Adrián Escamilla y el Festival Chilo

por Antonio Malacara / Desde Abajo

Entre las muchas cosas que no logro explicarme, está el perfil de Adrián Escamilla, pues a pesar de ser un saxofonista de sólida formación académica, un compositor con la sensibilidad a flor de labio, de trazos deliberadamente suaves y preciosistas, su nombre no figura todavía en el nutrido circuito de festivales jazzísticos de este país. Probablemente necesite de algún buen promotor, o probablemente los organizadores de esos encuentros requieren sintonizar mejor sus antenas o sus canales de exploración.

¿Existirá en nuestras universidades e institutos culturales personal suficiente (y capaz) que se dedique a monitorear a todos los músicos de calidad que surgen y siguen surgiendo en el jazz de estas tierras? ¿Me oigo muy ingenuo? Probablemente. Lo que sí sé que existe por todos lados es gente que, fuera de las nóminas, asesora a estas autoridades culturales con una que otra espabilada y una que otra recomendación.

Luego entonces… ¿qué hace falta? Claro: infraestructura, y que los políticos dejen de poner a sus cuates y sus yernos en los puestos claves, que dejen de hacer cónsul al primer caballo que se les atraviese. Aunque también sería bueno que todos aquellos que andan regalando su chamba en las estaciones de radio y los festivales y las escuelas y los etcéteras, dejaran de hacerlo, porque resulta que los dueños de los medios se acostumbran muy rápido a esta morbosa y comodina relación, y en cuanto llega alguien queriendo cobrar por su trabajo, nomás se ríen y le dicen que no, que ya tienen por ahi un buen hato de jumentos haciéndolo gratis.

Pero estábamos hablando de Adrián Escamilla, quien hace no mucho presentó su primer disco solista con el título de El sonido de tu inmensidad, trabajo pulcro y sorprendentemente balanceado (pareciera ser el sello distintivo en buena parte de la nueva generación), de swing automático, natural, de gran fluidez, ya en la balada o en el desprendimiento; de extensos alegatos en el sax tenor y el soprano, pero dejando siempre amplios márgenes para piano y contrabajo, mientras la batería prefiere tejer su discurso (que no mero acompañamiento rítmico) desde el fondo.

Y es que además Escamilla convocó para esta primera entrega a tres de los mejores músicos de su generación: Israel Cupich (contrabajo), Rodrigo Barbosa (batería) y Nicolás Santella (piano). Este último se muestra pródigo en imágenes y armonías, apareciendo aquí mucho más extrovertido que en los quehaceres de su propio trío (al parecer, no piensa regresar a la Argentina, y lo celebramos). Un buen disco y una reseña remisa.

En poco tiempo aparecerá el segundo disco, ahora al lado un buen saxofonista peruano: Karlhos Misael y Adrián Escamilla Project. Todo está listo, sólo falta la luz.

En honor a Chilo Morán, célebre trompetista sinaloense que nació en Concordia, el 19 de noviembre de 1930, y falleció en la ciudad de México el 8 de abril de 1999 piedra fundamental en la historia del jazz mexicano, músicos, jazzófilos y autoridades de Mazatlán se organizaron para llevar a cabo el segundo Festival de Jazz Chilo, teniendo como sedes el Museo de Arte de Mazatlán y la Plazuela Machado, en el Centro Histórico de aquel puerto.

Este año, del 8 al 11 de abril, participaron siete grupos durante cuatro intensos y exitosos días de festival, según reporta el buen amigo Julio Recinos, percusionista de la Falsa Orquesta Cubana. Héctor Mendieta, director del festival, programó a músicos de Chile y Estados Unidos, así como de Veracruz, Jalisco y Sinaloa, quienes se presentaron con los grupos: Crazy Guys of Swing, San Juan Project, Teresa y Nacho, La Falsa Orquesta Cubana, Malverde Blues Experience, Malamecha y el Ensamble Chilo, formado éste por tres músicos de la Universidad Veracruzana: Alonso Blanco (piano), Emiliano Coronel (bajo) y Sergio Mendoza (batería).

Ya se está organizando la tercera edición, para abril de 2011.

En la entrega pasada, al comentar el concierto de Sibila de Villa, dije que no identifiqué un tema que Víctor Flores interpretó a contrabajo solo con arco. Días después, Mauricio Bieletto, chelista de los grupos Al Universo y Chac Mool, me habló para decirme que, en efecto, es una zarabanda, que pertenece a la Primera suite para violonchelo solo, de Juan Sebastián Bach. Gracias.

El año pasado, Bieletto ganó el concurso Rock contra el sida, organizado por Jorge Pantoja con patrocinio de la Sedesol. Los premios fueron 50 mil pesos y la grabación de un disco que está por aparecer. Salud.

amalacara@prodigy.net.mx

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