La hora jazz: Los tres mosqueteros del funk

. La improvisación era lo que mas quería hacer Kruppa con su bajo, y quería hacerlo junto con sus compañeros de siempre, con Diego en la batería y Omar en el órgano. Cuando ellos tocaban juntos en algún ensayo, un concierto, o sencillamente en un momento de relajo en el que no se practica, en él únicamente se toca, se intercambian instrumentos y se agregan otros; se podían pasar horas improvisando, armando bases musicales sin sentido, sin la mas mínima voluntad de armar algo, es ahí cuando estos hombres se sentían mas a gusto, cuando más creaban y se divertían. Eso era justamente lo que Kruppa quería explorar de manera más científica y profesional, sabía que por ahí era un buen camino.

Por Jesús Ángeles / Desde Abajo

Por ahí Kruppa trataba de hacer un proyecto por el 2002, tenía en mente hacer un proyecto musical que lo moviera, que lo hiciera escucharse diferente. En años anteriores ya había tenido otros grupos de música que los satisfacía como: La Estaca Brown o el Galápagos; pero empezaban a oler a viejo aunque sus proyectos eran nuevos. Para él era el momento justo de comenzar una nueva historia.

La improvisación era lo que mas quería hacer Kruppa con su bajo, y quería hacerlo junto con sus compañeros de siempre, con Diego en la batería y Omar en el órgano. Cuando ellos tocaban juntos en algún ensayo, un concierto, o sencillamente en un momento de relajo en el que no se practica, en él únicamente se toca, se intercambian instrumentos y se agregan otros; se podían pasar horas improvisando, armando bases musicales sin sentido, sin la mas mínima voluntad de armar algo, es ahí cuando estos hombres se sentían mas a gusto, cuando más creaban y se divertían. Eso era justamente lo que Kruppa quería explorar de manera más científica y profesional, sabía que por ahí era un buen camino.

En uno de esos días de agosto los reunió y les platico el proyecto. Kruppa les decía a los otros dos que era lo que quería: “hagamos un funk diferente que parta de programaciones electrónicas, pero que valla fundamentado con los estándares del jazz”. Bueno, en realidad no se si lo dijo así, pero lo que si sé es que si intento decirles eso a Diego y a Omar, para después ponerse a trabajar en eso que quería crear.

Se ocuparon un par de meses en ello, todo iba saliendo bien. Al principio costaba un poco de trabajo adaptar el jazz con lo electrónico sin que dejara de sonar a jazz, y que tampoco se escuchara absolutamente electrónico. Los ensayos en un principio eran largos, pero no aburridos, sin embargo no llegaban a mucho. Ya con el tiempo llegaron a consolidar algunas canciones y en el camino se toparon el con funk mezclado con rock y otras cosas. Ahora no solo mezclaban jazz electrónico, sino también funk con rock.

El nuevo proyecto sonaba a funk-jazz, quizás no tan novedoso, pero si lleno de ritmo, de estilo. No sabían si la ciudad de Guadalajara los entendería, pero por ahí comenzarían, no tenían de otra; irse al defectuoso era demasiado dinero y demasiada ambición. Se conformaban por el momento con sonar bien en Jalisco, al fin de cuentas es uno de los lugares más importantes de México, un buen trampolín para sonar en todo el país.

Comenzaron por presentar su música con amistades de confianza. Ahí en su estudio tocaban y a la gente le agradaba su estilo, pero claro, no dejaban de ser amistades que apoyaban todo lo que hacían, que muchos iban más por amistad que por un gusto musical. Solo un comentario de un amigo gringo de Omar les llamo mucho la atención, porque cuando los escuchó, inmediatamente el norteamericano exclamo: “Hey, this is Funk, yeah! You’re the mexican Mothers funkers”. Aquellas palabras les llamo mucho la atención, eso sonaba bien para los tres, y aquellas palabras que solo habían sido un sustantivo, de pronto se convirtió en parte de su nombre, convirtiéndose en los 3 mothers funkers, algo así como los tres mosqueteros del funk.

Ya tenían estilo, nombre, pero no un lugar en donde presentarse. No tenían ni idea donde podían dar un pequeño concierto en el que pudiera caber su música. ¿Donde podía sonar bien su música que sonaba a jazz, y que no les desagradara a los fanáticos de la electrónica? Eran muchas mezclas musicales como para ser entendidos en un bar de jazz, o de funk, o de rock, de música electrónica.

Después de que dejaron de preocuparse un poco en como sonarían, se decidieron por un bar llamado El Nova, un lugar un poco fresa y con tendencias electrónicas, pero era lo más cercano a lo que deseaban. Ahí estrenaron una música que jamás se había escuchado en Guadalajara, al menos no en vivo, y menos interpretada por gente tapatía. El riesgo fue interesante, la gente les presto atención, y no solo eso, bailaron su música, y en poco tiempo, los tres mosqueteros del funk mexicano se dieron a notar.

En la actualidad ya no son un trío de funk, son toda una orquesta implantada por trompetas y percusiones siendo más de seis en el escenario; y lo único que intentan es hacer música para caminar con estilo, y porque no, para correr con locura, bailar con elegancia, gritar con paciencia, para dormir con locura. Disfrutar el funk en otra de sus facetas, y hacer que la historia del jazz mexicano siga creciendo hasta que deje de ser una simple ficción, un simple cuento de hadas.

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