manifestantes en prisión actualmente, y en los últimos meses las autoridades han aprovechado la pandemia de COVID-19 para perseguir judicialmente a un número mayor aún de personas que se muestran críticas”.

El gobierno marroquí ha acusado falsamente a Amnistía Internacional de no concederle el derecho de réplica sobre las conclusiones del informe y de inventar datos y no presentar pruebas de lo que se afirma en él. Fuentes gubernamentales no identificadas han dicho a los medios de comunicación marroquíes que el gobierno se propone cerrar la oficina de Amnistía Marruecos en Rabat.

Sin embargo, el 9 de junio, dos semanas antes de la publicación del informe, Amnistía Internacional notificó oficialmente a las autoridades marroquíes, por medio de una carta enviada por correo electrónico a cinco funcionarios del Ministerio de Derechos Humanos, su intención de publicarlo. En la misma carta se invitaba al gobierno a aportar comentarios para incluirlos en el informe. No se recibió ninguna respuesta.

These explainer infographics were made to accompany Amnesty Tech’s 22 June 2020 report on the unlawful targeting of a Moroccan HRD by the Moroccan government using NSO Group’s Pegasus spyware.

(Esta infografía fue hecha para acompañar el reporte tecnológico de Amnistía del 22 de junio de 2020, sobre el ataque ilegal dirigido a un defensor marroquí de derechos humanos por parte del gobierno marroquí, usando el spyware «Pegasus» perteneciente a la empresa NSO Group)

Los datos recabados por Amnistía Internacional son el resultado de un análisis técnico del IPhone del periodista marroquí Omar Radi, que encontró rastros de ataques de “inyección de red”. Este descubrimiento coincidía con una investigación de Amnistía Internacional, de octubre de 2019, en la que se detallaban acciones contra los defensores de los derechos humanos Maati Monjib, mediante ataques de inyección de red, entre otros métodos, y Abdessadak El Bouchattaoui, con el software espía Pegasus, tecnología de vigilancia producida por le empresa NSO Group.

NSO Group vendé su software espía Pegasus únicamente a agencias gubernamentales y organismos encargados de hacer cumplir la ley. Además, los datos técnicos extraídos del teléfono de Omar Radi, por el equipo de investigación de la organización, indican claramente que Pegasus se instaló mediante una forma concreta de ataque digital identificada en nuestros informes como “inyección de red”, para la que es necesario influir en los operadores de telefonía móvil del país a fin de intervenir la conexión móvil a Internet de Omar, algo que sólo un gobierno puede autorizar.

Las conclusiones de Amnistía Internacional coinciden con las de otras organizaciones, como Privacy International y Citizen Lab, que han documentado la adquisición y uso ilícito de tecnología de vigilancia por el gobierno marroquí.

Omar Radi, investigado tras la publicación del informe

Además de la campaña de desprestigio contra Amnistía Internacional, el 24 de junio, Omar Radi, el periodista mencionado en el informe de la organización como objeto de la vigilancia ilícita de las autoridades marroquíes, recibió un citatorio para que se presentara en la Brigada Nacional de la Policía Judicial. El 2 de julio lo citaron por segunda vez.

Omar Radi es un valiente periodista que ha trabajado para varios medios de comunicación nacionales e internacionales, entre ellos Atlantic Radio y TelQuel. En su trabajo ha investigado los vínculos entre los intereses empresariales y políticos de Marruecos y ha tratado asuntos de corrupción y otros abusos contra los derechos humanos cometidos en el país. En marzo, un tribunal lo condenó al pago de una multa y le impuso una condena de prisión condicional por un tuit en el que había criticado la sentencia condenatoria dictada contra activistas del movimiento Hirak.

Obstrucción gubernamental del trabajo de derechos humanos de Amnistía Internacional

Esta no es la primera vez que se obstaculiza el trabajo de Amnistía Internacional en Marruecos. En junio de 2015, dos miembros de los equipos de investigación de la organización que estaban examinando la situación de las personas migrantes y refugiadas fueron expulsados del país, pese a el gobierno había garantizado a Amnistía Internacional que podía realizar visitas al país simplemente notificándolo.

Las autoridades incluyeron también en una lista negra a un miembro del personal de Amnistía Internacional que había firmado un informe de 2014 sobre la tortura en el país; le prohibieron viajar a Marruecos tanto para hacer trabajo de investigación sobre el terreno, como a título personal. En septiembre del mismo año, prohibieron un campamento juvenil de Amnistía Internacional.

