Hidalgo: Nueva realidad política

por Pablo Vargas González / Desde Abajo

Las elecciones del 4 de julio en el estado de Hidalgo, para renovar los poderes ejecutivo y legislativo, constituyen un eslabón más en la larga transición política local en el proceso inconcluso de consolidación democrática. Los cargos en disputa, la gubernatura y 30 curules que integran el Congreso Local, despertaron de manera inédita expectativas entre grupos políticos, empero solo pudo motivar a una parte de los electores.

Las condiciones de competencia, como en otras entidades federativas donde hubo elecciones, fueron a la postre determinantes en el resultado final. Al igual que al inicio de la transición no existen reglas del juego aceptadas por los actores políticos, por el contrario se sigue cuestionando a los organismos electorales y las leyes electorales por su parcialidad, falta limpieza, carencia de objetividad pero sobre todo las críticas se acumulan por inequidad.

De entrada una recomposición de las fuerzas políticas, resultado de un decrecimiento del voto de la oposición desde 2006 en que la geografía electoral se pintó de amarrillo con un voto de arrastre nacional a favor de AMLO, una recuperación del control político y de las estructuras del PRI en las elecciones locales posteriores de 2008 que se enmarcaron en el discurso-estrategia del “regreso del PRI” y las elecciones federales de 2009 que marcaron el “regreso del carro completo” obligaron a la oposición a una estrategia de unión de fuerzas.

La integración de fuerzas opositoras fue desde el inicio descalificada por las instancias y voceros gubernamentales. Se había contemplado un amplio espectro de integración pero la labor de división y cooptación fue determinante. Se conformaron dos grandes coaliciones Unidos Contigo (PRI, PANAL, PVEM) y “Hidalgo nos une” integrada PAN, PRD, Convergencia y PT. Ambas fuerzas lograron polarizar la atención y el voto, ni siquiera la campaña del “Voto nulo”, cuyo objetivo fue la desestimulación para votar, tuvo un efecto significativo.

Lo que dio un giro a la campaña electoral fue la candidatura de Xochitl Gálvez, su presencia, a pesar de la exclusión de los medios de comunicación local fue instalándose paulatinamente entre el electorado, hasta convertirse en un fenómeno electoral, minimizado por las encuestas oficiales, que dio estimulo y atracción a una enorme cantidad de votos opositores que fundamentaron las posibilidades de una alternancia. El “fuego amigo”, los poderes fácticos, la falta de apoyo de fuerzas internas de los partidos, que no solo no apoyaron sino que abiertamente hicieron campaña en su contra (UFIC, “Frente Democrático Hidalguense”), los bajos perfiles de los candidatos a diputados, no contribuyeron a una inserción mayor que la dotará de una fuerza con contundencia y ganadora.

Las dos reformas electorales de 2007 y 2009 en Hidalgo no llegaron a equipararse a la reforma federal de 2007, por lo cual fueron claramente insuficientes para proporcionar un marco de equidad, legalidad y transparencia. Ni siquiera las reformas electorales pudieron contener las evidentes y notorios desequilibrios entre los competidores: uso de recursos públicos, injerencia de funcionarios y dependencias gubernamentales (estatales y municipales), las campañas negras y las campañas de rumores, como también de manera relevante la abierta y manifiesta disparidad en el acceso a los medios de comunicación.

En más de treinta años de reformas electorales en Hidalgo, que se iniciaron en 1978 con modificaciones superficiales en pleno dominio de un partido hegemónico, no produjeron ni mejorar las condiciones de competencia ni la motivación para la participación ciudadana. El abstencionismo del 52 {9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de electores registrados en la lista es un indicador de la cultura política aun predominante, basada en un conjunto en prácticas que sustentan la política delegativa y clientelar.

La cerrada elección, que produjo la polarización del voto, en todos los distritos dan resultados inéditos de las expectativas y deseos de los electores. No se puede cerrar los ojos, sumidos en triunfos de “suma cero”, de que la realidad política de Hidalgo es otra. El gobierno local que se integre después de que se concluyan los diferendos jurídicos debe actuar en consonancia de un Hidalgo plural, diverso y con expectativas de cambio.

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