100 años del Día de la Mujer

Por Tania Meza Escorza / Desde Abajo

«¡Compañeras, en reconocimiento a la lucha de las mujeres por sus derechos y el amor a la paz, propongo celebrar cada año el Día Internacional de la Mujer! ¿Y por qué esta fecha, compañeras? Porque nos recuerda la lucha de aquellas costureras de Nueva York que en 1857 exigieron igualdad de salarios y jornadas de 10 horas. Ellas murieron quemadas por los dueños de la fábrica… ¡Pero vivirán siempre entre nosotras! ¡Todas las mujeres mayores de 20 años tenemos derecho a votar, a elegir y a ser elegidas! ¿Quién se beneficia de esta guerra? Los fabricantes de cañones y barcos de guerra. Ellos han fomentado el odio entre las naciones para su beneficio. Nosotras lucharemos por la paz. ¡Guerra a la guerra, compañeras! Si los hombres matan, nosotras lucharemos para preservar la vida. Si los hombres callan, es nuestro deber levantar la voz en favor de la Paz. La exigencia del momento es hacer un frente único de los trabajadores y de las trabajadoras para rechazar… el fascismo»

Hace cien años, una mujer fundamental en la historia del feminismo, la alemana Clara Zetkin, pronunció este emblemático discurso durante la Segunda Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas, en 1910 en Copenhague, Dinamarca. El pleno de esta conferencia aprobó su propuesta y, un año después, se conmemoraría por primera vez el Día Internacional de la Mujer.

Aunque el histórico discurso de Clara Zetkin no fue emitido en 8 de marzo (porque aún no se establecía la fecha) tanto sus palabras como el año en que fueron pronunciadas están considerados como el arranque de la conmemoración internacional, la cual fue expandiéndose a lo largo del siglo XX, hasta que en 1975 la Organización de las Naciones Unidas institucionalizó la fecha.

El contexto socioeconómico en el que Zetkin pronunció este mensaje era desolador para la clase trabajadora en general y para las mujeres en particular. Por esos años hubo varias movilizaciones de obreras de la industria textil en Estados Unidos, una de ellas en 1857 y la otra en 1908, esta última en la fábrica Cotton Textile Factory de Nueva York, donde las obreras solicitaban jornada laboral de diez horas, descanso dominical e igual salario por igual trabajo. La respuesta de los patrones fue el incendio en la fábrica, con las obreras adentro, lo que produjo que 129 ellas murieran calcinadas.

En memoria de estas mártires y luego del trascendental pronunciamiento de Zetkin, se estipuló el 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres, una fecha que no pretende celebrar, sino conmemorar para llamar la atención de la ciudadanía en todo el mundo, a través de distintos medios, en torno a las desigualdades genéricas que siguen afectando a las mujeres.

La inequidad genérica existe desde hace miles de años. Incluso en la modernidad democrática, las mujeres hemos vivido la discriminación en todos los ámbitos.

Las revolucionarias francesas Olympe de Gouge y Mary Wallstonecraft, quienes en el siglo XVIII padecieron todo el peso real de la libertad, igualdad, fraternidad (Olympe incluso fue guillotinada), por el grave delito de exigir para las mujeres los mismos derechos que la revolución francesa había dado a los hombres.

Hoy, entre muchas otras cosas, las mujeres padecemos la inequidad desde el nacimiento. ¡Qué suerte!, si el recién nacido primogénito es hombre, Bueno, para la siguiente, si es mujer. En la casa la asignación genérica desigual de las labores domésticas, es promovida y aceptada tanto por la madre, como por el padre.

En el trabajo, en muchas ocasiones los ascensos son para los hombres porque tienen una familia que mantener, como si las mujeres no fuésemos cabezas económicas en el hogar. En la calle, los groseros piropos son verdaderos actos de violencia sexual verbal. En los medios masivos de comunicación, las representaciones estereotipadas refuerzan la idea de Franca Basaglia, filósofa feminista italiana, respecto de que las mujeres somos cuerpo para otros, seres para otros.

Un aspecto sobre el que se busca llamar la atención en este Día Internacional de las Mujeres, es el darnos cuenta que la marginación es real. Ningún problema se resuelve sin aceptar que el conflicto existe.

El derecho a votar y ser votadas o el acceso cada vez mayor a ciertos espacios de la política pública, puede hacernos pensar que la inequidad ha desaparecido. Pero no es así. La marginación continúa y no es posible cerrar los ojos ante tal problemática. Reconocerlo es el primer paso.

Ni el feminismo, ni la teoría de género culpan a los hombres de esta situación. Tampoco victimizan a las mujeres. Se trata de movimientos teórico sociales que buscan, ante todo, eliminar la idea de que la diferencia genérica está basada en una cuestión biológica. El género (que es diferente del sexo) es una construcción cultural, y como toda creación social humana, puede ser modificada.

Hace un siglo, Clara Zetkin propuso la celebración de un día Internacional de las Mujeres para llamar la atención sobre las condiciones laborales de la mujer y la falta de derechos políticos. Hoy, seguimos luchando por lo mismo.

Las mujeres y los hombres no somos iguales, pero sí valemos lo mismo. La equidad de género nos conviene a todas y a todos, porque romperá pesados lastres que tanto hombres como mujeres cargamos desde hace milenios. Además, nos permitirá construir sociedades más democráticas, basadas en el respeto a la diferencia.

Comentarios: taniamezcor@hotmail.com

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