[BLACK MASS MEDIA]

Marketing, Medios e Imagen Pública

La semana pasada, Netflix hizo el anuncio que tenía en vela a miles de personas del lado más clavado del mundo friki, cuando reveló su casting extendido de protagonistas para la adaptación del aclamado cómic de culto The Sandman, del mítico escritor británico Neil Gaiman, el cual marcó para siempre la forma de entender el noveno arte y que por muchos años se consideró inadaptable, pero que, desde que se supo el tamaño de producción y el involucramiento directo de su creador, levantó una expectativa enorme…

…Sin embargo, al mostrar las imágenes de esta segunda tanda de protagonistas, el odio inmediato hacia las personas elegidas generó una ola de ataques debido a la multicitada, pero siempre mal entendida y odiada, “inclusión forzada” y la “agenda progre”.

Gente ofendidísima por el casting de The Sandman: la elección de Desire, un cast no binario, y sobre todo el del ultra amado personaje de Death, que en el cómic es un icono de la contracultura Dark, y que en la serie será una persona afrodescendiente (porque claro, tooodos los darks son caucásicos…)

Lo cierto, es que la próxima adaptación The Sandman solo ha sido el enésimo producto escandalizador de la moral y las buenas costumbres: este mismo fin de semana, mientras escribía este texto, la gente vociferó por un par de personajes secundarios cuya tez cambió en el nuevo live-action de Disney, Cruella; y no hace mucho, me salí de un grupo de Facebook de cinéfilos porque el administrador dijo que “obvio no era racista” pero que le parecía “asqueroso” [súper Sic!] que le cambiaran la raza a un personaje de The Stand, una adaptación para la TV del clásico de Stephen King…

Estos ejemplos son solo una gota en un nuevo mar de productos atacados por el lado más conservador y fundamentalista de la sociedad, que clama en su delirio y miedo a perder su dominio social, que “se buscan imponer agendas que destruyan los valores tradicionales”.

Pero nada de esto, es nuevo, ni es una moda, ni está orquestado maquiavélicamente con el único fin de perjudicarte a ti y a nadie más que a ti:

Por décadas, siempre se desarrollaban productos dirigidos a, creados y representados por hombres blancos heterosexuales… y todo era a partir de esa visión hegemónica… entonces, no había representatividad del resto de sociedades.

Esto no era exclusivo de las industrias culturales: incluso Immanuel Wallerstein plateaba en uno de sus textos más clásicos, básicos y esenciales, la necesidad de “abrir” las ciencias sociales porque, durante el siglo XX, (con mayor énfasis en la posguerra) la misma gente se redefinió y dio fin al gran discurso hegemónico de “una sola sociedad”, para finalmente conseguir una ruptura en lo político, económico, social y mediático… no era una sola, éramos muchas micro sociedades buscando su propia voz, su representación y sus derechos a ser visibilizadas y ser parte importante fundamental de la construcción de la evolución de la humanidad.

Dicho cambio social trajo la construcción de las causas de esas (a veces no tan) micro sociedades, donde en todos los aspectos, lucharon por ser tomadas en cuenta, incluyendo por supuesto, dentro de la cultura de masas… Entonces, en la inmensa mayoría de las veces, y sin importar que la narrativa no lo necesitara o no lo justificara, teníamos a hombres blancos protagonistas (¡y mujeres sexualizadas en papeles secundarios, por supuesto!) representándolo todo, literalmente, todo… así que hoy, tras décadas de lucha, protestas y activismo, estas contraculturas han ganado espacios en diversos ámbitos sociales y políticos, y es justo que los recuperen también en los ámbitos del entretenimiento…

Ahora bien, ¿por qué a la gente le molesta tanto? Pues por cinco motivos principalmente:

1) Porque «se meten» con su nostalgia: los productos que se consumen por ésta, se hacen para recordarnos exactamente cómo era nuestra vida en tiempos más sencillos… y cambiar el más mínimo detalle, hace que se pierda esa fantasía de que siguen ahí, sin responsabilidades, siendo jóvenes todavía…

2) Porque somos incapaces de entender que los nuevos productos (aun si se utilizan los mismos tópicos que en nuestra infancia / adolescencia / juventud) NO están dirigidos a nosotr@s, sino a una nueva generación con otra visión social y que se busca que su nueva idiosincrasia esté alejada de la violencia, los vicios y prejuicios culturales que, por décadas, hemos normalizado las “viejas” generaciones (se supone que es objetivo de la evolución: el que cada nueva generación sea “mejor” que la anterior y no se repitan errores y omisiones del pasado)…  Y si “se siguen usando los mismos personajes en vez de crearse nuevos” (como muchos frikis ofendidos demandan), es precisamente para acentuar la necesidad de cambio a partir de modelos de influencia ya establecidos, transgeneracionales, más grandes y de mayor alcance.

3) Porque perdemos de vista que estos productos SON UNA ADAPTACIÓN: a otro medio, a otra generación, y a otra coyuntura con una forma diferente de ver la vida… una adaptación NO TIENE que ser idéntica a la original… si tanto te molestan estos cambios, siempre puedes regresar el material de origen, no es como que vayan a destruir lo existente, o a viajar al pasado para modificarlo.

4) Aceptémoslo: porque somos unos malditos narcisistas, racistas, clasistas, etc., que no queremos que existan otras representaciones que no sean la propia… y todo este discurso de odio tiene que ver con ese miedo hacia todo lo que sea diferente: nos aterra, porque no lo entendemos.

A pesar de que Miles Morales fue creado hace una década, hubo personas quejándose porque en el filme de 2018 «Spider-Man: Into the Spider-Verse», aparecía «forzadamente» un «Spider-Man Negro».

