[BLACK MASS MEDIA]

Marketing, Medios e Imagen Pública

Desde hace algunos años, la Secretaría de Cultura a través del Instituto Mexicano de la Cinematografía ha buscado posicionar el 15 de agosto como el #DíaNacionaldelCineMexicano. Con resultados variantes en su difusión, impacto y alcance, lo cierto es que la fecha es el pretexto perfecto para analizar en perspectiva la coyuntura de la industria cinematográfica mexicana y ver sus vicios, virtudes y realidades.

Muchos artículos se podrán encontrar con un enfoque gubernamental, comparativo entre administraciones, con leyes y apoyos financieros, y con cifras de asistencias… pero, más allá de debates políticos y económicos, lo cierto es que el cine mexicano está vivo, muy vivo, y a diferencia de lo que muchos círculos de analistas quisieran aceptar, en una de las épocas más definitorias de su breve historia de apenas un siglo.

Hace un par de meses se difundió de manera ávida un artículo de un sitio de críticas acerca de lo que llamaban “la decadencia del cine mexicano”, aquejando dicha situación al exceso de comedias genéricas y ligeras, a la ausencia de originalidad y al uso excesivo de los mismos y limitados actores (palabras más, palabras menos).

Si bien algunos de los argumentos presentados tienen cierta validez, ¿es real tan dramática, catastrófica y definitoria sentencia? ¿De verdad está en plena decadencia el cine mexicano?

En la postura de quien esto escribe, la respuesta es un rotundo NO:

Hay muchos elementos que cuestionar en aquel artículo, y en especialistas, personas de la crítica y analistas de cine con la misma postura. Fundamentalmente, porque dicha visión del cine mexicano es pretenciosa, prejuiciosa y reduccionista:

Primeramente, porque presentar una visión de falsa superioridad moral despreciando el cine comercial habla más del crítico que del analizado: Si se usa la «alta cultura» para minimizar el consumo cultural promedio, entonces la primera no te ha servido de nada para hacerte mejor persona… pero vamos más allá del ad hominem y los propios traumas de quienes escribimos:

Pensar que el cine mexicano está en decadencia por el exceso de comedias, es algo que termina por prejuiciar e indirectamente refleja un gran clasismo, dado que TODAS las industrias cinematográficas nacionales de cada país (desde Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Asia, Latinoamérica, etc.), están plagadas de lo que despectivamente denominamos “comedias románticas insulsas” o “cine de acción descerebrado”: en EUA por ejemplo, por cada P.T. Anderson, Scorsese, Day Lewis, etc. Hay montones de Bay, Sandler y Avengers… y la existencia de estos últimos no hace menor la obra de lo primeros (tal vez todo lo contrario); mientras que los aportes al cine de estos mismos no deberían hacernos sentir mal por desconectarnos del mundo y la rutina y disfrutar un buen momento viendo una película de los segundos.

El otro punto fundamental para argumentar la dichosa decadencia, ha sido el contenido clasista y discriminatorio del cine mexicano comercial de la actualidad, sobre todo haciendo énfasis en la aporofobia y la misoginia…

Toda industria del entretenimiento termina siendo un reflejo interdependiente de su sociedad y viceversa. El mensaje en el Cine, la TV, la Música, son una consecuencia del nivel de prejuicio y conservadurismo, de la desigualdad y descomposición social y por supuesto, de la polarización política…  No se puede negar que la perpetuación de dichos estereotipos es un común en los guiones de las producciones más taquilleras de los últimos años, pero (además de que, otra vez, también es un estándar en el cine internacional) lo cierto, es que en todas las épocas de la industria mexicana las obras maestras han tenido que surgir de entre un mar de intrascendencias o tramas burdas que reflejan lo peor de la sociedad.

Pero no solo es el estándar de producciones: una revisión contemporánea de muchísimos de los clásicos de la época dorada del cine mexicano podría mostrar lo mal que, en lo general, han envejecido sus tramas, la criminalización y estereotipo clasista de sus villanos, la misoginia normalizada en sus parejas, o el conservadurismo social como moraleja…  y eso ha estado ahí y no ha cambiado, sin importar si el protagonista es Pedro Infante u Omar Chaparro, María Félix o Martha Higareda, Cantinflas o Eugenio Derbez… la calidad histriónica puede ser muy diferente y discutible, pero la construcción, representación y perfil de sus caracteres, sigue siendo prácticamente el mismo que representa los tópicos de entretenimiento de una sociedad doble moralista, clasista y racista como la mexicana.

Otro argumento ha sido la falta de originalidad en el cine mexicano… de eso ni siquiera vamos a hablar, dado que basta revisar la cartelera comercial internacional para darnos cuenta de que está llena de remakes, secuelas y productos descaradamente nostálgicos (no importa cuándo leas esto)…

Finalmente, y todavía más importante: formarse una opinión del cine mexicano pensando que las carteleras comerciales son el único reflejo del cine que se hace en una nación (nuevamente, es un problema que “aqueja” a todas las industrias de cine de cada país), sería no solo reduccionista, sino francamente ridículo….

Tal vez sea mi arbitraria visión posmoderna y generacional, pero ésta parece estar muy, muy cerca de ser una nueva gran época de oro del cine mexicano: siempre habrá “comedias ligeras, insulsas y ridículas”, pero allá, en la independencia, hay quien aún defiende el cine de autoría y el arte en la cinematografía: en esta década hay grandísimas obras mayores nacionales, un extenso reconocimiento internacional, y principalmente, una nueva generación de directores y directoras absolutamente brillantes, que va más allá de los «tres grandes» directores mexicanos en Hollywood, y que tiene todo el potencial para llevar al cine mexicano a terrenos superlativos:

Amat Escalante ha alcanzado un nivel artístico y narrativo que recuerda a Tarkovsky; Sebastián Hoffman ha perfeccionado sus historias complejas y hasta torcidas en el thriller y el drama; Michel Franco y Alonso Ruizpalacios han dado una profundidad enorme a los relatos cotidianos; Tatiana Huezo pinta para ser la mejor directora documental del país; Isaac Ezban, Jorge Michel Grau e Issa López crearon respectivamente las mejores y más originales películas de ciencia ficción y terror mexicanas en muchos años… esos son solo algunos nombres en una pléyade de grandísimos talentos mexicanos que existen hoy en día en la dirección.

Así que nada de decadencias: ésta es una época brillante para el cine mexicano como arte y una lo suficientemente redituable como industria… los males de las películas comerciales mexicanas no son diferentes a las del cine internacional, y obedecen más a un problema de normalización de la discriminación, que de contenido artístico. El problema, como siempre en la industria mexicana, sigue siendo la distribución y el alcance, no la calidad.

Así que no caigamos en tendencias pseudointelectuales y hagamos a un lado aquellas voces con falsa superioridad moral que no entienden que el cine, además de arte, es (para bien o para mal) también industria:

Porque al final, más allá del séptimo arte, sino en el arte mexicano en general: si tú crees que ésta es una época de decadencia y de mala calidad, es simplemente porque no estás buscando correctamente: el talento no sabe de fronteras, y en México, cada día surgen artistas brillantes capaces de crear obras de clase mundial…

– “As always, you don’t get it…”

– “You know me: I just talk… you know, I just talk”


En algún momento cumbre de Lord of Chaos (Åkerlund, 2018), los dos protagonistas mencionan dichas frases. Cada una resume perfectamente su forma personal de ver y entender su propio movimiento y legado: el que terminaría por condenar sus vidas y encumbrar su historia, pero que también los convertiría en el prime time del circo mediático de la mass media, y el chivo expiatorio de la sociedad conservadora de la Europa de finales del siglo XX.

En medio de guerras de declaraciones, polémica y rechazo por parte de todos los involucrados, en este 2019 finalmente llegó a América Lords of Chaos, el filme que buscaba retratar el que probablemente sea el capítulo más oscuro e infame de la historia del Metal, el ascenso del Black Metal en el norte de Europa y todos los crímenes a su alrededor.

La historia llega de la mano de Jonas Åkerlund, un director no tan lejano a este movimiento contracultural (fue baterista de los pioneros y míticos Bathory como por 5 minutos… pero bueno, algo es algo) y con cierto reconocimiento en la industria musical debido a sus videoclips de artistas pop, logró liberar un proyecto que tenía años atorado debido a problemas de derechos…

No obstante, nadie con tantito conocimiento de la extrema historia del Inner Circle podía esperar que este proyecto llegara a buen puerto: desde que en 1998 apareció el libro Lords of Chaos: The Bloody Rise of the Satanic Metal Underground, sus autores, Michael Moynihan y Didrik Søderlind no han estado ausentes de críticas por parte de los protagonistas de los hechos: interpretaciones libres, falta de corroboración de hechos, incapacidad para cotejar versiones, y por supuesto, un enorme prejuicio y deseo de obtener ingresos económicos, los llevaron a relatar de la manera más morbosa y polémica una historia que ya era lo suficientemente infame.

El caso de Inner Circle evidenció y hasta hoy lo sigue haciendo, un claro ejemplo de que lo que Donald Trump popularizara en 2015 y 2016 como Fake News y Posverdad,  y dejara claro que éstas habían estado presentes desde hacía mucho en la sociedad y en las formas periodísticas, y que, para desgracia de muchos círculos rojos malinchistas / pequeñoburgueses que han intentado delimitar esta falla comunicacional a los países subdesarrollados, es un fenómeno mediático presente en prácticamente todas las sociedades occidentales capitalistas.

