Un sacerdote comprometido

por Pablo Vargas González / DESDE ABAJO

Para el Padre José Barón Larios, en su pronto restablecimiento.

Tras los escándalos que sacerdotes de la iglesia católica han escenificado, no podemos decir que todos sean igual, de que se hayan alejado de su misión de servir a su grey hasta las últimas consecuencias. Los últimos años han sido de sorpresa en sorpresa, al revelar las correrías de clérigos, desde lo alto hasta la base de la jerarquía. Involucrados en proteger criminales, en la dolorosa pederastia, en mezclarse en negocios sucios para lucrar.

Pero afortunadamente, no podemos generalizar que todos los sacerdotes sean así. Por el contrario tenemos evidencias cercanas de que una buena parte de sacerdotes que conviven con su pueblo, mantienen como ninguna otra profesión u oficio un compromiso serio; sufren sus problemas, los acompañan en los momentos tristes y de agobio, y dan un alivio espiritual.

Por eso vale la pena hablar del sacerdote Alejandro Solalinde, quien como director del albergue “Hermanos en el Camino”, ha sacado la cara para llamar la atención sobre uno de los sectores más desprotegidos de los últimos años: los inmigrantes centroamericanos.

La voz del Padre Solalinde ha puesto en jaque y al descubierto no solo la ineficacia de las políticas de inmigración, sino también ha revelado que en el vacío de las autoridades ha florecido el crimen y las bandas criminales, que han crecido a los secuestros que infligen a miles de personas de escasos recurso que pasan por el territorio mexicano esperando llegar a la frontera de Estados Unidos y alcanzar el “sueño americano”.

Pero desgraciadamente miles no llegan. En el 2010 el Instituto Nacional de Migración, ese elefante blanco encargado de los puestos migratorios tiene la estadística de que 2000 personas fueron secuestradas, nada más alejado de la verdad, y muestra la cara de su real ineficacia. Los organismos internacionales de derechos humanos han calculado que por lo menos 20 000 personas fueron privadas de la libertad, y las bandas criminales piden rescate o les imponen labores ilegales.

Es aquí cuando cobra altura el papel del Padre Alejandro Solalinde, y del albergue “Hermanos en el Camino”, ubicado en Ixtepec, Oaxaca. No solo les da las bendiciones a los miles de centroamericanos que pasan al año, sino que les ofrece techo y pan para que puedan seguir su camino. Pero debido a su tenaz denuncia por movilizar a las distintas autoridades y después de varios atentados masivos contra personas indefensas se puso en el centro del huracán.

El Padre Alejandro Solalinde está ahora situado en un gran peligro, es altamente visible para las bandas criminales que siguen operando sin freno alguno. Y por las autoridades federales y estatales está siendo ninguneado y minimizado, inclusive ha sido interrogado por la SIEDO de la procuraduría federal. Saben dónde ubicarlo y saben que su única fuerza es moral, lo que lo hace demasiado vulnerable.

La voz del padre Solalinde ha propiciado que organismos de derechos humanos y de asociaciones civiles pongan mayor atención a la violación de derechos humanos de los inmigrantes centroamericanos. Por ello México está siendo calificado como un país que no protege los derechos fundamentales de las personas. Gracias a su intervención la Cámara de Diputados ha iniciado el proceso para crear una Fiscalía especializada en la protección de estos inmigrantes.

El padre Alejandro Solalinde ha dicho “Jesús nos dijo que un buen pastor da la vida por sus ovejas, camina frente a ellas y si ve al lobo, no huye, sino que las defiende. Pero el mal pastor corre para salvar el pellejo, porque es sólo un asalariado, y así el lobo las mata y las dispersa”. No cabe duda que representa una luz en el camino que permite no perder la esperanza. Es un pastor comprometido con quien necesita creer en este momento.

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