Crisis en el catolicismo hidalguense

. “Si hay crisis, ha habido en los últimos años. Hubo un tiempo muy fructuosos de vocaciones, pero de los años 2000 para acá se ha resentido esa crisis de vocaciones», reconoce expresamente el vicario general de la Arquidiócesis de Tulancingo, p. Primitivo Castillo, quien no escatima palabras para afrontar que en los últimos años, la Iglesia Católica de Hidalgo ha sufrido una de sus perores crisis a causa del desfase ante problemáticas que han puesto en jaque a la demarcación religiosa.

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo


Catedral de Tulancingo (foto: Especial)

Tulancingo, Hgo., México.- En plena asunción de la Diócesis de Tulancingo a sede metropolitana, el catolicismo hidalguense atraviesa por una de sus peores crisis. La hoy Arquidiócesis de Tulancingo advierte el bajo índice en la cooptación de vocaciones sacerdotales. Sus seminarios menor y mayor mantienen entre los dos una de las poblaciones más reducidas de los últimos tiempos con apenas 60 seminaristas; de los cuáles, tan sólo 5 son potencialmente ordenables.

Los presbíteros en funciones apenas suman 180; pero el 40 por ciento de ellos son mayores de 65 años, y entre todos tienen que atender a una feligresía de aproximadamente un millón de personas, siete días a la semana, 365 días del año, las 24 horas, sin renunciar a sus votos.

Además, a la Diócesis le hace falta su cabeza. El obispo de la demarcación, Pedro Arandadíaz Muñoz, sufre su salud a consecuencia de las intervenciones médicas que desde hace siete años a la fecha lo han atado a quirófanos y cuartos de hospital por la ilación de una neuropatía, de una anemia exagerada, una úlcera y una hernia que, a sus 73 años de edad, lo dejan mantenerse activo en sus trabajos como líder del catolicismo apenas la mitad de su tiempo -o menos-, delegando responsabilidades administrativas a su vicario general, P. Primitivo Castillo Sosa, dejando de encabezar pendientes como la guerra contra el protestantismo, la atención a las vocaciones y la cercana coordinación de las labores económicas y políticas de su obispado.

Por si fuera poco, a un año y medio de la muerte del Padre Rafael Lazcano, la Diócesis no ha encontrado de que manera subsanar la pérdida de uno de sus enclaves más importantes en el mundo político-gubernamental del estado que, junto con el P. Pablo Bulos Kuri, -fallecido casi un mes después-, representaba el poder de inclusión del catolicismo en la toma de decisiones de algunos círculos de poder en la entidad. Y aunque en los puestos de administrador general de la demarcación o como coordinador general de la Pastoral Juvenil que ocupaba, ya el obispo ha nombrado sustitutos, el talento y carisma del P. Lazcano son insustituibles, llevándose con su muerte, el esparcimiento de un línea pastoral que sin él, no encuentra identidad, llevando al fracaso y a la exclusión, diversos proyectos de evangelización.

Pese a todo, Don Pedro, -como se le reconoce con cariño-, mantiene esperanzas vivas entre su primer círculo de que, de poco su magra salud cederá aún más, y todos esos pendientes serán atendidos como corresponde. “(Nuestro estado es) de mucha esperanza ahorita y que en un mes le quiten la sonda que tiene en el estómago y yo creo que comenzará a moverse poco a poco, haciendo sus trabajos», dijo a propósito el P. Castillo Sosa, esperanzado.

Iglesia desfasada.

Tan poca cantidad de sacerdotes y con casi la mitad de ellos arriba de los 65 años, se presupone poca efectividad a la hora de atraer a jóvenes al proyecto católico de salvación. El propio vicario general de la Arquidiócesis de Tulancingo, P. Primitivo Castillo Sosa, lo reconoce sin tapujos y advierte que el trabajo de la demarcación sustentado en tan magra realidad, se encuentra desfasado ante la gran cantidad de jóvenes hidalguenses, tan imponente como su diversidad de opinión, mas, muchos de ellos -habrá que reconocerlo-, llevados al cause de la ceguera intelectual atraídos por el esnob de los poderosos medios de comunicación.