Los actos de Varg Vikernes siempre fueron el perfecto chivo expiatorio de un estado primermundista conservador que solía tener la religión como parte de su identidad como nación. Por lo que se convirtió en el drama favorito de la sociedad del norte de Europa de finales de siglo que se regodeaba despreciando a sus jóvenes y sus contraculturas con propaganda en plena y descarada apología del Statu Quo.

Por ende, un escrito que desde su creación original se jactaba de ser una investigación objetiva, pero que prácticamente rayaba en la ficción, difícilmente iba a poder reivindicarse como un postulado medianamente serio, parcial y no tendencioso al ser convertido en una descafeinada película hollywoodense…

La lucha por los derechos del filme se terminó cuando Åkerlund fue capaz de convencer a los padres de Øystein Aarseth (dueños de todos los derechos del legado de Euronymous), de llevar la adaptación al cine… por lo que, sin importar que cada uno del resto de los involucrados estuviera en contra (y por ende negara permisos de imagen y música al proyecto), el director noruego fue capaz de consolidar una lucrativa idea concebida 10 años atrás…

Åkerlund tiene las tablas suficientes para lograr una increíble puesta en escena (apoyada en el ambiente fantástico digno de cuento de hadas de los escenarios naturales de Europa del norte) y su trabajo de dirección es notable. Además de ello (y a pesar de las críticas por su elección), la actuación de Rory Culkin como Aarseth es buena… pero, sobre todo, cabe destacar la buena representación de la historia de Per “Dead” Ohlin , la cual – aunque para los no iniciados pudiera parecer exagerado y dramatizado – es un fiel retrato de la perturbada mente del mítico vocalista (precisamente, todas las secuencias de la relación entre ambos músicos es la parte mejor lograda del filme).

Sin embargo, hoy podemos entender por qué los padres de Øystein dieron su permiso: hay elementos exagerados lejanos a los hechos (Euronymous nunca participó en ninguna quema de iglesias), y la historia (contada a través de un lamentable guion que en su primera mitad es, francamente, de pena ajena y digno de la saga “not another teen movie”) ha sido procesada para ser digerida por las masas, al grado de convertir a Euronymous en un anti héroe moderno y sensible (tipo Edward Cullen); y de inventarle una historia de amor y redención con la que cualquier adolescente rebelde de la posmodernidad pueda identificarse… 

Hasta ahí, uno podría dejar en un empate lo bueno y lo malo del filme… Sin embargo, es aquí donde comienzan los verdaderos problemas de Lords of Chaos como reflejo de una subcultura… al final de ésta no puedes evitar tener la sensación de que, o Åkerlund es un genio maquiavélico, o un verdadero incompetente para comunicar ideas: es claro que este producto cuenta con el apoyo de la familia Aarseth puesto que es obvia la intención de reivindicarlo; sin embargo, el director, en dicha incapacidad o cinismo, termina retratando al Inner Circle – aquellos “monstruos” que los medios escandinavos afirmaban que descompusieron la «perfecta» sociedad noruega; o  aquellos “transgresores” que sirvieron como guía para una generación de jóvenes abandonados por esa «perfecta» sociedad y que encontraron en el lado oscuro su salvación – simple y llanamente como un grupo de post-adolescentes enojados de clase acomodada, sin fundamento alguno de todo su pensamiento e ideología (y tal vez ésta fue la verdadera razón del porqué no querían que saliera esta película).

Åkerlund falla en “reivindicar” a Euronymous, y de cierta forma, le termina dando la razón a Vikernes en sus pensamientos acerca del líder de Mayhem: Øystein era revolucionario en la técnica de ejecución de la guitarra, pero como persona, queda retratado como un doble moralista que hablaba demasiado y que nunca creyó realmente en su propia rebeldía.

Por otro lado, Vikernes (liberado de la cárcel hace 10 años y desde entonces convertido en YouTuber), no ha dejado de hablar desde hace mucho de la película (que afirma no haber visto, pero que no deja de comentar a detalle): clama que, al igual que el libro, está plagada de mentiras… pero lo cierto, es que, si de verdad no ha visto Lords of Chaos, debería hacerlo: a pesar de que también es claro el intento del director por criticar al líder de Burzum (comenzando con un casting malogrado de un actor que no tiene absolutamente nada que ver con Varg en ningún aspecto, así como la ridiculización del personaje en toda la primera mitad del filme), paulatinamente termina elevando la figura de Varg través de su trama: Vikernes creía en su movimiento, no era una pose, su música, imagen y acciones las hacía “mejor y más grandes que los demás” (como afirman en algún momento del filme) y odiaba que Euronymous usara la ideología del círculo como algo banal y comercial… a pesar de hacer todo lo posible para hacerlo ver como un ser despreciable, va a ser más fácil para mucha gente joven en etapa de rebeldía ante la vida, sentir empatía por la visión, principios e ideología innegociable e inquebrantable de Varg, que por el doble moralismo hipócrita de Aarseth…

Icónica imagen de Varg Vikernes (1994), al escuchar su sentencia de culpabilidad, condenándolo a 21 años de prisión.

Si consideramos Lords of Chaos como mera ficción cinematográfica de fines comerciales, podría pasar como un filme decente, porque ciertamente, sí es muy entretenido (aunque nunca llega a más) … si su único pecado fueran las licencias dramáticas, el guion pueril y la historia de amor inventada para fines hollywoodenes (Varg afirma que Euronymous era gay no asumido), tampoco sería un gran problema… inclusive, la exhibición de las leyendas del Black Metal como meros post-adolescentes burgueses berrinchudos, puede ser cruda y difícil de digerir y aceptar para las legiones de Blackers Trves que amamos el subgénero, pero eso, ciertamente, tampoco es el problema…

La visión de Åkerlund falla en romantizar a Euronymous; falla en ser objetiva; falla en presentarle al mundo un movimiento contracultural… Pero sobre todo, falla en su intento por condenar a su antagonista desde el discurso implícito de que “las historias contra el sistema siempre terminan mal y en tragedia”, lo cual, solo logrará que los outsiders más extremistas y fascistas, derivados de la anomia social capitalista, sigan convirtiendo en héroes y mártires a personajes igual de extremistas y fascistas como Vikernes, y dándoles elementos para elevarse como víctimas del sistema, encontrando una justificación en ello para desatar el odio y la discriminación (lo cual ya está sucediendo: basta darse una vuelta por los comentarios en redes y portales especializados en el género que hacen reseña del filme)…

En resumen (y a pesar de un vano intento por corregirlo en su escena final) Lords of Chaos falla por ser meramente otro objeto que hace apología del Statu Quo conservador y la “tragedia” consecuente de ir en contra de la corriente principal y la sociedad establecida… justo cuando ésta era la historia perfecta para representar absolutamente todo lo contrario: que aún existen personas y movimientos que – a pesar de todas las consecuencias, todas las mentiras, y la estigmatización social – siguen estando listas para ver el mundo arder… justo como, hace 26 años, lo hiciera una pequeña iglesia de madera en Fantoft, Noruega…

Como cada año, presentamos lo que consideramos el cine esencial que vimos durante 2018, tanto en la cartelera mexicana, plataformas digitales, y en foros alternativos independientes.

Debido a que no utilizamos los mismos cánones para evaluar propuestas de mero entretenimiento y aquellas que buscan un enfoque más crítico, artístico o ideológico, solíamos dividir los filmes en dos categorías: Blockbusters cine de autor… sin embargo, la consolidación de las plataformas digitales como nuevo paradigma de distribución , ha provocado que este año sea muy, muy difícil categorizar mucho cine en estos dos rubros: el cambio ha generado que el cine “de autor” tenga capacidad de alcanzar audiencias masivas; así como que muchos grandes estudios apuesten por una diversificación artística y mayor profundidad del mensaje en el cine de entretenimiento.

Por ello, este año hay un cambio significativo: todavía tres listas, pero esta vez categorizadas de la siguiente manera:

* El cine de grandes audiencias: cine de alcance comercial, el cual, gracias a grandes estudios, distribuidoras o plataformas digitales internacionales, alcanza un público masivo… y aunque busca principalmente entretener, también tiene propuestas de corte independiente, de autor o de mayor profundidad artística y de mensaje; pero en general, es cine promocionado de forma masiva y de más fácil acceso.

* El «otro» cine: aunque tenga cierto nivel de comercialidad, está hecho con fines más profundos, artísticos, estéticos o ideológicos; cuyo alcance es más limitado y muchas veces independiente, delimitado a circuitos menos comerciales y no siempre con reconocimiento en la temporada de premios.

* Series de Televisión: de manera general, algunas recomendaciones de los mejores títulos que vimos en la TV.

No pensemos demasiado en la categorización: lo importante es que, ya sea por sus fines artísticos o de entretenimiento, dentro de ambas listas encontrarán grandes recomendaciones.

Como siempre, este texto está libre de Spoilers, pero NO respondemos por los videos, ni comentarios en los mismos, que acompañan la descripción de cada película.

Finalmente, debido al caos absoluto que representan las fechas de estreno a nivel mundial, van a encontrar aquí películas de 2018, de 2017, más algunas que apenas llegarán a México en los primeros meses de 2019; por lo que también los invitamos a leer nuestro post de “El cine esencial de 2017”, donde encontrarán recomendaciones de algunas otras películas que tal vez pudieron ver apenas en este 2018 o que leerán en otras listas.

Y también, como cada año, ¡gracias por leer esto!

