Hidalgo, sus jóvenes, los DDHH y la violencia

Por David Ordaz Bulos / Desde Abajo

Como el tiempo y la historia lo demuestran, el estado de Hidalgo está inmerso en las aceleradas transformaciones que en México y el mundo se han desarrollado en las últimas décadas. Transformaciones que abarcan todos los aspectos de vida a los que las sociedades estaban acostumbradas.

Las normas, los valores y parámetros bajo los que se regía el orden social han cambiado de manera vertiginosa, incierta pero natural. La violencia es un tema manifiesto y oculto en la vida cotidiana y, los Derechos Humanos aparecen como un discurso desde el cual (en teoría) es posible hacerle frente.

Para realizar el capitulo concerniente a los y las jóvenes en el libro “Hidalgo: La memoria contra el olvido” que recientemente publicó el Observatorio Ciudadano en Violencia Social y de Género de Hidalgo (OVSG – H), hicimos varias preguntas, como por ejemplo: ¿Cuál es el panorama de vida para las y los jóvenes hidalguenses? ¿Qué implicaciones tiene ser joven en cuanto a la garantía en el acceso a educación, empleo, salud, vivienda y justicia?, ¿Qué acciones se han implementado en materia de juventud que planteen oportunidades de desarrollo y que garanticen el cumplimiento de los derechos fundamentales? ¿Qué relación guarda la violencia con el cumplimiento-incumplimiento de los derechos de las y los jóvenes? Y ¿De qué manera será posible construir un frente común?

En esta lógica dos parecen ser los caminos a seguir para moldear el rostro de una defensa de los derechos humanos en la entidad: por un lado, en el terreno de la muy renombrada complejidad de las problemáticas de la vida moderna que obliga a indagar en el panorama social con el fin de vislumbrar ciertos puntos de acuerdo, desde donde orientar posibles alternativas de solución y pluralidad.

Y por el otro lado mantener la incidencia, la vigilancia y la contraloría desde la sociedad civil ante las instituciones oficiales siguiendo la vía ética y jurídica. Donde debe cuidarse mucho que los discursos no se pierdan de las realidades sociales e individuales como comúnmente sucede.

Es ahí donde corremos el riesgo de que las nociones de juventud, derechos humanos y violencia en este caso, queden atoradas en la ética indolora del posdeber que Lipovetsky (1992) ha utilizado para identificar los rasgos esenciales de nuestra época.

Ética del posdeber caracterizada por una sociedad que repudia el deber austero e integral y paralelamente, corona los derechos individuales a la autonomía, el deseo, el confort y la felicidad. Ética elegida a la medida de la conveniencia que no ordena ningún sacrificio mayor, ningún arrancarse de sí mismo. Lejos de oponerse frontalmente a la cultura individualista posmoral, el efecto ético es una de sus manifestaciones ejemplares.

La ética del posdeber contribuye a fragmentar, a hacer duales las democracias, produciendo al mismo tiempo normalización y anomia, más integración y más exclusión, más criminalización de las drogas y más jóvenes que quieren dedicarse al narcotráfico, más autovigilancia higienista y más autodestrucción, más horror a la violencia y más trivialización de la delincuencia. Al final el individualismo es lo que gana en todas partes.

Como ejemplo basta recordar aquella nefasta campaña utilizada por la Universidad Autónoma de Hidalgo con el lema “Con el orgullo de ser universitarios”, donde se pregonaban valores que la misma institución jamás a sido capaz de fomentar desde su enquistada burocracia. Ese es el tipo de ética que es necesario escudriñar pues, ante la imposibilidad de mantener el status autoritario que visiblemente rige a la institución; se buscaba irradiar una imagen tolerante y abierta que en el fondo solo esconde la obvia realidad del estado de corruptela en el que están las cosas al interior, y que saben muy bien quienes ahí trabajan con el coste existencial que implica tratar de mantener en equilibrio una vida amenazadamente “confortable”.

Por ello es necesario poner atención a como utilizamos conceptos como: jóvenes, derechos humanos y violencia. En tiempos donde la ética desde hace rato se ha convertido en moda, en piedad, en redondeos de centavos, en bolsas verdes reciclables de empresas supuestamente responsables, o en la foto de cualquier figura pública rodeada de personas con capacidades diferentes, niños indígenas, mujeres, jóvenes, etc. Situaciones todas ellas, que de fondo validan los abusos sociales, políticos, económicos como un cosmético.

En este estudio se exploraron varios planos apostando a la multidimensionalidad, que asume a la identidad cultural joven no universal, ni única. Más bien relativa según el lugar desde donde sea hablada, como portadora en sí misma de una enorme multiplicidad de caras.

La identidad joven vive y es parte de la permanente interacción con otras identidades dentro de la vida social, en medio de intercambios entre personas y grupos que juegan y se asumen en el drama colectivo. Ahí se conecta la violencia como problemática de múltiples manifestaciones, que guarda estrecha relación con el cumplimiento / incumplimiento de los derechos de los y las jóvenes y la población en general y exige ser abordada desde un panorama amplio en cuanto a significados y posibilidades.

La violencia como fenómeno con una dimensión estructural, no puede ser entendida al margen del contexto político, económico y social en el que está inmersa, por lo cual hemos considerado que esta problemática guarda una estrecha relación con el acceso que tiene la población a oportunidades de desarrollo, al cumplimiento y vigencia de sus derechos.

Un eje reflexivo de este trabajo ha sido ¿Cómo son pensados las y los jóvenes desde los marcos normativos, desde las instituciones y políticas gubernamentales en la entidad?

Encontrando imaginarios con concepciones paternalistas, clientelares o tutelares de la juventud, donde es necesario el impulso del reconocimiento de las y los jóvenes como sujetos de derechos y autonomía. Orientado a la generación de políticas públicas enfocadas al desarrollo de las capacidades juveniles y la socialización de la ciudadanía, reconocimiento que impactaría directamente en consolidad una cultura política plural y democrática.

Gracias a estas afirmaciones y a la múltiple toma de responsabilidades los y las jóvenes podrán dejar de ser un sector apático y desinteresado continuamente catalogado de esa forma, o peor aún, seguir siendo aquel sector programable en calidad de beneficiarios pasivos de políticas sociales excluyentes de participación ciudadana. La promoción del debate público sobre el estado que guardan los derechos fundamentales y las prioridades que existen tendrán que agregarse a la agenda pública.

En Hidalgo prevalece la construcción de leyes y políticas públicas, al margen de la participación de los sectores juveniles. Pues son construidas verticalmente y el papel que juegan los y las jóvenes es de meros receptores. Por ello es necesario valerse de la corresponsabilidad- institucional, que implica necesariamente que los y las jóvenes sean tomados en cuenta al momento de elaborar las políticas públicas que influirán directamente en las oportunidades que como sector poblacional tengan. Es necesario no solo reconocer, sino implementar las estrategias y acciones a todos los niveles.

Al asumir que el futuro de la democracia en México se encuentra estrechamente vinculado con las maneras en que la cultura política generalizará nuevas legitimidades, y viendo a los derechos humanos, fundamentales para los procesos de transición y cambio.

En ese sentido el estado debe realizar acciones que garanticen la vigencia de los derechos atendiendo la construcción de programas de intervención integral en temas como salud, educación, empleo, ambientes seguros, participación, recreación y cultura. Así también repensar la noción de juventud adaptándola a las políticas juveniles, sin olvidar el eje de corresponsabilidad interinstitucional.

elmedium404@hotmail.com

Referencias:

Lipovetsky, G. (1992). El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos. Barcelona. Anagrama.

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