Maia y Nicole, dos NIÑAS, dos países y un MISMO CRIMEN


Nicole, mexicana, siete años. Maia, argentina, siete años. Nicole fue secuestrada por un hombre mientras jugaba en la calle con su bicicleta, en la colonia Rancho Don Antonio, municipio de Tizayuca, Hidalgo, México. Maia fue secuestrada por un hombre mientras jugaba con su bicicleta en el parque Avellaneda, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Nicole fue agredida el dos de marzo. Maia, el quince. Nicole fue encontrada, muerta, el día nueve. Maia, el dieciocho, viva. Nicole habitaba una casa común de una colonia pobre en uno de los municipios más violentos y precarios del Estado de Hidalgo. Maia vive bajo las telas de una carpa levantada entre dos árboles frente a la autopista Dellepiane, en un barrio conocido como Villa Lugano. Ambas, niñas. Ambas, pobres. Ambas, sólo querían andar en bicicleta. Ambas, víctimas; de dos criminales y, sin embargo, de un mismo enemigo, en una misma guerra. Esa que, en México o Argentina, no perdona a las mujeres por ser mujeres. Menos, si son niñas. Menos, si son pobres. Menos, si, muy a su modo, sólo quieren ser felices.

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