El cine de grandes audiencias:

12. Spiderman: Into the Spider-Verse
Peter Ramsey, Robert Persichetti Jr. & Rodney Rothman | Estados Unidos

Un técnicamente impecable trabajo de animación es el pretexto para introducir al gran público a Miles Morales, el “otro” Spiderman, y de paso, crear una de las más entrañables películas de superhéroes que se han hecho, creando un espectáculo visual y de entretenimiento completo con una gran historia, y respetando a los fans mas geeks del noveno arte… muchas voces la han calificado como la mejor película de superhéroes del año, la mejor de Marvel, y la mejor de Spiderman… hay pocos argumentos en contra de las dos primeras afirmaciones, pero en mi opinión, la saga de Raimi sigue siendo insuperable, aunque sin duda, es mucho mejor que toda la fase tres del MCU.

11. The Favourite
Yorgos Lanthimos | Reino Unido

Tal vez la película más moderada (y «menos buena») de Lanthimos, no obstante, no deja de tener momentos de crudeza tan característicos de su cine, donde cada vez deja más palpable un estilo personal. Además de ello, es probablemente su película donde más juega con el manejo de cámara… el cast es impresionante, con Rachel Weisz y Emma Stone dando ambas una de las mejores interpretaciones de su carrera… sin embargo, quien se roba la película, es Olivia Colman como la Reina Anna, un papel que bien puede valerle el Oscar.

10. Blockers
Kay Cannon | Estados Unidos

Uno no imaginaría que una producción insulsa con Leslie Mann y John Cena como protagonistas, podría estar entre lo mejor de cine… pero lo cierto es que Blockers es probablemente la mejor comedia del año: no solo por su irreverencia y su humor simplón, sino porque es un hito en el género: Kay Cannon (escritora de la genial e infravalorada Pitch Perfect) fue capaz de crear una comedia sobre el despertar sexual adolescente, que es ideal para esta coyuntura: sin estereotipos, sin discriminación, sin misoginia, sin la vulgaridad “sandleresca” de este tipo de producciones (aunque sí con un momento del típico humor gringo sobre traseros), sin discursos, pero con un gran mensaje entre relaciones parentales e hijas adolescentes, y, aun así, muy, muy divertida… toda una guía para escribir comedia para estos nuevos tiempos de inclusión.

9. Darkest Hour (2017)
Joe Wright | Inglaterra

Llegando tarde a México, en este top de 2018 aparece una gran joya del 2017: la película que le dio un Oscar a mejor actor a Gary Oldman, y queda claro el porqué: reseñando un momento crucial en la vida política de Inglaterra, Darkest Hourcaptura perfectamente el modelo propagandista que Churchill supo explotar, y la fuerza discursiva que le permitió mantener el poder, aun cuando todo indicaba que estaba perdido para él y su país… aunque no deja de ser una alegoría nacionalista inglesa, Darkest Hour es un gran drama histórico, y una de las mejores películas británicas que se han hecho en mucho tiempo.

8. Isle of Dogs
Wes Anderson | Estados Unidos

La nueva película animada de Wes Anderson es simplemente una joya: no solo por la altísima calidad de animación stop-motion, por su soberbio cast de voces lleno de estrellas, o por una puesta en escena perfectamente estructurada, sino principalmente, por su entrañable historia, a la que todo aquel que haya vivido y entendido el amor por una mascota, le será simplemente imposible resistirse. Aun sin ser perfecta (la película tropieza un poco en su resolución final), es uno de los mejores momentos de la filmografía del director hípster por excelencia.

7. Annihilation
Alex Garland | Inglaterra

Cuatro años después de la increíble Ex-Machina, Alex Garland regresa para refrendar que es uno de los grandes talentos emergentes para el cine de Ciencia Ficción. El británico entiende perfectamente la esencia del género, y nuevamente entrega un filme brillante, donde la premisa de una expedición de tintes apocalípticos, desata los miedos, la locura y la oscuridad en su gran cast femenino. Tan surrealista como dramática y aterradora, pero siempre teniendo como principal protagonista una trama y guion cargados de existencialismo. La mejor película de Ciencia Ficción del año. 

6. BlacKkKlansman
Spike Lee | Estados Unidos

A pesar de lo fantásticas que pueden llegar a ser las tramas en el cine, a veces la realidad puede ser aún más extraña: basada en una bizarrísima historia real, Spike Lee entrega esta comedia negra para reafirmarse como el principal realizador de cine afroamericano, y expone nuevamente que, a pesar de los más de 40 años de distancia, muy poco ha cambiado en el corazón de una nación cuyo fundamentalismo siempre está latente, esperando aflorar a la menor provocación… Y para comprobarlo, Lee le da al filme un poderoso epílogo que muestra que medio siglo no ha sido suficiente para abrir nuestras mentes.

5. A Quiet Place
John Krasinski | Estados Unidos

A Quite Place le bastaron 5 minutos, no solo para tener una poderosísima escena, sino también para establecer lo que la audiencia estaba por vivir durante los siguientes 90 minutos: una constante, incómoda y a la vez atrapante tensión que en cualquier momento iba explotar. Una sencilla pero muy efectiva premisa (que hasta donde yo recuerdo nunca había sido explotada), es la base para que John Krasinski creara una joya combinada de suspenso, terror y drama familiar, casi ausente de diálogos y llena de momentos verdaderamente angustiantes que contagiaban a cualquiera que estuviera en una sala de cine. 

4. Hereditary
Ari Aster | Estados Unidos

A pesar de que en este conteo aparecerán otras películas de horror, lo cierto es que ninguna fue tan cercanamente aterradora como Hereditary. Una premisa ya vista dentro del género, pero perfectamente dirigida, desarrollada y ambientada, con un plot-twist cuya impactante escena cumbre quedará dentro de los grandes momentos del cine de Terror… y sobre todo, una brutal y perturbadora interpretación de dolor, locura, miedo y desesperación por parte de Toni Collette y la debutante en cine Milly Shapiro… Toda una increíble combinación de elementos tan bien realizados, que hacen que hasta pasemos por alto un final (entre lo brillante y lo prosaico) que ha dividio a audiencias y crítica por igual… pero a pesar de esto, Hereditary es, sin lugar a dudas, una de las mejores películas de terror de esta década.

3. Vice
Adam McKay | Estados Unidos

Tras la imprescindible “The Big Short”, Adam McKay entrega otro filme cuasi documental sobre el ascenso al poder de uno de los personajes más oscuros de la política estadounidense, y principal responsable de una de las guerras más infames de este siglo. No solo la habilidad de McKay para contar historias le permite recorrer 30 años de ignominia política con un ritmo que jamás decae, sino que además es capaz de hacerlo a través de una comedia tan negra como el capítulo histórico que cuenta… Al igual que su anterior trabajo, el reparto es formidable, encabezado por un sorprendente Christian Bale, quien, es prácticamente un hecho, ganará el Oscar de esta edición.

2. Suspiria
Luca Guadagnino | EUA / Italia

Confieso que yo fui de los que puso el grito en el cielo cuando me enteré que alguien iba a cometer la osadía de hacer un Remake de Suspiria: obra fundamental y de culto, que, a pesar de ser relativamente «desconocida» por las masas, es una de las películas más importantes de la historia del terror (una blasfemia casi tan grande como cuando Gus Van Sant rehízo Psicosis)… pero, oh, lo siento: que Argento perdone mi atrevimiento, pero de verdad me conquistó esta nueva Suspiria: Es una dignísima revisión que, si bien no alcanza la genialidad de la obra maestra original, sí es una de las mejores películas de este año… El trabajo de Argento es una joya visual del cine de arte de terror que definió el Giallo con su paleta de colores saturada y una genialidad auditiva gracias a la banda sonora de los maestros del rock progresivo Goblin… este remake también lo es en ambos aspectos, aunque en diferente estilo: visualmente más onírica y surrealista, y con un gran Soundtrack a cargo de Thom Yorke… si bien el contexto político que Guadagnino añade a esta versión da una nueva dimensión a la historia, éste también termina siendo su mayor debilidad, al sentirse un tanto sobrado (sobre todo en su innecesario epílogo)… Sin embargo, pocas veces un remake (y más de una obra tan fundamental) es capaz de mantener la calidad de su material original… mención aparte (y como ya es costumbre cada que aparece), para la soberbia y camaleónica Tilda Swinton: cada película suya sube el nivel interpretativo (aquí en un triple papel), y deja claro que es probablemente la mejor (y tristemente más infravalorada) actriz de este siglo.

1. Roma
Alfonso Cuarón | México

No nos vamos a ver muy originales, pero, se veía venir la primera posición… ésta fue la película por la cual decidimos cambiar el formato de este top anual: Roma es técnicamente un blockbuster: es cine masivo, que busca grandes audiencias y grandes galardones (la prueba está en los innumerables  premios que ha cosechado, culminado con la friolera de 10 nominaciones a los Oscar, incluyendo todas la principales categorías donde podía aplicar)… pero, a pesar de una distribución masiva vía Netflix , a pesar de que aparece en prácticamente todas las listas de lo mejor del año del séptimo arte, Roma es cine de autor en su estado más puro, y NO está buscando «entretener»: está buscando contar una historia, una muy sencilla, muy cotidiana, con la que casi cualquiera con tantita empatía y reconocimiento de su propia vida diaria en la sociedad mexicana, pudiera relacionarse o conectarse… y hacerlo de la manera más inmaculada y hermosa posible. 

