[OPINIÓN] Patria, Huazalingo, o muerte

. El ambiente era de rebeldía absoluta. Hasta en los platanares, cayendo de sus hojas robustas, se podía observar la tensión que espesaba los hilos de humedad. El día D de la lucha de clases. Indígenas sobre caciques. Y al final, Marx tuvo razón. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) triunfó de nuevo, derrotando al PRI de antes y de ahora, al Tribunal y a la historia

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

Levantó el machete del suelo, extirpando el filo del surco que, sobre la tierra, provocó la tensión con la cual hendía la punta. Rodeó el mango con toda su mano, girando la muñeca para poner la hoja en dirección al movimiento natural del brazo por si fuera necesario blandir el instrumento. Una camioneta no identificada se acercaba. Podían ser los priístas con despensas para repartir durante la elección. Eran los observadores. Pero ella ya estaba preparada para el momento temido. No importaban sus años ni que el alfanje casi le llegara a la cadera. Lo que estaba en juego todo lo merecía: la autodeterminación de su pueblo.

Al amanecer del cinco de julio en Huazalingo, la historia le ofrecía una nueva oportunidad a su gente. Una extraordinaria, en efecto, tras la anulación fraudulenta que el Tribunal Electoral Federal le recetó al triunfo que obtuvo en las urnas Fermín Gabino Brandi, el nueve de noviembre pasado. El ambiente era de rebeldía absoluta. Hasta en los platanares, cayendo de sus hojas robustas, se podía observar la tensión que espesaba los hilos de humedad. El día D de la lucha de clases. Indígenas sobre caciques. Y al final, Marx tuvo razón. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) triunfó de nuevo, derrotando al PRI de antes y de ahora, al Tribunal y a la historia.

No era una elección cualquiera. Independientemente de la causa ambiental y el ansia de justicia que caracterizó la justa electoral en Zimapán, en Huazalingo se jugaba algo más: la sangre, el pasado y la vida misma. La lucha de un pueblo indígena por su autodeterminación. Un camino trazado sobre la comunidad ejidal, el Partido Socialista de los Trabajadores y, desde 1989, el de la Revolución Democrática. Su derecho a vivir y trabajar a pesar del cacicazgo de Iraís González García y sus hermanos e hijos, Napoleón –quien, vergonzosamente, es hoy diputado local por el PRD -, Teódulo y Rafael González Pérez, ex presidente municipal de ese lugar de 1988 a 1991 y hecho contendiente del PRI en esta elección extraordinaria. Estaba en juego su partido, su militancia y organizaciones, histórica y abiertamente amenazadas por Los González, los Rojo y el denigrante senador perredista José Guadarrama Márquez. Y un ingrediente fundamental: el pueblo de Huazalingo votaría en memoria de su hermano Artemio Marcos Hernández y el juicio político para sus asesinos.

Artemio Marcos Hernández fue asesinado el 19 de mayo de 1989 por un pistolero de Los González. Era dirigente de la Unión Regional de Ejidos y Comunidades de la Huasteca Hidalguense (URECHH), una de las organizaciones indígenas independientes más importantes de la década de 1970, junto a la Organización Independiente de los Pueblos Unidos de las Huastecas (OIPUH), que después devinieron en la conformación del FDOMEZ.

Llegaba a Huejutla a bordo de su camioneta acompañado de otras personas. Se estacionó en el lugar acostumbrado entre la ferretera del señor Fayad y el ISSSTE, para reunirse con José Martínez Granados, Director de la escuela Telesecundaria de San Pedro Huazalingo, quien una noche antes al homicidio lo citó exactamente en aquel lugar a las ocho de la mañana para que le firmara y le sellara unos documentos indispensables para la entrega de un televisor para la escuela municipal. Pero Martínez Granados no se presentó. Marcos de bajó del vehículo para checar si había quedado abierto alguno de los parabrisas, cuando le dispararon por la espalda. Recibió tres disparos producidos por una pistola automática.
Dado su liderazgo político y social, Marcos había llamado la atención de Iraís González García y su hermano Francisco “personas éstas que son señaladas como caciques de la región”, según se señala en la recomendación 022/1990 emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) el siete de noviembre de 1990 en contra del entonces gobernador Adolfo Lugo Verduzco, a razón del homicidio.

El pretexto para asesinar a Marcos se suscitó cuando, acompañado de varios ejidatarios e ingenieros de la Secretaría de la Reforma Agraria, acudió a la casa de Iraís González García para reclamar la devolución de un teodolito que un pistolero, a sus órdenes, le arrebató al Comisario Ejidal. Tras la discusión y devolución del aparato, Iraís González le amenazó de muerte, advirtiéndole que «él era la cabeza del movimiento y que con su vida lo iba a pagar».
El hecho quedó acreditado en la averiguación previa y, posteriormente, en la recomendación de la CNDH. En ese momento, con González García se encontraba su hijo, Rafael González Pérez, quien entonces despachaba como alcalde.

Uno de los testigos del asesinato de Marcos fue Fermín Gabino Brandi. Lo acompañaba en el viaje y se encontraba a cuatro metros del ex dirigente cuando escuchó los disparos y lo vio caer.

El tiempo y las elecciones pusieron a Gabino Brandi y González Pérez frente a frente. El PRD ganó. Los González fueron derrotados en esta ocasión, a pesar del apoyo financiero con el que contaron y del cual dieron cuenta los perredistas. Narran que dos días antes de la elección, en el lugar se dio cita Jorge Rojo García de Alba, hoy diputado electo por Actopan e hijo de Jorge Rojo Lugo, jefe político de Iraís González García. Que el priísta arribó con 2 millones de pesos para la compra y coacción del voto. Evidentemente, la alianza caciquil no ha terminado. Sin embargo, existe un pueblo organizado y decidido a la rebelión permanente. Huazalingo logró por la vía electoral su autodeterminación, la cual, parafraseando al Canto General, gota a gota iba naciendo.

luis@desdeabajo.org.mx

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