Opinión: Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero

– La Navidad liberacionista de Mons. Romero

– A aquellos ricos muy religiosos que creen en la pobreza espiritual, Monseñor Romero les dijo: «No basta una pobreza espiritual, una especie de deseo pero sin eficacia, mientras no encarnen esos deseos de pobreza evangélica en realizaciones que se interesen como su propia causa de los pobres, como si se tratara de Cristo, seguirán siendo llamados los ricos: ‘Lo que Dios desprecia’, porque ponen más confianza en su dinero que en Dios».

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

El 24 de Marzo – a nueve meses de la Navidad-, se conmemora en muchos países el vigésimo sexto aniversario de la muerte y resurrección de Monseñor Romero quien fue asesinado mientras celebraba la misa el 24 de marzo de 1980, en El Salvador.

En esa fecha, uno de los mayores símbolos del liberacionismo católico, fue asesinado por un francotirador por mandato de Roberto D’Aubuison, jefe de la extrema derecha ORDEN en complicidad con el asesoramiento militar y logístico de la Agencia de Inteligencia Americana CIA por sus siglas en Inglés. Mons. Romero se destacó por su liderazgo abogando por los pobres mediante su palabra profética en sus sermones. “Su palabra fue dinámica, encarnada en la historia y penetrante», describe Roberto Torres Collazo, distinguido activista por los derechos humanos en Centroamérica.

A propósito de las pascuas por la natividad de Jesús de Nazareth, en estos tiempos, cuando la derecha internacional ha visto en México y en las zonas pobres del país como el estado de Hidalgo, un botín para el imperio y su violencia contracultural y consumista, vale la pena retomar algunas frases de Mons. Romero, en combate siempre contra el infierno de las desigualdad y la indiferencia, tan comunes en estas fechas cuando parece que todo acaba, y todos los pobres morimos olvidados.

Unos días antes de su muerte, el arzobispo hizo un fuerte llamado al ejército: «Les imploro, les ordeno, en nombre de Dios, que cese la represión. Que no obedezcan si reciben una orden de matar». Parafraseando hoy a Mons. Romero podríamos decirle a los agentes de la Policía Federal Preventiva y a las autoridades político – militares en Oaxaca: ¡¡En nombre de Dios cesen el hostigamiento!!

A aquellos ricos muy religiosos que creen en la pobreza espiritual, Mons. Romero les dijo: «No basta una pobreza espiritual, una especie de deseo pero sin eficacia, mientras no encarnen esos deseos de pobreza evangélica en realizaciones que se interesen como su propia causa de los pobres, como si se tratara de Cristo, seguirán siendo llamados los ricos: ‘Lo que Dios desprecia’, porque ponen más confianza en su dinero que en Dios».

En estas palabras de Mons. Romero resuena la posición radical de Jesús de Nazaret frente al dinero, tan propia para la natividad imperialista y de consumo: «Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero» (Mateo 6,24). En la mentalidad de Mons. Romero, no se trataba solamente de que los ricos dieran a los pobres comida, ropa y cosas, sino que también compartieran sus riquezas.

Para los que quieren saber, si Dios está cerca de nosotros o está lejos nos sugiere: «Todo aquel que se preocupa del hambriento, del desnudo, del pobre, del desaparecido, del torturado, del prisionero, de toda esa carne que sufre, tiene cerca a Dios». Reflexionemos por un momento sobre los pobres de aquí en EEUU, los que están siendo torturados en Irak y Afganistán y otras partes del mundo, los desaparecidos, encarcelados en los más de 500 prisioneros de Washington en Guantánamo, sin derecho a juicio, ni abogados ni visitas.

Sobre en qué consiste la religión, Mons. Romero nos dirá: «La religión no consiste en mucho rezar. La religión consiste en esa garantía de tener a mi Dios cerca de mí porque le hago el bien a mis hermanos. La garantía de mi plegaría está muy fácil de conocer: ¿Cómo me porto con el pobre? Porque allí está Dios». Sobre la frase «…le hago bien a mis hermanos», se trata de hacer bien a los demás sin halagos propios, sin proclamarlo a toda voz, sin protagonismo o intereses personales o de otro tipo, sino con humildad y sencillez como Mons. Romero y Jesús de Nazaret lo hicieron.

Comentando la parábola del Buen Samaritano: «En la parábola del Buen Samaritano es la condenación de todo aquel que piensa honrar a Dios y se olvida del próximo: ni el sacerdote, ni el levita, ni ningún hombre (o mujer) por ir a Misa, por ir adorar a Dios, por estar pensando en Dios, se olvida de las necesidades del próximo».

Ante la combatividad de Mons. Romero, Torres Collazo precisa que el santo fue asesinado, “pero no su palabra y su ejemplo de ser un obispo realmente del pueblo». Muchos le llaman «San Romero de América» y todos los años se le rinde cariño y admiración al gran defensor de los pobres. De la «voz de los sin voz» como se le reconoce. ¡Mons. Romero, Vive!

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