[DESDE LA CRÍTICA FEMINISTA]

De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJH) de 2005 a 2011 se han registrado 221 feminicidios en el estado . Queda como tarea pendiente solicitar a las autoridades el número de feminicidios esclarecidos y castigados. Continue reading…

La toma simbólica de las instalaciones de Televisa Chapultepec por parte del movimiento #YoSoy132 es una acción política que obedece a la necesidad de frenar al poder patriarcal, abusivo y violento que ostenta el consorcio de Emilio Azcárraga Jean y que se ve altamente reflejado en la concentración mediática en nuestro país. Continue reading…


 por Raquel Ramírez Salgado

He asistido a todas las marchas organizadas en el Distrito Federal con el fin, a grandes rasgos, de manifestarse en contra del cerco informativo y, en una primera etapa, por la candidatura a la presidencia de Enrique Peña Nieto y después, por las irregularidades y abusos durante el proceso electoral llevados a cabo para beneficiar al abanderado del PRI. Durante el desarrollo de estas concentraciones ciudadanas es común escuchar frases que denotan enojo, tristeza, preocupación, decepción y hasta esperanza, pero debo decir, muchas de éstas con contenido sexista y misógino, por ejemplo:

“Que lo vengan a ver, ¡ese no es candidato es una puta de cabaret!” (Recientemente, en esta frase se cambió la palabra candidato por la de presidente). “Se busca, se busca (a Peña Nieto) por puto y prostituto”.

Para denostar a Enrique Peña Nieto, buena parte de las y los manifestantes pensaron que sería apropiado compararlo con una puta, con la más transgresora y vil figura simbólica de las mujeres, por lo tanto, al compartir la condición de vileza con la puta, Enrique Peña Nieto es indigno de ocupar la presidencia de la República. En términos pragmáticos, y hasta el momento de escribir el presente texto, no encuentro razón alguna para comparar al ex gobernador del Estado de México con las prostitutas.

Para empezar, Enrique Peña Nieto es un hombre poderoso, cobijado por los privilegios que su condición de género le da, igual que a los otros hombres que conforman su clan político, en contraste, las putas son niñas y mujeres víctimas de explotación sexual y aunque la situación de cada una varía, TODAS son oprimidas por un sistema (patriarcal y capitalista) que expropia sus cuerpos, placer, libertad y en muchísimos casos, la vida misma. Las putas están muy lejos de poder ser comparadas con los patriarcas que ostentan el poder, ya que la cosificación de ellas está planeada para satisfacer los deseos de ellos (significados social y culturalmente como parte de la masculinidad hegemónica, de esa que lastima, escinde y destruye). Presento un pequeño ejemplo de la anterior aseveración.

“Todas las niñas son unas putitas”, decía Jean Succar Kuri, el pederasta de origen libanés quien violó y explotó sexualmente a cientos de niñas y que fue denunciado valientemente por la periodista Lydia Cacho; este delincuente llamaba así a sus víctimas para justificar y legitimar la violencia de género ejercida contra ellas. Entre los “clientes” de la red de trata de Succar Kuri se encontraban Camel Nacif, Miguel Ángel Yunes y Emilio Gamboa Patrón, patriarcas poderosos, políticos y empresarios, convencidos de su legítimo derecho de acceder sexualmente a todas las mujeres (incluidas las niñas) sin importar que fuera a través de la violencia misógina.

Hagamos algunos cambios de puntuación y en lugar de exclamar “¡ese no es presidente es una puta de cabaret!”, preguntémonos “ese no es presidente, ¿es una puta de cabaret?”, y vayamos más allá, ¿realmente constituye una acción democrática pronunciarnos en contra de la imposición de Peña Nieto si nuestras aseveraciones llevan una profunda carga misógina? Si queremos transformar nuestra realidad debemos comenzar por cuestionarnos la manera en la que nombramos al mundo, tenemos que iniciar, mujeres y hombres, con el rechazo y deconstrucción de la desigualdad e injusticia primarias, es decir, las de género.

Ojalá que en las próximas movilizaciones ciudadanas (tomando en cuenta que vendrán tiempos políticos más álgidos y complejos) estén presentes contenidos no sexistas y respetuosos de la dignidad de todas las personas.

raquelramisal17@gmail.com

por Raquel Ramírez Salgado

Mexicanas, mi idea ni siquiera es pretender que somos idénticas, estoy consciente de la diversidad que existe entre nosotras, pero sí que hay una coincidencia entre todas: la opresión de género por el hecho de ser mujeres.