“Las autoridades marroquíes tienen antecedentes de adopción de medidas punitivas para desviar la atención de su lamentable historial en materia de derechos humanos. Lo irónico es que, al hacerlo, confirman precisamente lo que la investigación de Amnistía Internacional de los últimos meses ha revelado: la falta absoluta de tolerancia gubernamental de la libertad de expresión”, manifestó Heba Morayef.

Recién comenzó a circular una carta europea liderada por la actriz francesa Juliette Binoche en la que se llama a una nueva convivencia luego de la pandemia. Y como esta, he leído varios comentarios en redes sociales que convocan a una “nueva normalidad” que van desde el derrocamiento del capitalismo, hasta otros para nada radicales como una reforma en los contratos sociales. Como sea, es bueno —claro que es bueno—, que existan ciertas intenciones entre las capas medias de evidenciar el fracaso del sistema en el que vivimos, con la voluntad de hacer uno nuevo.

Pero —vaya, vaya—, ninguno de los líderes del mundo globalizado ha dicho ni una palabra que sugiera, al menos, una reflexión sobre el mal comportamiento del mundo industrializado y el colapso económico, sanitario y social al cual han arrastrado a toda la humanidad en el primer año del coronavirus. Que yo sepa, solo los países de siempre han hablado sobre la necesidad de terminar con el capitalismo como orden; o sea, los países en desarrollo o del bloque no alineado, los cuales, de por sí, lo han exigido desde hace cuarenta años.

Claro que hay de silencios a silencios. Por ejemplo, son especialmente… ¿cómo decirlo? ¿hirientes? ¡No! Si digo “hirientes” se pensaría que me han decepcionado; más, al contrario, me alegra que, en estas circunstancias, al fin se hayan caído las caretas de las democracias ejemplares como Canadá y la mayoría de los países europeos y escandinavos, cuyos silencios obsequiosos ante la necesidad de cambiar paradigmas económicos y políticos desatan mi risa irónica pues sus industrias no han podido soportar la ausencia de la base trabajadora, por lo que han hecho de todo para romper la cuarentena y volver a maquinar, a costa de las vidas humanas. Por ejemplo, en Europa pujan para que vuelva el fútbol profesional y se recuperen, algo, las ganancias perdidas. Al respecto, se habla mucho de los posibles riesgos para los futbolistas, pero nadie menciona a los miles de trabajadores de las empresas de comunicación, publicidad, alimentos, transporte o comercio, por ejemplo, que serían empujados a las calles cuando el bicho sigue rondando. Esto confirma que el verdadero virus está en el poder.

Estados Unidos es el GRAN VIRUS.

Y otro que, más bien, ha aprovechado el coronavirus para comportarse más patán que de costumbre es Estados Unidos (bueno, en realidad siempre ha sido un patán).

El virus ha logrado acusar la gran mentira del sueño americano. La cifra de muertos tiende a superar los cien mil y la crisis de su economía podría ser más grande que la de la Gran Depresión de 1939. Y todo porque la clase trabajadora se ha quedado en sus casas. Claro que la Casa Blanca ha devuelto el golpe confinando a la muerte sin asistencia médica a esos trabajadores y trabajadoras, la gran mayoría pobres, latinos, afros e inmigrantes, lo cual derriba la facha multicultural de Estados Unidos y se descubre como el país donde solo importa la blanca plutocracia, la que tiene el dinero y el control de todo.

Esa plutocracia patrocina la presidencia de Donald Trump, quien debe devolver los favores, utilizando a la Casa Blanca para satisfacer las ambiciones financieras y políticas la elite. De esa manera se explica que, en plena pandemia —o, más bien, valiéndose de esta—, Washington haya desatado sus ánimos de guerra contra los que considera sus enemigos: Cuba y Venezuela.

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Contra Cuba ha incrementado el bloqueo económico y comercial. Ya antes del coronavirus, Estados Unidos se dedicaba a interceptar en el mar a las embarcaciones de otras naciones que acudían a la isla para proporcionarle el petróleo que Washington no le deja comprar libremente. Al mismo tiempo y con la ayuda del horroroso senador de Florida, Marco Rubio, el capítulo tercero de la Ley Helms-Burton castiga a cualquier gobierno, empresa o individuo que intente comerciar con la isla, al grado de prohibir la compra y venta de productos con la palabra “Cuba” entre dos personas que nada  tendrían qué ver con el país, pero que, por el simple hecho de utilizar, para sus transacciones, plataformas estadounidenses como Amazon o Paypal, no podrían comprar nada relacionado con la mayor de las Antillas.

