Ensayo

El patriarcado posmoderno busca la reducción desechable de la persona, en especial de la Mujer, de su historia, de sus metas y sentimientos, a través de la tecnología y de la accesibilidad filtrada.

Impone una pedagogía de lo desechable en sus relaciones, de amor, de amistad, al grado de enseñar que es más fácil desecharlas que repararlas, con lo que impone la cancelación de posibilidades de crecimiento y genera un modelo de política basada en la anti-politica.

De esta forma, el patriarcado posmoderno se opone en su pedagogía a la negociación, a la concertación y sobre todo busca eliminar el diálogo que podría generar alianzas y proyectos de vida entre mujeres.

Una fuga de rebeldía podría generar una contracultura feminista de resistencia, y generar discursos nuevos de pareja, relaciones afectivas, eróticas o corporales basadas en un posmodernismo humanista, que pondrian en riesgo sus sistemas de control normativo (heteronorma, homonorma, e incluso una naciente transnorma).

El Patriarcado Posmoderno reposa en el Smartphone como su principal vehículo condicionante, al naturalizar y cotidianizar las interrelaciones sociales a mero intercambio de performantizaciones del estereotipo «Made In USA», en el cual la Mujer es reducida a una opción desechable por el movimiento de un dedo de hombre en aplicaciones de ligue como el «Tinder».

Más allá de las desilusiones de Bauman por una sociedad líquida, el verdadero riesgo del patriarcado posmoderno es que se ofrece como el traste que daría contención y forma a esa sociedad sin consistencia.

Y lo haría desde la contención de lo impersonal, del clasismo, del racismo, de la homolesbitransfobia, y de los fundamentalismos vendidos como «likes» para una sociedad aspiracionista, fanatizada por la forma, pero confrontada automáticamente con el fondo.

Así, la sentencia de Kate Millet en «Política Sexual», sobre la utilidad del amor romántico como sistema de control patriarcal enajenante contra la Mujer sube varios niveles, al llevar a la propia Mujer a la complicidad de aceptar borrar su multidimensional en favor de ser elegida por un hombre incapaz de relaciones personales, pero poseedor de un Smartphone con la aplicación de Tinder, y una conexión de Wi Fi.

La alternativa de redirigir la romantizacion del amor hacia terrenos incómodos para los patriarcados, se vuelve más necesaria. Desde la construcción de amores desarrollados en lo personal desde la periferia de las normativas legitimados a través de la nueva esfera del romance digital, hacia otras realidades posibles pero no inventadas.

Audre Lorde lo señalaba «La Casa del Amo No Se Desmantela Con Las Herramientas Del Amo'».

Los amores rebeldes no se construyen con el Tinder, ni con el Grinder, Wapa u otras aplicaciones que permiten enjuiciar o calificar a seres con historias y narrativas de vida que merecen ser conocidas.

Sólo los Amores Rebeldes podrán desestabilizar a los patriarcados. Sólo podrán generar libertad ante el Patriarcado Posmoderno las multidimensionalidades de las Mujeres, histórica, corporal, narrativa, erótica y de deseos, anhelos de piel y alma en Movimiento impredecible para las normativas patriarcales y tinderianas.

Y la resistencia a la desechabilidad de las personas, de las relaciones, para lograr la Reparación a través de la Deconstrucción y la Reconstrucción individual y conjunta.

Candy says I’ve come to hate my body

And all that it requires in this world

Candy says I’d like to know completely

What others so discretely talk about

I’m gonna watch the blue birds fly over my shoulder

I’m gonna watch them pass me by

Maybe when I’m older

What do you think I’d see

If I could walk away from me

Candy says I hate the quiet places

That cause the smallest taste of what will be

Candy says I hate the big decisions

That cause endless revisions in my mind

I’m gonna watch the blue birds fly over my shoulder

I’m gonna watch them pass me by

Maybe when I’m older

What do you think I’d see

If I could walk away from me

(“Candy dice”. Lou Reed. Velvet Underground)

He cumplido 53 años con la fantasma de Candy Darling cantando en mis oídos el poema musical que le dedicó Lou Reed con la Velvet Underground: “ What would You think I’d see If I could walk away from me” (Que piensas que yo pudiera ver, si me pudiera alejar de mi”.

¿Qué hace la dócil Candy Darling, la musa martirizado por el patriarcado Warholiano, rondando mis pensamientos imposibles de escuchar en medio de los ecos de mis propias carcajadas de Gata de Cheshire, ante los berrinches de espantapájaros arcoiris homonormados por haber llevado la bandera del Arcoiris a Palacio Nacional con mi amiga Brenda ReyRey
y haberla ondeado con el Presidente de México, con mi puño izquierdo en alto y mi cabello alborotado?

No quiero una muerte como la de Candy, la de la Diva rodeada de compasión y algodones, flores y lavados públicos de conciencias del androcentrismo gay, el mismo cobarde que destruyó a Valerie Solanas, despedazada psíquica y simbólicamente con toda la maldita crueldad del clasista y exquisito patriarcado arcoiris.

No quiero esas tiernas aves azules que añoraba Candy en la suave balada de Reed, cuando mi cielo siempre está en atardecer plagado de dragonas furiosas, águilas indignadas y cuervas Gritando partiendo las nubes de la inercia.

Si una canción me define esa es “Burn” fe Deep Purple, la bruja estigmatizada que con un gesto (mental o política en mi caso), puede poner a arder a todo un sistema con un solo gesto.

Ya tengo 53 años, casi 20 más que los 35 que nos calcula como promedio de vida la sumisa y simuladora Organización de Estados Americanos. Dieciocho que duelen con el recuerdo de ausencias y diálogos imaginarios repletos de promesas a los fragmentos de la luna en las madrugadas.