Resulta muy curioso, que una de las obras máximas del “neorrealismo” italiano sea Roma: Ciudad Abierta de Roberto Rossellini, y que sea otra Roma, la que, 70 años después, vuelva a representar dicho movimiento… porque la fuerza e impacto de Roma no reside en su nivel de entretenimiento: ya ha quedado claro que, quien busca exclusivamente eso en el cine (y no tiene nada de malo hacerlo), NO lo va a encontrar aquí… la fuerza de este filme reside en representar, a partir de una historia cotidiana, un signo de su tiempo… Roma es muchas, muchas cosas: es el reflejo de un México que se ha ido en su representación visual, pero que sigue aquí en su conciencia de clase. Representa un nostálgico entorno metropolitano que ha cambiado, mientras que fuera de éste, en muy poco puede encontrarse una diferencia… Roma es un retrato del oxímoron de la idiosincrasia mexicana: no es la victimización, ni la romantización, ni tampoco la apología de la clase trabajadora, sino un retrato de la normalización de la desigualdad y el significado de las relaciones sociales, donde somos capaces de sentir parte de nuestra familia a alguien que inconscientemente no creemos que «valga lo mismo» que nosotros… Es el relato de un acontecimiento negro en un México (cuya historia está plagado de ellos), y la historia de las mujeres que no son libres de sentirse como se les dé la gana ante sus propias vidas y vicisitudes, porque tienen un lugar social que no deben abandonar. 

Por si no fuera suficiente, Roma es también una clase maestra cine: aun cuando no lo comparta, puedo llegar a entender aquellas voces que “se aburrieron”… pero carecen de argumentos aquellas que dicen que NO es una buena película: es un filme soberbio en su puesta en escena, su dirección de arte, su montaje, su manejo de cámara, su precisión técnica, su edición de sonido, su magistral ambientación… cada detalle técnico es uno de los momentos más brillantes de quien ya era el mejor entrenado de los tres grandes directores mexicanos de la actualidad… aún menos razón tienen quienes critican las actuaciones, pues la interpretación no es solo lograr momentos extremos, sino también lo es la capacidad de transmitir un sentimiento de forma sutil y controlada… lo de Yalitzia Aparicio es brutal, porque logra presentar una gama de emociones felices, cotidianas, angustiantes y trágicas; y hacerlo a través de expresiones con un sentimiento “contenido” bajo el cual, han sido educadas la mujeres indígenas en las metrópolis, cuya posición les exige ser “invisibles”… proyectar dicha sutileza, represión e invisibilidad, es muchísimo más difícil que la «estridencia».

Roma es, en breve, una obra maestra: la mejor y más personal película de Alfonso Cuarón. Técnicamente perfecta, artísticamente sublime, emotiva hasta las lágrimas, una carta de amor a la infancia del autor y, de paso, a nuestra idiosincrasia y nuestras costumbres antropológicas mexicanas… Y simple y sencillamente, una de las mejores películas hechas en México en este siglo.

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A destacar también:

Batman Ninja.
Delirante y metamórfica aventura alternativa del caballero nocturno, con el mejor y más versátil trabajo de animación del año, y una de las mejores versiones del Joker que se han hecho en el cine. 

Aquaman.
Un enorme y variadísimo homenaje al mejor cine de aventuras. Nadie toma en serio a Aquaman como superhéroe, así que, para hacer una gran película sobre él, ésta tampoco debía tomarse en serio a sí misma… una de las películas más entretenidas del año.

Black Panther.
No, no es una película como para tantas nominaciones en la temporada de premios… pero eso no significa que no sea una de las mejores y más profundas de todo el Universo Cinematográfico de Marvel.

Avengers: Infinity War.
Brolin (el mejor desarrollo de un villano en el MCU), Hemsworth y Zaldana se roban la película… probablemente estaría mucho más arriba, si no fuera porque todas sus demás estrellas y subtramas están de relleno (es despreciable en lo que han convertido al personaje de Hulk), y porque, gracias al Marketing invasivo (e irrespetuoso hacia sus fans) de Disney, su Cliffhanger es irrelevante; y el desenlace de esta historia es absolutamente predecible.

A Simple Favor.
Sencilla, efectiva e impredecible película a medio camino del thriller y la comedia negra. Anna Kendrick y Blake Lively demuestran que son mucho mejores actrices de lo que creemos.

Searching.
Innovadora película desarrollada totalmente a través de pantallas de dispositivos tecnológicos, pero que se sostiene en una buena e impredecible historia llena de plot-twists, y una necesaria crítica a la seguridad y privacidad online.

Green Book.
En duelo de actuaciones, Ali y Mortensen entregan una gran buddy / road movie. Divertida, aunque poco profunda en su crítica… pero le va a bastar para colarse a la temporada de premios.

First Man.
Aunque tiene sus momentos irregulares, éste es otro enorme trabajo técnico de Chazelle, uno de los mejores y más competentes directores de la actualidad. 

Jurassic World: Fallen Kingdom.
El toque fantástico de Bayona le dio nuevos bríos a la saga, entregando la mejor película de Jurassic Park después de la original.

Mission Impossible: Fallout.
No hay una sola película de M:I que no sea buena, y ésta está entre las más espectaculares. Una de las mejores sagas de acción de este siglo.

A Star is Born.
El enésimo remake de esta cinta es bueno, aunque tampoco para estar obteniendo tantas nominaciones… la música es lo que realmente brilla en esta versión.

El otro cine:

13. Tiempo Compartido
Sebastián Hofmann | México

Dependiendo de qué tan profundo tengas tu Trastorno Obsesivo-Compulsivo, Tiempo Compartido puede ser un gran drama con toques de comedia negra, o una de las películas más escalofriantes y angustiantes que verás en este año, donde la incomodidad y la tensión son parte fundamental para construir unas verdaderas vacaciones de terror… Espectaculares actuaciones de Miguel Rodarte y Luis Gerardo Méndez, ambos dando la que probablemente sea su mejor actuación hasta la fecha, en una de las mejores películas mexicanas de 2018.

12. Hevy Ressu [Heavy Trip]
Juuso Laatio & Jukka Vidgren | Finlandia

Sencilla pero divertida comedia finlandesa acerca de una banda de garage tocando Black MetaSymphonic Post-apocalyptic Reindeer-Grinding Christ Abusing Extreme War Pagan Fennoscandian Metal ( \,,/ !!! ) y todos sus hilarantes problemas para asistir a un festival que representa su gran oportunidad para salir de su diminuto pueblo rural y convertirse en leyendas… un Spinal Tap escandinavo que pinta para convertirse en una película de culto.

11. Assassination Nation
Sam Levinson | Estados Unidos

Bizarra película que comienza como una típica teen movie estadounidense, pero que, a partir de una filtración de privacidad online en la comunidad, se transforma en un violento survival horror cargado de comedia negra con tintes feministas. Tan descabellado como fiel retrato de nuestra sociedad narcisista digital, donde, lo más aterrador de todo, sigue siendo la histeria colectiva, el prejuicio social, y la cultura patriarcal.

10. Beoning [Burning]
Chang-Dong Lee | Corea del Sur

Basada en un relato de Haruki Murakami, Chang-Dong Lee crea una densa pero hermosa película que, aunque en su primera hora pareciera no suceder nada, al final de sus 150 minutos de metraje, te deja frío, sin palabras, y con el sentimiento de que tienes que verla nuevamente para apreciar mejor lo que acabas de ver… inexplicablemente olvidada en los Oscars para lengua extranjera, Burning es un relato casi contemplativo de amor, envuelto en una tensa atmósfera y con un latente sentimiento paranoide, donde la duda de si se ha llevado a cabo un acto monstruoso, crece a cada minuto… y a pesar de ello, no vas a estar preparado para su impactante final.

9. Vuelven (2017)
Issa López | México

¿Cuántas veces no hemos escuchado críticas hacia el género de terror debido que la premisas se han agotado? Y muchas veces, parecen tener razón… hasta que llega una cineasta emergente a demostrar que esa afirmación es una falacia; y, lo mejor de todo, es que esa cineasta es mexicana: Issa López entregó una de las historias más originales en el género en mucho tiempo, combinando con el terror, un cine de denuncia social sobre los niños de la calle en México. Un deseo inocente en un marco de una realidad brutal, convierten a Vuelven no solo en una de las grandes películas del año, sino también en una de las mejores películas de terror mexicano de este siglo… pero tal vez, entre todo lo brillante de este filme, es el ascenso de Issa López como gran promesa para el cine fantástico nacional, y principalmente, como una nueva gran representante de las mujeres realizadoras en México.

8. November (2017)
Rainer Sarnet | Estonia

El momento más bizarro, artístico y surrealista llegó con November: a medio camino del cine fantástico, el folk-horror y el drama, llega un relato de amor que refleja las tradiciones y creencias paganas y ocultistas de la Estonia rural del siglo XIX. No solo su cinematografía es técnicamente perfecta, sino que su estética es monumental, para reflejar a partir de la mera ambientación, o simplemente de las expresiones de sus protagonistas, uno de los más hermosos y a la vez más  lóbregos cuentos de hadas que se han hecho en los últimos años. Cine de Arte en su máxima expresión.

7. Fahrenheit 11/9
Michael Moore | Estados Unidos

A veces pareciera que Michael Moore ya no es tan relevante, pero su más reciente documental, deja claro que sigue siendo esencial para masificar y resumir un mensaje que es fundamental que llegue a el mayor número de escuchas… aunque el pretexto es el controversial y ultra conservador actual presidente de EUA; Fahrenheit 11/9 se siente más como una secuela de su imprescindible Capitalism: A Love Story, donde deja claro que, a pesar de que ciertamente Donald Trump es uno de los capítulos más patéticos de la política estadounidense, éste realmente NO es peor que sus antecesores… aun cuando su última parte se siente un tanto forzada (sobra el comparativo al Tercer Reich), es uno de los mejores trabajos de Moore a la fecha.