No conforme con hacerle la guerra extraterritorial, el odio de Trump y sus jefes contra Cuba ha convalidado las acciones de terrorismo contra la isla dentro del territorio estadounidense. De tal manera, un partidario del presidente gringo baleó la embajada cubana en Washington, sin que se le presentara a los medios luego de ser detenido o, peor, sin que el Gobierno de Estados Unidos ofreciera a La Habana informes sobre la identidad y motivos del atacante, violando las convenciones que obligan a las naciones sedes a velar por la seguridad de las representaciones diplomáticas en sus territorios.

Mientras tanto, no tienen vergüenza en enviar agentes de la DEA a misiones armadas contra Venezuela, al mismo tiempo que Donald Trump habla abiertamente de la opción de invadir al país bolivariano. Ni qué decir de la manera en la cual CNN y otros medios callan sobre el contrato firmado por el estratega Juan José Rendón (quien en México fue asesor del expresidente Enrique Peña Nieto) con la empresa Silvercorp, a nombre del autoproclamado Juan Guaidó, para realizar incursión armada al país, en una operación en la cual participaron dos estadounidenses identificados como parte del cuerpo de seguridad del presidente de Estados Unidos.

Sin duda habrá quien diga: “sí, pero eso no quita que Cuba y Venezuela sean terribles dictaduras bla, bla, bla”. ¿Será cierto? A propósito del coronavirus, haré un breve cotejo de cifras sobre cómo están enfrentando a la pandemia Estados Unidos, Cuba y Venezuela, al 10 de mayo de 2020.

EE.UU.: ¿Población? 325 millones ¿Muertos? Más de 80 mil. ¿Contagiados? 1. 3 millones. ¿Recuperados? Más de 29 mil.

Cuba: ¿Población? Más de 11 millones. ¿Muertos por coronavirus? Setenta y siete personas. ¿Contagiados? 468. ¿Recuperados? 1 mil 229.

Venezuela: ¿Población? Más de 28 millones. ¿Muertos por coronavirus? Diez. ¿Contagiados? 422. ¿Recuperados? 205.

Y, de nuevo, habrá quien diga que no puede compararse la cantidad de habitantes que tiene Estados Unidos sobre la pequeña isla de Cuba, por ejemplo. Pero si medimos el porcentaje de muertes per cápita, los números no dejan lugar a dudas sobre qué país y qué modelo, ha gestionado mejor esta crisis.

De modo que mientras Cuba registra apenas el 0.0069 por ciento de muertes por su población total; Estados Unidos ya alcanza el doloroso porcentaje de 2.4 por ciento de fallecidos, y se espera que la cifra supere el 4 por ciento para agosto; o sea, más de 135 mil seres humanos que, como ya he dicho, serán casi todos latinos, afros y pobres.

¿Nuevo orden? NO LO CREO.  

Con estos ejemplos, tengo muchas dudas —es más, tengo todas las dudas—, de que las buenas intenciones como las cartas de Juliette Binoche o los presagios del fin del capitalismo hechos por el intelectual esloveno Slavoj Zizek, el más famoso vendehúmos de la actualidad, puedan aterrizar en el mundo de lo posible.  

Ya ofreceré mis razones ampliadas en otro texto, pero puedo adelantar que ni el capitalismo, ni el orden mundial imperante, caerán con los efectos del coronavirus. Más bien, al revés: se reforzarán los pilares que sostienen al sistema y todavía se volverán más crueles pues, en la lucha por la supervivencia, los ricos y poderosos se reservarán para sí mismos cualquier cura. En todo caso, no dudarán en aprovechar su condición para venderle a mundo sus remedios. Lo vivimos en el año 2009 cuando la crisis por la influenza H1N1: laboratorios como Pfizer se hicieron 49 por ciento más ricos. ¿Qué indicios tenemos de que ahora será diferente? Ninguno. Hoy mismo, los diarios económicos ya hablan de una “guerra de patentes”  por la cura del COVID-19. Eso significa que los monopolios están en una batalla por el dinero. Tu y yo, no les importamos. No te sorprendas. Así ha sido siempre.