No Candy querida, yo no soy Darling, soy de la estirpe de las voces llenas de cicatrices de Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson y Agnes Torres.

Si el destino, quizás en una sobredosis de alucinógeno, me empujó un año mas, tendrá que registrar los excesos de la peor combinación que alguien de mi especie puede tener: Mujer, Transexual, Nativa del Asperger y para colmo de las más disfrutables venganzas, ser Géminis y Feminista.

No me interesa el fetichismo del Clasismo Académico que reduce la sabiduría de las Mujeres a una estratificacion patriarcal que legítima a la teoría, pero que borra con desprecio machista a la anciana sabía y consejera, que es la única explicación que puedo encontrar a mi bizarra longevidad.

Este año reventaré mis normalidades en estallidos de orgasmos y revoluciones, no dejaré pasar una sola invitación a rebelarme, con cualquier persona u hombre de plástico con baterías recargables, siempre y cuando sea de mi generación (Los dildos ni tienen edad ni Viagra), siempre y cuando las carcajadas vuelvan a ser contestarias.

Este año, querida Candy, te llevaré al catálogo de los miedos reducidos, ese que acompleta la desilusión de nuestra especie, y que purifica al nivel de angeles a las hormigas y a las hienas, incapaces de discriminarse por una honestidad salvaje.

Como tú, querida Candy, hubo un tiempo, cuando tú aún estabas viva dándote una caminata por el lado salvaje, y yo hacía lo mismo al irme de pinta al Parque Hundido a los 11 años cantando la versión de Donna Summer del “McArthur Park” , que tambien quería saber completamente de lo que les demás hablaban discretamente…

Ahora lo que me importa es que los demás sepan completamente lo que yo hablo sin discreción alguna.

A ti te decían Diva, a mí me dicen Rockstar.

… De alguna manera… ambas somos canciones…

“…Candy says I hate the big decisions

That cause endless revisions in my mind

I’m gonna watch the blue birds fly over my shoul. I’m gonna watch them pass me by

Maybe when I’m older…”

¡Es que tú, hasta el pelo tienes rebelde!, me decía mi mamá cuando, al veinte para las ocho, al fin lograba durante unos minutos mantenerme quieta en la silla para peinarme, antes de salir volando a la primaria que estaba a unas cuadras de la casa. Rebelde me quedé, peinada, más o menos.

Luego, ante la amenaza de ¡ya lo pagarás cuando tengas hijos!, eso de tener un huracán a escala a quien tendría que coartar, terminó de convencerme de que el “instinto” ni de lejos me pasó.

Nunca me ha molestado mi decisión, a pesar de que, en éste sistema hegemónico, es malo que una mujer decida no ser madre; pero, peor aún que se arrepienta de serlo.

Durante el terremoto de 1985 perdimos nuestra casa. En ése momento trabajaba en Canal 13. El sindicato y la empresa me liberaron mis papeles del INFONAVIT, para que –dijeron–, tuviera donde llevar a mi familia. Hasta con mi último examen de historia me fui corriendo a las oficinas.

–Ehm… ¿es usted casada?-

–No.

–Ehm… ¿Tiene hijos?-

–No.

–¡Lo sentimos mucho, pero no damos créditos a mujeres solteras!

Así es queridas y queridos lectores, en 1985 el INFONAVIT no daba créditos a mujeres como yo.

Ya acá en Pachuca, hace algunos años en una reunión con mis vecinas, a una de ellas se le ocurrió comentar que, si pudiera regresar el tiempo, no habría tenido hijos. ¡Ups! Ni siquiera terminó de dar sus argumentos, literal, se le fueron a la yugular. El resto de la reunión fue muy incómoda, por decir lo menos. No le volvieron a hablar y ella jamás volvió a mencionar nada.

Social y culturalmente hay una imposición de la maternidad, pero no cualquiera. Se exige la abnegación total y el amor incondicional, que las madres den todo a cambio de nada. En ocasiones me chocan los mensajes que algunas mujeres suben a la red, donde expresan que sin sus hijos no son nada.

Pero resulta que hay muchas maneras de ser madres. Hace un año, Ale Guerrero me invitó a un conversatorio sobre maternidad, ahí se presentaron mujeres que la ejercen de otras maneras, fue muy interesante.

Una de las participantes se presentó así: ¡Hola soy Elvira y nunca quise a mi hija! Contó su historia: jamás sintió apego por la niña, su madre se la crió. En varias ocasiones han intentado acercarse y simplemente la relación no se da, ni siquiera ahora que la hija es adulta; lo tienen claro las dos, no hay rencores.

Social y culturalmente hay una imposición de la maternidad, Se exige la abnegación total y el amor incondicional, que las madres den todo a cambio de nada.

Por otra parte, y en evidente contradicción del sistema con respecto a la maternidad, en Estados Unidos, una mujer que había hecho una donación a favor de una niña con cáncer, la retiró luego de enterarse que es hija de madres lesbianas.

Si lee la nota se podrá dar cuenta de la abnegación y el amor que éstas mujeres tienen por su hija enferma, no habría nada que reprocharles.

Hay muchas, muchas maneras de ser madre. Sólo se trata de respetar y de entender que poniendo un pie afuera de tu casa las cosas son totalmente distintas.

Empecé la columna hablando de mi mamá. Mucho antes de que muriera, durante varios 10 de mayo acompañé su regalo con el mismo verso de José Martí, se lo vuelvo a enviar:

“Mírame madre, y por tú amor no llores, si esclava de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores”.

botellalmar2017@gmail.com