6. Visages, Villages (2017)
Agnès Varda & JR | Francia

He de confesar que conozco muy poco el trabajo de Agnès Varda, pero me doy cuenta de que es un error que debo corregir: este documental realizado en conjunto con el fotógrafo conceptual JR, es un viaje al corazón de la actual Francia rural e industrial, con el único fin de retratar los rostros de sus habitantes y plasmarlos en sus calles… la sencilla premisa documental no solo se funciona como una divertida road movie / buddy movie derivada de la extravagante e inusual pareja formada por un artista hípster cosmopolita, y una cineasta de 90 años, sino que convierte a Visages, Villages en el momento cinematográfico más puro, emotivo y enternecedor del año.

5. As Boas Maneiras (2017)
Juliana Rojas & Marco Dutra | Brasil

No hay una forma sencilla de definir esta cinta… As Boas Maneiras se mueve entre el drama y el cine fantástico, pero, conforme avanza su trama, aparecen momentos de thriller, comedia negra, cine de diversidad, terror, cine de familia, y hasta tintes de coming to age… sin embargo, la bizarra combinación de géneros nunca hace que la película desmerezca, sino todo lo contrario. A pesar de que ni el trailer ni prácticamente ninguna reseña puede evitar soltar algunos spoilers, el filme no se basa en la sorpresa, sino en las decisiones humanas, y cómo, a pesar de lo monstruosa que pueda ser nuestra naturaleza o la de los nuestros, el amor nos permite aceptarla, abrazarla y hacerla parte de nuestra vida… Una de las películas más originales y terroríficamente entrañables del año.

4. Mandy
Panos Cosmatos | Canada

Cuando una película comienza plasmando sus intenciones artísticas al compás de Starless de King Crimson, y vas descubriendo que su lóbrego imaginario tiene inspiración en Celtic Frost, sabes que estás por comenzar un viaje abrumador: La nueva obra de Panos Cosmatos está tan fuertemente sustentada en su ambientación y su apreciación visual, que es difícil encontrar la palabras adecuadas para describirla: trágica, extrema, ocultista, surrealista, psicotrópica… Mandy es el momento más onírico del cine del 2018: es una pesadilla hecha película, bajo el pretexto de un explícito y salvaje thriller de venganza, destinada a convertirse en una película de culto, y que cuenta con la mejor y más delirante actuación de Nicolas Cage en 20 años.

3. First Reformed
Paul Schrader | Estados Unidos

Paul Scharer, quien se hiciera famoso por ser el guionista de cabecera de Martin Scorsese en sus grandes clásicos como Taxi Driver, Toro Salvaje y La Última Tentación de Cristo, acaba de entregar una película al mismo nivel todos esos clásicos: El parsimonioso y desolador drama sobre la crisis moral y religiosa de un pastor, es el pretexto para un emotivo filme con momentos minimalistas, a veces surrealistas, pero siempre con un retrato empático e íntimo del dolor y las formas de sobrellevarlo ante los demás y nuestra propia cotidianidad… la película, la puesta en escena y la dirección brillan por sí mismas, pero sobre todo ello, se alza la soberbia, controlada, expresiva, emotiva, y a punto de explotar actuación de Ethan Hawke, ofreciendo la mejor actuación de su carrera. Increíble, injusta y desgraciadamente olvidado por las galas de premiación más importantes de este año (siendo ésta la omisión e injusticia más grande de este año de los Oscars), sin embargo, no les necesita: ésta es sin lugar a dudas, la mejor actuación masculina del 2018. 

2. Zimna Wojna [Cold War]
Paweł Pawlikowski | Polonia

Hay un pequeño detalle en los créditos de Roma, de Alfonso Cuarón que muy poco se ha comentado: el mexicano tiene en sus agradecimientos especiales a Paweł Pawlikowski… dadas las similitudes artísticas entre ambas obras, queda claro el porqué: entre estos dos filmes quedará el Óscar a mejor película de habla no inglesa de esta edición, ya que el polaco estrenó este año Cold War, la otra gran joya del cine del 2018: una historia romántica que comienza en la Polonia comunista de la posguerra durante 20 años de idas y vueltas de dos seres cuyo amor no se destruye, sino se transforma al compás de los cambios de escenarios personales, musicales y políticos a su alrededor. Técnicamente perfecta, cinematográficamente hermosa, dramáticamente abrumadora. Un retrato definitivo del amor y de la música: grandilocuente, lleno de belleza, desolador, esperanzador, parte de tu felicidad y de tu soledad, pero al final, el motor para seguir adelante en contra del mundo.

1. The House that Jack Built
Lars Von Trier | Dinamarca

«Vil… cruel… sádica… asquerosa… vomitiva… exasperante… propia de un enfermo… una película que no debería haberse hecho»… Un centenar de personas abandonaban la sala de Cannes tras la proyección de The House that Jack Built de Lars Von Trier… sin embargo, quienes se quedaron, le dieron una ovación de pie por 6 minutos… 

Y es que nunca ha sido fácil acercarse al cine del danés: sus detractores lo consideran poco menos que un provocador pretencioso, y tal vez no les falte algo de razón… pero, lo cierto, es que nada de las más o menos justificadas aversiones que hasta ahora puedan tener sobre Lars Von Trier, opaca que es uno de los mejores directores de cine del planeta.

Siempre lejos de la corrección política, Von Trier decidió regresar al género del terror combinado con drama, contando la historia de un asesino serial, el cual, de la misma forma que lo hiciera con su anterior y también polémica obra Nymphomaniac, entabla un diálogo permanente entre sus dos protagonistas, quienes, otra vez, son una proyección del Alter Ego y el Super Yo del mismo director. Con su ya típica división por capítulos, Jack / Von Trier narra cinco eventos brutales de asesinatos, con lujo de crudeza y detalle, exponiendo los pensamientos más controversiales de su autor… mientras que Verge / Von Trier, un misterioso personaje, escucha la confesión, al tiempo que cuestiona y se mofa del raciocinio de Jack, sabedor de que las justificaciones de sus infames actos no son más que falacias…

Pero la diatriba de Von Trier es más que un dialogo consigo mismo (y de paso, es probablemente el mejor guion que el danés ha escrito), es el reflejo de la incongruencia y la anomia social de la cual el director ama ser su chivo expiatorio… Es una crítica profunda a un pensamiento todavía presente en una sociedad patriarcal que, más allá de discursos vanos / públicos, no ha dejado de minimizar, violentar y cosificar a las mujeres… y el danés, sabedor de dicha hipocresía, ha representado a toda esa masa doble moralista en la brutal idiosincrasia de Jack (un Matt Dillon en el papel de su vida)…

Si bien la fuerza mayor del filme reside en su guion y en las magníficas actuaciones de sus dos protagonistas, este filme es también es un momento cumbre en la carrera de Von Trier, pues The House that Jack Built es básicamente un resumen y un repaso de todos los estilos y recursos cinematográficos que han dado forma al danés: ahí están los momentos directos y excluyentes de todo trabajo de posproducción del Dogma 95; ahí están los estilos de dirección cercanos al teatro; y, por supuesto, está también el manejo audiovisual de su última etapa, explotando de manera sublime la fotografía y dirección de arte en general (incluso en sus momentos mas explícitos, sádicos y salvajes, el filme es visualmente abrumador)… Esta cinta es tan brutal como hermosa; tan cruda y explícita como estética; y mientras explora y deja a flor de piel la peor y más humana versión de su creador (como digno representante de su sociedad), también nos regala su mejor versión como artista, y sin duda, uno de los momentos más altos de su carrera.

Al final, The House that Jack Built mantiene su dualidad entre la belleza del horror, el morbo irresistible de su salvajismo, y la doble moral de los hombres en las sociedades posmodernas… al final, probablemente nunca sabremos por qué centenares de personas salieron huyendo de las salas de cine: si fue por su apología de la estética carnicera, si fue su sorprendente pero cínico guion… o si, simplemente, las personas salieron huyendo de sí mismos ante la obra de Von Trier: esa que refleja – entre gore, terror, drama, y un bellísimo descenso al infierno – el verdadero rostro de esta sociedad…

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A destacar también:

Climax.
Gaspar Noe es un provocador… pero uno muy bueno. Todo lo que parece no suceder en la primera mitad de la película, explota en su segunda parte: Un incidente psicotrópico convierte una celebración de bailarines, en un agónico, inmoral, incómodo y perturbador viaje hacia la locura, y hacia el lado más primitivo y animal del ser humano. 

Ghostland.
El director de Martyrs, entrega su nueva y cruda joya, y prueba que el extremismo francés es más que una oleada temporal. Brutal relato de home-invasion con tintes de terror psicológico, y lleno de plot-twists tan ingeniosos como impredecibles, que dejarán satisfecho a todo fan del lado más extremo y explícito del terror.

Under the Silver Lake.
La siempre necesaria película que, mientras avanza y cuando termina, no puedes dejar de preguntarte: ¿qué carajos acabo de ver? … del thriller, al relato extravagante y surrealista, pasando por un montón de homenajes a la cultura pop, que, sin duda, podría haber firmado David Lynch.

Apostle.
La nueva obra de Gareth Evans cambia la acción trepidante que ha caracterizado su trabajo, por el folk-horror; con un inicio rayando en el drama y un último tramo que recuerda la brutalidad de su saga de culto The Raid… sin alcanzar la genialidad de ésta, pero Evans ya ha formado un estilo propio técnicamente envidiable.