Existen montones de ejemplos de productos clásicos, de culto, contemporáneos, y un montón más que ni siquiera sé cuáles son (porque no están dirigidos a un segmento generacional como el mío), donde podemos ver la inclusión como parte de una nueva representatividad social que por años se ha esperado… pero, lo más curioso con los ejemplos específicos que me hicieron escribir este texto, es que sus críticas son aún más absurdas:

En Cruella, la representación no solo obedece a los valores actuales de su compañía productora, sino que además, el cambio de raza NO afecta en lo más mínimo la trama, ni el desarrollo de sus personajes (que además, son absolutamente secundarios y uno de ellos hasta prescindible, al menos en esta primera entrega), simplemente es intrascendente dicho cambio y, por el contrario, al ser un live-action, representa muchísimo mejor las diferencias de clase en el siempre multicultural Londres de los 70.

Por su parte, The Sandman es, simple y sencillamente uno de los mejores textos fantásticos literarios de la historia: tanto en cómics como en general… y, aparte de su brillante historia e impecable narrativa, otro de los incontables elementos para serlo, era que, en 1989, y durante la primera mitad de los 90 que se publicó, YA era un cómic diverso y trasgresor: hablando de protagonistas imperfectos, feminismo, derechos trans, de identidad de género, de familias diversas, trato ético a los animales, con personas con vidas no convencionales, y con personajes no binarios, desde hace 30 años (justo cuando el resto de la industria fue tomada por dibujantes con mentes de adolescente caliente que hipersexualizaban todo).

Por ello, y como si todo lo anterior no fuera suficiente, falta el argumento más importante… Neil Gaiman aprobó estos cambios, es SU voluntad… por lo que viene el demoledor motivo número 5) Porque no entendemos que un artista, con SU creación, puede hacer lo que se le pinches venga en gana… Además, como él mismo lo dijo, en la misma mitología que él creó, siguen siendo válidos estos cambios, pues Lxs Eternxs son seres que aparecen y tienen su forma según quien los imagine: por eso Morfeo ha sido de diferentes formas, colores, y hasta seres vivos diferentes al humano… así que es perfectamente válido en la historia y es claro que quien critica los cambios, nunca leyó, o de plano no entendió The Sandman.

Un detalle adicional: si no tuviéramos nuestras mentes tan cerradas y la cabeza tan metida en nuestro… ejem… conservadurismo, incluso a los hombres blancos heterosexuales chavorucos privilegiados, nos ha beneficiado esa apertura que la diversidad social ha buscado y conseguido: de repente, ser friki dejó de ser un estigma para alguien mayor de 18 años; y podemos vivir nuestros fanatismo geek sin que nadie nos mal mire… Todo gracias a esas sociedades diversas que han luchado para terminar con los prejuicios y buscar una normalización de su presencia, en ámbitos profundos, o de mero entretenimiento… 

Al final, si todos estos argumentos no te son suficientes, es claro que, si tu molestia por una adaptación, un producto de entretenimiento, una película, o una serie real o animada, es muy grande, lo único que ese enojo hace, es esconder mucho odio, miedo y frustración contra una sociedad donde no todos se ven como tú… y justo por eso, crees que no valen lo mismo que tú… y ahí, ni Sandman, ni Cruella, ni nadie de los personajes diversos, tiene la culpa de tus prejuicios anacrónicos disfrazados de banderas frikis…

Bodhisattva: en el budismo, es aquel ser en búsqueda de la iluminación, pero no para beneficio propio, sino que ha generado el “Bodhicitta”, es decir, la aspiración de alcanzar el completo despertar para el beneficio de todos los seres sintientes…

Desde que tengo memoria, la docencia ha sido parte de mi vida. Mi madre y mi tía, que fueron quienes me criaron, así como mi padre, eran desde su post adolescencia maestras y maestro frente a grupo.  Mi madre viajaba desde los 19 años todos los días un camino de casi dos horas al interior del estado a impartir clases. Tanto mis dos madres como mi padre fueron orgullosamente normalistas disidentes, en la época en la que dicho adjetivo significaba realmente algo: vivieron activa e intensamente los movimientos estudiantiles del 68, les tocó el halconazo del 71 y fueron parte fundamental de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en los 80. Marchaban en las calles, luchaban por sus derechos derribando (literalmente) puertas, y al mismo tiempo, formaron a (también literalmente) decenas de miles de estudiantes de educación básica, siempre con ética, fomentando la ideología de pensamiento crítico, el amor por su tierra y la enseñanza real como bandera.

Casi 40 años frente a grupo hicieron que no les viera tanto como hubiera querido en mi niñez, mientras mi abuela y mi abuelo me cuidaban… mis dos madres trabajaban dos turnos, salían a comer y corrían para cambiar de escuela, y su disidencia, al igual que con mi padre, nunca las detuvo de llegar a sus clases, ni tampoco lo hizo cuando mucho de lo anterior les costó ascensos o mejoras salariales y de horarios… era yo muy niño para entender el porqué llegaban maestros golpeados y ensangrentados a esconderse y curarse en la casa, o por supuesto para que siquiera me contaran, sino hasta muchos años después, cómo tuvieron que protegerse cuando los líderes del sindicalismo hegemónico les balacearon en una protesta.

Tal vez por todo lo anterior, y sumado a ese aprendizaje de que ser un docente era un símbolo de lucha y de ejemplo social de jamás rendirse, es que ser profesor era algo casi natural y genético para mí… aunque el escenario es ya muy distinto.