“Sí (está desfasado). Y esta crisis se podría acrecentar en el sentido de que los sacerdotes jóvenes no tuvieran interés por trabajar por la juventud. También el sacerdote se da ciertos gustos, si no anhela trabajar con la juventud que es le medio fuerte en la sociedad. Si no les gusta trabajar con la juventud sí hay peligro de que esa juventud se eche a perder», dice.

Además, las ideas de los sacerdotes que fueron ordenados en una realidad con 40 años de atraso y que hoy son parte de la tercera edad, no son aptas para la realidad de hoy. Aunque la Iglesia se siga cerrando a temas como el divorcio o la homosexualidad, ese no es el problema en ese sentido, sino que los procesos de evangelización son caducos, inoperantes, absolutamente desfavorables.

Pese a ello, la Iglesia no está dispuesta a cambiar. El pecado y sus penitencias seguirán siendo las mismas, sin importar que la juventud, la feligresía, no esté dispuesta a aceptar su beligerancia.

Crisis de vocaciones.

Ciento ochenta sacerdotes para una feligresía de aproximadamente un millón de católicos, es el alcance de la Diócesis de Tulancingo y en esa medida sus posibilidades. Así de cruda la realidad. Estadísticamente, cada sacerdote atendería a 5 mil 555 feligreses, aproximadamente. Mas, con la llegad de cinco prelados más, éstos le quitarían la chamba de 150 personas por sacerdote, reduciéndoles la cuota a 5 mil 405 de fieles. Como sea, esta ya es una buena noticia..

Irónico o no, en estos cinco nuevos y jóvenes eclesiásticos, la Diócesis encuentra “esperanza» en medio de un raudal de sacerdotes pasados de moda.

“Por ejemplo yo, ta tengo 70 años (ríe). En un determinado tiempo se me juntaron todos los años y una mayoría (de los sacerdotes) se ha juntado así. De los 65 a los 82, 83 años, o algunos como el P. Miguel Reyes que tiene noventaitantos años. Entonces ya es gente grande. Pero vienen jóvenes entusiastas a que ( los jóvenes) ya nos rebasaron en el tanto por ciento (de cantidad); y esas son las esperanzas», puntualiza el P. Castillo Sosa.

Ante le hecho, la Diócesis se quedado inmóvil. A pesar del profundo arraigo de sus movimientos juveniles que se extienden desde la formación de niños en la acción católica hasta la Pastoral de Profesionistas y Universitarios, existe una profunda crisis de vocaciones causada, en buena medida, a que la Iglesia no ha sabido hilvanar estrategias que sean atractivas a los jóvenes, para que estos vean en el sacerdocio una opción de vida, reconoce el propio vicario general de la demarcación. Los propios integrantes de tales grupos deciden conducir su vida por otros caminos ajenos a la consagración religiosa y, ante la falta de respuestas, muchos incluso han abandonado el catolicismo.

“Si hay crisis, ha habido en los últimos años. Hubo un tiempo muy fructuosos de vocaciones, pero de los años 2000 para acá se ha resentido esa crisis de vocaciones», sostiene el P. Castillo.

– ¿Que opina de todo esto, Padre? – se le pregunta..

“Muchos son los llamados y pocos son los escogidos» – responde entre risas.

– Pero muy pocos…

– Muy pocos los escogidos. Mi grupo fue de 35 y nos ordenamos 7; 6 y yo que estudié. En el año (19)48 llegué a Tulancingo, de diez años, once años, para estudiar aquí en la Escuela Apostólica, éramos 35 y nos ordenamos siete, de esos siete, dos dejaron el ministerio y nomas quedamos cinco.

– ¿Hasta que punto es normal que esto suceda?

– Absolutamente normal. Cuando hay el descuido en la pastoral vocacional es cuando se nos viene esos momentos álgidos de crisis.

– ¿Se descuidó la vocación?

– Si se descuidó en el sentido de que no abarcamos. No abarcamos a toda la juventud, como te digo.

– ¿Faltaron estrategias?

– Estrategias o mañas para trabajar, o anhelos para trabajar por la juventud. (Desde Abajo)

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