Prohibido mutilar niñas

Evidentemente, la sola prohibición no detendrá este tremendo hecho, pero obliga a los Estados Miembros, mínimamente a legislar al respecto y a tomar partido en favor de las mujeres por encima de los usos y costumbres.

por Tania Meza Escorza

Por sorprendente que parezca, todavía hace algunos días la mutilación genital femenina no estaba prohibida en el planeta (y menos en los países en donde es el principal acto de violencia contra la mujeres), pero la Asamblea General de las Naciones Unidas cerró el 2012 con una gran noticia para todas, ya que el pasado 20 de diciembre adoptó una resolución unánime prohibiendo la práctica de la mutilación genital femenina en todo el mundo.

La ONU dio a conocer que “este hito fundamental del proceso de erradicación de las prácticas dañinas y de las violaciones, que constituyen una seria amenaza para la salud de las mujeres y de las niñas, fue aprobado por los 194 Estados Miembros”.

Esta práctica afecta a entre 100 y 140 millones de mujeres y de niñas en el mundo y, cada año, se estima que tres millones adicionales de niñas corren el riesgo de ser mutiladas. “Éste es un paso muy importante para alcanzar un cambio cultural y de comportamiento. La experiencia de ONU Mujeres en Burkina Faso, en Benín y en otros países indica que mientras los esfuerzos por tipificar la mutilación genital como delito son primordiales, tienen que estar respaldados por servicios para las víctimas, haciendo participar a los que tienen influencia y apoyando las actividades comunitarias para cambiar las normas sociales, y tomando medidas prácticas para llevar a los culpables ante la justicia”, expresó John Hendra, Subsecretario General y Director Ejecutivo Adjunto de ONU Mujeres.

La mutilación genital femenina sigue siendo una costumbre bestial arraigada en África, pero también en algunos países de Asia y Medio Oriente y en ciertas comunidades de inmigrantes de Estados Unidos, Canadá, Australia y en la población indígena Embera Chamí, de Colombia. Pero el riesgo no es sólo para las niñas que viven en esas naciones, sino para aquellas que sin residir ahí, van de vacaciones a sus países de origen.

Esta mutilación abarca todos los procedimientos que entrañan la eliminación, total o parcial, de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por cuestiones culturales o religiosas, o por otros motivos no terapéuticos. Todo ello de la manera más rudimentaria, antihigiénica y antihumana.

En un análisis realizado al respecto, la Agencia española AMENCO consideró que la práctica persiste por la percepción social, ya que todavía se piensa que si las niñas renuncian a la ablación, tanto ellas como sus familias se arriesgan a padecer vergüenza, exclusión social y que verán reducidas las perspectivas de matrimonio.

El dolor al practicar relaciones sexuales, los problemas en el parto (9 de cada 10 bebés que nacen muertos en Mali son de mujeres mutiladas genitalmente) que en ocasiones llevan a la muerte de la madre, las infecciones de orina y los traumas psicológicos, son algunas de las consecuencias de este tipo de prácticas.

Entre sus complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Las consecuencias a largo plazo consisten en infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad en ciertos casos, riesgo de complicaciones del parto y muerte del recién nacido.

La mutilación genital femenina se clasifica en cuatro tipos principales: Clitoridectomía (resección parcial o total del clítoris), excisión (resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin excisión de los labios mayores), infibulación (estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello mediante el corte y la recolocación de los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris), y los fríamente clasificados en “Otros” (todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital).

Sea cual sea el aberrante procedimiento, esta mutilación es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos de la niña y el niño. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Por eso es de celebrarse que esta nueva resolución de la ONU sobre la mutilación genital femenina inste a los países a condenar todas las prácticas dañinas que afecten a las mujeres y a las niñas, en especial las mutilaciones genitales femeninas, y a tomar todas las medidas necesarias, inclusive el hacer cumplir las leyes, llevar a cabo campañas de concientización y asignar suficientes recursos para proteger a las mujeres y a las niñas de esta forma de violencia. Exige también una atención especial a la protección y a la asistencia de las mujeres y de las niñas que han sido víctimas de mutilaciones genitales femeninas, y a las que corren riesgo de serlo, inclusive a las mujeres refugiadas y a las migrantes.

Evidentemente, la sola prohibición no detendrá este tremendo hecho, pero obliga a los Estados Miembros, mínimamente a legislar al respecto y a tomar partido en favor de las mujeres por encima de los usos y costumbres. Como lo pide la resolución, ONU Mujeres seguirá trabajando para proteger y promover los derechos de las mujeres y de las niñas en materia de mutilación genital femenina y poner fin a esta práctica dañina que involucra a toda la sociedad, incluyendo a los gobiernos, a la sociedad civil, al sector privado y a otros actores sociales.

@taniamezcor
FB: Tania Mezcor

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