Mexicanas, ¡qué triste estoy! Por momentos siento que mi corazón y mi alma no resistirán otro fraude más, otra COSTOSÍSIMA burla de quienes dirigen las instituciones “democráticas” de este país… y subrayo costosísima porque, según cifras oficiales, el pasado proceso electoral nos costó a la ciudadanía casi 6000 mil millones de pesos. A pesar de la tristeza, retomo el ánimo y, lo confieso, la ira y la sed de justicia hacen que me levante, abra los ojos y sueñe.

Mexicanas, desde que comenzaron las campañas presentí lo que millones de personas: que otro fraude estaba cocinándose, sin ética, con descaro, pero la esperanza se aferraba a mi ser, ¿era posible ganarle a los poderes fácticos y perversos que lastiman a nuestro país?

Mexicanas, el 1° de julio a las 9.30 de la noche el movimiento #YoSoy132 mostró en su campamento del monumento a la Revolución la portada de la edición especial que el periódico El Universal había sacado ese mismo día, en la cual se afirmaba que Peña Nieto era el ganador de las elecciones presidenciales; lo inaudito del caso es que este medio se atrevía a nombrar a un ganador a pesar de que a esa hora el Instituto Federal Electoral (IFE) no había dado aún resultados preliminares. Hoy, 2 de julio de 2012, leo enojada que representantes de gobiernos de la Unión Europea, de Estados Unidos y América Latina mandaron felicitaciones a Peña Nieto por su “victoria” en los comicios y pienso, ¿cómo se atreven? ¿Cómo, con tantas irregularidades? ¿Cómo, si quienes debemos reconocer esa supuesta “victoria” somos la ciudadanía y eso aún está por verse?

Mexicanas, si Enrique Peña Nieto logra imponerse las principales afectadas seremos las mujeres, y para muestra, sólo algunas ideas y datos:

• Entre enero de 2005 y agosto de 2010, es decir, durante casi todo el gobierno de Peña Nieto, en el Estado de México fueron asesinadas 922 mujeres en un clima de violencia misógina, impunidad y complicidad del Estado. Resultaría importantísimo, para despejar dudas, que la “misteriosa” muerte de Mónica Pretelini Sáenz, la primera esposa de Peña Nieto también se aclarara.

• A pesar del alarmante número de feminicidios en el Estado de México, por no afectar la imagen pública del entonces gobernador y futuro candidato a la presidencia, se frenó la alerta de género que el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio y la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de las Mujeres solicitaron. La alerta de género es un mecanismo presente en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) que exige a las autoridades acciones para frenar la violencia feminicida en un territorio determinado, ejercida ya sea por un individuo o por la propia comunidad (Véase capítulo V, artículo 22 de la LGAMVLV).

• El Estado de México es una de las entidades que más registra índices de pobreza extrema, y debemos recordar que en el mundo, 70 por ciento de las personas pobre son mujeres; evidentemente, la entidad mexiquense no es la excepción.

• Enrique Peña Nieto pertenece al mismo partido que Mario Marín, el ex gobernador de Puebla que protegió a los pederastas Kamel Nacif y Jean Succar Kuri, quienes mandaron encarcelar y violar a la periodista Lydia Cacho por evidenciar la red de explotación sexual infantil de Succar Kuri, con sede en Cancún, y de la que Nacif era acérrimo “cliente”. Por si fuera poco, el nombre de otro “flamante” político priísta se suma a la lista de “clientes” de la red de trata de Succar Kuri: Emilio Gamboa Patrón, uno de los principales operadores políticos del partido tricolor.

Es evidente entonces que los derechos humanos, y menos los derechos humanos de las mujeres, no son un tema prioritario en la agenda de Enrique Peña Nieto, por el contrario, se trata de un individuo cobijado por un grupo muy poderoso que ha pisoteado la vida y la libertad de las personas, sobre todo de las mujeres.

Mexicanas, niñas, jóvenes, adultas, ancianas, todas diversas, todas oprimidas, no importa que seamos ricas, pobres, letradas, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, madres, célibes, prostitutas, monjas, presas, locas, conservadoras, tradicionales, revolucionarias o modernas, ¡nuestros derechos están siendo violados! ¡No reconozcamos al enemigo que lo hace!

Mexicanas, ¡vamos a trabajar por todas y para todas!

Mexicanas, ante el posible fraude electoral, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo nos organizaremos?

Mexicanas, ante el posible fraude electoral, ¡uníos!

