Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

Despenalizar no es aprobar

. Es constatable también que el número de mujeres que han muerto por condiciones insalubres en el parto, ha disminuido considerablemente con la despenalización. Así mismo, ha disminuido la corrupción de médicos, enfermeras y administradores de servicios de salud.

Por diacono Alvaro Sierra Mayer / Desde Abajo

(Puedo estar en contra del aborto y al mismo tiempo a favor de su despenalización)

Hasta el momento no he escuchado en el debate sobre la despenalización del aborto un planteamiento suficientemente claro del objetivo de esta ley que propone no la aprobación, sino la despenalización por motivos de salud pública.

Inútil, estéril e injustificadamente violenta ha sido, a mi modo de ver, la polémica sobre temas que no contempla la ley, como son la legitimidad o licitud del aborto y menos aún, sobre el momento en que empieza propiamente la vida humana. La ley exclusivamente trata de la despenalización del acto. Nadie será sancionado por creer, pensar y actuar en función de sus propios valores. Más aún los derechos de todos y sus creencias serán protegidos. Todo lo que se ha legislado anteriormente sobre el aborto está en pie. Lo único que cambia es que quienes lo lleven a cabo antes de la semana 12 del embarazo no serán penalizados.

Si se despenalizara la ley del semáforo del tráfico, no significaría que pasarse el alto se convertiría en lícito o legal y menos todavía saludable, sino que no habría multas ni cárcel. Se dejaría a la conciencia y responsabilidad de cada uno asumir las consecuencias de cumplir o no cumplir con esta ley que no habría sido abolida, únicamente despenalizada.

La nueva ley deja a la conciencia y a la responsabilidad de todos y de cada uno opinar y actuar según los criterios propios. La ley no invita y menos aún obliga a nadie a actuar en contra de su propia conciencia. Quien opine que cualquier aborto es ilegal o ilícito y aun criminal está en su derecho. Y el que lo practica está en su derecho también.

Contempla sí acabar con la corrupción de quienes están sacando ventaja de la clandestinidad del acto y proteger la vida de cientos de mujeres que penalizado o no, practicarán el aborto.

Artificialmente planteada, me parece también, la disyuntiva entre «estar a favor de la vida» o «estar a favor de la libre decisión». Todos los que están opinando sobre el tema pretenden de hecho estar a favor de ambas, sin embargo, descalifican violentamente a sus adversarios.

El debate sobre el momento en que empieza la vida propiamente humana lleva dos mil quinientos años. Lo único claro es que ni filósofos, ni teólogos, ni biólogos, ni médicos, ni antropólogos u otros especialistas se han podido poner de acuerdo. Es claro también que cada quien piensa y actúa según sus propias creencias, independientemente de las legislaciones en los diversos países.

En todos aquellos en que se ha despenalizado, no ha crecido la incidencia del aborto. Sabemos muy bien quienes hemos acompañado a otras personas en los procesos de discernimiento sobre abortar o no, que quienes por sus razones personales deciden llevarlo a cabo o los que no, rara vez toman en cuenta su legalidad. De hecho en México las mujeres que llevan a cabo esta acción, que actualmente está penalizada, no son perseguidas.

Es constatable también que el número de mujeres que han muerto por condiciones insalubres en el parto, ha disminuido considerablemente con la despenalización. Así mismo, ha disminuido la corrupción de médicos, enfermeras y administradores de servicios de salud.

Concluyo con un comentario atribuido a San Agustín, (siglo IV) «En lo cierto, unidad, en lo dudoso, libertad y en todo caridad».

Juan Lafarga*

Abril del 2007

* Soy Juan Lafarga, sacerdote jesuita, psicólogo clínico y promotor del desarrollo humano. No hablo en nombre de la Compañía de Jesús y menos aún de la iglesia. Hablo a título personal.

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