Opinión: Violación e infanticidio

El pasado 30 de diciembre un diario de circulación estatal informó sobre una joven de escasos 15 años, Marta Rosales de Acaxochitlán, Hgo. Al parecer ahorcó a su hija recién nacida, producto de una violación. Ella ni siquiera sabía que estaba embarazada. Su mayor “crimen» ha sido la ignorancia, la pobreza, la marginalidad y la falta de oportunidades en una sociedad patriarcal, en donde las mujeres somos víctimas cotidianas de la violencia, incluida la violencia sexual.

Por Otilia Sánchez / Desde Abajo

A pesar de que desde 1941 el Código Penal del Estado de Hidalgo permite el aborto cuando el embarazo es resultado de una violación, pocas mujeres han tenido acceso al mismo por diversas causas.

En primer lugar, la mayoría de mujeres que han sido violadas no denuncian la violación. Esto además impide que puedan conocer y utilizar la anticoncepción de emergencia, lo cual evitaría en más de un 90{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} la probabilidad de un embarazo como producto de esa violación y obviamente no tendrían que recurrir al aborto.

A esto hay que añadir el miedo, la ignorancia, el desconocimiento de la Ley, los procedimientos legales poco claros, el corto periodo para practicar un aborto legal, y la falta de acceso a las instituciones de salud y de administración de justicia.

Además de la violación y del embarazo producto de la violación, estas mujeres se ven expuestas a otros riesgos, tales como el aborto clandestino, que puede ocasionarles incluso la muerte, o que incurran en delitos como el infanticidio.

Esto viene a colación ya que el pasado 30 de diciembre un diario de circulación estatal informó sobre una joven de escasos 15 años, Marta Rosales vecina del barrio La Laguna, comunidad de Santa Ana Tzacuala, Municipio de Acaxochitlán, Hgo, al parecer ahorcó a su hija recién nacida, producto de una violación. Ella ni siquiera sabía que estaba embarazada.

Esta joven de habla náhuatl, se encuentra dentro de los grupos más vulnerables: mujer, adolescente, indígena y pobre.

Antes de ser juzgada por las leyes ya ha sido juzgada, tanto por el reportero que la califica de “cruel», como por las personas que han leído la nota.

Sin embargo, considero que su mayor “crimen» ha sido la ignorancia, la pobreza, la marginalidad y la falta de oportunidades en una sociedad patriarcal, en donde las mujeres somos víctimas cotidianas de la violencia, incluida la violencia sexual.

¿Cuántas mujeres casi niñas como Marta Rosales, existirán en nuestro estado, en el país, en el mundo, a quienes no sólo les han robado la inocencia, sino también la esperanza? ¿Hasta cuando se seguirán violando los derechos humanos de las mujeres? ¿En dónde están los programas de salud sexual y reproductiva? ¿La impartición de justicia, de verdad le hará justicia a Marta Rosales?

Estas son algunas de las interrogantes que me han acompañado en estos días. Espero que juntas y juntos encontremos las respuestas.

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