Hoy, más de tres décadas después de incontables protestas y aún más incontables estudiantes formados, no queda mucho por qué luchar para quienes siguieron ese camino de protesta social en la calle y en las aulas: sus heridas y sacrificios profesionales y de vida, les dieron a todo un gremio la comodidad que hizo olvidar semejante logro y que se ha convertido en discursos y mercenarismo por parte de un sector de docentes que abusan de los privilegios que costó sangre, fuego y vidas humanas conseguir.

Los beneficios conquistados se transformaron en vicios enquistados, y sin embargo, a pesar de que grupúsculos usan e intentan manipular a todo el gremio por conseguir más poder, el grueso de docentes sigue luchando, día  tras día, con ideales y con sacrificios; alejándose de sus propios hijos e hijas para formar a los hijos e hijas de muchísimas otras personas, y sufriendo un nuevo tipo de desprecio de una sociedad que se entera de la corrupción y la mugre de las élites de su sindicato y, debido a ello, estigmatiza a los miles de hombres y mujeres que lo dan todo por los niños y niñas de aquellos que les menosprecian.

Casi nada queda de aquella imagen pública de confianza y respeto que, desde las metrópolis hasta los puntos más olvidados de nuestro país, generaba un maestro o maestra durante el Siglo XX… Hoy, es demasiado fácil criticar y devaluar el trabajo docente, sus actividades y su compromiso; tacharlos de “huevones e ignorantes” en la educación básica, y de “improvisados y frustrados” en la media superior y superior… consideran que impartir clases es un trabajo cualquiera:seguir un «librito», pegar un par de gritos, y ya con eso, ganarse un salario que (por algún extraño motivo, la gente cree que) es muy alto”.

Poca gente entiende el trabajo a dobles jornadas frente, y sobre todo, detrás de grupo; el estrés derivado muchas veces en angustia y ansiedad de no deber fallar y tener que actualizarte en todo aquello que te preguntan sin relación a la cátedra, y que a veces ni tú sabías que existía;  y sobre todo, la enorme responsabilidad que significa formar a otro ser humano, a uno, que hoy en día, hay altas probabilidades de que no te lo agradezca, no te lo valore, y que seguirá escuchando las voces sociales que dicen que “ser maestro es ser un huevón esperando que su sindicato le regale todo”… nadie parece entender lo difícil que es tener que saber pedagogía, andragogía, informática, psicología, antropología, sociología, administración, comunicación, filosofía, autocontrol, cabildeo con administrativos, paterfamilias, y demás etcéteras…

… Sin embargo, está el otro extremo: NADA de los anteriores prejuicios y vicisitudes que debemos vivir como profesores y profesoras, debería hacernos sentir especiales:

Así como la sociedad ha infravalorado nuestro trabajo, también nosotr@s mismos lo hemos sobrevalorado; simple y sencillamente, porque nada, absolutamente nada de lo anterior, se trata sobre nosotr@s: ser docente no es pensar que somos indispensables (aun si lo llegáramos a ser), no es pensar que nos deben reconocimiento, y no es creer que somos héroes sin capa.

Me he cansado de leer y escuchar a cientos y cientos de docentes quejarse amargamente del trabajo extra y sin sentido, pero que no aprendemos a hacer correctamente… de las capacitaciones “que no nos sirven, no necesitamos y no tienen que ver con nuestro trabajo”, pero que no entendemos que estamos en un privilegio de trabajar en una escuela privada / metropolitana / cercana / con estudiantes con padres y madres que les brindan atención, porque hay realidades muy dispares en escuelas donde sí tiene sentido «buscar cómo comunicarte sin medios de comunicación»… nos seguimos quejando y burlando de que nos quieran enseñar hasta el cansancio “resiliencia” pero, un año de clases virtuales después, nos seguimos quejando porque las cosas no son como antes y nadie nos entiende… y tal vez lo más grave: seguimos quejándonos y despreciando a las nuevas generaciones, cuando deberíamos preguntarnos: si tanto odio a la juventud y a las generaciones de hoy, ¿por qué estoy trabajado con y para ellas? ¿Cómo es que, si les llamo “de cristal”, voy a ser capaz de empatizar con ellos y ellas y brindarles conocimiento?

En un extremo y en otro, hemos perdido de vista algo fundamental: El sacrificio es inherente a la docencia…  Debemos ser conscientes que, aquellas personas que elegimos esta profesión, debemos, obligatoria e irremediablemente, dejar morir nuestro ego y tomar el Voto del Bodhisattva:  la docencia NO se trata NUNCA del docente… la docencia es trabajar para otras personas; es entender que, a pesar de la mala imagen, de los sacrificios, del desprecio, la desvalorización y mal agradecimiento, toda esa niñez y juventud debe prevalecer, porque son ellos y ellas las importantes aquí… Ser docente es entender que debes formar a alguien que DEBE ser mejor que tú, debe saber más que tú, debe conseguir un mejor empleo que tú, debe ganar más que tú y debe cambiar el mundo aún más que tú… Tus estudiantes deben superarte en todos los sentidos, dejarte atrás, y tu vida se debe ir en que su vida sea mejor en todos los aspectos que la tuya… Es conocer el camino de la iluminación, y No recorrerlo, sino llevar a otros y otras hacia él…

He de confesar que, aunque aún me encuentro muy lejos de todo lo anterior, el darme cuenta de todo ello, no fue tan difícil:  ¿Por qué? Porque soy un privilegiado: yo no tuve que irme en mi adolescencia a dar clases a las comunidades más lejanas y tener que aguantarme el hambre en el camino porque no tenía para comprarme algo … no tuve que lidiar con una docena de grupos al día de más de media centena de estudiantes en extrema pobreza, violentados, y/o con hambre, y aún así enseñarles exitosamente Español e Historia… no tuve que salir a luchar por mis derechos, no tuve que derribar puertas, lanzar pintura y recibir balazos como mis madres y mi padre sí lo hicieron… por lo que, ese ejemplo y esa dignificación de lo que significa ser docente, es un camino ya iluminado para mí… Solo me resta soñar con que algún día, yo sea capaz de inspirar a alguien como ell@s tres lo hicieron conmigo, y como inspiraron a todas y cada una de esas miles de personas que, durante toda su vida, les detuvieron en la calle para darles las gracias por convertirlos en mejores seres humanos…

Feliz día del docente: la luz está allá adelante…

“Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.”

