Opinión: Corrupción

. El informe de Transparencia Internacional confirma la gravedad de la corrupción que impera en nuestro país… y centra el origen del problema en la impartición de justicia que simple y sencillamente no funciona en México. Sin rodeos… dicho documento señala que el gobierno del cambio decepcionó al reproducir los viejos vicios… cambiar de partido, asegura, no significó solución alguna

por Cristóbal Rojas Millán / Desde Abajo

El Informe global de corrupción 2007, publicado en Londres por Transparencia Internacional la semana pasada señala que el 80 por ciento de mexicanos percibe al sistema judicial como corrupto.

El informe de Transparencia Internacional confirma la gravedad de la corrupción que impera en nuestro país… y centra el origen del problema en la impartición de justicia que simple y sencillamente no funciona en México.

Sin rodeos… dicho documento señala que el gobierno del cambio decepcionó al reproducir los viejos vicios… cambiar de partido, asegura, no significó solución alguna.

Quienes ocupan puestos de decisión se preocupan más por atender sus propios intereses, ya los propios, ya los grupales, que en atender los problemas sociales.

Mientras el país se enfrenta a un creciente nivel de desigualdad, un pequeño sector, de funcionarios públicos y empresarios está encantado de la vida, e impide por todos los medios que nada cambie.

Cuando esto leía… recordé una anécdota, que leía hace muchos años y que hoy quiero compartir con ustedes:

En la China antigua los limosneros que asediaban transeúntes en las calles de Pekín, extendían su mano flácida, mientras que con sus ojos mirando al cielo imploraban con voz lastimera: “Dadme, dadme algo, tengo hambre».

Si alguien se compadecía dándoles una moneda… la respuesta jubilosa del limosnero era una involuntaria descripción del país en que vivían:

“Los dioses te hagan funcionario público».

En aquella china antigua, no había mejor camino para enriquecerse que ser funcionario público.

Todo hace pensar, según el Informe global de corrupción 2007… que México siglo XXI, pareciera vivir una etapa similar a la que en China ya fue superada.

Para muchos mexicanos obtener un puesto como funcionario público significa la gran oportunidad de enriquecerse a través de la corrupción.

Mientras más importante el cargo mayor probabilidad –casi certeza- de corromperse.

Las excepciones no se exaltan como ejemplos vivos, sino que provocan incredulidad y desdén.

Inclusive existe hasta desprecio por el que no aprovechó su oportunidad para enriquecerse.

Es lamentable que así piense la mayoría… sin embargo… ¿qué argumentos tiene el Estado para hacer que piense diferente?

¿Como convencerlo de que desde el 2000 todo cambio en México si a diario vemos como la impunidad sigue campeando, a todos los niveles de la función pública?

Los escándalos de ayer, ya enterrados… son sustituidos por los escándalos de hoy.

Pemexgate, Amigos de Fox, la riqueza de Arturo Montiel, las privatizaciones durante el salinismo, etcétera, etcétera.

Los nuevos escándalos de corrupción siguen surgiendo y como llamarada de petate sólo alcanzan a iluminar por unos días las primeras planas de los periódicos, para al final nuevamente regresar a la impunidad.

Que si los familiares de Vicente, Fox, que si los hijos de Martha Sahagún, que si la megabiblioteca… etcétera, etcétera.

Cuál es la solución a tanto cinismo, a tanto desenfado.

El sistema político mexicano dio luz a una cierta impunidad que lastima no sólo el erario público, sino también a la actitud de los mexicano, a la moral pública.

Asombra, y el asombro se acompaña de náusea, el número de burócratas corrompidos… de los usos y los abusos sin castigo; la ausencia de sanciones, a pesar de estar previstas en la ley.

Y no sólo se trata de empleados públicos o funcionarios de instituciones descentralizadas sino de toda la actividad económica…

Es nuestro sistema.

¿Qué diferencia real habría entre los que secuestran a un empresario y el que defrauda a campesinos para apropiarse del fruto de su único medio de vida?

Tal vez sea cuestión de decenios para corregir esto, de nuevos métodos educativos, de juicio de valor fundados en otros horizontes.

¿Cómo hacer para que México escape a este aparente Destino Manifiesto?

Ya se cambio de partido en el gobierno federal, pero el problema persiste… algunos aseguran que ahora es peor.

El primer paso para corregir tanta podredumbre, y en ello coinciden organismos internacionales, sería aplicar la ley a los culpables… El poder judicial tiene en su mano el inicio del fin del problema… mientras esto no se haga, vana será la oración moral, y los discursos demagógicos, que constantemente escuchamos.

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