Me preocupa que la pandemia está sirviendo de distractor para intensificar las agresiones económicas y geopolíticas. O sea que, mientras el virus ya mató a cuatro millones de seres humanos en todo el mundo al momento de este texto, las potencias están enfocadas en sacarle partido al tablero.  Se pelean por el petróleo, cumplen su sueño de cerrar las fronteras y expulsar a los migrantes, rescatan empresas amigas (como en Colombia, con la aerolínea Avianca), y amplían la guerra fría contra los países enemigos. De modo que, si salimos de esta, no será gracias a ellos, sino a pesar de ellos. No habrá nuevo orden mundial; acaso, una conciencia renovada sobre la importancia de lavarse las manos y mantener la distancia, que no es cosa menor.

Originario de Puebla, Luis P, se encuentra el Bronx, Nueva York, lugar que se ha convertido en el epicentro de la pandemia de COVID – 19. Confinado al lado de su familia, desde su departamento nos cuenta vía telefónica su testimonio como sobreviviente de esta pandemia y advierte el sesgo racista en la atención a quienes enferman.

Luis tiene treinta y ocho años; pese su edad joven, los estragos del Covid-19 lo hicieron sentirse como si fuera a explotar.

“Solo sentía cansancio y estuve así una semana, incluso me fui a trabajar así, pero fue tanto el cansancio y me empezó a dar una fiebre horrible, algo terrible, algo que nunca había experimentado antes. Me dieron todos los síntomas que te dicen, pasas del estreñimiento a la diarrea, dolor de huesos, dolores horribles ya no aguantaba la espalda, sentía que me iba a explotar. Fue algo bien duro para mí, estuve así dos semanas, se te va el olfato, el gusto por la comida, lo único que estaba tomando eran tés que me hacía mi esposa y aquí (Nueva York) en los hospitales lo único que te recetan es el medicamento para la fiebre, es lo que te dan”.

Recordó que en Estados Unidos existe una línea de ayuda, “pero realmente no te ayuda, porque te dicen que (te dan auxilio) en caso de que ya no puedas respirar”.

“Nunca estuve hospitalizado, sí se me iba el aire, tenía una tos seca, una tos terrible, que de verdad no se lo deseo a nadie, pero al menos pude continuar respirando; pero el muchacho que vive con nosotros, a él si le tuvimos que llamar a la ambulancia, él sí estuvo más grave, él estuvo hospitalizado, lo intubaron, la libró, y ya está en casa recuperándose, pero hubo un momento en el que él ya no se podía ni levantar de la cama”.

Dice que ha conocido a diez personas que han fallecido por coronavirus.

“Hasta este momento mi familia y yo conocemos a diez personas que han fallecido por este virus, esto no es un juego; y desgraciadamente la gente se lo sigue tomando así, y no está tomando las precauciones necesarias”.

Luis explicó que este virus está atacando más a los hispanos, a los migrantes, pero eso se debe principalmente a que no está llegando mucha ayuda; y explica: “es racismo”.

FOTO: Disrn.com

“Esta es una ciudad de migrantes, aquí hay personas de todo el mundo, pienso yo que se trata de racismo, el gobierno federal no te ayuda mucho, principalmente a los condados pobres, yo vivo en El Bronx y es uno de los condados más afectados”, dijo.

Agregó que Manhattan no tiene tantos afectados y afectadas a diferencia de El Bronx que sí los tiene “pero eso no lo dicen”. Luis cree que a las zonas ricas “probablemente llegue más ayuda, ve tú a saber. Lo que sí es una realidad es que hay mucha gente irresponsable y que no está llegando la ayuda como debería”.

El migrante mexicano reafirmó que no quiere quedarse callado sobre los riesgos de la enfermedad, después de haber sufrido sus efectos.

“Si con toda la tecnología que hay aquí, con todos los hospitales que hay aquí, está colapsado, imagínate que va a pasar en México, si llegará a existir contagio así; no es el mismo presupuesto, no es la misma economía, la gente tiene que empezar a creer, por eso es que yo estoy hablando, soy un caso real, la verdad yo lo veo como una segunda oportunidad de vida para mí, y ahora mi trabajo es hacer conciencia”, dijo.

Ignorancia y desinformación

En México, la fase tres de la contingencia por coronavirus ya está declarada oficialmente por el gobierno federal; sin embargo, las calles de las diferentes ciudades del estado de Hidalgo aún tienen movilidad, la población sigue sin quedarse en casa; no en vano es la entidad, a nivel nacional, con mayor movilidad.

Al parecer, la gente sigue sin entender la necesidad de quedarse en casa y si a ello agregamos la desinformación que se genera en redes sociales y las acciones antiéticas de algunos medios de comunicación, como las declaraciones que realizó el conductor Javier Alatorre en el noticiero nocturno de TV Azteca, se explica que parte de la población mexicana no esta tomando en serio esta pandemia.