You Were Never Really Here.
Nuevo y perfectamente estructurado trabajo de Lynne Ramsay (con un Joaquin Phoenix en estado de gracia), donde entrega un retrato brutal y una cruda espiral de violencia de un veterano dispuesto a arriesgarlo todo ante una mafia de tráfico de personas. La escocesa deja claro que se ha convertido en una de las mejores directoras de la actualidad.

Mom and Dad.
Terror / comedia indie perfectamente ejecutado. Desquiciado pero brillante trabajo de Nicolas Cage (un gran año de redención para él) y de Selma Blair. De lo mejor del terror en el 2018.

Beast.
Tenso drama que a cada minuto parece estar a punto de explotar. Una relación sentimental bajo la sombra de la duda: ¿es el amor de tu vida un monstruo? Y si lo es, ¿estás dispuesta a ignorar todo eso por amor? 

Upgrade.
Brutal relato de venganza rayando en el body-horror, con una ambientación y manejo de cámara simplemente espectacular. De lo mejor en la Ciencia Ficción del año.

Thelma.
Un coming of age que navega entre el drama, el thriller y el terror psicológico, de una adolescente cuyo ingreso a la universidad desata en ella un cuestionamiento moral y sexual, todo ello entre acontecimientos que podrían ser una enfermedad o un poder sobrenatural. Un relato sutil y hermosamente ambientado.

Oso Polar.
Con tintes de Road movie y creada únicamente con un iPhone, el director Marcelo Tobar entrega un patético relato de un reencuentro con el pasado que nos atormenta, y las extremas soluciones que buscamos para acallarlo.

The Ritual.
Gran relato de folk horror donde el paganismo y un viaje al interior de los bosques nórdicos son un pretexto para desarrollar una historia sobre masculinidad, la culpa, y la vida adulta.

Series de TV:

(Algunos de estos tráileres tienen spoilers de sus temporadas anteriores).

10. Narcos: México
Cuarta temporada | Netflix

No suelo ser fan de los productos de la llamada narco cultura, pero, al igual que con otra de las series de este top, los nombres de los participantes en esta producción hicieron que le diera una oportunidad. La cuarta temporada (o primera de este spin-off) de Narcos: México no es, afortunadamente, una apología, sino una narración inspirada en hechos reales del nacimiento del crimen organizado en México, y un retrato, dramatizado pero real, de la infame historia de corrupción en nuestro país. Y, por supuesto el motivo para llegar a ella fue válido: un increíble cast lleno de los actores nacionales más representativos hoy en día, más los soberbios trabajos en dirección de Amat Escalante y Alonzo Ruizspalacios, dos de los mejores directores mexicanos de la actualidad.

9. Better Call Saul
Cuarta Temporada | Netflix

¿Qué se puede agregar de esta increíble precuela que no se haya dicho ya? Hace un año que también apareció en esta lista, comenzábamos a considerar que su calidad estaba muy cerca de su material original. Esta cuarta temporada, con todo y que reduce el vértigo y lleva un desarrollo más calmo de sus personajes, ya no deja lugar a dudas: Better Call Saules tan buena como Breaking Bad.

8. The Alienist
Primera temporada | TNT

Drama / Thriller sobre la búsqueda de un asesino serial en el ocaso de siglo XIX, y el amanecer de la psicología y de los estudios forenses. Suficientemente impredecible, y con una lóbrega pero hermosa ambientación capaz de alcanzar estética en las escenas más atroces y torcidas de la obra de su antagonista. 

7. Good Girls
Primera temporada | NBC

Más allá de las enormes producciones e historias más inventivas y progresistas de la TV de paga, aún quedan algunas sorpresas en la TV abierta de EU: una sencilla pero efectiva comedia de enredos sobre tres mujeres a las que diferentes problemas económicos las orillan a cometer un robo, resultó ser una de las mejores comedias del año. A destacar la facilidad interpretativa de Retta y Christina Hendricks para cambiar entre momentos tan hilarantes como dramáticos.

6. The Little Drummer Girl
Miniserie | AMC / BBC

No soy fan de prácticamente ninguna representación en cine o TV que se ha hecho del conflicto entre Israel y Palestina, simplemente porque considero que ninguno hace ni siquiera el intento por presentar un retrato objetivo de éste… pero, por otro lado, no podía dejar pasar la primera producción para TV de mi director favorito, el extraordinario Chan-Wook Park… A pesar de no escapar del todo de los tintes sionistas que suelen llevar las producciones que cubren este tema, Little Drummer Girl al menos no deja de presentar una crítica a las acciones doble moralistas, antiéticas y despiadadas de la política israelí, las cuales ninguna otra serie o película occidental se ha atrevido a tocar… Pero, al final, más que un manifiesto político, Park se ha concentrado en entregar un drama humano de espionaje, presentando otro trabajo simplemente espectacular en su dirección, puesta en escena y ambientación, aderezado con una soberbia actuación de Florence Pugh, quien está llamada a ser la próxima gran estrella británica de su generación.

5. Derry Girls
Primera temporada | Channel 4

Desde el Reino Unido, llegó la gran sorpresa televisiva del año: nadie esperaría que, en medio del conflicto de Irlanda del Norte, nos contaran una inocente y divertidísima sitcom adolescente, donde los problemas cotidianos son tanto el amor, la escuela y los padres, como la revolución, las granadas, los retenes y las amenazas de bomba. Una serie muy, muy breve, pero cuyo enorme éxito ya confirmó una nueva temporada. 

4. American Vandal
Segunda temporada | Netflix

American Vandal regresa con un nuevo caso que otra vez expone los prejuicios, la discriminación, el clasismo y la normalización de la violencia en nuestra sociedad. Pero no solo es una serie con un mensaje profundo, sino que es muy entretenida, y su estructura documental brinda suspenso hasta su último episodio (donde es muy poco predecible detectar al culpable)… no obstante, la gran, gran virtud de American Vandal, reside en hacer uno de los más fieles y objetivos retratos de la generación Centennial, y de las dinámicas relacionales, tanto tecnológicas como personales, de los adolescentes de las sociedades posmodernas… eso sí, y aquí va un spoiler muy válido: dada la escatológica temática de esta temporada (y aunque ésta no es tan explícita), ¡les sugiero encarecidamente que NO la vean mientras estén comiendo!

3. Bojack Horseman
Quinta temporada | Netflix

No hace mucho, Indiewire publicó una lista donde afirmaba que Bojack Horseman ya era la mejor serie animada de la historia… y si alguien cree que es una afirmación exagerada o temprana, es porque no la ha visto: el grado de profundidad y de autocuestionamiento filosófico de sus personajes no ha decaído, entregando momentos tan trágicos y desoladores como hilarantes y sinsentido, todo ello, en cada uno de sus capítulos. No sé si es la número uno (yo sigo teniendo ahí a Daria), pero la serie animada más existencialista, es ya parte de la elite de lo mejor que se ha hecho en la TV.

2. Daredevil
Tercera Temporada | Netflix

Cada temporada de Daredevil es una joya: grandes actuaciones e historia; lecciones técnicas de dirección y puesta en escena; guiones y personajes profundos y perfectamente desarrollados… precisamente por ello, su cancelación ha sido muy dolorosa. Y aunque ya hay un movimiento para revivir la serie y Disney promete que el personaje reaparecerá en el universo Marvel, sus fans tememos que lo haga sin la estética, profundidad y grado de violencia que ha caracterizado a la que, sin lugar a dudas, es la mejor adaptación de comic de todo el universo Marvel (tanto para Cine o TV) y la mejor serie live action de superhéroes que se ha hecho.

1. Barry
Primera temporada | HBO

Nos hemos acostumbrado a que HBO se haya construido un gran nombre en la televisión gracias a las descomunales producciones con inmensos presupuestos, estelarizadas por los grandes nombres de la industria de Hollywood… tal vez es por ello que resulta aún más sorprendente, que el momento más extraordinario de su oferta televisiva del 2018, llegara de la mano de una pequeña y discreta serie de la que nadie esperaba nada: 

Barry es un hombre en depresión. En absoluto hartazgo de su vida, su rutina y sin nada en su existencia que parezca valer la pena… su trabajo se ha vuelto mecánico y decepcionante, y a pesar de ser muy bueno haciéndolo, él no es feliz… el pequeño detalle, es que dicho trabajo, es ser un asesino a sueldo… en solo unos minutos y de manera magistral, Bill Hader y Alec Berg establecen un ambiente y personaje con el que cualquiera puede sentirse identificado… lo que parece hasta entonces un melodrama que puede tomar tintes de acción, se transforma en una soberbia comedia negra cuando, al viajar a Los Ángeles para realizar un trabajo, Barry descubre la actuación… y se enamora de ella. 

Lo que vivimos a continuación es una serie perfectamente equilibrada entre momentos tan hilarantes como absurdos y dramáticos. Barry es un hombre reprimido y traumatizado con una ilusión; e intentando seguir su sueño, tiene que lidiar con dejar atrás su vida de sicario, al tiempo que descubre que sus amigos y enemigos del crimen organizado están tan desquiciados y alejados del mundo real, como lo están también sus nuevos amigos actores. 

