Gordillo va por el ISSSTE

La Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos forma parte del imperio de la profesora Elba Esther Gordillo. El pertinaz ataque que la Fedessp ha dirigido contra su director general, Jesús Villalobos López, fuerza a preguntarse por la situación política en el órgano de seguridad social del personal público.

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA / PLAZA PÚBLICA

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) «registra un grave desfalco financiero y serios problemas en su operación», consistentes en «déficit de médicos y enfermeras, desabasto de medicamentos, falta de equipo y desatención en clínicas y hospitales», todo ello oculto por una «administración opaca y corrupta que no rinde cuentas».

Esas graves afirmaciones las hizo apenas anteayer la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos, una poderosa organización gremial que no está dirigida por políticos radicales enemigos del gobierno. Esa federación forma parte del imperio de la profesora Elba Esther Gordillo. Pero como también la dirección del ISSSTE le fue cedida para que la ejerciera por interpósita persona (su valido Miguel Ángel Yunes Linares), esta descripción de lo que ocurre en el Instituto y el pertinaz ataque que la Fedessp ha dirigido contra su director general, Jesús Villalobos López, fuerza a preguntarse por la situación política en el órgano de seguridad social del personal público.

El actual director es una personalidad afín, y amigo personal de Yunes. Éste lo designó director de Finanzas y acomodó las disposiciones internas para que el titular de ese cargo supliera en sus ausencias al director general. En febrero del año pasado Yunes Linares renunció a su elevada posición para ser candidato al gobierno de Veracruz y Villalobos López lo sustituyó automáticamente. Apenas en febrero de este año, sin embargo, fue designado formalmente director general. Villalobos desempeñó con tachas responsabilidades en Hacienda y en la PGR. Durante algunos meses de 2006 colaboró con el después fallido candidato veracruzano como director de administración del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de que Yunes era secretario ejecutivo. Es de suponerse que en el sistema de lealtades que rige la actividad pública como norma suprema (gobiernen la República el PRI o el PAN), Villalobos López estaba obligado a mantenerla frente a Yunes y a través suyo a Gordillo.

Pero ha habido demasiado dinero suelto en el ISSSTE y tal vez el director general no cumplió requerimientos de sus jefes. Quizá se independizó por decisión propia o desde la Presidencia de la República se le instruyó a hacerlo. Por consecuencia, cayó de la gracia de la profesora, que lanzó en su contra a su propia central burocrática.

Como parte de su pleito con Roberto Madrazo, en diciembre de 2003 el sindicato magisterial abandonó la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. Arrastró consigo a otras agrupaciones que en febrero siguiente constituyeron la Fedessp, que desde entonces no ha hecho más que prosperar, con mengua de la presencia política de la FSTSE. Tan decaída se halla la antaño poderosa federación burocrática, que su líder Joel Ayala, que en tiempos de bonanza fue diputado federal y senador, sólo alcanzó en 2009 una diputación local en el Distrito Federal. Y si bien se le puso a la cabeza de la breve representación priista en la Asamblea Legislativa, era tan precaria e inocua su posición en una fracción dividida (como lo está todo el PRI en la Ciudad de México), que eligió retirarse. Pidió licencia y se refugió en la FSTSE, donde administra el empobrecimiento de esa central.

En cambio la Fedessp ha crecido y ganado legalidad y capacidad de representación. Le fue concedido registro sindical, en actos que la misma Suprema Corte avaló (a partir del hecho de que el propio tribunal consideró posible la existencia de más de una federación como contraparte del gobierno federal). Entre sus éxitos se cuentan la habilitación legal para tener lugares en la junta directiva del ISSSTE y sus filiales (FOVISSSTE, PENSIONISSSTE, etcétera). Pero Villalobos López no ha accedido a que la Fedessp asuma tal representación, y en mayo pasado esa negativa fue el motivo o el pretexto para un primer embate de la federación gordillista contra un funcionario presuntamente de la misma filiación.

Luego la actitud de la Fedessp ha subido de tono. Denunció un desfalco por 8 mil millones de pesos, en que insiste a pesar de que directivos del Instituto explicaron, muy por encima, que esa enorme cifra, otorgada al ISSSTE en 2007 con motivo de la reforma del régimen de pensiones (que ahora la propia Fedessp cuestiona), se aplicó en partidas anuales, durante 2007, 2008 y 2009. Alegaron esos funcionarios que la enorme cifra se aplicó a equipamiento de unidades médicas, obras nuevas, conservación y mantenimiento de las ya existentes y «un poquito» a compra de medicamentos.

Pero la Fedessp no está satisfecha con esa magra explicación y en un mensaje fechado anteayer pide al Congreso de la Unión que haga comparecer a Villalobos López para que «rinda cuentas y responda por una administración que está poniendo nuevamente en riesgo el futuro de nuestro Instituto».

En diciembre pasado fue despedido el director de Finanzas del ISSSTE, Antonio Guzmán Nacoud. Se le imputó negligencia administrativa, se le inhabilitó por 10 años y se le impuso una multa por 23 millones de pesos.

Los miembros de las comisiones de Salud y Seguridad Social en las dos Cámaras, pero también la Secretaría de la Función Pública, no pueden pasar por alto las denuncias de la federación gordillista. Aunque las impulse una motivación política (su necesidad de recuperar un territorio probablemente perdido), la grave situación descrita por la Fedessp obliga al Congreso y al Ejecutivo a actuar. Pero no para que las cosas sigan igual con beneficiarios diferentes.

Cajón de Sastre

Pasado mañana se cumple un año de la muerte de Carlos Monsiváis. Creo que nadie reparamos entonces en una coincidencia que hubiera simpatizado al autor de innumerables ensayos-crónicas, el género en que explayó su agudeza de observador y su prosa penetrante. Ese mismo día, de 1867, fue fusilado en Querétaro el emperador Maximiliano, que encarnaba varias de las lacras que entorpecían el desarrollo de la República laica en cuya defensa se condensó amplia porción de la obra de Monsiváis. Me parece inequívoco que le habría parecido jocoso compartir una efeméride con el príncipe austriaco. No sé, en cambio, si se hubiera divertido o indignado con el triunfo judicial del obispo Onésimo Cepeda, así dispuesto ayer jueves por el juez de uno de los litigios que protagoniza el prelado merced a sus preocupaciones terrenales que se miden en millones de dólares.

miguelangel@granadoschapa.com

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