Por ello, Luis, ha decido hablar para hacer un llamado a que la gente tome conciencia, tome las medidas precautorias necesarias y se quede en casa.

Te invitamos a seguir nuestra serie de relatos de connacionales que están en diferentes partes de Estados Unidos, quienes han decidido contarnos como están viviendo la pandemia del COVID -19 en el país vecino del norte.

A principios de abril, un cargamento con cien mil mascarillas y diez equipos para diagnosticar Covid-19 que eran enviados desde China hacia Cuba, fueron bloqueados por el gobierno de Estados Unidos. El paquete formaba parte de las donaciones hechas por la fundación del multimillonario chino, Jack Ma, hacia diversos países que enfrentan la pandemia, incluido Estados Unidos que, a la fecha, es el país con más muertes y enfermos. Sin embargo, el bloqueo económico y comercial impuesto por Washington contra La Habana desde hace sesenta años –recrudecido por Donald Trump–, boicoteó la asistencia humanitaria hacia un país que, no obstante, ha enviado personal médico a países pobres del Caribe y África para colaborar en la lucha contra el coronavirus.

El mundo se ha pronunciado sobre esta infamia. Apenas el coronavirus ascendía, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, reconocía la labor de Cuba por enviar a otros países a sus médicos, junto a su famoso retroviral Inteferón, el cual ha sido muy efectivo en el tratamiento de la enfermedad. En tanto, el Consejo Mundial de Iglesias, desde su sede en Nueva York, exigía a Estados Unidos acabar con la asfixia económica contra Cuba y otros países asediados por Trump, como Venezuela e Irán.

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Algunos legisladores estadounidenses aliados a Trump dieron su versión; como Mario Díaz-Balart y Francis Rooney, quienes dijeron que el envío de médicos por parte de Cuba a más de veinte países supone “explotar” la emergencia sanitaria para sacar “beneficio político”. Un mensaje que fue contrastado por los países que integran la Comunidad del Caribe (Caricom), que agradeció a Cuba su solidaridad y pidió el cese del bloqueo en su contra; así como de la vocera de la ONU, Stephan Dujarric, quien reconoció los esfuerzos cubanos por auxiliar a otras naciones y reiteró el llamado de las Naciones Unidas a la “solidaridad global” en esta emergencia.

Mientras tanto, en Estados Unidos, un editorial de The Washington Post del cinco de abril califica a Donald Trump como el “peor presidente de todos los tiempos” por su gestión ante el coronavirus. Su país ya es el más afectado por la pandemia, a pesar de que fue alertado desde principios de enero por sus espías en China. Ahora, Estados Unidos ya tiene en la actualidad la mayor tasa de mortalidad en su historia (veinticinco por cada millón de habitantes) y las muertes podrían llegar a las 200 mil, una cifra mayor a la de los soldados estadounidenses muertos en todas sus guerras juntas. A pesar de eso, Trump insiste en que, si los fallecimientos no pasan de ese número, habrá sido “un muy buen trabajo”.

Esta pandemia servirá para medir el verdadero talante de los regímenes.

Al mismo tiempo, la tasa de desempleo en Estados Unidos se ubica alrededor del trece por ciento, la más grande desde la Gran Depresión que hundió a los estadounidenses en el hambre en 1939. Del mismo modo, las solicitudes de prestaciones por desempleo ya superan los diez millones; un millón más que los empleos perdidos durante la gran crisis del 2008. Pero lo peor es que el coronavirus avanza y 27 millones de estadounidenses no tienen seguro médico, destaca un reportaje de la BBC. Además, once millones de indocumentados están en el desamparo en un país donde un simple chequeo médico cuesta más de cien dólares.

Queda claro que la megalomanía de Trump está llevando al desastre a cientos de millones de seres humanos dentro y fuera de Estados Unidos. Ya era justo decir que impedir la ayuda hacia Cuba, un país que lucha ante el coronavirus, es un acto criminal; pero aplicar la fórmula del desamparo en su propio país, es peor que autoritario: es genocida. Ha de servir esta pandemia para revelar el verdadero talante de los regímenes, como ha ocurrido en otros periodos de la historia. Por ejemplo, la Roma imperial, incendiada por los conflictos sociales y el frenesí de su oligarquía, recorrió con la peste antonina el último tramo hacia su debacle.

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