Granados Chapa, palabra contra el autoritarismo

. Siempre con el semblante apacible, el maestro caminaba a paso lento, revisando sus pasos, obsesivo del tiempo y el espacio. Así atravesó la plazuela Sebastián Lerdo de Tejada, rumbo a la sesión histórica donde, como nunca antes, sería el protagonista.

. En memoria de Emelia Granados Chapa

Por Desde Abajo

México, DF.- El Senado de la República entregó a Miguel Ángel Granados Chapa la medalla de honor “Belisario Domínguez”, misma que relucía por encima de la hosquedad de Felipe Calderón. El “¡espurio!” –como le identificó el joven Gómez Emilson hace unos días-, parecía sentir contra sí mismo la proclama del héroe chiapaneco en la que exigiera la renuncia de Victoriano Huerta por “traidor e ilegítimo”, la cual se leía como parte del protocolo de ceremonia. Esta escena transcurría, mientras las cámaras del Canal del Congreso enfocaban la imagen del titular del Ejecutivo al lado del hidalguense, ambos, con poco que compartir, sino la obligatoriedad del orden del día.

Temprano, antes de la hora citada, Granados Chapa arribó al centro histórico de esta ciudad, dirigiéndose hacia la casona histórica que rinde honor al “mártir del Senado Mexicano”, quien diera la vida denunciando al usurpador Huerta, asesino del presidente Francisco I. Madero. Ahí ya la esperaban familiares y amigos vestidos de gala para la ceremonia que habría de rendirle homenaje.

Siempre con el semblante apacible, el maestro caminaba a paso lento, revisando sus pasos, obsesivo del tiempo y el espacio. Así atravesó la plazuela Sebastián Lerdo de Tejada, rumbo a la sesión histórica donde, como nunca antes, sería el protagonista.

En su momento, dentro de la Cámara Alta, Granados Chapa aceptó ser portador de la presea como un reconocimiento a la tarea de las y los periodistas en México que, como recordó el propio laureado, son hoy objeto de la violencia organizada y de Estado.

Ahí le acompañaron sus hijos Tomás y Rosario. También la maestra Shulamidth Goldsmith, quien, además de gran historiadora, es pareja del periodista. Del mismo modo, sus amigos de Hidalgo atestiguaban en las aristas del recinto de Xicoténcatl la condecoración de Granados Chapa, acompañados de periodistas, activistas, académicos y políticos que distinguen la larga lista de camaradas que presumen los más de 40 años de vida profesional del autor de Plaza Pública.

Granados Chapa, fiel a su seriedad imbatible ante las formas, aceptó de conformidad la compañía en el estrado de quienes durante el 2006, no sólo eran sus adversarios, sino foco de rutinarias críticas académicas.

Frente a ellos, en el estrado del Senado de la República en el que se paraba por primera vez para tomar la palabra, el periodista solicito la aprobación de la Ley de Amnistía en México que, acorde a los tratados internacionales en materia de derechos humanos que ha firmado el Estado mexicano, deberá cesar el hostigamiento policiaco y militar hacia los luchadores sociales y liberar a todos los presos políticos que yacen en cárceles de media y alta seguridad en el país.

Este reclamo ahondó el semblante adusto de Calderón, responsable de hacer valer estos tratados en un sexenio que, justamente se ha caracterizado por criminalizar la protesta social. En México –dijo-, “persiste la desaparición forzada por parte de autoridades federales y estatales, quienes han levantado gente en diversos puntos del país sin llevarlos a juicio y, en el peor de los casos, los han privado de la vida”.

Y agregó: “La expresión civil sea antagónica a la constitucionalidad de un gobierno, de ahí que la sociedad procure no sólo manifestarse en las urnas, sino en las calles”.

Esto último sustentó lo exclamado por una de las asistentes al finalizar el himno nacional mexicano que, se toco al principio del protocolo: “¡Es un honor estar con Obrador!”, la segunda manifestación pública a favor del tabasqueño frente a Calderón, en menos de una semana.

No obstante, Granados Chapa expreso la necesidad de restaurar las bases de la convivencia y mantener abierta la posibilidad del diálogo para construir “una nación incluyente y equitativa, en el entendido que la sociedad mexicana es plural y diversa”.

Al final, los suyos, admiradores todos, se conglomeraron en la plaza del edificio de Xicoténcatl para homenajear al maestro en lo informal, quien, con abrazos y jubilo creciente, se convirtiera al mediodía de este martes 7, en el primer periodista en recibir la medalla de honor Belisario Domínguez, a lo mejor de la vida científica, cultural y política de México.

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