 

por Raquel Ramírez Salgado

Me sumo a la legítima exigencia ciudadana sobre la democratización de los medios, impulsada recientemente por el movimiento #Yosoy132 y desde hace 10 años por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI), que coordinó la conformación de la Coalición Ciudadana “Democracia y Medios” el pasado 28 de mayo. Sin embargo, no suscribo por completo todas estas iniciativas porque, como casi siempre sucede con las movilizaciones sociales, los derechos humanos de las mujeres no son tomados en cuenta; aquí algunas ideas para fundamentar mi afirmación. Antes de empezar dos puntos de análisis vitales: escribo desde la perspectiva feminista que vindica los derechos humanos de las mujeres y tomo en cuenta ya de entrada las desigualdades estructurales e históricas de género que han colocado a las mujeres en condiciones de subordinación y opresión.

Se ha evidenciado que la concentración mediática, o sea, que sólo unas cuantas personas tengan concesiones de medios, como es el caso de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, vulnera el derecho a la información y a la libertad de expresión de la ciudadanía en general, ya que impide violentamente que otras voces sean visibilizadas y tomen fuerza, y que se den a conocer correlatos a la par de la hegemonía. Así mismo, la calidad de los contenidos es prácticamente inexistente y las y los periodistas desarrollan su trabajo con el riesgo de morir. Pero, frente al desalentador panorama, ¿cómo vivencian esta experiencia las mujeres? La primera clave es que la opresión de género marcará dicha experiencia.

Según datos de Artículo 19, de 2000 a 2012 más de 80 periodistas han sido asesinados en México, pero quiero prestar atención al feminicidio de tres mujeres periodistas: Teresa Bautista, Felícitas Martínez y Regina Martínez.

Teresa Bautista y Felícitas Martínez eran periodistas triquis que coordinaban la radiodifusora comunitaria La Voz que rompe el silencio y fueron asesinadas el 7 de abril de 2008 en una emboscada. Las comunicadoras estaban comprometidas con su comunidad, el municipio autónomo de San Juan Copala en Oaxaca, y su trabajo estaba direccionado a promover los derechos humanos de las mujeres y de los pueblos indígenas. Por su parte, Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en Veracruz, fue asesinada el 28 de abril de este año en su casa de Xalapa; su cuerpo presentaba indicios de estrangulación y golpes en el rostro.

¿Por qué resaltar estos casos? ¿Por qué llamarlos feminicidios? En primera, porque hasta hoy nadie ha sido castigado, lo cual no es de extrañarse en un país que no ofrece seguridad ni justicia para las mujeres. En segunda, porque estas comunicadoras transgredieron el mandato de permanecer cautivas en el espacio doméstico y salieron al espacio público, a ejercer el periodismo y su derecho humano a comunicar, a evidenciar injusticias contra las mujeres, como lo hizo Regina Martínez con la violación y feminicidio en manos de militares de Ernestina Ascencio en la sierra de Zongolica en Veracruz; por eso fueron “castigadas”, por incidir en un espacio “ajeno”. Entonces, aparte del propósito de silenciar a estas periodistas, sus asesinatos llevaban implícitos, a diferencia del asesinato de periodistas hombres, mensajes misóginos, de odio por discriminación de género.

Así mismo, no he escuchado hasta ahora en la agenda coyuntural de la democratización de los medios que se hable de impulsar contenidos mediáticos sin estereotipos que promuevan la violencia contra las mujeres; ¿Será que criticar contenidos sexistas aún causa escozor y temor incluso en las mentes más “progresistas”? Recordemos que esta insistencia del feminismo no se basa en ocurrencias, sino en el trabajo realizado durante la 4° Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing, 1995) en el que se enunció la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la promoción de los derechos humanos de las mujeres. El Estado mexicano firmó la Plataforma de Acción de la 4° Conferencia, por lo tanto, debe elevar a políticas públicas las acciones afirmativas establecidas.

Finalmente, según datos obtenidos de la investigación que la doctora Aimée Vega Montiel (CEIICH-UNAM) desarrolla actualmente, La participación de las mujeres en las industrias mediáticas, sólo el 2 por ciento de las concesiones de medios en México son para mujeres, y de ese pequeñísimo porcentaje, muchas son presta nombres de varones que en realidad tienen el control del medio concesionado.

De esta forma, y con base a las lastimosas brechas y sesgos de género, debemos tomar en cuenta que si no evidenciamos que la concentración mediática vulnera de manera particular a los derechos humanos de las mujeres, contribuimos a perpetuar la opresión contra nosotras, y, atención, llevar a cabo este ejercicio no implica poner en riesgo los derechos humanos de los hombres, sino entender que no se puede hablar de democracia, en todos los niveles, si la mitad de la humanidad vive en subordinación y violencia. Por eso, ¡sin justicia para las mujeres, que significa justicia para todas y todos, la democratización de los medios no es aceptable!

raquelramisal17@gmail.com