Guadalupe, la virgen de los sin nada

. Crónica

. Es uno de los doce de diciembre más conmovidos de la historia guadalupana. La represión social, hace que miles de peregrinos acudan a los pies de la imagen venerada con la esperanza de encontrar justicia y piedad, como la de aquella feligresa que pide le sea devuelto vivo su hijo que fue apresado en los límites de Saint Philip, California y Mexicali.

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

“Te vi pasar, Guadalupe, emergida de los ríos del pecado, poniendo bajo tu sombra toda mi iniquidad y mi espíritu que es como escalerilla de tablas”, pronunció poético un Juan Diego bajado de los cerros de la colonia El Lobo, con su ayate de lana y sus huaraches marca “air”, cuando apenas comenzaba la misa por la virgencita de Guadalupe, que este “santo” terrestre apreciaba a las orillas del atrio de La Villita, en una pequeña representación montada en honor a “la morenita”.

Es uno de los doce de diciembre más conmovidos de la historia guadalupana. La represión social, hace que miles de peregrinos acudan a los pies de la imagen venerada con la esperanza de encontrar justicia y piedad, como la de aquella feligresa que pide le sea devuelto vivo su hijo que fue apresado en los límites de Saint Philip, California y Mexicali.

Eleodora Romero, oriunda de Veracruz, pasó su adulta juventud en el municipio de Ixmiquilpan donde conoció a Jorge Estevez, un comerciante de aves que fue apresado en el 2002, por presunto “tráfico de especies”.

Fue llevado al Reclusorio de Pachuca, donde ha permanecido alejado de su familia, que desde aquel día sufrió cambios imprevistos en su cotidianeidad. El mayor de todos ellos: su hijo Daniel, cumplidos los 18, salió al norte del país a buscar ayuda de sus familiares que viven en Mexicali, Baja California, quienes le proveían a don Jorge las aves para su venta, según esto, todo legalizado.

Pero llegados los días en esas tierras de sol y desierto, Daniel no tuvo más esperanza que vender unos cuantos animales por allá para sacar para el pasaje de vuelta a Ixmiquilpan, teniendo que cruzar la frontera entre Mexicali y San Diego de forma ilegal. Ahí fue detenido por la Border Patrol, que sin más, llevó al muchacho al reclusorio de la capital de Baja California, luego de ser acusado por agentes de la Procuraduría Federal para la Protección del Medio Ambiente (Profepa) de “tráfico de especies”.

Hoy, doña Eleodora, sola en medio de las comunidades de Ixmiquilpan, trabaja en una tortillería para sacar el sustento diario para ella y un “ave del paraíso” que su esposo le regaló cuando cumplieron 30 años de matrimonio.

La impotencia le hizo llegar ante la Guadalupana, a quien reza todos los días pidiendo la liberación de su hijo y de su esposo.

Hincada, persiste en su oración, en tanto, ese Juan Diego piadoso le hace relato la humildad, la paciencia y la fe.

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