Opinión: In memoriam de Ernestina Ascensio Rosario

. Ante hechos como los sucedidos la tarde del domingo 25 de febrero, en la comunidad de Tetlacingo, Mpio. de Soledad Atzompa, en plena Sierra Zongólica de Veracruz, en donde 4 militares del 63 Batallón de Infantería con sede en El Lencero, cerca de Xalapa, violaron tumultuariamente a Ernestina Ascensio Rosario, adulta mayor e indígena de habla nahua, de 73 años quien a consecuencia de esta violación murió a pesar de que había sido trasladada a Orizaba para su atención médica, no queda menos que indignarnos

por Otilia Sánchez Castillo / Desde Abajo

Ante hechos como los sucedidos la tarde del domingo 25 de febrero, en la comunidad de Tetlacingo, Mpio. de Soledad Atzompa, en plena Sierra Zongólica de Veracruz, en donde 4 militares del 63 Batallón de Infantería con sede en El Lencero, cerca de Xalapa, violaron tumultuariamente a Ernestina Ascensio Rosario, adulta mayor e indígena de habla nahua, de 73 años quien a consecuencia de esta violación murió a pesar de que había sido trasladada a Orizaba para su atención médica, no queda menos que indignarnos.

¿En qué mundo vivimos? ¿Hasta cuando continuará la violencia hacia las mujeres: niñas, jóvenes, adultas, adultas mayores? Finalmente la edad no importa, sino lo que importa es nuestra condición de mujeres.

Se supone que las instituciones como el ejército está para proteger a la población, sin embargo hemos visto, de manera reiterada, la continua violación a los derechos básicos y libertades fundamentales, principalmente de las mujeres, por parte del ejército y de los diferentes cuerpos policiacos del país.

En agosto de 2002, cuatro organizaciones indígenas de la Sierra Zongólica denunciaron que los soldados cometieron al menos 50 casos de violación a mujeres, principalmente menores de edad, pero que el Ministerio Público se negó a admitirlas bajo el argumento de que los militares se rigen por las leyes castrenses, según informaron los diarios nacionales. Los casos fueron documentados por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro (Prodh) en su informe de ese año.

El vocero de la Organización Indígena Náhuatl de la Sierra de Zongolica (OINSZ), Juan Carlos Mexhua Campos, dijo entonces que los dos primeros casos documentados correspondían a dos jovencitas de 13 y 18 años de edad, quienes concibieron dos niños como resultado de la agresión sexual.

¿Dónde está la justicia? ¿Estos casos al igual que el de Ernestina Ascensio Rosario quedarán impunes? ¿Y Atenco? ¿Y Oaxaca? ¿Y Aguas Blancas? ¿Y Acteal? Y tantos más.

A pesar de hechos como éste, de 6 mil asesinatos de mujeres en México en un periodo de seis años, y que de manera cotidiana nos enteramos de diversas formas de violencia hacia las mujeres, todavía tenemos que defender la nueva Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada por el poder ejecutivo el pasado 2 de febrero, tanto de integrantes del Poder Legislativo Federal y Estatal y, ahora hasta de las declaraciones hechas por la propia Presidenta del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, lo que demuestra que cuerpo de mujer no garantiza la visibilización de sus congéneres.

La violencia va más allá de una acto privado, la violencia rebasa los límites de lo familiar y, como en este caso, se trata de violencia institucional, violencia de estado.

No hay palabras para expresar este dolor y esta impotencia. Ernestina Ascensio Rosario se merecía, por el simple hecho de existir, una muerte digna. No debió sufrir ninguna violación, ninguna violencia, como ninguna mujer, ninguna persona deben sufrirla.

¡Basta ya de la militarización del país! Lo que necesitamos es democracia y justicia social, de otra manera la inconformidad seguirá creciendo y no habrá forma de detenerla. (Desde Abajo)

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