– William Blake, “Los Proverbios del Infierno” (1792)

Alguna persona más docta en William Blake podrá corregirme si el proverbio del infierno con el que inicia este escrito, hace o no, referencia al progreso social y a no detenerse para lamentaciones… pero eso no es lo importante: lo cierto es que, la fría aseveración del que tal vez sea el más grande y completo artista inglés, nos sirve realmente para otra analogía: ni siquiera en sus momentos más delirantes, ni siquiera en sus célebres alucinaciones dantescas de espíritus escamosos que lo aterraron e inspiraron por igual para plasmar su icónico / hermoso / onírico / pesadillezco cuadro El Fantasma de una Pulga [1], pudieron llegar a un nivel tal de espeluznante ignominia, como en la que la carroñosa comunicación política mexicana se ha convertido.

Esta vez, el nuevo punto bajo se ha desarrollado a partir de una tragedia, cuyos responsables, cierto, tienen nombres y apellidos, pero que, antes que todo, debería preocuparnos que ha acaecido por enésima vez (y como siempre sucede en el capitalismo / neoliberalismo), sobre la población de abajo, sobre aquellas personas que regresaban de trabajar, en una de las tantas zonas vulnerables de la CDMX… El golpe cayó en una línea plagada de errores, omisiones, corrupciones, pero que sus orígenes no eran otros más que hacer que la infame jornada laboral de las y los capitalinos fuera menos abrumadora, al reducir a una hora un trayecto que por décadas fue de tres, pero donde, al final, dichas buenas intenciones pavimentaron ese camino al infierno que se vivió la noche del 3 de mayo, cuando la boca de dicho averno que las élites cavaron, finalmente reclamó sus almas y consecuencias.

En la política, el hambre de poder consume como aperitivo, la dignidad… Antes de canibalizarse y devorar todo lo posible para alcanzar el dominio sobre otros, quienes aspiran a los mareos propios del ladrillo gubernamental y legislativo, suelen tener que devorar su propia decencia y amor propio… y usarán todas las herramientas necesarias para convencer a quien sea de permitirles accesar al bacanal.

Hace mucho que las campañas políticas se quedaron anacrónicas (y no, no tiene que ver con una visión posmoderna – elitista de esperar que ahora sean solo digitales). No solo sus procesos de selección de candidaturas son ridículos, corruptos, y puestos al mejor postor, sino que la comunicación política que funge como la base de éstas, no solo no ha evolucionado en un siglo, sino que ha traicionado la esencia misma de la comunicación y se ha llenado hasta el cuello de la mugre y las mentiras en sus contenidos.

Todos los fallos comienzan y terminan ahí, en esa comunicación política: nefasta y vergonzosa, cargada de fake news, de demagogias propias de los discursos más rancios de los 60 y 70.  Y esto, para mi propia vergüenza, no es solo un decir: Yo estuve ahí alguna vez, como testigo silente: un muy joven y muy estúpido empleado temeroso de perder un mediocre trabajo de cuyo nombre no quiero acordarme, viendo cómo se hacía el reciclaje de boletines, cómo se narraban hechos que nunca sucedieron y se asentaban declaraciones que nunca se dieron; de cómo se cambiaban los nombres y se usaban los apellidos más comunes para para ponerles firma a los insultos y reclamos que nadie hacía, que nadie entendía y que a nadie le importaban realmente en la sociedad, porque nadie, absolutamente nadie en el poder, se acordará de estas personas después del triunfo… el reclamo de doña María, el enojo de don Pablo, los ojos tristes de doña Guadalupe, la esperanza de don José y el abrazo a don Juan para que el enésimo tipo sin nombre, piense que de algo va a servir que pose para la foto…

Estuve ahí también, años después, cuando había que hacer malabares en la corrección de estilo, porque los boletines no dejaban de soltar mentiras, datos de instituciones que nunca existieron, y demás incoherencias que cualquier candidat@ de oposición menos estúpido, podría haber aprovechado para, al menos, amenazar con una demanda por difamación… pero que, otra vez, a nadie le importan, nadie las medita y todo mundo nos tragamos… las campañas y la comunicación política es un baile de simulaciones, donde unos hacen como que informan, otros como que les preocupa, otros como que difunden y miles más hacen como que lo van a leer…

El 3 de mayo, fue uno de esos eternos puntos bajos en la patética danza de las soeces campañas electorales: la sangre no había tocado el suelo cuando ya había tuits de personajes de la política pidiendo aún más sangre… la vigas no terminaban de doblarse cuando se hicieron los primeros trending topics pidiendo la cabeza de gente en el poder… la última respiración de una veintena de personas aún no se había dado y sus vidas no se habían terminado de extinguir, cuando el reciclaje vil de boletines tuvo una pausa, para regodearse morbosamente en la nota roja que les permitía seguir atacando a sus opositores que cada vez ven más lejos…

Pero, si bien la bajeza de la comunicación política es desde hace años inmensurable, impresentable e injustificable, lo cierto es que son solo una parte de un círculo vicioso (degenerado a dantesco círculo del infierno): porque el nivel tan pobre y amarillista de argumentación en boletines de prensa, obedece también a que, en esta misma tragedia, no fueron pocos los medios que también buscaban los videos y las fotos más morbosas, pasando por encima de la ética con tal de obtener la primicia, y así liderar el número de shares y likes… ejemplos nos han sobrado a lo largo de los años de medios que incluso han inventado historias melodramáticas telenovelezcas para hacer todavía más sentimentaloide la tragedia, (como si la pérdida de vidas no fuera suficiente): una guerra de tuits, publicaciones y música incidental acompañando reportajes de las flores en el vagón, del gato sobreviviente, el novio llorando en sus redes, y demás soft issues que adornan las portadas impresas, el rating televisivo y el tráfico hacia portales y social media.

