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martes, marzo 17, 2026

Hija de la escuela pública

Me invitaron al aniversario de mi Secundaria General No.7 “Próceres de la nación” y después de 21 años volví a recorrer esos pasillos que guardan la mejor época de mi vida. Lo difícil fue escribir unas palabras para la comunidad estudiantil porque nos separan 2 décadas de experiencias y un mundo digital que comprendo menos. 

“En el progreso o desprestigio de una escuela todos tenemos parte”, algo así dijo la chilena Gabriela Mistral, una niña como tú o como todas y todos los que venimos desde abajo, quienes tuvimos pocas posibilidades para estudiar, con una familia disfuncional, pero que se convirtió en la segunda persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1945, así de grande debemos y podemos soñar.

Yo soy hija de las escuelas públicas porque esa fue la única oportunidad que tuve para “hacer algo con mi vida”, no había dinero para nada más y mi madre nos inscribió en esa secundaria a mi hermano y a mí con la seguridad que la única herencia que podía dejarnos era estudiar.

Había dos opciones: una era continuar tal camino de la secundaria y el otro que mi vida la decidiera mi colonia, un lugar absorbido por las adicciones y la violencia, hace poco me enteré que Beto, a quien conocí desde niño, murió sin saber de estudios; su hermano está preso y así fue el destino de uno por uno de los jóvenes que se “juntaban” en la virgen a chelear.

A lo mejor también pudo ser mi destino, pero entonces la General #7 entró al rescate. Aprendí muy poco de inglés porque me la pasaba jugando fútbol obsesivamente en las canchas, junto a mi amiga Carolina López, que también me acompañó al evento y que ahora es una abogada y madre de dos personitas. Nos hablamos desde el primer día de secundaria en 2002 y acabamos de cumplir tenemos 24 años de amistad.

Mi hermano es arquitecto y trabaja en construcciones del gobierno federal, aunque una vez un profesor le dijo que él era una manzana podrida, así que si algo valioso pude decirles a quienes ahora estudian ahí, es que jamás permitan que nadie intente cortarle las alas.

La historia de las secundarias generales es joven en Hidalgo, inició en 1951, pero en esas páginas relatan que casi siempre lo más difícil se vive en los turnos vespertinos, que no son fáciles porque como estudiante hay que sobrevivir a muchos obstáculos.

En primero, Elizabeth, sus amigos y amigas me golpearon porque éramos jóvenes de colonias y barrios donde la violencia es la única forma de abrir camino, sólo puedes ser la fuerte o la débil, pero un obstáculo más difícil es el de creer en nosotros mismos, en nosotras mismas y en nuestras capacidades, creer que podemos soñar y volar alto, tan algo como lo deseemos sin importar de donde vengamos.

Y eso me lo enseñaron algunos profesores, recuerdo que admiraba la pulcritud de la maestra Yunuen, de inglés; la disciplina del profesor Caballero, de matemáticas con su juego de geometría gigante y de madera, llegaba en su Datsun impecable. A la maestra Norma, de español que me ayudó a descubrir que tenía habilidades para escribir (y hasta rimó). Porque las y los profesores tienen una función fundamental en esa etapa de nuestras vidas, más bien en todas, pero esa es inolvidable porque o te dan las armas para defenderte en la vida o te quitan el poco autoestima que te queda.

En mayo de 2025, justamente en esa secundaria, pero en el turno matutino, Alexis, de 13 años, se quitó la vida en los baños de la escuela, hubo acusaciones de bullying y desafortunadamente hasta que suceden tragedias es cuando las alarmas se encienden.

Es por eso la importancia de que las y los docentes deben recordar siempre que el cambio empieza cuando alguien se atreve a desobedecer la indiferencia, la indiferencia por el futuro de las y los jóvenes de las colonias marginadas de esta ciudad o de los barrios que nadie voltea a ver, que nadie escucha, que nadie comprende.

Yo fui una de las afortunadas. La secundaria me alejó del mundo que podía esperarme viviendo en una de las colonias más peligrosas de Pachuca, me brindó las herramientas necesarias para soñar, pero sobre todo para luchar por una mejor calidad de vida.

Saludos a la Generación 2002- 2005. ¡Gracias por lo vivido! Regresar a esas aulas después de 21 años fue un viaje al pasado para recordar quien fui, quien soy y hacia donde voy, con mis raíces bien presentes. Siempre.

Pero no me crean, soy hija del caos.

Lorena Piedad
Lorena Piedad
Pachuca, 1990. Locutora y redactora. Participante de la Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM), edición 2022. Algunos de sus textos fueron publicados en la Antología Poéticas de los Sures Femeninos Despatriarcalizando la Poesía (Colombia, 2020) y en Voces Indómitas Primera Antología de Narrativa Breve Escrita por Mujeres (México, 2021).

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