Sobra decir que Bill Hader encontró en esta serie de su propia creación, el papel de su vida, y ninguno, absolutamente ninguno, de los demás protagonistas desmerece su trabajo. En cada uno de sus brevísimos e insuficientes 8 capítulos de 30 minutos, no hay escenas que sobren ni momentos a medias… De ser una serie casi de relleno, Barry se ha convertido en la gran revelación de la televisión, al grado tal, que hay artículos y reseñas que ya la colocan como un hito en el medio, del tamaño de Los Soprano o Breaking Bad… 

Su primera temporada es casi perfecta… debido al éxito, ya se ha confirmado la segunda, donde Hader tendrá que demostrar que la inmensa calidad de Barry no fue una coincidencia, y confirmar que, probablemente, estemos ante el nacimiento de otro de esos momentos definitorios en la historia de la televisión.

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A destacar también:

The Sinner.
Una improbable segunda temporada ya sin la participación de Jessica Biel y en un entorno completamente distinto, que, increíblemente, es aún mejor que el material original, con una historia aún más enigmática y cautivadora, más la extraordinaria actuación de Bill Pullman y Elisha Henig.

Queer Eye.
La segunda temporada no pierde fuerza en este reboot de la serie que, a principios de la década pasada con su temática de moda y estilo, rompió esquemas de diversidad en TV; pero en esta nueva era, el makeover es solo un pretexto para presentar uno de los mejores programas sobre masculinidades que se han hecho.

Altered Carbon.
Con una soberbia puesta en escena que recuerda la mejor estética ciberpunk de Blade RunnerAltered Carbon fue sin duda, la mejor serie de Ciencia Ficción del 2018 (con todo y un efectivo salto a Hollywood de Martha Higareda). 

Killing Eve.
Excelente thriller policiaco con toques de humor negro característicamente británico, más un duelo de actuaciones de Sandra Ho y Jodie Comer… con todo y que pierde gas hacia su cierre de temporada, es una de las mejores series del año.

Castlevania.
Ocho capítulos de 25 minutos bastaron para que esta segunda temporada consolide a Castlevania como una de las mejores adaptaciones de videojuegos, ya sea para TV o Cine.

The Man in the High Castle.
Ya lejos de su premisa original y de su material de inspiración. Pero, a pesar de ser ya un ente completamente diferente en su tercera temporada, sigue siendo un gran drama / thriller político que sirve como un gran reflejo de las idiosincrasias y motivaciones de las culturas involucradas.

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Foto : Eumir García (twitter)

Dolor… era dolor…
Tardé un poco en identificar lo que los videos previos y posteriores a la explosión en Tlahuelilpan me estaban causando. Pero en poco tiempo fue claro: de tipos muy distintos, de raíces separadas, de sentimientos encontrados, pero se resumía en ello: Dolor… por la rapiña, por las muertes, por las reacciones.

Los distintos análisis que se hicieron en éste y otros sitios al respecto de una serie de posturas públicas de acontecimientos de opiniones radicales en el  2018, siempre representaron un momento social bajo, que, cuando parecía imposible, se superaron a sí mismos en ignominia: el clasismo de las elecciones presidenciales en México, el fundamentalismo contra el movimiento #SeráLey en Argentina, el regreso del fascismo a Brasil, la transfobia en España por un certamen de belleza, la xenofobia contra las caravanas migrantes de Centroamérica… pero en cada uno de estos acontecimentos que polarizaron a la sociedad, quedaba un dejo de cordura, de mesura y de esperanza: porque siempre existió una postura, (a veces mayoritaria, a veces no) siempre presente de análisis y pensamiento progresista. Es decir, siempre había cabida a la esperanza de que no todo mundo estaba perdiendo la cabeza…

No pensaba que ese dejo de esperanza se acabaría aquí, a solo una hora, a solo 80 kilómetros de mi hogar…

La primera gran medida contra la corrupción por parte del nuevo régimen mexicano, se presentó en contra del combate al robo de hidrocarburos, (el ahora famoso “huachicoleo”). No solo era el primer gran golpe de legitimidad de este gobierno, sino que es tal vez el golpe más grande contra la corrupción mexicana en el último medio siglo… pero las consecuencias de dichas acciones, representaron otro golpe bajo, esta vez contra algo fundamental para nuestra sociedad estereotípicamente neoliberal, posmoderna, capitalista e hiperconsumista:

Una sociedad que confunde el libre consumo con el libre albedrío, suele perdonar fácilmente la violación de sus derechos, pero se indigna aún más fácilmente cuando se tocan sus privilegios… Y el desabasto de gasolina derivado de la reorganización de los sistemas de distribución, mostró claramente nuestra paradoja social, al querer que exista un cambio social, siempre y cuando no modifique en lo más mínimo nuestra cotidianidad y no tengamos que hacer el más mínimo esfuerzo y/o sacrificio.

Aunque dicho oxímoron social narcisista (que no es realmente nada nuevo en nuestra realidad mexicana) ya mostraba los primeros síntomas de doble moral hacia las acciones del nuevo gobierno, lo peor estaba por llegar:

El viernes 18, cientos de personas aprovecharon el sabotaje y la perforación ilegal anónima de un ducto que transportaba gasolina, para comenzar un acto de rapiña, todo ello ante la mirada inoperante de soldados y autoridades que se vieron superadas en número… lo que sucedió dos horas después del arribo de la población, es hoy ya tristemente conocido: una explosión que provocó la muerte de (hasta la redacción de este texto) 79 personas, más otras 81 que resultaron heridas…

Todo, absolutamente todo, alrededor de este hecho, es una tragedia:

Si bien, el estricto sentido legal hace de esta actividad un acto ilícito, no se puede hablar de manera generalizada de “criminales”: la rapiña se ha convertido en uso y costumbre del lado más vulnerable de un sistema económico capitalista. En una casi celebración, los cientos de personas que se acercaron a la fuga vieron una oportunidad: una parte, de solventar una necesidad básica; otra, de actuar de forma lógica a su constructo cultural; y, no podemos negarlo, probablemente, otro porcentaje de personas actuando por mero oportunismo… La inconsciencia o plena ignorancia, no les hizo prever el riesgo, que derivó en pérdidas humanas y lesiones de los aún presentes a la hora de la explosión.

No han faltado las voces que aseguran que la zona No es de extrema pobreza, y que afirman que los habitantes alrededor se han convertido, por necesidad o por ambición, en comunidades cómplices de estos actos delictivos… sin embargo, es imposible sacar de la ecuación el hecho de que este pensamiento no solo es derivado del crimen y la corrupción de un tejido social fracturado, sino también de nuestra propia realidad económica que da pocas alternativas para abandonar la marginación. Es decir, si bien gente de la zona y de la involucrada en los hechos sí es probable que sea “huachicolera”, no hay argumentos para afirmar que absolutamente todas ellas pertenecían al crimen organizado.

Nada de ello excluye una responsabilidad legal y un daño público, pero lo cierto es que no es necesario, ni un contexto de desabasto, ni de maldad o perfil criminal, ni de extrema pobreza, para que se presenten acciones de rapiña en una sociedad como la nuestra.

Por otra parte, las autoridades militares presentes (en medio de un debate nacional que cuestiona su capacidad y presencia en los actos de manifestación social) se vieron rebasados: incapaces de reaccionar correctamente ante la necesidad de controlar a las masas con otros recursos que no sea la represión… aun así, es clara la ausencia de ésta última (al grado tal que, en un pensamiento contradictorio, muchas personas reclamaban la “falta de violencia” contra el acto de rapiña).

Así pues, un acto inconsciente e ilícito, que rebasó a las autoridades presentes, se convirtió en una tragedia… pero, como si la pérdida de vidas no fuera suficiente, la sociedad mexicana decidió que también teníamos que perder nuestra humanidad:

En un acto de burda «superioridad» moral, esta vez están siendo una inmensa mayoría las voces que claman que esto No es una tragedia, sino “un acto de justicia”: Qué fácil se ha vuelto desde nuestros castillos de cristal y nuestras Tecnologías de la Información, llenarnos la boca de soberbia y pensar que son “criminales” quienes obedecen a un acto cultural de clase (se llaman intelectuales sin entender que una buena parte de dicho hilo de pensamiento es simplemente Marxismo: una cosmovisión derivada de una condición social – económica)… se les olvida desde su elitismo intelectual académico, que Giddens habla de no dejar a un lado los contextos para entender las acciones de la personas y viceversa… su aporofobia y clasismo los hace incapaces de darse cuenta de que, aún más “bajo” que hacer rapiña, es celebrar la muerte ajena a través de actos de voyerismo morboso, compartiendo imágenes y videos de personas calcinadas y burlándose de ellas.

Pero, sobre todo, se nos olvida a tod@s, que el sistema nos ha deshumanizado, que hemos perdido de vista que estamos hablando de personas, y que nuestro deseo de venganza y frustración disfrazada de pseudo justicia poética nos ha robado el sentido de comunidad, de colectividad y de bien común.

Hoy todas y todos somos culpables de tocar el fondo social:  perdimos la capacidad de pensar en los demás, perdimos el sentido de que los regímenes no cambian por sí solos si con ellos no evoluciona la sociedad… deseamos castigo, no para quienes han originado silenciosamente la corrupción, sino para quienes se “atreven” a trastocar nuestra comodidad, nuestro narcisismo y nuestros privilegios.

Hoy con Tlahuelipan tocamos fondo, porque casi nadie logró mantener la cordura y entender todas las aristas de acciones y consecuencias tan complejas; de analizar que esto no es de gente buena o gente mala, sino de seres humanos moldeados por una idiosincrasia específica, una gama de necesidades, un sistema de valores, una construcción cultural y, por supuesto, un modelo económico rapaz… Hoy sacamos lo peor, y expusimos el lado más salvaje y egocentrista de nuestro propio ser.

