Marcelo Ebrard

La inclusión de Marcelo Ebrard como el mejor alcalde del mundo en el 2010, elegido por sus colegas de otras ciudades, le dan una oportunidad al enciclopedismo mexicano de triunfar en el relevo de la Presidencia por encima de las fuerzas oscurantistas.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal ha sido el pilar defensor de causas cruciales de la sociedad civil organizada en la capital del país en temas de derechos humanos de las mujeres, la infancia, la diversidad sexual y el medio ambiente, donde la legislación local ha avanzado a niveles europeos. Acción loable si se considera que priva en México un Gobierno de carácter confesional, que ha luchado para colocar en la agenda pública los temas que, justamente, van en detrimento de los logros obtenidos en el DF.

De manera textual, el galardón otorgado a Ebrard lo califica como un gobernante progresista que se ha enfrentado y vencido a la “ortodoxia”. Una descripción sumamente conveniente para el político, en los tiempos que busca la candidatura interna de su partido, el PRD, a las elecciones presidenciales mexicanas del 2012, justamente contra el correligionario y predecesor suyo en la alcaldía de la capital de México, Andrés Manuel López Obrador, quien obtuviera el segundo lugar en el año 2004 de este mismo galardón otorgado por el World Mayor.

«(Marcelo Ebrard)  es un reformador liberal y pragmático. Ha abanderado los derechos de las mujeres y de las minorías y se ha convertido en un abogado de los temas ambientales respetado internacionalmente» reconoce el premio.

De tal modo, ha resultado incomprensible para muchos sectores de la izquierda mexicana, que Ebrard se encuentre impulsando alianzas electorales en el interior de la República al lado del Partido Acción Nacional, el mismo instituto que más lo ha criticado y combatido debido a las reformas sociales que ha impulsado en el DF.

Queda al perredista afianzar su imagen progresista y humanista en los tiempos que México está en la oportunidad de eliminar el lastre autoritario del PAN y del PRI. Pero tan solo lo podrá hacer si permanece aliado a la sociedad civil que lo tiene en dicha posición de privilegio y no con quienes, justamente, lo ven como adversario. Por lo demás, su reconocimiento es también un premio a la lucha de muchas generaciones en el Distrito Federal.

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