Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

. Estoy seguro de que el corazón de cualquier «renegado»-luchador-resistente que ha experimentado el valor y el poder de la oración en sus combates, elevará igualmente esta plegaria a Aquel que «derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada» (Lucas 1,52-53):

Por Álvaro Sierra Mayer / Desde Abajo

ORACIÓN FRENTE A LOS DESAFÍOS DE LA HISTORIA

(Colaboración de un lector)

Ramón Mendoza me compartió una Oración que él compuso y que en seguida les presento. Me parece muy bella, muy profunda y muy comprometida. Le pregunté si podía publicarla y si podía o no firmarla con su nombre y esto fue lo que me dijo: «Si consideras que puede ser de ayuda espiritual a otras personas al ser publicada, con gusto que se publique. No tengo ningún problema de que al publicarla lleve mi nombre o que se presente como anónima. Lo importante es que al socializarla contribuya a fortalecer la fe, la esperanza y el compromiso por un México nuevo, por un proyecto alternativo de nación, sin excluidos, sin contrastes sociales y sin la pobreza escandalosa existente, sin dominios de unos sobre otros, por un proyecto donde la justicia y la paz digna sean una realidad disfrutable por todos y todas en México y el mundo. Así que, si crees necesario poner mi nombre y correo, no hay problema, sin más datos de mi identidad»

Estoy seguro de que el corazón de cualquier «renegado»-luchador-resistente que ha experimentado el valor y el poder de la oración en sus combates, elevará igualmente esta plegaria a Aquel que «derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada» (Lucas 1,52-53):

ORACIÓN FRENTE A LOS DESAFÍOS DE LA HISTORIA

Dios de la Vida y de la Historia,
hazme un hombre libre,
entregado únicamente a la causa del amor y la justicia.
Que con la luz de tu Palabra
tenga una actitud crítica total
frente a los supuestos valores
de la corriente de este mundo:
de sus estructuras, leyes, soluciones y decretos.
Dame una actitud de alerta insobornable: la pasión por la verdad.

Que sepa contemplarte siempre, viviendo en estado de oración,
de admiración, de asombro y agradecimiento
ante las maravillas de tu gran creación
y ante tu presencia salvadora dentro de la historia.
Lléname de la humildad y ternura de los niños.
Que sepa perdonar, actuando sin mezquindades y sin servilismos.

Dame la pobreza y la austeridad de los que peregrinan
en una difícil vida de combate.
Que sepa qué hacer frente a los poderes y sus seducciones.
Revísteme de la libertad total de los que están dispuestos a morir
por el Reino de la paz con justicia y dignidad.

Hazme vivir en estado de alegría, de poesía, de ecología;
de creatividad, sin repeticiones y sin dependencias.
Que en mi marcha por la vida
asuma la conflictividad con la terquedad incansable del profeta.
Que no pierda nunca la pasión por la paz verdadera,
por una vida digna y plena para todos.

Lléname de Ti, para responder
con verdadero amor
a las exigencias del Espíritu,
a los sufrimientos y esperanzas de los olvidados,
a los apremiantes gritos de los oprimidos.
Hazme estar siempre definido al lado de los pobres y excluidos,
en la tarea diaria de la liberación total.
Haz que busque, sin fronteras,
la fraternidad igualitaria.

Que con espíritu ecuménico conjugue la generosa comunión
y la salvaguarda de lo propio de las personas y culturas,
buscando la socialización sin privilegios,
la fraternidad universal.
Que impulse la real superación democrática, económica y social
de las clases que están ahí,
en orden al surgimiento de la sola humanidad fraterna,
justa, digna, liberada.

Enséñame a ser testimonio coherente. Creíble. Transparente.
Ser lo que debo ser.
Enséñame a hablar de lo que creo,
a creer lo que enseño
y a vivir lo que proclamo.
Que sea, de verdad, evangelio viviente, hasta las últimas consecuencias
y en las pequeñeces diarias.
Que abandonado en tus amorosas manos,
sepa estar en natural disposición para el martirio.

Fortaléceme con una fe a toda prueba,
con una fidelidad indeclinable a Ti,
a la historia y a los pobres.
Sobre todo inflámame con la fuerza liberadora de tu amor y de tu paz.
Hoy, mañana y siempre.
Haz que persevere con fidelidad irrevocable,
con una esperanza firme,
histórica y escatológica,
hasta que venga el Reino de la Vida, en plenitud, al final de los tiempos.
Así sea.

 

Y yo digo: ¡AMÉN! Es decir: «Así ha sido. Así es. Así sea. Así será»…

Álvaro, Diácono en Resistencia

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