El 5 de julio

por Gabriel Pérez Osorio / Desde Abajo

Los puños levantados, y cientos de personas gritando a coro una oda a México. Así es como vende su producto, la única cervecera mexicana, en el marco del Mundial de futbol: con una imagen extraída de los manuales del fascismo más recalcitrante, del de Mussolini, Hitler y Pinochet.

Hoy, más que nunca, la amenaza de la derecha radical se cierne sobre el futuro de la República, ante la mirada impávida y cómplice de los principales actores políticos y sociales de nuestro país.

El año pasado, las proclamas de venganza y revolución cundieron en la red como amenaza de lo que este 2010 le deparaba a México: en el centenario de la Revolución Mexicana y el Bicentenario de la Independencia de México, un nuevo levantamiento armado.

Ante ello, me robo una idea que leí en un blog: “Lo cierto (…) es que cada cien años, desde la institución de este país como uno independiente y autónomo, México vive ciertamente algo grande. Una afronta belicosa para garantizar nuestra continuidad como nación, y que se desata una vez por siglo. Primero por nuestra independencia. Después por nuestra democracia. Hoy, sin darnos cuenta, estamos ya todos involucrados en medio de una guerra que estalló hace algunos años y que invariablemente nos afecta a todos.”

La persona que escribió el blog del que me robé la cita es Luis Donaldo Colosio Riojas, el hijo del candidato asesinado hace 16 años, Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Cierto. La guerra contra el narcotráfico no empezó hace tres años, solo se recrudeció. Ante la mirada atónita de millones de personas, el crimen organizado creció como verdolaga con la anuencia, complicidad silenciosa y la ceguera de decenas de gobernantes, de todos los niveles, de todos los partidos, en todo el país.

Con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México se convirtió en un especialista exportador de manufacturas, pero también de drogas y de mexicanos. La Patria se nos fue quedando triste y abandonada.

Con la fiesta democrática de 2000, como buenos mexicanos, se nos vino una cruda espantosa que, cuando se nos curó, se había convertido en hepatitis. México sufre en este momento una afrenta que va más allá, por desgracia, del asesinato de un candidato a gobernador.

El gobierno de la República, encabezado por Felipe Calderón ha salido ya a suplicar unión ante la adversidad. Cínico, promueve el autoritarismo con palabras huecas.

Como escribió Epigmenio Ibarra en su cuenta de Twitter (respeto redacción tuitera): “El llamado al dialogo no solo es tardío sino esconde trampa. FCH quiere mas q “unidad” respaldo acrítico. Quien no Esta con el esta vs México. Típico de regimenes autoritarios el llamado histérico a la unidad nacional. Anular oposición. Descalificar critica su propósito real.”

El siguiente paso, lo sabemos quienes hemos escudriñado un poco los anales de la Historia, es endurecer las medidas de seguridad, elevar más el gasto en seguridad, una campaña propagandística de terror, un estado de excepción. Finalmente, un golpe de Estado.

La derecha no va a dejar el poder sin dar la batalla. Detrás de Felipe Calderón y sus secuaces están empresarios, cúpulas religiosas, líderes de Davos, del mundo y un largo etcétera de intereses que no van a permitir que regresen los priistas, sean tricolores o amarillos. O al menos, no permitirán que suceda sin pelear.

El reclamo del PRI, ayer, en boca de Beatriz Paredes, parecía a ratos más una declaración de guerra que otra cosa. Como si el llamado de la mañana de Calderón, en el que suplicaba unidad los hubiera insultado, la plana mayor tricolor respondió con un recordatorio: nosotros te legitimamos.

La batalla apenas comienza y los mártires ya los puso el PRI, lo que representa un gravísimo problema para el presidente y los suyos.

La prueba de fuego a la que se enfrenta México el próximo 4 de julio, rebasa a los 14 estados que se juegan su recomposición política. No es, por desgracia, ni siquiera una lucha por la democracia, porque ésta se fue al carajo el día que panistas y perredistas se convirtieron en una mala copia de los priistas. Se trata de un nuevo capítulo en la centenaria batalla entre la derecha y los liberales. Aquella que comenzó en la segunda década del Siglo XIX, y que se alargó hasta que los liberales, de la mano de Porfirio Díaz se entronizaron en el poder.

La clave de la previsible derrota panista-perredista, se halla no sólo en el génesis perverso de una alianza impresentable, sino en la falta de propuestas, el vacío como discurso y el reciclaje de priistas ante la falta de cuadros. El domingo se enfrenta el PRI contra el PRI edulcorado y cojo en el que se convirtieron panistas y perredistas.

México tiene una oportunidad de oro para, aún por la vía pacífica, resistir el embate de los que ven en los puños levantados y los cánticos marciales una opción para el futuro.

El lunes 5 de julio, México seguirá siendo el mismo país desigual, injusto, polarizado, dividido, decepcionado y corrupto que ha sido hasta ahora.

El lunes 5 de julio, se habrá perdido una inmensa oportunidad para revivir a la democracia mexicana, que se mantendrá en coma por unos años más.

El lunes 5 de julio, nuestros hijos no sabrán que sus padres desperdiciaron una posibilidad de construir democracia, libertad y justicia, porque los deslumbraron los cristales, la superchería y mentiras de un partido que nunca estuvo dispuesto a gobernar para todos, lo que reinstaló a otro, que siempre estuvo dispuesto a gobernar para los suyos.

El lunes 5 de julio, salvo honrosas excepciones, México amanecerá huérfano.

No esperemos al lunes. Es hoy cuando deberemos comenzar a construir responsablemente nuestra ciudadanía, para entregarle a los pequeños de hoy, el mejor posible México del mañana.

gaboperez@gmail.com

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