Y por duro que nos sea aceptarlo, todo ese círculo se cierra con las audiencias: cuántas imágenes explícitas, cuántas fake news compartidas, cuántos likes y reacciones insensibles, cuántos reclamos infundados con fines políticos y obviando unos nombres sobre otros, dependiendo de nuestras preferencias políticas… ¿En qué momento se volvió más importante ver hacia qué lado fluye la sangre y el lodo, en vez de evitar que fluyan? Analicemos nuestras propias publicaciones y posts compartidos, y descubramos que, no solo las y los candidatos están arando el campo de huesos, no solo los medios están cosechándolo: todos y todas estamos también devorando insaciablemente sus frutos…

La tragedia de la línea 12 No tiene un nombre culpable, tiene muchos; No tiene un color, tiene varios; y tiene como raíz, el uso y costumbre de la política tercermundista / neoliberalista que es la corrupción. Sus responsables deben dar la cara y ser investigados… pero el resto – las persona de a pie, quienes nos quedamos sin aliento a ver las imágenes, quienes pensamos inmediatamente en contactar a las personas que apreciamos y amamos que viven y trabajan en esa caótica ciudad, las personas que perdieron alguien, aquellas que sobrevivirán y su vida habrá quedado arruinada – tenemos, no solo que lidiar con los fantasmas del miedo que es vivir y desarrollar nuestra cotidianidad sobre las calles y puentes que se han hecho con millones menos que terminaron en los bolsillos de corruptos, y de vivir cada día en un mundo donde la avaricia cobra vidas… ahora también, nos debemos a nosotr@s, y a las víctimas de la Línea 12 y de toda la corrupción, superar dicho miedo y no permitir que la hemofílicas campañas y sus candidaturas sedientas de poder sigan caminado impunemente sobre la sangre fresca, mientras dejan sus huellas sobre los rostros de la pobreza… debemos impedir que toda esa gente que espera dar un golpe de campaña haciendo circos y cosechando frutos podridos de campos sembrados con los huesos de los muertos, se salga con la suya.

Ni Blake, ni nadie, podrían narrar un retrato tan bajo y tan vil como el de un candidato o candidata en campaña explotando la tragedia, difundiendo el miedo como eslogan, mientras los medios chapotean en la sangre que salpica nuestras pantallas…

La comunicación política está tan jodida, que ya no la salva ni una reforma, ni un cambio… llegó la hora de enterrarla, y sobre sus huesos, construir una nueva: lejos de la sangre, la corrupción y la insensibilidad.


[1] Se dice que William Blake tuvo una vez una visión espiritual de lo que describió como «el fantasma de una pulga»… mientras lo dibujaba, el espíritu le dijo que todas las pulgas están «pobladas» de las almas de hombres que eran «por naturaleza, excesivamente sedientos de sangre» [Varley (1882) en Tate.org.uk]… sirva también este mito, como otra perfecta analogía de la vida y obra del artista, para la realidad mexicana de la comunicación política y la mass media…

“Lo bueno de las ciencias es que siempre tienen la verdad, quieras creerla o no.”

– Neil deGrasse Tyson

Este 24 de abril, el periódico ibérico El País en su edición mexicana presentó un artículo acerca de su predicción estadística sobre las elecciones intermedias que México está por llevar a cabo el 6 de junio: las más grandes que sean realizado hasta la fecha.

En dicho artículo, lo números presentados por el medio son, por decir un eufemismo, simplemente abrumadores: los resultados de su Poll of Polls y la corrida de su modelo estadístico (a cargo de la empresa estadística mexicana Oraculus) plantea que, ni siquiera en coalición, ni siquiera con un aparato mediático inyectado de dinero, la oposición mexicana va a alcanzar a hacer sombra a Morena este 6 de junio…

Ésta es información que muchísimas personas van a encontrar inconcebible: ¿cómo es esto posible? ¿Cómo es que, si la lectura en redes y medios convencionales parece ser tan negativa hacia la 4T, pueden existir números tan salvajemente disparejos en los resultados?

¿Cómo es que López Obrador, la 4T y Morena – esos que sus opositores y las élites de poder fáctico no bajan de «fracasados» – pueden tener proyectados la mitad de los votos de junio? ¿Cómo es que rayando en la incapacidad en el ámbito de comunicación social y dejando pasar a diestra y siniestra Fake News, pueden seguir teniendo la confianza de la gente? ¿Cómo es que el único movimiento que realmente les ha golpeado (de manera justa, por cierto) que es el feminismo, no ha sido suficiente para desmoronarlos?

Y la respuesta, la vamos encontrar en dos caminos muy distintos: en la comunicación, y en la estadística:

Y es simplemente, porque las fallas de comunicación, están ahí, con estrategias que rayan en lo ridículo desde Morena y la 4T… pero aun cuando es probable que la comunicación sea el más grande problema a nivel interno operativo de ambos, ésta también se ha visto a niveles de enorme incompetencia en sus rivales: es inconcebible que, teniendo tanto material para criticar y apelar a públicos que no están contentos con la 4T, la oposición siga cayendo en la demagogia de 80 años, mientras que los medios convencionales siguen en el Priming más burdo.

