Otra emergencia: HOMBRES en CUARENTENA

El confinamiento en casa para paliar la crisis del coronavirus elevará los índices de VIOLENCIA CONTRA MUJERES Y NIÑAS. Esto, considerando que los papás, hermanos, tíos, sobrinos y abuelos, sí se queden en casa, como lo está solicitando el gobierno de México.

Las CIFRAS no mienten: nueve de cada diez casos de violencia contra las mujeres es cometida por hombres; seis de cada diez, es cometida por la pareja. Casi todos los casos de violencia sexual contra niños y niñas, los cometen hombres que viven en el hogar de las víctimas. La violencia en los hogares, principalmente contra mujeres, niñas y niños, es una EMERGENCIA DENTRO DE LA EMERGENCIA y los gobiernos deben actuar ya.

No solo se trata de decir #QuédateEnCasa, sino #QuédateEnCasaSegura. Estoy claro que todo lo que no se ha logrado en muchos años de políticas públicas contra la violencia feminicida e infanticida, no se conseguirá en estos meses que durará la pandemia. Pero basta un poco de voluntad política para endurecer las medidas de protección ante lo que, de por sí, ya era una PANDEMIA ANTES DEL CORONAVIRUS. Si no se hace algo al respecto, podríamos tener tantas o más muertes por violencia que las que deje el COVID-19.

Los hombres no quieren estar y no han querido aprender a convivir en el hogar.

Ahora, retomo: todo lo anterior considerando que los HOMBRES SÍ SE QUEDEN en casa, pues este confinamiento nos enfrenta con otra realidad del machismo: los HOMBRES NO QUIEREN ESTAR Y NO HAN QUERIDO APRENDER A CONVIVIR EN EL HOGAR.

Hace unos días el periódico El Universal publicó un nota donde algunos hombres entrevistados declaraban que se querían volver locos al quedarse dentro de los hogares. Y sí, pues, educados por el patriarcado para ser animales del espacio público, creen al mismo tiempo que el confinamiento al hogar es COSA DE MUJERES; o sea, que estar en el hogar, los hace menos hombres. Además, sin deportes en la televisión. Esto crea un coctél de violencia cuya chispa es la INESTABILIDAD EMOCIONAL de esos hombres. Y de pronto, ese «buen hombre» se va convirtiendo en la bestia que es en realidad.

Entonces, claro, viene la crisis de la masculinidad, muy ligado a lo que SIGMUND FREUD llamaba el miedo a la pérdida del falo a causa del padre, un padre furioso que reclama todo el tiempo al niño que sea hombrecito y no haga esas cosas de viejas. De tal modo fue muy pertinente el mensaje del Instituto Nacional de las Mujeres dado en estos días: el repliegue a los hogares deberá replantear la dinámica de convivencia.

No basta ser «buenos hombres» en casa, pues no es buen hombre el que solo se sienta a comer; no es buen hombre el que solo la va los trastes; no es buen hombre el que solo cambia un foco. Será un hombre funcional el que también se responsabilice de la carga mental que implica la organización, administración y mantenimiento de los recursos de un hogar SIN VIOLENCIA, democrático y feliz.

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