[OPINIÓN] Dos años sin Ana Politkovskaya

 Hace dos años tuvo lugar el asesinato de la periodista Ana Politkovskaya, quien se dedicaba a la defensoría de los Derechos Humanos a través del periodismo, en particular a los derechos violentados durante el conflicto checheno. Su asesinato a balazos en la salida de su departamento en Moscú, se debió a la no aceptación de la crítica por parte de los poderosos antidemócratas, obligados a coexistir en una equidad incipiente.

Por Tania Meza Escorza / Desde Abajo

Tras décadas enteras de vivir en totalitarismos que no aceptaban ninguna crítica, muchos países en el mundo hacemos un esfuerzo honesto por avanzar hacia la democracia, pero no es fácil.

Las inercias nos doblan en todos los niveles. Vencen a nuestros gobiernos acostumbrados a la corrupción, al clientelismo y al halago fácil, y nos vencen cada día como mujeres y hombres que pretenden ser justos en la cotidianeidad, pero que no logran ambientes democráticos ni en su propia familia.

Cuando se ha crecido como humanos y como naciones en contextos dictatoriales, la democracia no es fácil de obtener, por eso cuesta tanto soportar la crítica. En México lo sabemos bien. Por eso entendemos la lógica de los grupos de poder que operan en Rusia (los lícitos y los ilícitos) frente a la crítica periodística independiente. La entendemos, pero no la aceptamos y mucho menos la compartimos.

Hace dos años tuvo lugar el asesinato de la periodista Ana Politkovskaya, quien se dedicaba a la defensoría de los Derechos Humanos a través del periodismo, en particular a los derechos violentados durante el conflicto checheno. Su asesinato a balazos en la salida de su departamento en Moscú, se debió a la no aceptación de la crítica por parte de los poderosos antidemócratas, obligados a coexistir en una equidad incipiente.

Reconocida por su ‘valor en el campo’ durante la cobertura de la guerra de Chechenia, por parte de la Internacional Women´s Media Foundation, en el 2002, Politkovskaya era una férrea crítica de la vinculación del gobierno y las mafias rusas. Lo anterior permite suponer las causas de su asesinato, pero es sólo eso, una suposición.

A dos años de su asesinato, la certeza que sí se tiene es nuestra exigencia como mujeres y como periodistas de un país en donde el ejercicio periodístico también puede costar la vida, de que el crimen de Ana no debe quedar impune. El asesinato de Ana Politkovskaya fue entonces ampliamente difundido en todo el mundo, como un símbolo de los cientos de crímenes contra reporteros y reporteras anónimos, víctimas de mafias locales.

Si el asesinato de una periodista es cosa de todos los días ¿Por qué recordar justamente éste, a dos años de sucedido? Porque ninguna democracia se puede construir acallando las voces, y porque ningún mundo es posible si la vida y la dignidad de las mujeres son vulneradas, no importa en qué parte del planeta.

El sentir de quienes nos dedicamos al periodismo y a la comunicación respecto de la muerte de Ana, fue explícitamente definido por Arnoldo Krauss: “En estos tiempos hay poco espacio para las personas morales que denuncian y que no aceptan que las vidas humanas sean prescindibles.

Pensar y observar el mundo implica rebelarse, exige no callarse. Cuando la razón y la moral son cualidades de la persona, es imposible habitar este mundo sin incomodarse, sin preguntarse, sin chistar. De eso escribía en la Rusia de Putin, que era también su Rusia, la periodista asesinada. Por eso la mataron y por eso, sin conocerla, la admiramos”.

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