Opinión: Irak y los problemas del Tío Sam

El 20 de marzo se cumplieron 4 años de la invasión de EU en Irak. Para el gobierno estadounidense, esta ocupación sólo le ha traído dolores de cabeza que ha aguantado impasiblemente, seguro esperando una jugosa recompensa.

Por Gustavo Godínez / Desde Abajo

Se dice que la última gota de petróleo del mundo se encuentra en Irak. De ahí el interés de Estados Unidos por tomar el control de estas tierras cuyos habitantes parecen condenados al sufrimiento desde los tiempos bíblicos.

El 20 de marzo se cumplieron 4 años de la invasión de EU a Irak. Para el gobierno estadounidense, esta ocupación sólo le ha traído dolores de cabeza que ha aguantado impasiblemente, seguro, esperando una jugosa recompensa.

Desde un principio, la invasión fue motivo de polémica, tensión e indignación internacional, cuando el gobierno estadounidense, en plena lucha contra el terrorismo, decidió comunicarle al mundo sus intenciones de invadir a Irak alegando que poseían armas de destrucción masiva. Ignorando la desaprobación de la comunidad internacional y descalificando las inspecciones de especialistas internacionales de la ONU que nunca encontraron pruebas de que el régimen iraquí tuviera en su poder dichas armas, George Bush ordenó comenzar los bombardeos en Irak estrenando lo último en tecnología bélica. Continuando con su estatus autoproclamado de “policía mundial» el ejército estadounidense arrasó salvajemente con poblaciones inocentes y con muchos civiles que no pertenecían a la dictadura de Hussein, demostrando que esta operación nunca se manejó con la cautela y seriedad requerida, igual como sucedió en Afganistán violando tratados internacionales que protegen a los civiles en situación de guerra.

La resistencia de Bagdad duró poco, muchos los soldados del régimen huyeron mientras que los que se quedaban morían o se convertían en prisioneros. Finalmente el régimen de Saddam cayó. Todos recordamos la caída de aquella estatua del dictador, con un soldado colocando una bandera estadounidense en su cabeza mientras un tanque tiró de la figura hasta hacerla caer. Una imagen histórica cargada de significado donde George Bush quería comunicarle al mundo que había salido victorioso. Pero aún le faltaba la medalla principal, la captura de Saddam.

Mientras Hussein continuaba prófugo, Estados Unidos estableció elecciones “democráticas» en Irak, pero los grupos de resistencia continuaban con atentados suicidas que se han vuelto bizarramente cotidianos y que han sido uno de los motivos por los cuales Bush ha perdido tanto apoyo de su compatriotas en esta operación.

El desacuerdo no sólo de la comunidad internacional sino también ahora del los ciudadanos norteamericanos demostrado en las últimas encuestas donde Bush tiene su nivel más bajo de popularidad en la historia de su mandato con más del 60{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de desaprobación, tiene la administración en la situación más difícil de su historia, al parecer el pueblo norteamericano finalmente se ha dado cuenta de los terribles errores de su presidente y de las indignantes consecuencias que ha traído pues más de 3,000 soldados han muerto en la ocupación de Irak victimas de los frecuentes atentados, más del doble de los muertos en el ataque de las Torres Gemelas, la mayoría de ellos de origen latino, todo eso sin mencionar los millones de dólares gastados para la manutención de dicha ocupación.

Con Saddam ejecutado, ya no queda nada más por presumirle a la comunidad internacional, sólo escandalosas cifras de soldados caídos por la necedad impulsada por una insaciable ambición.

Ahora la situación es más complicada, los expertos señalan que el ejercito estadounidense no puede abandonar su posición en Irak pues provocaría un caos en la civilidad, se desataría una ola de saqueos y guerrillas internas por el control del poder, pero cada día representa un aumento en la cifra de soldados muertos.

Los voceros de la administración Bush han declarado que se planea desocupar a Irak para el 2008, sólo nos queda esperar que esta palabra sea cumplida y que se respete la nueva soberanía del pueblo iraquí, pero lo más importante es que finalmente deje de haber soldados caídos y que Estados Unidos quite sus garras del petróleo iraquí. Se ve difícil pero sólo el tiempo lo dirá. Aún quedan esperanzas que la siguiente administración estadounidense tome nuevos caminos y sepa corregir los errores y resolver los problemas que Bush le heredará.

Nos queda ver ¿cómo le hace el Estados Unidos para salir del laberinto de Irak?, si dejará o no el petróleo que parece tener lista una maldición para todo aquel que lo posee, ¿cómo le hará el Tio Sam para dejar de ser prisionero de su propia guerra, de su propia ambición?.

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