Emergencia Nacional: 14 mil violaciones

Un grupo de mujeres diversas, convocadas en principio por las responsables de la política feminista de los partidos de la Revolución Democrática y Convergencia, Mónica Soto y Carmen Ojesto, se han puesto a discutir la celebración de un Encuentro Nacional de Mujeres de Izquierda ante la Emergencia Nacional.

Una primera convicción que anima a este llamado es que en México podríamos estar en presencia de una espiral imparable que nos llevará a un estado neofascista y sin oportunidad para recuperar lo que hace pocos años era eso de la transición a la democracia y mantener el pacto social que genere el Estado de derecho y pacífico que soñamos. Un Estado que garantice a sus ciudadanos y ciudadanas la posibilidad de un desarrollo individual y colectivo con derechos, justo y progresista.

La Caravana convocada por el poeta Javier Sicilia, curtida por la indignación y el llanto, ha sido fundamental para hacer el recuento de los agravios, aunque el documento final obvia nombrar la ominosa y creciente violencia contra las mujeres y el asesinato de muchas de ellas.

De cara a ello, las mujeres tendrían que alzar su voz para contribuir a parar esta guerra absurda, pensaron las convocantes, sabedoras de que es muy importante que las mujeres consigan puestos de decisión, pero la pregunta es ¿para qué? si probablemente, de no parar esta situación, tal vez estemos a punto de tener las últimas elecciones «normales» en 2012, si llegamos a ello.

De ese tamaño es la preocupación. Y tal parece que de ese tamaño es la realidad a la que desafortunadamente nos hemos acostumbrado. El reguero de muertos, de encuentros violentos, de amenazas zigzagueantes en amplias zonas del territorio nacional nos dejan mudas. Es sorprendente cómo las palabras, todas son insuficientes para describir el suceso cotidiano, el que recogen los diarios.

Este domingo, por ejemplo, el diario El Universal da cuenta de un documento de trabajo de la Cámara de Diputados , específicamente de la Comisión de Seguridad Pública, encargada de acercarse científicamente al recuento que va siendo una catarata de cifras lamentables que dejan sentir que el régimen actual dejará un grave saldo social.

Sin embargo, a pesar del tremendo desgaste emocional que esto significa, el documento sostiene que alrededor de 23 mil jóvenes han sido enrolados en el crimen organizado, son miles de muchachos y muchachas que han perdido toda oportunidad humana. Es absurdo hablar de sus oportunidades educativas o de trabajo, ¿serán los jóvenes y las muchachas marginadas, pobres, caídos en desgracia?

Y las bandas delincuenciales y policiales también según el más reciente conteo del horror, habla de unos 10 mil menores que han quedado en la orfandad, huérfanos de padre o de madre, sin que se cuente a las viudas, a las madres que tendrán que reorganizar toda su vida para al menos mantener un mínimo de esa estructura, tan llevada y traída por el discurso calderonista que es la familia, esa ideal, de las fotos bonitas y las caras alegres.

Y dice más. Según el recuento que hace la comisión camaral existen entre 120 y 240 mil mexicanos y mexicanas que han sido obligados a dejar sus casas, sus pueblos, sus lugares de origen, las y los desplazados, en un país que no es Colombia ni la Guatemala de hace apenas unas décadas. Son personas obligadas al desarraigo que atenta contra la memoria y los afectos.

Estuve en Michoacán este fin de semana y observé a vuelo de pájaro decenas de casas en venta y el horror en los ojos de algunas dirigentes políticas de Convergencia, suspender sus asambleas -ahí está a todo lo que da el proceso preelectoral-, como resultado de la violencia desatada que cerró carreteras, tendió mantas de varios grupos de la Familia Michoacana y sabemos por los reportes periodísticos, dejó 18 muertos estos días, nuevamente. Celia, una de estas mujeres, me contó que el temor del cierre carretero era encontrarse, como hace meses un panorama semejante a los paisajes de países devastados por las guerras que pasan por la televisión, que antes nos parecían tan lejanas y atroces.