He perdido la cuenta de cuántas veces he tenido que utilizar en una clase, un escrito, o en una simple plática, la frase: “La Verdad es cada vez menos importante, porque a la gente ya no le interesa saber la verdad… le interesa tener la razón…»

Sin embargo, hoy, aquí, nadie tiene la razón…
Porque, hoy, aquí, tod@s la hemos perdido…

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Foto: Eumir García (twitter @pachukitoal100)

 

Ni Havas, ni Hershey’s, ni Heineken hicieron esas campañas de manera malintencionada, pero las hicieron en la absoluta ignorancia de la cotidianidad mexicana: no fueron discriminatorios a propósito, simplemente no se dieron cuenta que su realidad personal es muy lejana a la realidad de su sociedad… y eso es imperdonable para cualquier analista de mercados.

No había pasado la primera semana de que inicié mi posgrado, cuando un par de doctores me preguntaban, no con afán de agredir, criticar o incomodar (al menos eso he querido creer), sino con verdadera curiosidad profesional: ¿por qué alguien como tú está aquí? … Otra persona en investigación, menos políticamente correcta, pero igualmente sin malicia, simplemente me dijo: “si de mí hubiera dependido, yo no hubiera aprobado que entraras a este doctorado”.

Traté de no tomármelo a mal: tal vez no con el tacto suficiente, pero esas expresiones eran simplemente un extrañamiento académico por parte de un trío de personas que no podían explicarse qué carajos hacía un mercadólogo estudiando Ciencias Sociales.

Para ellos, la Mercadotecnia, y más específicamente la Publicidad, no son nada más que visiones superfluas de la sociedad, que ayudan a su “vulgarización”. Su visión de cualquier área del Marketing esta construida bajo los postulados de grandes teóricos de la comunicación como Néstor García Canclini et al, que equiparan a las audiencias como “entes inermes y desactivados” sin capacidad para intervenir en los mensajes mediáticos.

“Quise cambiar de aires”, fue la respuesta que me acostumbré a decir ante cualquier cuestionamiento que surgió a lo largo de mis estudios… porque era más fácil decir eso, que tratar de explicar que, hacía entonces unos 5 años, un señor llamado Philip Kotler había vuelto a cambiar el paradigma de la Mercadotecnia y entendió que los mercados, a partir de su propia relación con la diversificación y crecimiento exponencial de las Tecnologías de la Información, habían modificado sus hábitos de consumo, y pasaron de solo buscar la satisfacción primaria, a la exigencia de poderse identificar con las organizaciones que poseían bienes para la solución de sus necesidades y deseos: los mercados ya no querían una empresa fría que les mandara productos… querían organizaciones que “alimentaran” su identidad personal y social, y que esos corporativos, tan fríos y capitalistas, tomaran un lado humano y creyeran en lo mismo que sus nichos querían…

Es decir: que las personas, “descabelladamente”, ahora querían que las empresas tuvieran valores, e hicieran negocios acordes a ellos.

El Marketing 3.0 y el auge de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), cambiaron la forma de entender la relación de las corporaciones con la sociedad. Las organizaciones que han abrazado ese cambio (paulatino pero imparable) en las personas que consumen tanto marcas como ideales de manera indiscriminada, han tenido que modificar y dejar de obviar muchos de sus prejuicios con los cuales toda la vida manejaron sus mensajes mediáticos… Personal gerencial, creativo, de investigación y operativo, ha tenido que aprender (muchas veces a prueba y error) a entender las tendencias sociales – a veces reales, a veces hipócritas, y muchas otras veces hasta contradictorias – de sus mercados que les exigen creer en lo mismo que ellos. Por eso es que cada vez más empresas se suben a la RSE y por eso es que la no discriminación se está convirtiendo en una buena decisión de negocios.

Pero entonces, llegamos a México:

En menos de un año, hemos visto fiascos monumentales por parte de agencias publicitarias que son incapaces de ver una tendencia que está por cumplir una década (pecado imperdonable para una profesión que demanda una actualización constante) y que les exige una visión cercana a las tendencias de consumo de su sociedad, sin importar qué tan honesta o profunda (o todo lo contrario) sea ésta.

Los grandes fracasos publicitarios como #TambiénSoyMujer de Havas Creative,  #HacerElBienSabeBien de Hershey’s o el más reciente #OrgullosamenteIndio de Heineken, son solo una muestra de una bienintencionada idea realizada de manera catastrófica… no por falta de estrategias publicitarias estructuradas, sino por un detalle fundamental que alcanza a miles de profesionales de negocios: simple y sencillamente no existe empatía ni conocimiento por la cultura, tradición y tendencia de pensamiento social existente en los mercados por parte de la estructura organizacional de una agencia  publicitaria o un departamento de Marketing.

No solo se ha vuelto clara la falta de creatividad en muchísimas campañas que actualmente están en ejecución en el país (lo cual es tema de otro escrito), sino que, aunado a ello, la publicidad en México está llena de estereotipos, y de expresiones clasistas y discriminatorias normalizadas, que muestran la incapacidad de sus autor@s para comunicar diversidad de consumo sin caer en prejuicios.

Las agencias se llenan de publicistas que han sido instruidos – tanto en lo académico como en lo laboral – con el único objetivo de entender las tendencias comerciales, las TIC’s, y las visiones primermundistas del Marketing; pero que no han sido formados para entender el desarrollo del pensamiento de la cotidianidad mexicana… Los programas académicos, de capacitación y de certificación mercadológicos en psicología y/o análisis del consumo se concentran en procesos de compra y no en entender la idiosincrasia local de sus sociedades. De ahí que cuando las y los profesionistas de negocios llegan al mercado laboral, lo hacen con la idea de que la «innovación» está en hacer sentir a las personas que su realidad no es suficientemente cool; que la cultura tiene como camino exclusivo el entretenimiento, que la realidad y cosmovisión social del grupo de creativos es la única existente, y que las posturas ideológicas se mantienen exclusivamente durante la duración de un Trendic Topic.

Ni Havas, ni Hershey’s, ni Heineken hicieron esas campañas de manera malintencionada, pero las hicieron en la absoluta ignorancia de la cotidianidad mexicana: no fueron discriminatorios a propósito, simplemente no se dieron cuenta que su realidad personal es muy lejana a la realidad de su sociedad… y eso es imperdonable para cualquier analista de mercados.

Pero el problema no solo es que existan personas con la visión tan cerrada para no ver sus propios privilegios (porque esas, desgraciadamente, siempre van a existir en cualquier campo laboral) … lo verdaderamente preocupante, es que, en los tres ejemplos,  NADIE en todo el departamento de Marketing de la marca, ni NADIE en el equipo creativo de la agencia, ni NADIE en el área de investigación de ambas organizaciones, haya sido capaz de visualizar que sus mensajes eran ofensivos en una coyuntura donde, por convicción o pose, los mercados que consideran el mensaje de una campaña de RSE, creen en la justicia y equidad social,  y el activismo digital.

Sería muy fácil culpar de ello exclusivamente a profesionistas con el elitismo normalizado que quieren entender el consumo tercermundista desde su Instagram… pero la responsabilidad está también en la formación de todas esas personas: en gerencias que conceptualizan de forma superflua la RSE, en docentes que en sus instituciones no salen de ejemplos de Coca-Cola, Apple y Bimbo, y son incapaces de hacer conscientes a sus estudiantes de que el Marketing no incluye solo “Negocio”, sino también la solución de necesidades sociales, y que el crecimiento social debería ser la razón de existir de toda organización y producto en el mercado.

La responsabilidad está también en cualquier profesional en el ámbito de negocios que sigue creyendo que están “educando” a sus mercados porque “son estúpidos”, siempre con la anacrónica idea de que hacer negocios es algo frívolo donde lo “único” importante es el dinero y no el beneficio para todas la partes involucradas (pensamiento, por cierto, muy común en aquellas personas que siguen creyendo en el “que hablen mal pero que hablen”, premisa  creada hace medio siglo y que funcionaba par lograr ventas y no clientes, y que dejó de hacerlo hace, por lo menos, dos décadas con el ascenso de la RSE).

El Marketing, sea del rubro que sea, debe ser hoy en día realizado desde el enfoque social: no solo porque es la tendencia, no solo porque ayuda a la imagen de marca, no solo porque hoy en día (mientras su economía se lo permita) los mercados consumirán aquello en lo que crean y ya no solo en lo que “necesiten” de primera instancia… sino porque, a finales de la segunda década del siglo XXI, la no discriminación es el único camino…

Incluso en el frío y rapaz capitalismo, sus sociedades hiperconsumistas quieren sentir que no son parte del narcisismo lipovetskyano, y quieren creer que su libertad de consumo es lo mismo que su libertad de expresión; así que, inclusive por razones absolutamente banales, las personas quieren que sus empresas tengan compromiso social.

Hoy vuelvo a pensar en esas personas que no entendían qué hacía un mercadólogo estudiando Ciencias Sociales, y me da pena creer que estas campañas publicitarias actuales les están dando la razón… pero, hoy también más que nunca, me queda claro que combinar la Mercadotecnia con los estudios sociales, es el camino correcto: el “nuevo” paradigma mercadológico comenzado a nivel mundial en 2010, por fin está llegando a México, y es responsabilidad de agencias, gerencias de Marketing e instituciones de enseñanza de negocios, ser conscientes de este cambio, romper la burbuja de privilegios, y comenzar a hacer publicidad cercana a nuestra idiosincrasia mexicana.