Años de corrupción y hambre desmedida de poder no les han enseñado nada más que atacar sin razón, con afirmaciones ridículas y llanamente falsas… ésta no es una afirmación subjetiva de ideales políticos, sino de meros fundamentos periodísticos: no hace falta más que ver sus boletines de prensa, donde todos los días, sin la más mínima noción de redacción, forjan su mensaje en ataques y cero propuestas… y peor aún, en ataques llenos de falsedades, imprecisiones y verdades a medias o torcidas (el rancio y bajísimo nivel de comunicación política de la oposición, merecería una segunda parte de este escrito).

Por su parte, el gran error de las élites mediáticas de no saber aprovechar al máximo la incapacidad de comunicación del gobierno, reside en algo que es más fuerte que ellos: no han podido dejar de caer en el clasismo, consciente e inconsciente, y siguen llenando sus discursos de odio… pero estos, solo parecen tener impacto entre sus simpatizantes de siempre: entre aquellas personas de clases privilegiadas (más alguno que otro alienado) en sus torres de marfil que siguen lamentando la pérdida de su influyentismo y que, desde mucho antes del 2018, ya odiaban la sola idea de tener que compartir sus beneficios con otros que no los tenían…

Proporcionalmente, muy, muy pocas personas parecen haber cambiado su opinión: quien ya odiaba a López Obrador, lo sigue odiando; y quien lo apoyaba, lo adora aún más… a pesar de los Latinus y demás elitismos conservadores, a pesar de los bufones mediáticos, sus discursos tampoco se han dignado a “bajar” a ras de piso, a tratar de entender verdaderamente las problemáticas y potenciales quejas de la gente de a pie: aquella sociedad que, incluso para su propio beneficio, les convendría que los escucharan… su aporofobia está tan enraizada, que ni siquiera para cambiarles la opinión se han querido “rebajar” y bajar de sus ladrillos de oro…

Cuánto ha dolido tener que bajar de los rascacielos de cristal a pagar sus impuestos que por años evadieron… cuánto ha dolido tener que formarse para recibir una vacuna, como si fueran unos cualquiera: desde quienes jamás miran hacia abajo, hasta los genocidas de 100 años disfrazados en C.U., en silla de ruedas, esperando ser inmunizados… no son capaces de conectar con el resto de la gente, ni en lo criticable al régimen, porque la plutocracia en su sangre es tan densa como su orgullo.

No han podido hacer cambiar de opinión a aquellas personas que, para bien o para mal, están creyendo en un gobierno que ha fallado en temas muy puntuales, pero que ha sabido mantener su promesa popular (que no populista, como afirman las pequeñas burguesías mediáticas de influencers que no se cansan de usar un término que ni siquiera saben conceptualizar correctamente) de tratar de darle algo a quien no tiene nada y quien no tenía voz.

Esa 4T, con todo y sus defectos, pinta para apoderarse del congreso y de los estados, con excepción, según el mismo ejercicio estadístico del medio, en el Surrealista Kafkiano Nuevo León, donde se vislumbra una derrota; o en el inexplicable San Luis donde parece retroceder el tiempo; o en el (con todo el dolor de mi corazón) políticamente intrascendente Hidalgo, donde el viejo y rancio autoritarismo parece estar más vivo que nunca, gracias a pueblos faltos de memoria, así como de mercenarios mafiosos y representantes grises disfrazados de izquierda.

Pero al final, las encuestas, tan atacadas por todo mundo (que ciertamente pueden fallar o ser manipuladas, pero que prácticamente nadie sabe cómo cuestionarlas), se tienen que regir por algo más que el odio y las entrañas: se rigen por la estadística pura y dura…

Ni siquiera las casas encuestadoras menos serias, más cuchareadoras e incluso aquellas que no saben ni siquiera estructurar una metodología ni aunque su vida dependiera de ello, son capaces de discriminar sus muestras lo suficiente para a hacer sentir peligro a Morena; Ni siquiera las figuras cuestionables detrás de Oraculus han podido doblar las matemáticas aplicadas de un modelo estadístico multinivel que, a diferencia de los sondeos de opinión, no se queda en la mera lectura del presente y pasado, sino que entra en la proyección de escenarios y diferentes decisiones y variaciones a futuro por medio de métodos numéricos e inferencias bayesianas.

(De manera muy, muy sencilla, básicamente el modelo calcula diferentes decisiones que se pueden tomar – en este caso decisiones de voto – para ver a qué resultado posible lleva cada una de ellas … según El País y Oraculus, en los cuatro diferentes escenarios que matemáticamente predijeron, Morena va ganar las elecciones intermedias; en dos de ellos y con sus alianzas, lo harán logrando el control absoluto de la cámara).

La estadística, no tiene moral, no tiene aporofobia, ni es pequeño burguesa con miedo a perder privilegios… la ciencia no necesita mejorar su comunicación o revisar su pacto patriarcal para no ser cuestionada… el odio no cambia las bases de datos ni absolutamente nada dentro del complejo, pero a la vez maravilloso, mundo que conceptualizaran Achenwall y Sinclair…

Un minucioso, elaborado y permanente cruce de variables que está demostrando que, al final, todo indica que se mantendrá el rumbo de un proyecto con muchas, muchas fallas, pero que en su gran  acierto de al menos intentar no dejar atrás a quienes la anomia social ha marcado históricamente, parece ser suficiente para contrarrestar todo el odio de clase, y el desprecio que las grandes élites tienen hacia aquellos sectores que explotan día con día, y solo se acuerdan de ellos dos meses antes de renovar su pase directo a la bacanal de poder en la que viven.

