«Que Dios ayude a la bestia dentro de mí»
Queridos hijas, queridas hijas:
Hace tiempo que estoy pensando en escribirles estas líneas, ese es el único don que Dios me ha dado, el de escribir, por ello hago uso de esa herramienta para pedirles perdón si acaso ustedes deseaban venir a este mundo porque tal cosa no será posible.
Es importante que sepan que fue una decisión absolutamente mía, algunas personas han tratado de persuadirme, que me voy a arrepentir, me dicen. Que quien me va a cuidar cuando sea mayor, aunque fumo demasiado y quién sabe si llegue a esa etapa. Me han dicho egoísta, frívola, indolente; me han reclamado que quiera más a una perra que a un hijo que no tengo, y si los hubiera tenido, tengan certeza de que les enseñaría a amar, pero sobre todo a respetar la vida de los perros y de cualquier ser vivo, aunque siento culpa por las ratas que han muerto a causa de mis temores.
Hijos míos, en algún momento de mi vida los anhelé con todas mis fuerzas, le supliqué a Dios por ustedes para que me eligieran en el catálogo de madres, pero resultó que no existía tal cosa y que la única que podía decidir sobre ustedes era yo. Nunca estuvieron en mi vientre, varias veces mi mente me traicionó y pensé que estarían ahí, pero no fue así. He llorado, claro que sí, en esos años lloré mucho por no lograr traerlos, pero luego pasaron los años y la primera etapa fue de resignación, la segunda de decisión.
Cuando convivo con humanos pequeños, que son el vivo retrato de sus padres o de sus madres, inevitablemente me viene la nostalgia de saber que nunca habrá una mini yo, pero eso no es una desgracia, sino una bendición porque tengo la mente rota y no quise que vinieran para no causarles ningún daño para no hacerlos parte de mi rompecabezas que a veces se desmorona.
La maternidad me parece algo de sumo respeto, valor y admiración, he estado cerca de muchas madres, embarazadas, recién paridas, las que aman a sus hijos, las que no soportan a sus hijos, las autosuficientes y las dependientes; madres que han perdido a sus hijos bebés y a sus hijas adultas, a las que se arrepintieron de ser madres, pero no lo dicen porque está prohibido, también a las que aman ser madres, he visto la luz y también la tristeza en los ojos de todas ellas. Y sí, me diagnóstico cobarde por no querer enfrentarme a ello.
Además de las personales, existen otros caminos escabrosos que no quiero que conozcan, por ejemplo, la guerra de nuestros tiempos, acabo de leer una noticia donde 165 niñas de primaria fueron asesinadas en Irán a causa del odio humano. O he visto una serie sobre la ultraderecha y su racismo.
Yo vivo en México, un país sumergido en la violencia, en el narcotráfico, en la ausencia de justicia que hoy nos tiene iracundas a todas y a todos, sales a la calle y puedes morir por una discusión de tránsito o por buscar a un hijo desaparecido o por las preferencias sexuales o por los partidos políticos o por abordar un mototaxi. Existen niñas, sí, niñas embarazadas de hombres por «usos y costumbres» para justificar tal abuso.
Yo amo de forma posesiva, ¿se imaginan? No los hubiera dejado salir a las calles, les transmitiría mis miedos y los asfixiaría con mi angustia. No, eso no. Prefiero que sean libres en la inexistencia, ahí están seguros.
He visto ojos abrirse de par en par cuando digo que no tendré hijos porque necesito, debo, quiero escribir, viajar y estar sentada en la tranquilidad de una casa mientras el café está listo para servirse.
Desde niña me di cuenta de que no era normal para esta sociedad, pensaba otras cosas, soñaba raro. Cuando percibo que se aterrorizan porque soy una mujer de 35 años diciéndoles que no tendré hijos porque así he decidido, mejor les invento que mi matriz no sirve y así se compadecen de mí, no por temor, simplemente porque son decisiones que a nadie más que a mí deben importarle.
Hijos, hijas, sí me hubiera gustado, sé que los habría amado con todo mi ser, tendrían una abuela maravillosa a la que acudirían por consejos seguramente, ella tiene los mejores y su abuelo sería el más irreverente que les enseñaría malas palabras, los habrían adorado, estoy segura, pero espero puedan perdonarme por esta decisión de que no vengan.
Manden amor para todas las mujeres que son madres, fortaleza para las que quisieron serlo y no lo lograron y paz para las que decidimos no serlo.
Quizá de vez en cuando los imagine, pero trataré de continuar rápidamente para aprender más sobre la libertad de esa decisión. Les veré en otra vida.
Pero no me crean, soy hija del caos.
Atentamente
Su madre


