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domingo, marzo 22, 2026

¿Cuál es la historia de nuestras abuelas?

¿Conoces la historia de tus abuelas? ¿Alguna vez le has preguntado a tu abuela sobre la historia de su vida? ¿Cuáles eran sus ilusiones en la juventud? ¿Qué piensa sobre ser mujer? ¿A quién amó profundamente? ¿Qué situaciones le dolieron y nunca le contó a nadie? ¿Qué piensa? ¿Qué siente actualmente?

 

Debemos cambiar el estereotipo de las abuelitas tiernas por la realidad de sus historias. Aprender a verlas como las mujeres que son: parte fundamental en la construcción de nuestras identidades. Sean cercanas o no, son nuestras ancestras; quienes caminaron sobre los vidrios rotos de los valores que les impusieron para definir su comportamiento sexual, social, emocional; las que aprendieron a sobrevivir a las reglas del honor, de la familia, del matrimonio, para limpiarnos un poco el camino a nosotras.

 

De mi abuela Concepción sé muy poco. Era originaria de Real del Monte. Tengo recuerdos de la infancia donde sonaban de fondo musical las canciones de la Sonora Santanera mientras ella preparaba el desayuno. Su esposo murió joven. Tuvo que sostener a una familia con 6 hijos. Convivimos poco, pero la quise y me quiso.

 

El día que murió había un pájaro muerto en la puerta de mi casa y sentí mucha tristeza. Después entendí que era porque ella se había ido de este mundo terrenal. La vi salir de su casa por última vez en un ataúd mientras sonaba de fondo una canción de la Sonora Santanera.

 

Con mi abuela Piedad tengo otra historia. Ha estado conmigo desde que tengo memoria y ella fue la primera persona que me enseñó, sin saberlo, sobre derechos humanos. Me contó que en su juventud sufrió mucha discriminación por haber nacido en San Andrés Ixtlahuaca, Oaxaca. “India”, le decían.

 

A los 13 años se fue del pueblo a la Ciudad de México para trabajar en las casas de la gente rica que se sentía dueña del personal que laboraba con ellas. Una vez le pegaron y ella regresó el golpe. La despidieron.

 

Cuando conoció a mi abuelo, la dueña de la casa donde trabajaba la encerró y no le permitió salir en su día de descanso porque no querían que la ‘chamaca’ saliera embarazada. ¿Si no, quién iba a limpiar su casa?

 

A veces me contaba todas esas historias en los días lluviosos mientras me daba un té de manzanilla y galletas Marías azucaradas, las de empaque azul. Todavía repito esa rutina.

 

Por alguna razón, con el tiempo me convertí en su confidente. Me cuenta cosas que a nadie más le dice, las cuales no puedo revelar en este texto porque sería traicionar su confianza y ella no confía en casi nadie.

 

Cuánto saben algunas abuelas sobre feminismo sin darse cuenta. Venía de una familia donde los hermanos hombres y mayores podían golpear a sus hermanas, pero ella jamás permitió tal barbarie con su hijo y sus hijas.

 

Con todo y sus creencias religiosas, un día me dijo que nadie, jamás, por ningún motivo, podía decidir sobre mí, ni sobre mi cuerpo para tener o no tener un bebé. Me hace preguntas sobre la actualidad de las mujeres y se sorprende de cuántas cosas podemos decidir hoy que en su momento ella no pudo.

 

El viernes cumplió 79 años. Su cabello es blanco, su cuerpo está cansado. La abrazo y pienso en cuantas cosas ha callado; cuántas veces habrá llorado sola porque las abuelas tuvieron que aprender a guardarse cosas. Saben todo sobre la resistencia de ser mujer en este país que las cataloga en un papel de ternura en lugar de lucha.

 

No le gusta que escriba sobre ella, pero es necesario convertir las experiencias de las abuelas en narrativas que nos obliguen a verlas como las mujeres que son y no como las que deben ser. Ser y no deber ser, en eso radica el reconocimiento de sus vidas.

 

Amo a mis abuelas, soy una mezcla de ellas. Es necesario conocer sus historias para entender nuestras raíces, me brindaron identidad y fortalecieron mi camino para seguir hacia adelante con libertad y resistencia. ¡Gracias, Concepción! ¡Gracias siempre, Piedad!

 

Pero no me crean, soy hija del caos. O nieta.

Lorena Piedad
Lorena Piedad
Pachuca, 1990. Locutora y redactora. Participante de la Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM), edición 2022. Algunos de sus textos fueron publicados en la Antología Poéticas de los Sures Femeninos Despatriarcalizando la Poesía (Colombia, 2020) y en Voces Indómitas Primera Antología de Narrativa Breve Escrita por Mujeres (México, 2021).

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