Los amemos u odiemos, estemos de acuerdo con ellos o no: lo números, a diferencia de los políticos y los medios convencionales, nunca, nunca mienten…

Antes que nada, es necesario aclarar algo: esto no es una mera crítica, ni un recuento de la historia del movimiento “#ReleaseTheSnyderCut” (ya hay muchos caracteres escritos al respecto y algunos muy completos y muy bien estructurados) esto, es una explicación del porqué, lo que vimos este 18 de marzo en servicios VOD alrededor del mundo es, más allá de si te gustó o no, un hito en la historia de la industria del cine:

Si alguna vez has leído las listas anuales que te presentamos aquí sobre lo esencial de cine de cada año, tal vez hayas notado que por muchos años hacíamos dos listas: una de cine más “comercial” y otra de cine “autoral” y de fines más artísticos.

Dicha decisión no era gratuita: no podemos juzgar de la misma manera todos los productos de cine. Sería injusto y eso haría que cada producción perdiera puntos al ser tratada bajo cánones básicos (y a veces enfrentados) para cada enfoque… para bien o para mal, el cine no debería juzgarse unilateralmente.

Para empezar, porque el cine (al igual que todas las artes que han requerido apoyarse de las industrias culturales para poder alcanzar a las grandes masas y dejar de ser solo “alta cultura”) no puede tampoco verse de manera universal: es preciso entender al cine como arte, y al cine como industria. Y hay que aprender a entender, valorar, respetar, y jugar dentro de cada uno de esos enfoques.

El cine como arte es una expresión, una postura y una declaración de principios apoyados en la estética audiovisual. No conlleva compromisos más allá de generar emociones y pasiones ante quienes lo miran… es muy, muy difícil conceptualizar el arte – qué lo es y qué no lo es – pero creo firmemente que sí hay una premisa para delimitarlo: aquello que no te mueve, que no te emociona, que no te genera una reacción, no es arte.

El cine como industria, es precisamente la entrada de la cinematografía en aquello que Theodore Adorno denominó la industrialización y reproducción masiva del arte, apoyado en los medios de comunicación, con la intención de alcanzar a las masas.

Purismos (o más bien puritanismos) aparte, los cierto es que ambos enfoques se necesitan. El arte no debe quedarse en círculos elitistas de pequeñas burguesías, porque entonces solo promueve el clasismo y la desigualdad social; mientras que las industrias cultuales necesitan del arte, porque sin éste, entonces sus productos se vuelven vacíos, sin significado alguno, lo cual se traduce en una perdía de valor comercial.

Así pues, el cine como arte, debe enviar un mensaje y tocar emociones sin mayores miramientos…   el cine de entretenimiento, aquel que se rige por los cánones de la industria, debe ser, ante todo, divertido y redituable.

No es que uno no pueda conllevar ciertos elementos del otro, pero nunca como prioridad: no debemos sorprendernos entonces que el primero se quede en nichos, no sea objeto de adoración de millones y muchas veces, suela pasar desapercibido para las grandes masas… Por ende, tampoco, debería sorprendernos que el segundo, se diseñe como un negocio ante todo, y que sus participantes tengan que estar conscientes, de que deberán sacrificar una visión artística ante “lo que les guste a las mayorías” porque el dinero es la piedra angular.

Pero, ¿qué tiene que ver el paradigma de los dos cines, con un tipo, tan odiado como alabado, dirigiendo una historia de cinco vatos y una morra repartiendo madrazos a diestra y siniestra?

Zack Snyder es un director forjado en las industrias culturales. Es innegable que su talento reside en la comercialidad y en el entretenimiento, en el espectáculo visual y su eficaz uso de efectos especiales… juzgarlo como juzgamos el trabajo de Ingmar Bergman, de Stanley Kubrick, o de los hijos del Dogma 95, sería francamente ridículo (a pesar de que sus críticos no le perdonan al estadounidense lo que obvian en el resto del cine)… pero, aun dentro de la inherente comercialidad de su trabajo, ha intentado construir un sello autoral, usando precisamente las herramientas de las industrias culturales, de ahí que su estilo visual recargado, una dirección de arte inmaculada y un soberbio uso del phantom, sean su principal sello; tal vez a mucha gente podría ya parecerle cansino, pero Snyder se ha ganado el derecho de usarlo, al ser quien lo masificó y perfeccionó desde su segunda producción, 300… pero nada de esto parece importarle a la gente que lo lapida: a Snyder se le ha atacado y juzgado desde una perspectiva injustamente universal (juicio que no recibe el resto del subgénero superheroico, por ejemplo).

Todo nos lleva a este 18 de marzo: el estreno mundial de la “Zack Snyder’s Justice League”, un hecho que hoy podemos clasificar como un hito histórico dentro de la industria del cine… ¿Por qué?  Simplemente, porque esta producción significa la consolidación del gran derrumbe del paradigma de “los dos cines”:

Cuatro horas de metraje, donde Snyder, libre de las exigencias, inseguridades y preocupaciones meramente financieras de los ejecutivos de estudios que creen que sus audiencias son “estúpidas”, dio rienda suelta a sus sueños más salvajes y delirantes, para plasmar su visión sobre los dioses entre nosotros, la santísima trinidad del noveno arte, y el grupo de defensores de la tierra que se reunieron por primera vez hace 60 años bajo la pluma de Gardner Fox. Una visión completamente autoral, y con una historia que combina magistralmente muchísimas influencias e historias de los personajes que representan iconos de cultura de masas; con un perfil excelentemente ejecutado de sus protagonistas y borrando de golpe los chistes forzados y primeros planos a los traseros que el estudio demandó en 2017 para vender más.

