La arqueología y los muertos

por Luis Frías

Que el próximo viernes 21 de diciembre esté tachado en los calendarios como el posible fin del mundo vaticinado por los antiguos mayas, ha resultado inmejorable para sacar tajada. Los prestidigitadores menos escrupulosos han aprovechado la ocasión para tender una gran cortina de humo. Los gobiernos y las empresas, como pretexto para hacer negocio con la atracción de turismo. No han sido la excepción los estudiosos mayistas, que han lanzado publicaciones asociadas a cualquier cosa sobre el Mundo Maya. Y hasta en este espacio, aprovecho la coyuntura para pensar sobre la relación entre la disciplina arqueológica y los 50 mil muertos (más desaparecidos y desplazados) a causa de la guerra contra el narcotráfico en México.

La mexicana es una de las tradiciones arqueológicas más respetadas y reconocidas en el globo. De Latinoamérica, por ejemplo, llegan muchos estudiantes a formarse como los arqueólogos que, de regreso en sus países, revelan aspectos hasta entonces ignotos, permitiéndoles conocer su pasado y entenderse mejor a sí mismos. El INAH, como institución, y la revista Arqueología Mexicana, como publicación periódica, poseen un prestigio incontestable en las academias de habla hispana, en la disciplina de extraer del suelo tepalcates, huesos y pirámides, y explicárnoslos. Esta bien ganada fama no se debe nada más a las pirámides y edificios monumentales, sino también a las honduras a las que ha llegado la teoría sobre el mundo prehispánico.

Las llamadas “guerras floridas”, que dejaron decenas de cientos de muertos, son una buena muestra de las valiosas explicaciones que la conjunción de disciplinas como la arqueología, la antropología y la historia, permiten que tengamos. Las guerras floridas son esa clase de manifestaciones culturales que puede resultarle espeluznante a los civilizados habitantes del Norte de Europa. Eran, dijéramos, guerras internacionales entre los pueblos de Mesoamérica. Estas guerras, empero, estaban menos asociadas a la lucha por conservar el dominio económico y político, que a la necesidad de procurar un número regular de muertos en honor al dios Huitzilopochtli, y así preservar un orden preestablecido desde el fondo de los tiempos. Eran guerras rituales, a las que se lanzaban con furor los guerreros. En la crónica que nos heredó, fray Diego Durán habla de un personaje que describe aquellas batallas rituales como un mercado adonde Huitzilopochtli venía a aprovisionarse de víctimas. Caso semejante es el de los juegos de pe
lota: otra clase de enfrentamiento simbólico, cuyos perdedores también morían para ser ofrendados.

Según la Secretaría de Turismo (http://www.sectur.gob.mx/es/sectur/Boletin_12_), se espera que este 2012, año del Mundo Maya, deje ganancias mayores a 200 mil millones de pesos. Desde luego que visitar las zonas arqueológicas de Palenque, Tulum, Edzná, Chichén Itzá o Calakmul, es una experiencia que los mexicanos, orgullosos de nuestro pasado prehispánico, podemos alardear dondequiera. La civilización maya, cuya profunda cosmovisión la conocemos gracias a la arqueología mexicana, profetizó que el próximo 21 de diciembre presenciaremos la finalización del décimo tercer Baktún, que es como un cambio de época o de era, y el inicio de una nueva… Sin duda, toda una tradición histórica digna de mostrarse, presumirse y aun explotarse.

Tristemente, nuestro pasado es mucho más presentable que nuestro presente.

La imagen de país inseguro que México refleja en el mundo entero es hoy por hoy la principal razón en contra para que ningún habitante del Norte de Europa decida venir a visitarnos. Y en el fondo, esa cantidad irracional de personas que han muerto en este sexenio, representa con toda claridad el penoso retroceso histórico de nuestro país. Si todavía nos resulta difícil comprender las razones de las antiguas guerras floridas o del juego de pelota, es incomprensible que, más de mil años después, continuemos matándonos, pero con el agregado de que hoy lo hacemos de la manera más salvaje y mundana: por drogas, dinero, poder.

Si algo nos ha puesto en claro nuestra apasionante arqueología mexicana, es que los cientos de muertos ofrendados por las guerras simbólicas, los juegos de pelota y, en fin, los sacrificios prehispánicos, eran mucho más sensibles y comprensibles que las más de 50 mil personas que han muerto en menos de seis años.

2012 es vergonzante para los mexicanos: que en el año del Mundo Maya — esa muestra del grado de evolución que a través de la arqueología hemos podido alcanzar— sea el año en que estamos enfrascados en las vacuas campañas políticas, mientras a nuestros pies producimos un cementerio cuya naturaleza absurda horrorizará a los arqueólogos que dentro de mil años exploren lo que estamos haciendo.

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