El documento de marras, como se lee en el reportaje, además documentó 14 mil violaciones sexuales que han sido denunciadas formalmente, sobre lo cual, la diputada perredista Teresa Inchaústegui, secretaria de esa comisión, señala que a los ya casi 40 mil muertos que son resultado de la guerra que lanzó el señor Felipe Calderón el 1 de diciembre de 2006, hace incalculable el daño provocado, en más de un sentido, por las vidas cegadas, las familias rotas, mutiladas y denostadas.

Aunque nadie habla de las viudas y los cuerpos mancillados es evidente que estamos en presencia de una emergencia que obliga a parar esta situación. Quizá por ello es tan atinada la convocatoria de estas mujeres, autodenominadadas de izquierda, que están conscientes de la importancia de debatir al país desde la perspectiva de las mujeres, víctimas directas y adyacentes de la situación.

El Encuentro previsto para julio próximo también examinará lo que ha significado la política económica y el desempleo; los daños invisibles, esos que corroen el alma y producen efectos en cascada por el miedo. Las mujeres y las familias cuya salud está dañada y en proceso de agravamiento, porque no se entiende cómo se vive el día a día en las calles de Culiacán o de Coahuila, esa entidad donde se resume con cifras elocuentes la persecución a migrantes y todavía resuenan por todas partes los dolores de las viudas de la región carbonífera, donde se amasan millones, quizá, para comprar votos.

Es tan tremenda la situación que las mujeres que van a organizar este encuentro necesitarían días y días para oír o plantear testimonios, que no se pierdan como sucedió en la Caravana, que formen un legajo que haga posible instalar o instituir una Comisión de la Verdad, donde globalmente se sistematicen los agravios y las demandas, el tamaño de la impunidad que acaba por ser una palabra vacía, como las otras.

Tal vez es este el problema principal y no la llevada y traída agenda de los derechos de las mujeres, los que parecen no tener apoyo o posibilidades en un país donde hoy la democracia parece tan lejana, esta tan destruida y mancillada.

Es verdad que las mujeres no tienen hoy el reconocimiento de su capacidad política, pero no la tiene nadie, no podemos aspirar a la normalidad democrática, esa que se debate en los diarios, donde se pican los ojos unos precandidatos a otros, unos partidos a otros, mientras una criatura en la escuela tiene el peligro de ser enrolado al crimen, donde no se pueden caminar las calles ni en Michoacán, ni en Nuevo León o Sinaloa, porque puede ser baleada, morir o ser violada; mientras se cierran negocios y se huye del peligro con todo y menaje de casa en el mejor de los casos.

Quizá por todo esto, sentarse unas horas a pensar, cómo la voz de las mujeres pude servir para algo en el país denostado y devastado, desde una perspectiva política, más que elaborar estrategias para llegar al poder.

Es obvio que estas mujeres que convocan y las que ya están discutiendo, piensan que se necesita algo diferente, distinto, una movilización que cubra todas las calles del país pidiendo que alguien o algo, de alguna forma pare esta barbarie, aunque parezcan frases desgastadas, pero qué decir y cómo decir que cegar vidas, sembrar el miedo, desmantelar la actividad profesional, comercial o intelectual, es horrible y tremendo, o pavoroso y descomunal.

Las mujeres tendrán que preguntar dónde quedaron las instituciones que se defendieron hace unos años, cómo acomodar las palabras y los discursos que no tienen nada que ver con la realidad y cómo salvar los procesos electorales del teñido de sangre que se da al lado de las campañas, las asambleas y los recorridos, si nadie puede salir de casa sin ese apretujado corazón. Bienvenida la discusión, el debate, las ideas que vayan más allá de las quejas, más allá de las discusiones y novedades partidarias, más allá de los intereses personales por ocupar y disfrutar un puesto o un presupuesto.

saralovera@yahoo.com.mx

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