Snyder, entrega una trama desarrollada parsimoniosamente, con un nivel de construcción de personajes que no se logra casi nunca en el cine comercial; con secuencias de acción imposibles y sin tener que requerir ediciones para el PG-13 (que siendo honesto, la edición siempre ha sido la gran debilidad de Snyder: todas sus películas son mejores en sus versiones extendidas, porque no parece tener la capacidad de contar una historia en menos de 120 min… de si esto es un defecto o no, depende una vez más del ángulo: lo mismo podríamos reclamarle a muchos grandes del cine autoral / de arte).

Contrario a lo que sus haters dicen de que “no conoce a su material de origen”, este trabajo demuestra que no podían estar más equivocados: este corte exhibe influencias en la construcción de personajes, escenarios, tramas y hasta de viñetas convertidas en tomas, que homenajean, respetan y están inspirados en trabajos de Grant Morrison, Geoff Johns (sí, el mismo que le puso el pie en el corte original), Dan Jurgens, Frank Miller, Gail Simone, Brian Azzarello, George Perez, Marv Wolfman, Tom Taylor, John Byrne, Jack Kirby, y un inmenso etc..

Su corte es todo lo que podrías esperar de un producto nostálgico que te remonta a tu niñez y te toca para reactivar tu inocencia perdida en la vida adulta prediseñada; es inmensuradamente épico y emotivo hasta las lágrimas (nadie que no esté muerto por dentro puede dejar de emocionarse con la secuencia de las amazonas, con los paralelismos del first flight de Superman, o las escenas en el clímax de Flash y Cyborg); perfectamente ejecutada, intensa, divertida, profunda, visualmente abrumadora, reflexiva y que, 242 minutos después, increíblemente te deja queriendo más…

Hoy, aquellos ejecutivos inseguros y codiciosos que negaron una visión artística, están en un predicamento y con sus trabajos en riesgo: los primeros 40 minutos del filme son suficientes para que no quepa en la lógica de nadie, que alguien pueda creer que lo que sucede en nuestras pantallas no merecía aparecer en cines…

Sobre si es ésta la mejor película de DC o de superhéroes en general jamás hecha, aún no lo sé (la película no es perfecta: sí existen un par de subtramas que pudieron agilizarse, y los últimos 20 minutos son puro fanservice – aunque uno muy, muy bueno –): en el momento, sí me parece insuperable… pero entonces, vuelvo la vista y ahí está, en su eterno pedestal, esa obra maestra atemporal llamada Watchmen (adivinen quién es el director de ésta, por cierto)… pero lo indudable, es que fue una espera de 4 años que valió cada maldito segundo y que, sin lamentaciones, tuvo el camino que tenía que tener: si no hubiera sido por todo el drama, manoseo comercial y tragedia del 2016 y 2017, nunca hubiéramos tenido en formato libre y sin concesiones, esta épica cinematográfica.

Pero al final, si te emociona tanto como lo hizo conmigo, si te gusta o no, será, como todo el arte, totalmente subjetivo… pero lo cierto, es que más allá de si lo amas o lo odias, este filme ha terminado por romper un paradigma: Snyder ha consolidado un movimiento que ha decidido borrar la línea del entretenimiento y el arte; ha establecido que ambos conceptos No están peleados, que se puede crear algo maravilloso y pasional, y aun así, puede seguir siendo un muy buen negocio…

En la última década, pudimos ver algunos ejemplos de quienes comenzaron a patear la puerta que hoy Snyder ha terminado de derribar:  The Shape of Water de Guillermo Del Toro, The Revenant de Alejandro González Iñárritu, The Irishman de Martin Scorsese, The Witch de Robert Eggers, el nivel de libertad narrativa que han logrado en sus últimas producciones Fincher, Nolan y Villeneuve, son solo algunos ejemplos de productos tan cinematográficamente hermosos, como redituables. Pero hoy, esta comunión ha alcanzado lo imposible, ha llegado y triunfado sobre el lado más puramente “superficial” y fríamente comercial de la industria: el cine de superhéroes.

No hay nada de malo en quienes quieren solo divertirse. No hay tampoco nada de malo en quienes esperan que el cine, debe ser un postulado artístico pasional que rechace la comercialidad… pero hay un mérito enorme y un paso más lejos de lo establecido, en quienes crean algo que logra quedar bien con dios y con el diablo.

Hoy, los y las cineastas deben entender que no importa de qué lado juegues, ya sea del arte puro o de la industria total, no necesitas perder tus valores, ni sentir que te traicionas; que está bien divertirse, pero que está mejor si logras hacer algo profundo, y que siempre debes defender con pasión tu obra…

La Liga de la Justicia de Snyder es un triunfo de quien sigue viendo arte aun en el negocio. Un triunfo de las y los creadores sobre los emporios. Un triunfo de un grupo de fans que sabían que había algo mejor que el producto que nos entregaron y deciden que no pueden conformarse con las viejas prácticas de que “el mercado sabe más que tú lo que quieres”.

Nos ha comprobado que la visión autoral / artística, también “vende”, que la industria debe respetar a sus creadores y creadoras, debe abrazar la diversificación de ideas, de formatos, de gustos, de sociedades y cosmovisiones, e incluso, de formas de ver el cine.

El arte también puede ser redituable, y la visión de negocios No tiene que carecer de ética y corazón… El cine, hoy al igual que siempre, No debe tener límites…

“Make your own future. Make your own past. It’s all right now”:
Bienvenid@s al futuro del séptimo arte…

#RestoreTheSynderVerse